EL MINISTERIO DE LAS EXCUSAS IMPREVISTAS

Escena única: Sala con una pizarra que pone: “URGE: EXPLICACIÓN CREATIVA”. Sobre la mesa: vino tinto, chorizo, aceitunas y una servilleta con números escritos a boli.)

Gran trilero: Comienza la sesión extraordinaria de este Consejo Supremo: ¿Tenemos un problema?.

Coordinador de narrativas. Compañeros, tranquilidad, no hemos perdido y esto no es un problema, es una oportunidad narrativa. Esto no es bajar, es redistribuir ilusión.

Analista: ¿Ah, no hemos perdido?

Coordinador de narrativas: No. Hemos experimentado una redistribución asimétrica de entusiasmo y esto es, ya lo he dicho, una oportunidad narrativa, pero tiene apariencia estadística adversa.

Responsable de optimismo: Eso suena convincente y está bien visto, la ilusión no se pierde, se transforma. No obstante, deberíamos pensar en prohibir los números.

Gran trilero: Tenemos que encontrar explicación sin alterar nuestra autoestima institucional.

Analista: Pero jefe… los números dicen que hemos bajado muchos miles de votos.

Coordinador de narrativas: Error. Los votantes no han bajado, se han quedado en casa pensando. Nuestros votantes no han desaparecido… se han vuelto invisibles.

Becario: ¿Pero no es lo mismo?

Responsable de optimismo: No, muchacho. Es completamente distinto. No hemos perdido apoyos, se han ausentado emocionalmente, eso se llama democracia cuántica.

Coordinador de narrativas: Exacto. Nuestro electorado es muy fiel, pero a veces descansa. Están en un estado de superposición electoral, es decir, existen… pero no se manifiestan. Muchacho, eso se llama participación emocional pasiva.

Analista: Pero los otros han subido.

Coordinador de narrativas: Claro. Sus votantes son hiperactivos y están nerviosos, ten en cuenta que el voto nervioso siempre sale antes. Los nuestros practican la contemplación democrática o, como mucho, exceso de ocupaciones domésticas, pero nunca, nunca, pérdida de confianza.

Becario: ¿Y si la gente simplemente no está convencida y ese es el motivo por el que algunos ya no nos votan? (Todos lo miran con espanto).

Responsable de optimismo: Chaval,eso no entra en el marco conceptual y, además, ahora mismo te marchas de aquí por introducir realismo. (El técnico es arrastrado fuera mientras grita “¡solo era una hipótesis!”)

Coordinador de narrativas: Ya está, propongo que la propuesta oficial sea que la culpa es del clima emocional, que el votante que se quedó reflexionando y de la herencia compleja.

Analista: ¿Y autocrítica? ¿Y no será que algunos no están contentos? (Silencio absoluto. Se oye caer una aceituna.)

Coordinador de narrativas: Eso lo dejamos para cuando ganemos. (La pizarra cambia sola: “Reunión urgente: Cómo activar al votante contemplativo”.)

Analista: ¿Y el candidato?


Gran trilero: Como sigas así vas a coger el mismo camino que el becario… El candidato era impecable, la culpa ha sido del contexto y la herencia recibida. Venga, venga, que redacten ya un comunicado oficial: “No hemos perdido apoyo; hemos sufrido una acumulación extraordinaria de introspección ciudadana.”

Coordinador de narrativas: Y añadamos: “La ciudadanía nos quiere tanto que a veces nos guarda en casa.”

Analista: ¿Y si la próxima vez bajamos más? ¿Y si dentro de cuatro años vuelve a pasar?

Gran trilero. Te la estás ganando…Pues si ocurriera eso, entonces declararemos que hemos entrado en una fase de votación espiritual y que es una victoria en diferido.

Coordinador de narrativas:  Brindemos, por el votante reflexivo,
y por la derrota que en realidad es crecimiento interior.

FIN.

José García Cortés

      14-2-26

LAS DERECHAS

¿historia de un egoísmo?

Comienzo por decir que “la música” de muchas de las cosas que propugna VOX me suena francamente bien, pero hay cosas en la estrategia de su dirigente que no entiendo demasiado bien y hasta me parecen incoherentes.

Vemos como VOX crece o se mantiene en votos y por tanto la derecha, sumada, puede gobernar en muchos sitios, pero VOX no consolida su presencia en gobiernos autonómicos (o locales), rompe pactos y parece priorizar el discurso frente a la gestión.  ¿quieren realmente gobernar o prefieren ser otra cosa?

Desde un punto de vista estratégico, VOX parece comportarse más como competidor interno del bloque de derechas que como socio estable, por lo que su lógica no parece ser “Derrotemos a la izquierda juntos”, sino más bien “Reordenemos la derecha y disputemos la hegemonía al PP”

La lectura fría de la estrategia de VOX parece que es maximizar identidad, no la gobernabilidad. Parece priorizar ideológica dura, confrontación clara y eludiendo la “contaminación” por la gestión cotidiana. Ellos saben que para un partido que crece desde la impugnación, la gestión es un riesgo.

Hoy por hoy, VOX obtiene más rédito electoral señalando contradicciones del PP o denunciando “cesiones”, porque saben que pactar y gobernar implicaría diluir su perfil, normalizarse, convertirse en un socio menor del Partido Popular y aceptar que el liderazgo del bloque no es suyo.

El riesgo de esta estrategia es que esta apuesta tiene aristas evidentes ya que fragmenta el bloque de la derecha y dificulta gobiernos estables, lo que puede acabar facilitando gobiernos de izquierdas por falta de acuerdos y genera frustración en votantes que sí quieren alternancia y gestión.  ¿Hasta cuándo es válida la estrategia de VOX?

Quizás parte de la respuesta a su estrategia actual la encuentro en la biografía de Abascal, que no fue un dirigente nacional de primera fila, pero sí tuvo cargos relevantes dentro del ecosistema del PP, sobre todo en el País Vasco (ala más ideológicamente dura del PP vasco) y en el ámbito institucional como director de la Agencia de Protección de Datos de la Comunidad de Madrid con Esperanza Aguirre.

El punto de inflexión en la carrera de Abascal en el PP fue el cambio de ciclo en el partido cuando Mariano Rajoy consolida su liderazgo nacional y con la salida de Aguirre en Madrid pierde su principal valedora interna y es cesado en su cargo. A partir de ahí queda sin cargo institucional, sin proyección interna dentro del PP y sin espacio político en el nuevo PP de Rajoy, que renunció a una ideología fuerte y apostó por un perfil pragmático, tecnocrático y centrado en la gestión.

Es entonces cuando Abascal y otros dirigentes fundaron VOX al perder espacio en el PP y no ver posibilidad de regresar a posiciones de influencia y puede que esto explique mucho de su comportamiento actual, de desconfianza hacia el PP, de una necesidad constante de diferenciarse y, sobre todo, el rechazo a quedar subordinado.

Y, con esto, no quiero invalidar su proyecto, pero pienso que ayuda mucho a entender por qué VOX actúa como actúa, no solo contra la izquierda, sino contra el PP del que procede.

