Un recuerdo que no se apaga

Hoy, Día de Todos los Santos, me siento a escribir con un punto de añoranza. Voy cumpliendo años y he visto cómo el tiempo se lleva a muchas de las personas que he querido mucho: padres, hermano, esposa, suegros y un puñado de mis más granados amigos.

Sin embargo, ese mismo tiempo también me los trae de vuelta, porque su huella forma parte de cada gesto de mi vida. Este artículo es para ellos: un recuerdo sentido y un gracias sereno por todo lo que vivimos juntos.

Aprendí de mis padres mucho más que normas o consejos. Me enseñaron la dignidad de los días sencillos: el valor de madrugar sin ruido, de cumplir la palabra dada, de compartir la mesa, aunque el pan fuera poco. Cuando pienso en ellos, me detengo en la herencia invisible que me dejaron y siguen estando aquí cada vez que extiendo la mano a alguien o cada vez que río con ganas.

De mi hermano, aunque se marchó demasiado pronto, recuerdo esa lealtad que solo existe entre hermanos, entre niños.

Mi esposa fue mi hogar. Con ella aprendí que amar es un trabajo artesanal: escuchar, ceder, celebrar, reconciliar, volver a elegirnos cada mañana. Su ausencia fue muy pesada, pero también ella me enseño que se debe seguir amando y aprendiendo a compartir la vida con otros seres queridos, porque el amor se reproduce.

Y están los amigos, compañeros de ruta. Con ellos aprendí a multiplicar la alegría. La amistad, cuando es verdadera, no entiende de distancias ni de calendarios.

No escribo estas líneas desde la tristeza, sí desde la añoranza y desde luego, desde la gratitud. Las cicatrices que me han ido dejando también me han enseñado que el recuerdo no debe ser una jaula, sino una brújula.

Sé que hay un ciclo vital para todos, que el tiempo seguirá su curso y que vendrán más inviernos. Pero también sé que hay un lugar donde nadie se va del todo: la memoria agradecida. Hay un jardín invisible, y cada nombre tiene su sitio y cada historia, su aroma.

A quienes me dieron la vida, a quienes la compartieron conmigo y a quienes me hicieron un poco mejor con sus enseñanzas, les digo hoy: GRACIAS. Gracias por lo que me enseñaron, gracias por enseñarme a reír, a pedir perdón y a empezar de nuevo. Gracias por habitar en mí de una manera que no entiende de despedidas.

En este Día de Todos los Santos, enciendo una luz para recordar todo lo que me dejaron. Su recuerdo no me ata al pasado: me impulsa a vivir con más verdad el presente y a ser cada día un poco mejor. Mientras tenga memoria seguirán conmigo. Porque hay ausencias que no vacían: llenan. Y la suya, la vuestra, es de esas que siguen dando calor.

José García Cortés

        1-11-25

Carta – septiembre 2025

Quiero compartir algo sobre pensamientos, emociones y cómo vivimos lo que nos pasa. Hay días en los que vamos con fuerza, y otros en los que sentimos que se nos acaba la energía, como si el depósito estuviera en reserva.

Cuando tocas fondo.

A veces me he visto sin fuerzas y con la sensación de haber tocado fondo. En esos momentos, lo único que me ha ayudado es parar y observar: mirar lo que siento y lo que pienso, sin juzgar, para entender qué está pasando.

El “observador” y la “fábrica de pensamientos”

Me di cuenta de algo importante: no soy mis pensamientos.

  • Por un lado, está la “fábrica de pensamientos”, que no para: ideas, recuerdos, preocupaciones que van y vienen.
  • Por otro, estoy yo, el observador que se da cuenta de todo eso.
    Igual que no somos nuestros sentidos (oído, vista, olfato), tampoco somos la mente: la mente es una herramienta que usamos para entender y relacionarnos con el mundo.

Para qué sirve la mente… y dónde se complica

La mente es muy útil para trabajar, estudiar, resolver problemas. Pero si no la entrenamos, puede enredarnos: encadena pensamientos y emociones y acabamos dentro de una tormenta mental. De ahí vienen la inquietud, la ansiedad y la sensación de que no hay paz.

Salir del piloto automático

Hoy se habla mucho de mindfulness: básicamente, prestar atención al presente para salir del bucle de pensamientos que aparecen solos. No se trata de “dejar la mente en blanco”, sino de mirar con claridad lo que sentimos y pensamos sin dejarnos arrastrar.

Un truco sencillo

  • Para – Observa – Vuelve:
    1. Para un momento.
    2. Observa tu respiración, tu cuerpo, lo que piensas.
    3. Vuelve a lo que estabas haciendo, con esa atención más limpia.
      Este gesto evita que el “tren de pensamientos” nos lleve por delante.