En Europa encontramos un patrón común en otros líderes que rompieron con el partido “madre” (Giorgia Meloni, Marine Le Pen, Geert Wilders -Países Bajos-, Nigel Farage -Reino Unido-…) que proceden de partidos conservadores tradicionales, y que quedaron desplazados por un giro al centro y rompieron para crear un proyecto propio, manteniendo una relación ambigua, al combatir, igual que Abascal, a la izquierda y al partido del que proceden.

Cuando un líder nace políticamente de una ruptura, su prioridad suele ser demostrar que tenía razón al romper, incluso si eso retrasa (o impide) el acceso al poder. Y en ese sentido VOX hoy se parece más a Le Pen o Wilders que a Meloni, caso de éxito que, a diferencia de Abascal, sí entendió que sin gobernar no hay hegemonía y ello lo consiguió aceptando alianzas y moderando el discurso sin renunciar a símbolos.

El dilema personal y político de Abascal es que no es solo el líder de un partido, es el producto de una ruptura. Y eso le condiciona, porque sabe que gobernar con el PP implica aceptar un rol secundario y validar al partido que “le expulsó” del poder.

Estoy seguro de que él es consciente del coste de fragmentar, pero lo asume, porque su identidad política se alimenta del antagonismo (igual que Sánchez) y esto choca profundamente (y me desconcierta) con su mensaje de partido que se define como profundamente españolista, pues debería priorizar la gobernabilidad del país, incluso si eso implica pactar y ceder.

La estrategia actual de VOX solo se sostiene si su objetivo principal no es gobernar España hoy sino redefinir la derecha para mañana. El problema es que no hay garantía de que ese mañana llegue y mientras tanto la izquierda gobierna. ¿Es más patriótico tener razón… o gobernar bien?

Por otro lado, no hay que olvidar las dinámicas internas en Vox en los últimos años y me refiero a la salida de dirigentes importantes, muchas veces por discrepancias internas con la dirección de Santiago Abascal o por decisiones organizativas que algunos críticos interpretan como una concentración del poder bajo el liderazgo de Abascal.

Macarena Olona, Iván Espinosa de los Monteros, Javier Ortega-Smith, Juan García-Gallardo,  Juan Luis Steegmann, disidencia parlamentaria en Baleares, casos de cargos locales y expulsiones recientes… La línea recurrente en estas salidas y distanciamientos son las discrepancias internas con la dirección y concentración de poder. El partido ha ido evolucionando de una pluralidad inicial a una centralización, premio a la lealtad, salida o marginación de perfiles autónomos y prioridad absoluta al discurso sobre la gestión. No parece que sea una suma de casualidades, más bien se parece a la estrategia “Sanchista” de eliminar a todo discrepante.

Para mí, la paradoja es clara, VOX se define como profundamente españolista, afirma que PSOE está gobernando mal España, reconoce implícitamente que nunca superará electoralmente al Partido Popular en el corto o medio plazo (en las últimas elecciones generales el PP prácticamente triplicó en votos a VOX) y aun así adopta una estrategia que fragmenta el voto del bloque de derechas, facilitando (al menos aritméticamente) la continuidad de la izquierda en el poder o dificultando la gestión del PP.

Visto así, creo que la pregunta es legítima: ¿hasta dónde quiere llegar VOX?, porque no es que VOX “no sea capaz de verlo”. Es que ha decidido priorizar otra cosa: identidad sobre poder, discurso sobre gestión y presión sobre responsabilidad.

Hoy escucho en muchos medios que el PP no sabe cómo gestionar a VOX, pero yo me pregunto: ¿Cómo se trata a un partido que elude la gestión, pero es imprescindible para sumar? No veo una solución sencilla cuando el socio potencial no quiere jugar el mismo juego, está actuando hoy como un partido de presión ideológica, con lógica de oposición y poco dispuesto a asumir los costes cotidianos de gobernar.

Pero al final el ciudadano es el que manda, y hoy por hoy, una parte relevante del votante de VOX apuesta por la ideología, no la gestión. Y eso no es exclusivo del partido de Abascal (también en el PSOE), pero en VOX es especialmente visible. Seguramente el votante cree que “todos gestionan mal”, perciben la administración como irreformable y prefieren un voto “testimonial” o “moral”. No sé, seguramente quieren expresar enfado, o reafirmar una identidad, pero lo cierto es que hoy, en España, la salida de gobiernos no se castiga electoralmente.

Pienso que el PP está dispuesto a ser algo más práctico y, por tanto, más “flexible” en algunos planteamientos que le propone parte de la derecha, pero también que VOX debe decidir si quiere ser la conciencia ideológica de la derecha o uno de los responsables de su gobernabilidad, porque en política no basta con tener razón: hay que ser capaz de convertirla en gobierno.

Reconozco que este político me está defraudando. Ya lo siento.

José García Cortés

      10-2-26

¿LA MALADE IMAGINARIE?

O un problema estructural

La Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) en uno de sus últimos informes destaca que:

  • El gasto en incapacidad temporal es una de las partidas más importantes de la Seguridad Social, sólo por detrás de las pensiones.
  • Este gasto se ha duplicado desde 2017 y ha alcanzado alrededor de 16.500 millones de euros en 2024.
  • España tiene una tasa de absentismo por enfermedad aproximadamente un 68 % superior a la media de la Unión Europea, siendo uno de los países con mayor incidencia después de Portugal.

Cualquiera puede, inicialmente, pensar algo parecido “manda hu…s con la picaresca española” (yo entre ellos), pero resulta que, estudiando el tema, detrás de este problema, lo que existe es una “deficiencia estructural” en la gestión de las bajas laborales y un crecimiento sostenido del gasto que esta genera. Vaya por Dios, una vez más aparece el problema de la incompetencia de gestión de nuestra administración.

El absentismo laboral total se sitúa en torno al 6,5/6,7% de las horas pactadas, con aproximadamente 1,4/1,5 millones de personas ausentes cada día. De ese total, la mayor parte corresponde a bajas médicas por incapacidad temporal.

Desde una perspectiva comparada, España destaca por una tasa de ocupados ausentes por IT cercana al 4,1%, frente a una media europea del 1,4% y con un coste de las prestaciones por incapacidad temporal cercano al 1,4% del PIB (con un crecimiento muy acelerado del gasto en IT desde 2017).

En cualquier país el absentismo es un gran problema (económico y social), pero en España es especialmente preocupante si tenemos en cuenta lo siguiente:

Primero: Una de las peculiaridades de nuestro tejido empresarial y es que más del 80% de las empresas españolas tienen dos o menos asalariados. Esta realidad introduce una asimetría fundamental ya que, en una gran empresa, el absentismo puede diluirse mediante rotaciones, sustituciones o redundancias organizativas, pero en una microempresa, la ausencia de un solo trabajador puede suponer una pérdida inmediata del 20/25 ó 50% de la capacidad productiva, con efectos directos sobre ingresos, calidad del servicio y continuidad del negocio.

Segundo: Desde el punto de vista de Prevención de Riesgos Laborales, tenemos la misma legislación que en el resto de los países europeos, la diferencia aparece en la ejecución práctica, especialmente en las microempresas, donde la prevención es solo formal, no integrada, donde hay escasa ergonomía real y poca adaptación de puestos, teniendo como resultado que las dolencias sean previsibles y acumulativas.

Tercero: En la gestión de la incapacidad temporal intervienen servicios públicos de salud, mutuas colaboradoras, el INSS, empresas y trabajadores, sin un responsable único del caso, lo cual provoca duplicidades, retrasos, prolongaciones administrativas de las bajas y ausencia de planes claros de reincorporación.

A lo que hay que añadir nuestra situación en sanidad, que genera retrasos en los diagnósticos, en la rehabilitación, evaluaciones de aptitud y las decisiones de alta o adaptación, que contribuyen a que muchas bajas se prolonguen más por ineficiencia administrativa que por necesidad clínica real.

Nada de esto ocurre en otros países europeos donde hay un principio de responsabilidad clara, seguimiento temprano y retorno progresivo al trabajo, convirtiendo la baja en un proyecto de vuelta al trabajo, no en un “tiempo muerto”.

Si, estoy totalmente de acuerdo con lo que dice la AIReF, que más que a una mala fe del trabajador (que los hay), apunta más a una gestión deficiente, aretrasos administrativosy afalta de coordinación.

Pero aquí no pasa nada, cada vez que tocamos un tema nos encontramos con los mismos problemas, una mala gestión de nuestra administración, tenemos un elevadísimo coste por bajas laborales (aunque se paga menos por ello que en el resto de los países europeos), pero nadie se ocupa de mejorarlo, seguimos trasladando parte del coste fuera del presupuesto que es lo único que les preocupa.

Aunque tengamos muchos “caras duras”, el problema general no es del trabajador, es gestión del sistema que no se da cuenta que el absentismo tiene en España un impacto relativo mayor que en economías con mayor peso de la empresa mediana y grande, amplificando sus efectos negativos sobre la productividad agregada.

Si a esto añadimos que España arrastra históricamente un problema de productividad por hora trabajada inferior a la media de la UE, el absentismo actúa como un multiplicador negativo, pues reduce el número de horas efectivas trabajadas, afecta especialmente a empresas con menor capacidad de reorganización, se concentra en sectores intensivos en trabajo físico y servicios presenciales y, por tanto, incrementa los costes indirectos (horas extras, reorganización, retrasos).

Pero claro…¿quién le pone el cascabel al gato?

José García Cortés

         7-2-26

EL ESCUDO SOCIAL

Desahucios y responsabilidad pública

Aprobado en el Consejo de ministros, pero todavía no en el Parlamento, nuestro querido líder nos deleita con una nueva medida para proteger a los más vulnerables.

He intentado obtener cifras oficiales sobre a cuantas personas/familias afecta la medida y, oh!, sorpresa, no existen. Al parecer no se pueden ofrecer cifras sobre beneficiarios potenciales, vaya por Dios.

En prórrogas anteriores de la moratoria de desahucios, las estimaciones han oscilado entre decenas de miles de hogares potencialmente protegidos, pero solo una parte minoritaria llega a beneficiarse efectivamente y la cifra real depende mucho de la capacidad administrativa y judicial de cada territorio. Lo de siempre, venta de humo.

Desde el punto de vista del diseño de políticas públicas, al parecer esto no es un problema, entra dentro de la forma chapucera que tienen de gobernar. No es importante para ellos que una medida que limita derechos deba venir acompañada de una estimación clara de impacto, tanto social como económico. Aquí, esa estimación sencillamente no existe.

A este gobierno, y a sus compinches de Podemos, parece que se les olvida que la protección de las personas vulnerables es una responsabilidad del Estado (políticas de vivienda, parque público, ayudas al alquiler y servicios sociales eficaces).

Sin embargo, desde el punto de vista de equidad, se está pidiendo a actores privados que actúen como red de seguridad social sin haber elegido ese papel. No se dan cuenta que esto no solucionada nada (o muy poco) y sin embargo desincentiva la oferta de vivienda en alquiler, introduce inseguridad jurídica y sustituye políticas públicas por medidas de emergencia permanentes.

La medida tiene un origen claramente ideológico y, en consecuencia, los grandes tenedores (fondos, SOCIMIs, bancos) son vistos como actores estructuralmente desestabilizadores del acceso a la vivienda.

Y es que, en el plano discursivo, esto permite que el relato político se construya explícitamente contra los llamados “fondos buitre” y eso funciona muy bien políticamente, pero lo cierto es que en el plano normativo real no solo afecta solo a fondos, sino también a empresas medianas, propietarios no financieros y situaciones muy diversas. El discurso apunta a los fondos, pero el impacto jurídico se extiende mucho más allá. Eso es una fuente clara de inseguridad jurídica.

Creo que nadie pueda criticar la necesidad de proteger a las familias vulnerables, es imprescindible, pero hacerlo principalmente a costa de terceros privados, de forma prolongada y sin una política pública de vivienda sólida detrás, es una solución incompleta, frágil y que erosiona, una vez más, los fundamentos jurídicos e institucionales del Estado de derecho.

Pero no nos engañemos, el problema es que la ideología y su incompetencia les nubla, llevan años mostrando auténtica aversión a los propietarios de viviendas y especialmente a los fondos de inversión, lo que ellos llaman Fondos Buitres.

¿Pero, son “buitres”? Al parecer no saben que un fondo de inversión no es un agente de política social, su función es comprar riesgo cuando nadie más quiere, ordenar activos y vender o explotar cuando el ciclo cambia. Eso es exactamente lo que hicieron. Llamarlos “buitres” es comprensible desde su visión, pero no explica la crisis de vivienda, no resuelve el problema estructural y oculta responsabilidades públicas.

Es más, muchos pequeños propietarios hoy alquilan con menos seguridad jurídica precisamente porque se ha construido el relato de que “el propietario es sospechoso”.

Es posible que estos indocumentados no conozcan de la liquidez que los fondos de inversión han introducido en el mercado inmobiliario español, especialmente tras la crisis de 2008 y la intervención del “banco malo” (Sareb), que absorbió más de 50.000 millones de euros en activos inmobiliarios y créditos tóxicos de entidades bancarias como parte de la reestructuración del sector.

Posteriormente, la gestión de esos activos (que incluían miles de viviendas, suelos y préstamos) fue adjudicada en gran parte a fondos de inversión privados (a través de gestores como Blackstone, Aliseda/Anticipa e Hipoges, vinculados a fondos globales de private equity).

No existe una cifra oficial consolidada para “liquidez inyectada” en su conjunto, porque no es un dato que se publique centralmente, pero el orden de magnitud es claro: se habla de decenas de miles de millones de euros de activos inmobiliarios gestionados o adquiridos por fondos de inversión tras 2012.

La entrada de capital privado permitió liberar activos inmovilizados, convertirlos en productos habitables y ponerlos a la venta o en alquiler, lo cual evitó problemas adicionales de liquidez para bancos y contribuyó a recuperar parte de la inversión inicial.

Mi opinión profesional (que tuve oportunidad de vivir) es que, en los años posteriores a 2008–2012, el sistema financiero español estaba objetivamente colapsado con balances bancarios llenos de activos improductivos, miles de viviendas adjudicadas imposibles de absorber, y por eso se creó el Sareb, precisamente porque el Estado y la banca no podían digerir aquello y había un riesgo real de colapso financiero prolongado.