No confundirnos: mente ≠ persona

Una confusión común es creer que somos lo que la mente dice. Pero quien somos de verdad es esa conciencia que observa: la que ve lo de fuera (lo que ocurre) y lo de dentro (sensaciones, ideas). Cuando lo entiendes, te sientes más libre: ya no estás encerrado en lo que la mente cuenta a cada minuto.

Entrenar la herramienta

Como cualquier herramienta, la mente necesita entrenamiento:

  • Diferenciar pensamiento y emoción.
  • Poner límites al bucle mental.
  • Usarla cuando toca (estudio, trabajo) y descansarla cuando no.
    Ese entrenamiento da estabilidad y nos ayuda a vivir con más calma.

Una conclusión simple

Somos más que los pensamientos, sensaciones o emociones que pasan por nosotros. Somos quien lo observa todo. Cuando recordamos eso, ganamos libertad y menos peso de lo que nos remueve por dentro. Ahí aparece el espacio para la paz

Raúl Ramos de la Plaza

   Inspirado por Raquel

       22 – 9 – 2025

ME SIENTO ESPAÑOL

Hoy, Día de la Hispanidad, miro alrededor —a las plazas que se llenan, a las banderas que se agitan y, sobre todo, a la gente que se reconoce— y me pregunto por qué me siento español. Y la respuesta no viene solo de los libros de historia; viene del pulso cotidiano, de una manera de estar en el mundo. Viene de una memoria vieja y de un presente que no deja de rehacerse.

Me siento español porque comparto una lengua inmensa que abre puertas en dos hemisferios, una lengua que sirve para reír, para cantar, para discutir, para abrazar. El español es puente antes que frontera (aunque algunos no quieran): en él cabe la poesía y el pregón del mercado, la nana y la novela, la conversación al sol y la conferencia en cualquier universidad del planeta. No estamos solos; formamos parte de una comunidad hispánica plural, mestiza, contradictoria, sí, pero interminablemente fértil.

Me siento español porque venimos de una historia larga —con luces que nos enorgullecen y sombras que nos obligan a pensar— y porque hemos aprendido a mirarla de frente. Fuimos nave y astrolabio, pergamino e imprenta, catedral y aljibe. Hubo grandezas y errores, encuentros y heridas; negar cualquiera de esas orillas sería mutilarnos. Precisamente por eso, por saber que somos la suma de lo que acertamos y lo que rectificamos, caminamos con más verdad. España ha sido muchas cosas y, en el balance, ha pesado en el mundo: en la cartografía de los océanos, en la circulación de ideas, en el mestizaje cultural que ensanchó los mapas del espíritu.

Me siento español porque aquí se cruzan montaña y mar, huerta y desierto, lo atlántico y lo mediterráneo. En pocas horas pasas del Cantábrico bravo a la calma dorada de un olivar; subes al Pirineo o sueñas en las dehesas. Ese capricho de la geografía se vuelve carácter: diversidad de acentos, músicas, ritmos, fiestas, maneras de cocinar y de celebrar. Somos una nación de naciones, un país de países, y justo ahí —en esa variedad que a veces nos impacienta— habita nuestra fuerza.

Me siento español porque hemos creado belleza que habla por nosotros cuando callamos: cuadros que detienen el tiempo, guitarras que lo encienden, versos que nombran lo que parecía innombrable. De la picaresca al Siglo de Oro, de la copla al flamenco, de la guitarra en la calle a la voz de nuestros teatros: el arte nos ha enseñado a sentir juntos. Y también porque hemos aportado ciencia y pensamiento: hubo quienes miraron al microscopio y al cielo, quienes abrieron senda en la medicina, en la ingeniería, en la filosofía, y lo hicieron con esa mezcla tan nuestra de paciencia y terquedad.

Me siento español por un gesto que se repite en cada barrio: la mano tendida. Cuando arde un monte, cuando un río se desborda, cuando alguien se queda sin nada, aparecen cuadrillas espontáneas: bomberos y voluntarios, vecinos con furgonetas, manos anónimas que cocinan, acogen, arreglan, reconstruyen. Esa solidaridad discreta —que no busca foto— es una patria.

Me siento español porque nuestra forma de vivir defiende la sobremesa como espacio sagrado, porque el tiempo de la conversación vale tanto como el del trabajo; porque sabemos que una plaza con niños jugando es un indicador de salud pública; porque en el bar de la esquina caben los jubilados que arreglan el país, el estudiante que sueña su futuro y el camarero que conoce nuestras manías. Esa vida compartida es, quizá, el invento más perfecto de nuestra cultura.