En ese contexto, los fondos (que no me resultan especialmente simpáticos) aportaron liquidez inmediata, asumieron riesgo que ni el Estado ni el mercado doméstico podían asumir, permitieron sacar activos del balance bancario y facilitaron que el sistema volviera a cumplir su función básica, es decir, crédito y solvencia. Y esto es justo reconocerlo.

Desde una perspectiva macro financiera, eso fue necesario y positivo. No porque fueran altruistas (que no lo son), sino porque el sistema lo necesitaba. Si no hubieran entrado, la limpieza bancaria habría sido más lenta, el crédito habría tardado más en volver y el coste para el contribuyente habría sido mayor.

El problema no fue su entrada, sino lo qué pasó después. El fallo no fue permitir su entrada, sino no acompañarla de una política pública de vivienda, no crear un parque público suficiente cuando había stock barato, no establecer reglas claras de salida o reconversión social de parte de esos activos.

En otras palabras, los fondos hicieron lo que hacen los fondos, pero el Estado no hizo lo que debía hacer el Estado, ya que dejó que activos comprados en momentos de depresión pasaran a un mercado tensionado sin instrumentos correctores suficientes.

Como siempre con este gobierno, la reacción social llegó tarde y mal, criminalizando al actor equivocado. La paradoja es que ahora se les reprocha haber hecho bien su trabajo. Se les pidió liquidez y la aportaron, se les pidió absorber riesgo y lo hicieron, se les permitió concentrar activos y cuando el ciclo giró, se les culpa del resultado.

En el momento en que entraron, los fondos de inversión fueron parte de la solución, no del problema. El problema vino después, cuando se confundió una herramienta financiera de emergencia con una política de vivienda inexistente.

La clave es la de siempre, la ideología vs. responsabilidad pública, ya que tiende a redefinir el conflicto (propietario vs. vulnerable), externalizar el coste de la protección social y usar la regulación como sustituto de la política pública de vivienda. Y eso no es casual, porque crear parque público cuesta dinero, requiere tiempo, trabajo, y exige asumir responsabilidades presupuestarias, mientras que limitar derechos privados tiene coste político bajo a corto plazo y alto rendimiento simbólico.

No, el problema no son los fondos, ni los propietarios de viviendas, sino la ausencia de una política pública de vivienda sólida, la cronificación de medidas excepcionales y la transferencia de responsabilidades del Estado a terceros. Igual, en algún momento ,dejan de pensar en cómo proteger tanto a los pobres y ponerse a trabajar para que no haya pobres.

¿Qué hemos hecho para merecer esto?

José García Cortés

      5-2-26

REGULARIZACIÓN DE INMIGRANTES

Leo en la prensa: Por parte del Gobierno: «Reforzamos un modelo basado en derechos humanos»; e líder de Vox: «agravará el colapso de la sanidad, de la vivienda y de la seguridad»; El líder del PP: «es una estratagema para “desviar la atención” del accidente de Adamuz».  Todo un nivelazo por parte de nuestra clase política.

La regularización extraordinaria de ~500.000 personas (hasta ~800.000 según estimaciones de Funcas), no debería analizarse no como un gesto político aislado, sino que debiera ser una decisión de gobernanza dentro de una política a inmigración y, también de empleo.

A bote pronto, a mí me surgen un par de preguntas y muchas incógnitas:

  1. ¿Cómo es posible que no se sepan el número (bastante exacto) de personas cuya situación se quiere regularizar?
  2. ¿Cómo es posible acumular 500.000/800.000 personas “irregulares” si existe toda una normativa y un aparato administrativo para regularizar?

La respuesta parece ser incómoda, pero clara: Porque el Estado español ni tiene una verdadera política de inmigración y ni tiene un sistema de extranjería estructuralmente incapaz de absorber los flujos reales que tolera.

España tiene funcionarios y procedimientos, pero los plazos legales que deberían ser de meses se convierten en años, con oficinas saturadas y citas imposibles, los sistemas informáticos fragmentados, no interoperables y competencias también fragmentadas, extranjería, empleo, seguridad y servicios sociales que no se hablan entre sí.

El resultado es que la entrada irregular es mucho más rápida que la regularización y el descontrol que produce termina siendo “absoluto”. Como en otros ámbitos, el Estado autoriza, tolera o permite procesos que luego no es capaz de gestionar.

Y el problema es que tenemos una cosa parecida a una política inmigratoria que es de “tolerancia pasiva”, es decir, aunque formalmente el Estado no fomenta la irregularidad, en la práctica no ejecuta expulsiones, salvo casos extremos, tolera empadronamientos (incluso los fomenta), permite acceso a sanidad, educación y ayudas y mira hacia otro lado en sectores económicos concretos contribuyendo, además, al sostenimiento de la economía sumergida.

Se crea así un estatus de facto: No eres legal, pero tampoco ilegal del todo, y el resultado es sencillo: Si entras, resistes en la economía informal y el sistema colapsa, acabarás regularizado.

Pero, curiosamente, esta vez, no voy a ser yo el que critique la regularización de muchas criaturas a las que se acepta vivir en el “limbo social” (y además este país necesita), pero sí tengo que criticar que se adopten decisiones parciales sin mejorar el sistema de gestión, porque el Estado decide, pero las CCAA atienden, los ayuntamientos gestionan la convivencia y las ONG sostienen el día a día, pero el resultado es que, en este batiburrillo de competencias, nadie ve el acumulado real hasta que explota.

Y ahora queda ver cuál es el resultado real de la medida (si es que alguien se compromete a evaluarla en el tiempo, cosa que dudo), porque al ofrecer la regularización masiva teniendo en cuenta que las diferentes ayudas que puede recibir una persona, Estado, CCAA, Ayuntamientos, ONG’s… que no están integradas, habrá muchas personas (solo por razones de supervivencia), que no les “renta” acceder a un sistema en el que empiezan a pagar impuestos, o bien que sus empleadores no estén dispuestos a asumir las nuevas cargas que le origina. El tiempo lo dirá.

Pero, además, para que una regularización de este tipo sea buena (para el inmigrante y para el país), el Estado debe corregir las distorsiones del mercado laboral que tenemos y que no son pocas. Porque alguien se preguntará (yo me lo pregunto), ¿cómo es que teniendo 2,4 millones de españoles en el paro necesitamos inmigrantes? Pues porque tenemos un elefante en la habitación que nadie se atreve a espantar. El problema de España es que no sólo hay que reformar nuestra política de inmigración para que sea eficiente, es que con los nacionales tenemos un problema real de paro que tira de espaldas y nadie lo aborda.

Hay que tener en cuenta que cuando hablamos del “paro oficial” nos referimos siempre a el paro según la EPA (Encuesta de Población Activa), no al número de personas que cobran subsidios, y en la última asciende a 2.477.100 personas, la mejor en mucho tiempo para regocijo de mucha gente (datos que personalmente yo no me creo teniendo en cuenta el trilerismo existente).

La EPA mide que una persona está en paro si no ha trabajado ni una hora en la semana de referencia, ha buscado empleo activamente y está disponible para trabajar de inmediato. Da igual si cobra subsidio o no y da igual si está inscrita en el SEPE o no. Es una definición estadística internacional, comparable con Europa (Eurostat).

Pero el problema es que cuando se quiere estudiar en serio el problema laboral de un país, hay que tener en cuenta que el paro oficial deja fuera a mucha gente que podría trabajar, pero que no aparece como “parada”, pues además de los parados “oficiales”, hay cuatro grandes grupos de personas infrautilizadas:

A) Personas que trabajan menos de lo que querrían, es decir, subempleo (ejemplo, alguien con contrato de 10–15 horas, que quiere jornada completa, pero tiene que aceptar lo que hay. Tiene trabajo, pero no suficiente.

B) Personas disponibles, pero que han dejado de buscar (ejemplo: han buscado durante años, pero se han desanimado pero que, si mañana les llaman, aceptarían). Podrían trabajar, pero ya no buscan (y por eso no cuentan como parados).

C) Personas que buscan, pero no pueden incorporarse “mañana” (ejemplo, los que realizan cuidados familiares, o tienen problemas con su documentación legal o por falta de conciliación…). Quieren trabajar, pero el sistema no se lo permite aún.

D) Personas en economía sumergida (personas que cobran ayudas y trabajan “en negro” algunas horas pero que si regularizan su situación laboral aparecerían como ocupados). No cuentan como parados, pero tampoco como empleo real.

Desde un punto de vista algo más técnico, esto es lo que se denomina “holgura” del mercado laboral (toda la gente que podría trabajar más o mejor, pero no lo está haciendo por fallos del sistema). Eurostat mide la labour market slack (holgura) como: desempleo + subempleo a tiempo parcial + “disponibles no buscan” + “buscan, pero no disponibles”. Y resulta que, en 2024, España es el país con más slack de la UE: 19,3% de la “fuerza laboral extendida”. En otras palabras, es el “desperdicio” de capacidad laboral de un país.

Mientras que la media de la Unión Europea mantiene en torno al 10% de su capacidad laboral infrautilizada, España prácticamente la duplicamos. Esto significa que nuestro problema es muy grave, porque además del desempleo visible, existe un volumen muy elevado de personas que trabajan menos de lo que desean o que han quedado desconectadas del mercado laboral por fallos de incentivos, intermediación y diseño institucional.

Por tanto, cuando hablamos de “reservorio activable”, estamos diciendo que hay la friolera cifra de 4,8 millones de personas que ya quieren trabajar más, pero el sistema no se lo pone fácil. No es un invento, son personas reales que padecen una administración que no conecta empleo, ayudas y control. ¿Nadie se pregunta por qué la media europea, con los mismos medidores, está a la mitad que España?

No es que falte gente para trabajar. Falta un sistema que haga rentable, sencillo y coherente trabajar: Y ahí está el punto incómodo, porque políticamente “duele” poner en marcha los mecanismos, y porque muchos beneficios de activar ese reservorio no aparecen en los Presupuestos (aparecen en la vida real de la gente) y por eso los gobiernos los infravaloran.

No es realista pensar que se pueda activar el 100% del slack. Pero sí es razonable (con reformas de incentivos, control e intermediación) pensar que, en un escenario conservador (4–5 años) se puede:

  • Reducir paro de larga duración en 20%, lo que implicaría ~220.000 empleos.
  • Aflorar y formalizar economía sumergida / compatibilidades irregulares en sectores clave (vía control + incentivos) con ~300.000/500.000 empleos formales acumulados.
  • Absorber parte del “no paro” (disponibles/infratrabajo) en 10% que supondrían otros ~200.000 empleos.

Es decir, estamos hablando de un potencial activable de entre ~700.000/1.000.000 de empleos formales adicionales (en 4–5 años).

Aun así, tendríamos que dar la bienvenida a que se incorporen a este proceso a los inmigrantes, porque nuestro envejecimiento acelerado y el sostenimiento de nuestras pensiones lo requieren, pero si no se cambia el sistema del empleo en general, no solo en lo relativo a la inmigración, lo que tenemos es otra vuelta más a este ovillo de “des-gestión que padecemos.

Y, mientras, nuestros políticos diciendo gilipolleces en los titulares y peleándose en el Parlamento. Que Dios nos pille confesados.

José García Cortes

       29-1-26

LAS EMOCIONES DE LOS NECIOS

Resulta evidente que una persona bien formada o trabajadora tiene una actitud reflexiva y proactiva ante cualquier dificultad. Piensa y asume el control activamente para obtener los resultados que desea. Siempre será independiente, con pensamiento crítico, indistintamente del partido político que más le satisfaga.

Por el contrario, un necio se dejará arrastrar por la retórica impuesta, donde es convencido, persuadido y conmovido. Sus emociones, instrucciones y miedos provocados, terminarán en fanatismo, ya que los estúpidos son simplistas y manipulables.

Estos días estamos sorprendidos por los acontecimientos ocurridos con los trenes de alta

velocidad y con las infraestructuras de R.E.N.F.E. Nuestro ministro, Oscar Puente, ha cambiado su discurso desdeñoso a elegíaco, con un resultado impostado, manipulador y falaz. Sus actuaciones, siempre han sido erráticas y con alta corrupción moral en el Ministerio, destruyendo todo lo logrado en infraestructuras desde 1992. Ya no somos ni serios ni relevantes en el sector. Veremos pronto sus consecuencias.

Una política económica secuestrada por el nacionalismo, el neocomunismo y el favoritismo, han logrado disminuir significativamente las inversiones necesarias en lo más esencial. Los que hemos viajado por carretera o en trenes estos últimos años lo hemos observado. Los profesionales de R.E.N.F.E y sobre todo, la asociación de maquinistas, han advertido en numerosas ocasiones, lo que podría ocurrir. Los responsables del Ministerio no han escuchado lo suficiente a los técnicos, sucediendo algo que podía haber sido evitable.

El relato de esta izquierda gobernante no ha tardado en llegar: han menospreciado el discurso de VOX sobre lo ocurrido, han comparado con el descarrilamiento de Santiago de Compostela cuando gobernaba el PP, aunque se haya demostrado que fue un error del maquinista, con el “Prestige Galicia”, o con los descarrilamientos en época de Franco. Su objetivo, no es otro que distorsionar la verdad y despertar emociones en los estúpidos, para confundir y enfrentar a los ciudadanos.

No se preocupe Sr. ministro, si aún tiene dudas de la causa del descarrilamiento, pregunte a la gente sencilla, formada y trabajadora, independiente de ideologías, que con lógica, razón y sentido común se lo van a explicar.

Los adamuceños han demostrado una conducta excepcional con una responsabilidad social envidiable. Seguramente se pondrían a su disposición para ayudarle de forma desinteresada en los días venideros para tratar de recuperar la dignidad perdida del Ministerio que ocupa.

Manuel Lozano Molina

         25-1-26

LA ORDINALIDAD EXPLICADA POR MARÍA JESÚS MONTERO

Señora Montero, ¿por qué no le ha gustado a las CCAA el plan de financiación que Vds. han propuesto?

Bueno, le explico de forma muy sencilla: La ordinalidad existe, pero no exactamente como ordinalidad. Es decir, hay ordinalidad, pero no es una ordinalidad plena, sino una ordinalidad que no altera el orden, salvo cuando el orden se ordena de forma distinta. Por tanto, no es ordinalidad, aunque conserve elementos claramente ordinales.”