Me siento español porque, sin renunciar a lo que fuimos, hemos aprendido a ser modernos: a tender trenes veloces sobre tierras antiguas, a hacer medicina puntera en hospitales públicos, a levantar energías renovables en campos de viento y de sol. Y porque creemos —con todas las dudas del mundo— en una democracia que se cuida con participación, con discrepancia y con reglas; en unos servicios que nos igualan cuando la vida se tuerce; en una idea de Europa que nos hace más grandes sin hacernos menos nosotros.

Me siento español por el hilo invisible del deporte que nos ha enseñado a ganar sin humillar y a perder sin rendirnos; por las celebraciones en las fuentes, por el gol que une a desconocidos, por la maratón que corta la ciudad y nos recuerda que la voluntad se entrena. Y me siento español por los pequeños héroes cotidianos: el agricultor que madruga, la sanitaria que atiende, el maestro que enciende luces, la ingeniera que prueba, el autónomo que resiste. Ellos sostienen el orgullo que hoy pronunciamos.

Me siento español porque sé decir “lo siento” y “gracias” en el mismo idioma con el que digo “te quiero”. Porque reconozco que nos faltan cosas —siempre faltan— y, aun así, miro alrededor y veo un país que siempre vuelve: que se levanta después de la tormenta, que discute y se reconcilia, que se ríe de sí mismo para no olvidar que la alegría también es un deber cívico.

Y, sobre todo, me siento español porque no estamos solos. Somos un capítulo de un libro más grande que viaja de Cádiz a Cartagena de Indias, de Salamanca a Oaxaca, de Sevilla a Lima, de Barcelona a Montevideo. Hoy celebramos esa hermandad de la palabra y de la memoria, sabiendo que el respeto al otro es la condición de todo orgullo verdadero.

Que ondee, pues, la emoción sin estridencias: orgullo sereno, consciente de la ruta y del equipaje. Brindo por una España que no teme a su pasado porque cada día se gana el presente; por una España que sueña en grande y cuida lo pequeño; por una España que se reconoce plural y, por eso mismo, entera.

Feliz Día de la Hispanidad.

José García Cortés

    12-10-25

Absentismo laboral en España

Una mala salud de hierro

La verdad es que hay que reconocer que cuando uno está malito no tiene ganas de trabajar.

Y pensando en eso de las ganas de trabajar, he sentido la curiosidad de bucear en el proceloso mar de cifras, que desde luego no las suele proporcionar el gobierno, que, como sabemos todos, navega en el mar de la opacidad.

El absentismo laboral (las ausencias al puesto de trabajo por enfermedad, incapacidades temporales u otras causas) es un fenómeno que trasciende el ámbito privado: también golpea al sector público con especial intensidad y genera un coste económico real que llega a cifras astronómicas. Y me empiezo a preguntar ¿habrá un virus que ataque especialmente a los funcionarios?

En cuanto a los sectores con mayor incidencia tenemos, Industria: 7,4 %  ; Servicios: 7,0 %  ;  Construcción: 5,3 % ; Administración Pública, en torno al 8,6%, por encima de la media y claramente por encima de la construcción

Solo a la vista de estos primeros datos, debo pensar que el fuerte calor en verano y los gélidos fríos en invierno que se disfrutan sobre un andamio son mucho más saludables que las oficinas acondicionadas de los funcionarios. Bendita salud la de los albañiles.

En las cifras no he sido capaz de que me desagreguen a los agricultores, pero por experiencia propia en los últimos años, puedo asegurar que el estar de sol a sol, bajo las inclemencias del tiempo y manejando todo tipo de maquinaria, también les dota que una salud de hierro.

Resulta que también los funcionarios, según el coste para las mutuas, las bajas del sector público resultan un 24 % más caras que las del sector privado, con una indemnización diaria de cerca de 50 €/día frente a 41 €/día del resto de la media y, además tienen una duración media mayor que en el ámbito privado.

Claro, ahora entiendo con qué desganan te atienden (cuando te atienden) en la mayoría de los organismos públicos (no todos). Es que tienen muy mala salud los pobrecitos.

Haciendo unas gestiones hace poco, me encontré con una funcionaria conocida y al preguntarle qué hacía por allí me respondió: Es que hemos bajado a desayudar y ahora “toca el paseíto”. No profundicé más en la cuestión, pero seguro que su médico de cabecera le obliga a caminar todos los días, en horas de trabajo, para reducir la factura de las bajas y los medicamentos que pagamos con cargo al erario. Todo sea por su salud.

También conozco a funcionarios (más de uno) que llevan por encima de un año de baja y que acuden “todos los días” a los mejores pubs nocturnos, en busca de la medicina que les libere del mal administrativo. No quisiera estar en su piel.

El Banco de España estimó que el gasto por IT ya supera los 15.000 millones de euros (para enfermedades comunes) y puede llegar a 16.480 millones si se incluyen contingencias profesionales. observándose un aumento del gasto del 78,5 % desde 2019.

Aunque fuentes de Bankinter, indican que el absentismo implicó la pérdida de 2.032 millones de horas de trabajo, con un coste bruto estimado de unos 47.494 millones de euros, equivalente al 3,2 % del PIB. Estos datos hacen evidente que el absentismo laboral tiene un peso económico significativo, tanto en prestaciones directas como en pérdida de actividad productiva.

Menuda milonga la que nos cuelan con la dieta mediterránea. Que si somos de los más longevos del mundo, que si comemos sanos y todas estas cosas. Pues no, resulta que nos ponemos más malitos que nuevos vecinos europeos. Lideramos las tasas de absentismo por IT en Europa, estando entre los primeros países con una proporción de ausencias más alta que la media comunitaria.

Tanto sol y tanta pamplina, frío es lo que necesitamos, como en Europa.

Pero resulta que nuestro sol y nuestra dieta mediterránea no son todos nuestros problemas, ya que un estudio revela que los lunes (28%) son el día con más bajas médicas por enfermedad común, seguido por los martes (20%), y luego decrece hacia el final de la semana.

Como todos sabemos, la palabra lunes proviene del latín “Lunae diez”, que significa «día de la Luna». Leches, también la luna nos afecta negativamente para el trabajo. Fuentes malinformadas apuntan a que Yolanda Díaz ya está trabajando para poner fin a esta pandemia.

Aunque en las cifras oficiales un “puente” no computa a la hora de valorar el absentismo, lo que está claro es que aumenta las horas no trabajadas. Y, de la misma forma que en nuestro país todos somos entrenadores de fútbol, nuestra vocación por la arquitectura está más que demostrada.

Pues resulta que, además de ser uno de los países europeos que más fiestas tenemos al cabo del año, somos los que más absentismo tenemos y los que menos productividad. Coño, ¿cómo no vamos a ser los más longevos?

José García Cortés

      12-10-25

Fuentes principales: Randstad Research, Adecco Institute, Eurostat, Encuesta Trimestral de Coste Laboral (INE), etc. Barómetro de Absentismo de Mutua Navarra / Mutua Navarra, El Economista+3El Debate+3Libre Mercado+3, The Objective, Bankinter

LA MALA MEMORIA

Esta mañana estaba escuchando el programa de Onda Cero que se emitía desde Alcázar de San Juan, localidad en la que se está terminando la vendimia.

Una de las entrevistas que han realizado ha sido a José Luis Martínez guijarro, vicepresidente primero del Gobierno de Castilla La Mancha. Hombre con un buen currículo formativo y que ha estado prácticamente toda su vida laboral vinculado a la administración.

Ha comentado reiteradamente la necesidad de que vengan más inmigrantes porque tienen escasez de mano de obra, al tiempo que ha criticado vehementemente las declaraciones del P.P. sobre el carné por puntos y, por supuesto a BOX, por su política antiinmigración.

El Sr. Martínez, seguramente no realizaba esas declaraciones de forma sesgada ni tendenciosa, pero ha tenido un lapsus de memoria al no mencionar que concretamente en Alcázar de San Juan hay una tasa de paro del 13%, según datos SEPE.

Seguramente, también por descuido, a pesar de ser vicepresidente primero, ha olvidado mencionar que Castilla La Mancha tiene una tasa de paro del 13,23%, según fuentes oficiales, bastante superior a la media nacional.

No estoy en contra de la inmigración en general, sí del despelote de política que tiene este puñetero gobierno, como así lo puse de manifiesto en mi estudio sobre la inmigración.

Si han de venir inmigrantes, traigámoslos, pero no es de recibo que las políticas clientelistas de este “gobierno progresista” continúe dando de comer, con cargo a nuestros impuestos, a un ejército de holgazanes y demás patulea que pueblan nuestros territorios.

No es de recibo que no encuentre trabajadores cuando necesito mano de obra para mis tierras, y no es de recibo que cuando consigo a alguien, no quiera que les de alta en la Seguridad Social porque están cobrando las ayudas de un estado que ni controla a los vagos y ni siquiera tiene el más mínimo interés.

Hay un debate serio pendiente sobre inmigración, SI, pero hay un debate previo sobre el problema que hemos generado en una generación de vagos que ni quieren trabajar ni se les espera.

Así nos va.

José García Cortés

     5-10-25

EL ¨ NUDO GORDIANO ¨ DE LA POLITICA ESPAÑOLA

Es triste que el debate de la política española se haya convertido en disputas retóricas con numerosas escaramuzas dialécticas e invectivas continuas ante el adversario.