  • Pero, el Sr. Junqueras dijo que estaba basado en la ordinalidad y usted dijo hace unos días que sí.

Realmente no es ordinalidad, pero si lo miras de lado, con buena voluntad, y sin preguntar mucho… un poco sí.”

  • ¿podría explicarlo un poco mejor, por favor?

La ordinalidad no se aplica, pero se aplica parcialmente, de manera no ordinal,
aunque manteniendo el espíritu ordinal de una ordinalidad que no es ordinal
como tal.

  • Disculpe que insista, ¿Hay ordinalidad o no?

Bueno, sí, pero solo en parte, no para todos, pero sin romper el orden, aunque el orden cambie. Como conclusión les puesto decir que no es ordinalidad, pero tampoco no lo es.

  • La verdad es que no entiendo muy bien

No es ordinalidad como la que usted entiende, sino una ordinalidad entendida
desde una concepción no estrictamente ordinal de la ordinalidad.”

  • Ahora lo veo claro Sr. Montero.

José García Cortés

       15-1-26

FINANCIACIÓN AUTONÓMICA

 La mala memoria

España tiene un sistema para que el Estado central transfiera dinero a las comunidades autónomas para que puedan financiar servicios públicos (sanidad, educación, servicios sociales, etc.). que lleva más de 15 años desfasado respecto a las necesidades demográficas y económicas actuales (envejecimiento, gasto sanitario, dependencia, dispersión poblacional, etc.).

En un nuevo escorzo político de nuestro, siempre amado, presidente del Gobierno, Se reúne con Oriol Junqueras (inhabilitado por sentencia judicial) y nuestra ministra de Hacienda sale a la palestra, muy digna ella, diciendo que ya va siendo hora de que los ciudadanos tengamos mejoras en nuestra salud, educación, y no sé cuántas cosas más.

La primera pregunta que se me ocurre es ¿y si es tan necesario y bueno, por qué ha tardado tanto en hacerlo? Claro, como están haciendo tantas cosas, y tan importantes, seguramente se les haya olvidado.

Obviamente, el presidente puede reunirse con cualquier ciudadano, pero parece más lógico, que para revisar la financiación de las autonomías se reúna con las Comunidades Autónomas para revisar la financiación de las autonomías ¿no? que, por cierto, llevan años reclamándolo.

Pero claro, ERC necesita el visto bueno de Junqueras y Pedro Sánchez necesita el voto de ERC. Aunque pueda no ser una ilegalidad, no deja de ser una paradoja política (otra más).

A nuestro doctor en economía, y su ministra, también se les ha olvidado explicar a los ciudadanos cómo cuadrarán las cuentas, es decir, que el ciudadano sepa (yo creo que no lo saben todavía ni ellos) si esto implicará más deuda, más impuestos o recortes futuros en servicios estatales. Porque una de las tres cosas (o combinaciones) tiene que suceder necesariamente.

Mecachis, se les ha olvidado decir que si hay más cesión a las CCAA sin subir gasto total, la deuda total del país no sube, pero el Estado se queda con menos margen para pensiones, defensa, intereses de deuda, políticas nacionales…, pero conociendo lo ahorradores que son, lo más normal es que haya aportación de más recursos y que además nadie recorte nada. Entonces falta dinero y solo hay tres salidas: subir impuestos, recortar otras partidas o emitir más deuda.

Jopé, también se les ha olvidado decir que Cataluña no está entre las más infrafinanciadas según recursos por habitante ajustado, pero sí está entre las más endeudadas, las que perdieron acceso a mercados y las que generaron mayor riesgo político. El problema catalán no fue solo (ni principalmente) de financiación, sino de gestión.

Cataluña ha tenido (y tiene) una gestión fiscal muy deficiente durante años, que culminó en la calificación de su deuda como bono basura y la pérdida total de acceso a los mercados, aunque es cierto que la situación se ha maquillado parcialmente gracias al respaldo del Estado, no lo ha sido por una corrección estructural profunda comparable a otras comunidades mejor gestionadas.

Si, si, a nuestro doctor en economía se le olvida comentar que Cataluña ha tenido un rescate encubierto y que pasó a financiarse casi exclusivamente mediante el FLA (Fondo de Liquidez Autonómica) y préstamos del Estado a tipos inferiores al mercado. Sin el Estado, Cataluña habría tenido graves problemas de liquidez, y esto no es una opinión: es contabilidad pública.

Y aquí están los tíos, quienes gestionaron mal piden ahora más recursos y alivio de deuda, mientras que a los que gestionaron mejor son acusados de dumping fiscal y son perseguidos por bajar impuestos a los ciudadanos. Mira que les jode que Madrid se sitúe de forma consistente entre las comunidades mejor gestionadas desde el punto de vista fiscal y presupuestario. Ha sabido hacer más o igual con menos tensiones financieras que otras comunidades con tamaño y competencias similares. Pero claro, Estos sólo saben premiar el derroche.

Ahora apelan a la “ordinalidad” confundiendo y manipulando (como siempre). Se presenta la ordinalidad como si fuera un principio constitucional, que no lo es, y lo mezclan con lo que deberíamos llamar “ordinariedad” que sí sería coherente con la igualdad y solidaridad, ya que garantiza igualdad de reglas.

Confundir ambos conceptos no es un error técnico inocente, sino una forma de desdibujar el principio de solidaridad. Quizás, para definirlos, deberíamos coger la tercera acepción de la RAE sobre ordinario:

 

Basto, vulgar, chabacano, zafio, ramplón, verdulero, tosco, maleducado, grosero, soezdescortés, patán, chocarrero, desatento, ineducado, lépero.

Hoy tenemos CCAA’s infrafinanciadas, pero razonablemente bien gestionadas como Andalucía, Extremadura o Castilla-La Mancha (con matices), tenemos a la comunidad Valenciana, infrafinanciada y mal gestionada y luego está la otra que no hay por donde cogerla, Cataluña, no especialmente infrafinanciada y mal gestionada.

La infrafinanciación no conduce inevitablemente al desastre fiscal. Existen comunidades que, aun recibiendo menos recursos de los que les corresponderían, han mostrado disciplina presupuestaria y capacidad de ajuste. Por tanto, utilizar la infrafinanciación como coartada universal para justificar deuda y desequilibrios es técnicamente incorrecto.

La financiación explica parte del problema; la gestión explica el resto.

¿Qué hay que actualizar el modelo de financiación autonómica? ¿quién lo discute?, pero dar más dinero sin exigir reformas estructurales, sin evaluación de resultados y sin coordinación real entre CCAA, puede acabar suponiendo más recursos para un sistema ineficiente como el que tenemos y no mejores servicios para el ciudadano. De nuevo se beneficia más a estructuras administrativas que a personas y esto no garantiza mejoras reales.

Comparado con estados sólidos en gestión, lo que hace que un sistema sea justo y estable no es solo “dar más dinero”, sino reglas de reparto objetivas (estilo Canadá/Australia/Suiza), corresponsabilidad y disciplina fiscal (muy presente en Alemania y en el marco europeo) y evitar la percepción de negociación ad hoc, porque eso destruye legitimidad.