Creo que los medios de comunicación deben limitar a contertulios y políticos que no tengan un mínimo de educación y respeto. Pongo varios ejemplos:

El representante de Podemos del Parlamento de Castilla y León, Pablo Fernández, no ha tardado en contestar a A. Núñez Feijóo sobre sus recientes declaraciones de la inmigración indiscriminada. Lo ha llamado: deleznable, miserable y abominable. Que su discurso actual está cerca del ¨delito de odio ¨, por criminalizar a los emigrantes: ¨ Debería ser juzgado y condenado ¨. Solo ha dicho que la inmigración debería ser legal y que tendrían que ser deportados los que tengan causas criminales.

Ana Alcalde, con el apelativo de la ¨ Barbie de Gaza ¨, cree que es un ¨ bulo ¨ las violaciones y asesinatos despiadados a las jóvenes israelíes cuando fueron aterrorizadas por Hamás el 7 O. Cuando distintos programas y medios le han llamado la atención; los ha hecho responsables de su integridad física y amenazas, insultándoles llamándoles fascistas y genocidas.

El exministro J.L. Ábalos, concupiscente e iracundo, se subleva y se vuelve draconiano cuando se le pregunta por sus fechorías económicas, sus meretrices y su presencia con colipoterras (como le llamó C. J. Cela ) en casas de lenocinio.

Cuando a los portavoces gubernamentales se les pregunta por las imputaciones de los familiares del presidente del Gobierno o el Fiscal General, responden siempre de forma extemporánea y anacrónica, refiriéndose a Ministros del Gobierno de M. Rajoy. Antes de que terminen su intervención, no se olvidan de demonizar al medio que le ha preguntado.

No es intrascendente lo que está ocurriendo. Continuamos sin un líder político capaz de deshacer este ¨nudo gordiano¨ de los entresijos de la democracia española como en su día hizo el Rey de Macedonia: Alejandro Magno. Cortó con su espada de solo un estoque este nudo, sin detenerse a su desenredo. Es obvio que este líder español lo haría de forma metafórica.

Manuel Lozano Molina

          30-9-25

Ética, estética, responsabilidad penal y política: cuando los principios se ponen a prueba

La política no es solo el arte de gobernar, sino también el espejo donde una sociedad se mira a sí misma. Y como todo espejo, refleja no solo la imagen que se quiere proyectar, sino también las sombras que a veces se intentan ocultar. En este contexto, es necesario reflexionar sobre los cuatro pilares que deberían sostener la vida pública: la ética, la estética, la responsabilidad penal y la responsabilidad política.

Ética: lo correcto, aunque nadie mire

La ética no es una ley escrita, pero actúa como su brújula. No todo lo que es legal es necesariamente ético. Gobernar desde la ética implica actuar con integridad, transparencia y vocación de servicio. Significa anteponer el interés general al personal o partidista.

El reciente caso del fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz, procesado en octubre de 2024 por el Tribunal Supremo por un presunto delito de revelación de secretos ha abierto un debate: ¿cómo puede ejercer la máxima autoridad judicial quien está siendo investigado penalmente?

Pero la polémica no termina ahí. A ello se suma la investigación judicial al hermano del presidente, y apertura de juicio oral, David Sánchez, por presunto cobro de fondos públicos por trabajos supuestamente ficticios como asesor cultural en la Diputación de Badajoz. Pendiente de resolución judicial, la falta de transparencia y las resistencias a ofrecer explicaciones afectan directamente a la ética política.

Estética: lo que parece, importa

En política, las formas también son fondo. La estética política no es solo apariencia: es la percepción que la ciudadanía tiene de sus representantes. Cuando se traspasan ciertos límites —aunque no se infrinja ninguna ley—, se erosiona la confianza pública.

Un ejemplo paradigmático fue la negativa inicial de Pedro Sánchez a exigir responsabilidades al exministro José Luis Ábalos, implicado por su estrecha relación con su exasesor Koldo García, investigado en la trama de corrupción vinculada a contratos públicos de mascarillas durante la pandemia. La tardanza en su expulsión del Grupo Socialista, que solo se produjo tras una fuerte presión mediática y política, generó un daño reputacional significativo.

También ha sido objeto de críticas el papel de Santos Cerdán, secretario de Organización del PSOE, por sus viajes a Suiza para reunirse con el equipo de Carles Puigdemont en el marco de las negociaciones con Junts, sin que estas misiones se hayan comunicado con claridad al Congreso ni a la ciudadanía. La opacidad en cuestiones tan delicadas crea una estética de confusión y desconfianza.