Utilizar más dinero público sin hacer una reforma necesaria en nuestro desastre de gestión solo nos lleva a profundizar en la ineficiencia. Solo podemos aportar más recursos si ponemos reglas claras y exigimos su cumplimiento. Este sería el “mejor caso” socialmente hablando, ya que se da más financiación para servicios, pero obligas a objetivos de eficiencia, evaluación y límites de déficit. Esto se acerca a la lógica de las federaciones más maduras: financiación más disciplina, pero no es menos cierto es que esta opción entra dentro de la política-ficción en la España actual.

Mi opinión política es que el problema no es dar más dinero, sino cómo y por qué. Desde una perspectiva política, el anuncio del modelo presentado no es otra cosa que una negociación bilateral y un reforzamiento de una asimetría ya existente. La financiación autonómica no puede ser una moneda de cambio ya que rompe la confianza entre comunidades y en el Estado y, desde un punto de vista de país no podemos continuar pidiendo solidaridad sin exigir corresponsabilidad, ni aumentar gasto sin reformar cómo se gestiona.

Al no diferenciar claramente entre infrafinanciación y mala gestión, ni introducir consecuencias creíbles, el sistema seguirá premiando al pasado derrochador y penalizando la disciplina fiscal.

Un sistema que socializa los costes, pero no las decisiones, acaba incentivando el peor comportamiento posible. En financiación pública, hay riesgo moral cuando una administración toma decisiones irresponsables porque espera que otro pague la facturasi algo sale mal.

Desde luego hay que reconocerles una cosa, tienen más trucos en la chistera que el gran Juan Tamariz.

José García Cortés

        10-1-26

EL GOBIERNO DE JAVIER MILEI

Circula en redes y memes que, al otorgar un título o cátedra a Javier Milei, el presidente del tribunal dijo: “no sé si le estamos dando el título a un genio o a un loco”. Esa frase no está confirmada, pero me cuadra un poco con la personalidad del personaje. Este economista y docente en varias instituciones académicas de Argentina antes de dedicarse plenamente a la política, es conocido por un lenguaje directo, confrontativo y provocador, que rompe con el estilo tradicional de los políticos argentinos (y del mundo, excepto Trump).

Se autodefine como liberal-libertario, con fuerte énfasis en la libertad individual, propiedad privada y mercados sin interferencias estatales, es admirador de corrientes económicas de la escuela austríaca y crítico de las políticas intervencionistas.

Su imagen pública es polarizante y se muestra como un dirigente con rasgos poco convencionales, pero con tendencia a creer fuertemente en su propia visión de la realidad política y económica.

Y como hace tiempo que no lo veo con una motosierra en la mano, me ha parecido interesante echar una ojeada a la situación económica y social de Argentina bajo su mandato, y la respuesta no es un sí o un no rotundo, sino que hay avances claros en algunos indicadores macroeconómicos, al mismo tiempo que persisten desafíos sociales y estructurales profundos. La evidencia disponible sugiere un panorama mixto y complejo, con mejoras técnicas, pero tensiones sociales aún presentes.

Cuando Milei asumió la presidencia (diciembre de 2023), Argentina venía de años de inflación crónicamente alta (más de 200% anual), pobreza creciente, déficits fiscales persistentes y recesión económica prolongada.

Su gobierno implantó un conjunto de medidas de corte liberal orientadas a reducción del gasto público, control de la inflación, eliminación de restricciones comerciales y cambiarias y apertura económica con reformas de mercado.

Los avances macroeconómicos son evidentes:

  • Inflación: caída significativa. En 2023 llegó a más de 200% anual y ya al final de 2024, las tasas mensuales se redujeron por debajo del 3% con medidas de ajuste y en los primeros meses de 2025 la inflación mensual se ubicó alrededor de 2%.
  • Crecimiento económico tras recesión: Incluso después de contracciones al inicio de 2024, el PIB ha crecido en trimestres recientes y las estimaciones para 2025 proyectan tasa de crecimiento alrededor de 4–5% real del PIB, con perspectivas algo menores en 2026 pero aún positivas.
  • Déficit fiscal y reformas de gasto: Milei ha conseguido pasar de déficits crónicos a superávit fiscal en 2024, todo ello con reducción de subsidios y gasto público innecesario y reestructuración del presupuesto, con parte significativa destinada a educación, salud y pensiones según proyecto para 2026.

De la otra parte, los indicadores sociales tienen matices importantes, pero esperanzadores. Los datos oficiales muestran que la pobreza pasó de niveles extremadamente altos (más del 50% tras shocks iniciales) a cifras por debajo de 32% en 2025, el nivel más bajo desde 2018. No obstante, y pese a la caída, los niveles siguen siendo elevadamente altos comparados con décadas anteriores. La mejora es real en términos relativos, pero el nivel de pobreza sigue siendo una carga social significativa.

Y en cuanto al consumo, los datos económicos muestran que consumo agregado ha mostrado retrocesos, los salarios reales y cobertura de ingresos de hogares siguen bajos en algunos sectores y el mínimo vital en dólares continúa siendo bajo en términos regionales.

Esto sugiere que las mejoras macroeconómicas no se traducen completamente en bienestar homogéneo.

Parece que las mejoras que está consiguiendo son importantes, aunque persisten tensiones porque las reservas internacionales siguen escasas en relación con las necesidades de pago externo, Argentina continúa enfrentando costos de endeudamiento altos y la acumulación de reservas es lenta, lo que plantea riesgos futuros.

De todas formas, hay señales de confianza de capital extranjero en algunos sectores, como inversiones en energía y recursos naturales, lo que indica interés privado por el nuevo marco económico. Esto es positivo, aunque todavía insuficiente para resolver problemas estructurales de productividad, empleo formal y desarrollo sostenible.

Objetivamente, hoy por hoy, la situación puede describirse como una mejora real en indicadores macroeconómicos clave, acompañada de condiciones sociales, también mejores, aunque todavía frágiles y un proceso de ajuste en curso, con resultados que aún están por consolidarse a largo plazo.

Volviendo a la frase inicial, no sé si este hombre es un “loco” (aunque por su aspecto y sus gestos lo pueda parecer), yo de momento me quedo con la parte de “genio”, que está haciendo en su país lo que procede.

Me comentan, también sin confirmar, que Pedro Sánchez está pensando en tomarlo como ejemplo. No sé, ya veremos.

José García Cortés

        10-1-26

LAS PRISAS NO SON BUENAS

Reflexión sobre la geopolítica y el modelo democrático europeo.

Y lo digo yo, que siempre he sido un “prisillas”.

La historia de la democracia española desde 1975 es paradigmático, pero no olvidemos que la muerte de Franco no provocó una implosión violenta del sistema, sino un proceso cuidadosamente gestionado que permitió desmantelar estructuras de poder profundamente arraigadas y dar paso a un nuevo orden constitucional. Hoy, cuando se discute intensamente la restauración de la democracia en Venezuela, es inevitable mirar ese proceso como una posible guía para evitar el derramamiento de sangre y construir una salida política viable al autoritarismo chavista.

Entre la muerte de Franco y la aprobación de la Constitución española en octubre de 1978, transcurrieron casi tres años de intensos debates, acuerdos y reformas. La Transición no fue la conquista de la oposición sobre el Estado, sino un acuerdo entre élites para reemplazar un modelo autoritario por uno democrático mediante un pacto amplio y sin rupturas traumáticas.