Responsabilidad penal: cuando la ley se impone

La responsabilidad penal marca el paso de lo reprobable a lo punible. En democracia, nadie está por encima de la ley. Sin embargo, los procesos judiciales suelen ser largos y garantistas, mientras que la exigencia ética o política debe ser inmediata.

Hoy en día, ninguno de los mencionados ha sido condenado en firme. Pero la existencia de imputaciones, investigaciones judiciales o informes policiales, aunque no concluyentes, debería hacer reflexionar a los partidos políticos sobre los límites de la tolerancia institucional. Porque, a menudo, se espera más del cargo público que una simple absolución legal.

Responsabilidad política: actuar por dignidad, no por obligación

La responsabilidad política no necesita jueces ni fiscales, solo sentido del deber. Se ejerce cuando un cargo dimite por errores propios o de su entorno, por pérdida de confianza o por respeto a la institución que representa.

En el caso de Ábalos, el retraso en asumir consecuencias políticas provocó una fractura con parte de la opinión pública y con miembros del propio PSOE. En el de David Sánchez, el silencio institucional ha sustituido a las explicaciones. Y en el del fiscal general, se sigue manteniendo el cargo pese a estar procesado.

La ausencia de responsabilidad política debilita la democracia, porque transmite la idea de impunidad. Dimitir no es una derrota; es una forma de protección del sistema.

Menos mal que Sánchez anunció la creación de una Agencia Independiente de Integridad Pública como órgano central para prevención, supervisión y persecución de la corrupción, eso me deja mucho más tranquilo.

Pero como en otros tantos anuncios, dicha agencia no consta que esté constituida, como tantas otras cosas en este NO Gobierno chapucero, que según fuentes del propio Grupo Socialista, informó que hasta el 27 de junio de 2025 habían 36 leyes aprobadas y publicadas en el BOE, más otras 4 que seguían su trámite en el Senado, pero que todavía hay 42 iniciativas legislativas en distintas fases de tramitación pendientes y 65 leyes bloqueadas en el Congreso por falta de apoyos o porque fueron impulsadas por el Senado. Así nos va.

Sin ética ni estética, la política se vuelve cinismo. La política necesita más que mayorías parlamentarias. Necesita credibilidad, legitimidad y coherencia. Cuando se ignora la ética, se desprecia la estética y se relativiza la responsabilidad política, se abre la puerta a una desafección ciudadana que es caldo de cultivo para el populismo.

Como ciudadanos, debemos exigir no solo que se cumpla la ley, sino que se respete el sentido moral del cargo público. La regeneración democrática no vendrá solo de nuevas leyes, sino de nuevos hábitos. Porque la política, como la confianza, se construye a diario. Y también se puede perder en un instante.

José García Cortés

      27-9-2025

MIENTRAS TANTO

En estos días pasados, una de las noticias destacadas en la información internacional es la llegada de una gran tormenta a Filipinas y Taiwán. Siguiendo la tradición de las tormentas de las últimas décadas, se trata de un tifón con vientos de más de 200 km por hora con rachas de 250, lluvias torrenciales y gran repercusión en zonas pobladas.

La aparición de huracanes en el océano Atlántico también es costumbre en estas semanas de final del verano e inicio del otoño. Todos los años las noticias describen estos fenómenos naturales que nos recuerdan el poder de las tormentas, el océano y, en esta medida, la fragilidad de los asentamientos humanos.

Uno de los conceptos o expresiones más frecuentes en nuestro día a día es “el cambio climático. Hemos vivido este año un calor más intenso que otros, dentro también de las habituales temperaturas tórridas de nuestros veranos.

Escribo desde Canarias, donde las temperaturas también han sido muy altas. En este mes de septiembre, hemos conocido ese calor de manera llamativa. No es habitual que al final de mes, en la semana que empieza el otoño, las temperaturas a las 12 de la noche lleguen a los 29 grados en Las Palmas de Gran Canaria. Los meteorólogos explican que se debe al cambio en los vientos (los alisios cambiaron sus habituales brisas del noroeste y se fueron de vacaciones, dando paso a vientos del sur y sureste, con arena del desierto – calima). Cuando tenemos una calima importante, el sol parece una lámpara de luz cálida en un cielo canela.

El próximo mes de noviembre, se celebrará una cumbre de las Naciones Unidas sobre el cambio climático (cumbre anual de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático). Se trata de un asunto objeto de controversia por no reconocerse de manera unánime las causas y mecanismos que expliquen lo que esta ocurriendo.

Las naciones unidas han declarado el año 2025 como el año de preservación de los glaciares, dada la evolución de su deshielo en las últimas décadas (más destacado desde mediados del siglo pasado). En lo que llevamos de siglo, nuestro planeta ha vivido un deshielo más veloz (más de 200 mil millones de toneladas anuales).

Aunque parezca un contrasentido, por la cantidad de agua fría que se vierte a los océanos, la temperatura global del agua del mar ha subido 0.4 º C desde 1993. Tengamos en cuenta que los océanos absorben cada vez más calor y que la superficie blanca – hielo- reflectante de la luz solar esta disminuyendo.

Los expertos afirman que existen evidencias de grandes cambios en las próximas décadas.

Si lo pensamos serenamente, podemos asumir toda esta avalancha de información como el resultado lógico de nuestro mundo actual, con información al minuto sobre todo lo que sucede en Castilla la Mancha o en el sur de china.

Tenemos la tentación de integrar todo lo que nos cuentan en el contexto de “esto ha sido así siempre” o “hace años ya ocurrían a veces estas cosas”.

La opinión pública, todos nosotros, nos alimentamos de la información que nos llega por los canales habituales y también podemos enterarnos de más cosas si nos sentamos a buscar datos más específicos en los organismos competentes en materia climática.

Las agencias oceánicas de los países más desarrollados informan en sus páginas web sobre lo que esta ocurriendo. Una de las noticias que todos conocemos es la posible alteración de la corriente del golfo en el Atlántico y el Pacifico. Se están publicando datos sobre el debilitamiento de la corriente del golfo (la llamada Corriente Circular del Atlántico :  Atlantic Meridional Overturning Circulation (AMOC)).

Se trata de un movimiento de agua templada desde el Atlántico más próximo al ecuador, que se dirige al norte de la costa americana, y cruza hacia Europa desde latitudes próximas a Terranova bajando por la costa eurpera hacia el sur.  Su influencia es enorme en las estaciones, las temperaturas y, en definitiva, en los patrones determinantes del clima en toda Europa. Cualquier cambio en esta corriente oceánica traerá novedades muy importantes.

El calentamiento del Ártico y el deshielo de superficies heladas en el océano polar (ha desaparecido el 40% del hielo Ártico en las últimas 4 décadas). Se estima que, en la década de 2040, por primera vez en la historia, el Ártico estará libre de hielo en verano. El llamado cambio en el vórtice polar originara cambios inesperados en Europa.

Podemos leer muchísimo sobre todo esto. El resumen es que, tal y como se deduce de los datos disponibles e, independientemente de las opiniones sobre las causas, vamos a vivir en las próximas décadas cambios drásticos en el clima. Podemos citar ejemplos:

El océano provocara grandes tormentas, que al llegar a la costa serán muy destructivas. La navegación será más compleja y los seguros del transporte marítimo subirán.

Las costas vivirán una gran transformación, no solo por la llegada de las tormentas sino por la subida del nivel del mar. Se estima que la subida media en 2050 será de 30 cm sobre el nivel actual. Este valor parece menor, pero no lo es.

Y mientras tanto, en Europa los partidos políticos siguen comportándose como es tradición: batallas entre ellos, por el poder.  En otras naciones, sus gobernantes parecen asumir que todo este tremendo cambio es algo lejano, quizá irreal.  En algunas partes del mundo, los seres humanos combaten con otros, o utilizan la fuerza para defender sus derechos.

Y nuestro planeta prepara un escenario nuevo. Algunas expresiones de los expertos como “incendios forestales de sexta generación”, o “tormenta del siglo”, o “el mediterráneo con temperaturas jamás registradas…” forman parte de nuestra vida cotidiana.

El equilibrio y orden naturales son una regla en nuestro planeta. Y se han alterado de modo muy importante. El retorno al equilibrio es incuestionable y cuestión de tiempo. Pero no mucho. Lo vera nuestra generación y las venideras.

Necesitaremos lideres que nos ayuden, que se organicen con los expertos y nos aporten soluciones.  Y que nos den serenidad, ante la importancia de lo que viene. 

Raul Ramos de la Plaza

        26-9-2025

SR. PRESIDENTE, YA VALE

Nuestro presidente del gobierno no duerme por las noches con el “genocidio de Palestina” y está volcando todos sus esfuerzos en liberar al mundo del sufrimiento humano.

Yo comprendo que pasar de una situación cómoda de contabilizar las personas que pasan por las saunas/prostíbulos a dirigir un país y encontrarse con una realidad nacional internacional incómoda, puede resultar agotador y de ahí su desmejora física (que no mental, porque es imposible).

Obviamente, a pesar de contar con todos los resortes del Estado, no siempre se dispone de toda la información, y quizás por ello, no sepa que los delitos de lesa humanidad, crímenes de guerra o genocidio (fuente jurídica: Estatuto de Roma, Artículo 8 Convenios de Ginebra (1949)) solo competen a los tribunales internacionales competentes. Desde luego, en ningún caso, a un incompetente como el sr. presidente.