Este proceso, aunque con particularidades propias del contexto español, ofrece lecciones relevantes para Venezuela, donde el régimen chavista ha concentrado el poder durante más de dos décadas y ha erosionado sistemas de pesos y contrapesos, independencia judicial y libertades fundamentales. El chavismo, que emergió bajo Hugo Chávez y fue consolidado por Nicolás Maduro, ha transformado el sistema político en algo que muchos analistas describen como un autoritarismo competitivo o híbrido en el que las elecciones se celebran, pero sin condiciones mínimas de imparcialidad e independencia institucional.

La situación en Venezuela se parece bastante a la que nosotros vivimos. Hoy está marcada por tensiones intensas entre la oposición y el poder establecido, con la represión política como elemento persistente que dificultan la percepción de que una transición ordenada pueda ocurrir sin condiciones previas de seguridad y reconstrucción institucional.

Por tanto, lo que está haciendo EE. UU puede parecer hasta “razonable”, porque al igual que en España, donde la Transición fue posible porque existieron mecanismos que facilitaron la reforma desde dentro, en Venezuela, esa misma lógica exige que se construyan condiciones para la restitución de libertades básicas, la liberación de presos políticos, y la restitución de independencia judicial y electoral como pasos previos a cualquier proceso de reconstrucción democrática.

Hay quien afirma que en nuestro caso la transición fue más fácil porque se dio en un contexto bipolar de Guerra Fría, pero ahora pienso que estamos en una situación parecida, no belicista global sino de Guerra Comercial.  En este contexto, tenemos que observar que China (y en menor medida Rusia), llevan tiempo “invadiendo” los mercados mundiales, y, con tanta fuerza, que han puesto en jaque a la primacía norteamericana. Y esto ha cambiado el contexto mundial de una forma sustancial.

China ha desplegado en los últimos años una estrategia sistemática de penetración económica en África y América Latina basada en inversiones en infraestructuras, financiación de gobiernos y acceso a materias primas. Rusia, aunque con menor capacidad económica, ha reforzado su presencia política, militar y simbólica en determinados países como forma de proyectar poder global y desafiar el orden occidental.

Desde este ángulo, América Latina vuelve a adquirir una importancia estratégica que había perdido parcialmente. Para Estados Unidos, permitir que gobiernos inestables o aislados internacionalmente se conviertan en plataformas de influencia china o rusa en su entorno inmediato no es una cuestión ideológica, sino de seguridad y poder.

En este contexto, la insistencia estadounidense en una “restauración democrática” puede leerse como un intento de reordenar el tablero regional, asegurando que Venezuela no consolide una dependencia estructural de potencias rivales. Y esta lógica no es nueva. A lo largo del siglo XX, Estados Unidos apoyó o toleró gobiernos autoritarios en América Latina siempre que garantizaran estabilidad, alineamiento estratégico y acceso a mercados. La retórica democrática ha sido históricamente flexible cuando entraba en conflicto con intereses geopolíticos mayores.

Desde esta perspectiva, resulta plausible sostener que a Estados Unidos no le resulta prioritario el tipo exacto de democracia que emerja en Venezuela, sino que el país no se convierta en un satélite económico y político de China o Rusia, ni en un foco permanente de inestabilidad regional.

Este enfoque explica también cierta impaciencia, tanto en medios como en algunos actores internacionales, por “restablecer la democracia” de forma rápida, incluso cuando las condiciones internas no parecen maduras para una transición ordenada. El riesgo, como muestra la experiencia comparada, es confundir elecciones con democracia y provocar escenarios de mayor conflictividad o violencia.

Si el objetivo en Venezuela es evitar el derramamiento de sangre, la lección española sugiere que la prisa es una mala consejera. La estabilidad (entendida como seguridad personal, control de la violencia y funcionamiento básico del Estado) no es enemiga de la democracia, sino una condición previa para que esta sea sostenible.

Aceptar que la política estadounidense hacia Venezuela responde en gran medida a consideraciones geoestratégicas no implica justificarla ni condenarla automáticamente. Implica comprenderla. La geopolítica no se mueve por ideales puros, sino por intereses, equilibrios y percepciones de amenaza.

En un mundo de competencia entre grandes potencias, la pregunta clave no es solo quién gobierna Venezuela, sino cómo se construye un Estado capaz de decidir su futuro sin ser rehén ni de sus élites internas ni de intereses externos. Todo lo demás (incluida la retórica democrática) debería estar subordinado a esa finalidad.

Además, existe un refrán que dice que quien solo tiene un martillo, tiende a ver clavos por todas partes. Algo parecido ocurre con Europa cuando mira al resto del mundo. Tras décadas de estabilidad democrática, la Unión Europea ha interiorizado su propio modelo político hasta el punto de asumir que no solo es deseable, sino universalmente exportable.

Conviene recordar un hecho incómodo: la democracia liberal europea es muy reciente en términos históricos. Durante siglos, Europa se organizó bajo monarquías fuertes, Estados centralizados y poderes ejecutivos robustos. La democracia no fue el punto de partida, sino el resultado final de un proceso largo, conflictivo y, en muchos casos, violento. Pretender que otros países adopten directamente ese estadio final es exigirles algo que Europa nunca hizo.

En muchos países árabes, africanos, asiáticos o latinoamericanos, la realidad es distinta. Estados débiles, sociedades fragmentadas, economías informales y tradiciones políticas basadas en la autoridad personal hacen que la aplicación inmediata del “paquete democrático europeo” no produzca democracia, sino parálisis, captura del Estado o violencia. Y otro tanto le podríamos decir a EE. UU., solo hay que recordarles Irak, Libia, Afganistán y tantos otros sitios en los que han intervenido militarmente.

Aquí surge un tema que Europa a menudo evita: un gobierno fuerte no es necesariamente un gobierno tiránico. En numerosos contextos, lo que la población necesita no es menos poder, sino más capacidad estatal: seguridad, orden, cumplimiento de la ley y arbitraje efectivo de conflictos. Sin Estado, no hay derechos que proteger. Sin autoridad legítima, la democracia se convierte en un ritual vacío.

Exportar elecciones sin instituciones sólidas es confundir procedimiento con resultado. La historia reciente muestra que las democracias formales sin Estados fuertes suelen degenerar rápidamente o ser capturadas por actores organizados (militares, religiosos o económicos) mucho más eficaces que la política civil. Paradójicamente, esta estrategia debilita tanto la democracia como los derechos humanos que dice defender.

El verdadero error europeo no es moral, sino estratégico, imponer modelos sin atender a la realidad termina generando rechazo, inestabilidad y pérdida de influencia. Mientras Europa predica, otros actores ofrecen orden y previsibilidad, aunque sea a costa de libertades formales. El resultado es que los valores europeos no se expanden, sino que retroceden.

Quizá ha llegado el momento de cambiar martillo europeo y el error de exportar la democracia como si fuera un manual. No todo es un clavo, y no todas las sociedades pueden (ni deben) recorrer el mismo camino al mismo ritmo.

El problema no es defender la democracia, sino confundir la democracia con una forma institucional concreta y cerrada.

José García Cortés

         9-1-26