Ya sabe usted que en Ucrania hay investigaciones abiertas y procedimientos legales en marcha, pero hasta ahora no hay una condena definitiva por genocidio o crimen de lesa humanidad que haya sido confirmada en tribunales con sentencia firme en esos términos, y lo mismo para Israel/Gaza, donde existen acusaciones formales e investigaciones, pero no hay hasta ahora una sentencia firme internacional que condene a los responsables por genocidio o lesa humanidad (o al menos yo no hallé una confirmada en las fuentes recientes). No obstante, a usted, y su cohorte de palmeros no se les cae de la boca el término genocidio.

Para que alguien sea condenado por genocidio o lesa humanidad ante el ICC u otro tribunal internacional, primero debe haber jurisdicción clara, pruebas suficientes, y que el acusado sea juzgado en ese tribunal. También exige demostrar la intención especial de destruir un grupo protegido y, aunque eso es bastante difícil de probar jurídicamente. Parece que usted tiene las pruebas. Y, en todo caso, los juicios internacionales suelen tardar años, desde la investigación, la recolección de pruebas, audiencias, etc, pero a usted parece que le basta con un telediario.

Pero claro, estoy seguro de que su preocupación por el sufrimiento humano va más allá de Palestina, y estoy seguro de que en los próximos telediarios y manifestaciones callejeras nos pondrá de manifiesto el sufrimiento del pueblo que gobierna su socio (perdón, amigo) Nicolás Maduro, en Venezuela, donde según ACNUR, más de 7,9 millones de personas han salido de Venezuela buscando protección o mejores condiciones de vida. Seguro que a usted y a Zapatero les quita el sueño también.

Es posible que también, en los próximos telediarios de la 4, la 6, TVE El País, etc, nos hablará de las otras cosas que le quitan el sueño, es decir, de Siria, donde se estima que el número de víctimas se sitúa alrededor de 656.500 muertos (diez veces más que en Palestina)  o en el Sahel, donde se estima que han muerto unas 150.000 personas en los años que lleva usted como presidente. O los 4,3 millones de desplazados internos en Yemen o los 8.000 muertos en Burkina Faso, ¡anda, yihadistas igual que los de Hamás!, por no hablar de los más de 8,8 millones de desplazados internos y 3,5 millones de refugiados fuera del país en Sudán, o los muertos y desplazados en Malí. En fin, todo un sin vivir para un adalid del guerrero del antifaz de la paz mundial.

Claro, que, seguro que usted sufre también, aunque no se manifieste ni ocupe con ello todos los medios de comunicación a su alcance, de las casi 200.000 personas que murieron en Etiopía, o de los más de 500.000 niños que pueden morir de hambruna en Sudán. La verdad es que tiene faena hasta que acabe la legislatura que pretende agotar.

Claro, claro, el otro día escuché a su portavoz en el partido, el catedrático Patxi López, que la función de ustedes no era juzgar (menos mal), sino denunciar desde un punto de vista político. Pues, si a eso se dedican (en lugar de a gestionar este puñetero país), le recuerdo que en 2009, el Parlamento Europeo aprobó una resolución sobre la situación de las víctimas del terrorismo en Europa y en ella, se reconocía la gravedad de los crímenes cometidos por ETA y se instaba a los Estados miembros a proporcionar justicia, verdad y reparación a las víctimas y se mencionó que esos crímenes terroristas podrían ser considerados de “lesa humanidad” porque ETA llevó a cabo una campaña sistemática y prolongada de asesinatos, extorsiones, amenazas y secuestros durante décadas.

Ya sé, ya sé, nuestro deteriorado ministro Marlasca dirá que el Código Penal español no introdujo el delito de lesa humanidad hasta 2003, y no tiene efecto retroactivo (no se aplica a delitos anteriores), pero “políticamente” igual no era malo dedicar algún esfuerzo a aclarar los 307 asesinatos de ETA sin resolver. Pero claro, Bildu las han segado.

No se puede ser más zafio, soez, adocenado y sin vergüenza que utilizar el sufrimiento de los civiles palestinos para ocultar sus mierdas internas.

El sr. presidente está siguiendo el manual de los regímenes autoritarios y gobiernos democráticos populistas creando o exagerando la existencia de un enemigo externo como estrategia para desviar la atención de los problemas internos. Esta táctica tiene nombre en ciencia política y psicología social, y se conoce como: «Teoría del enemigo externo» o «teoría de la distracción».

Permanentemente, bien con lo que ellos llaman ultraderecha (todos los que no son ellos) o con problemas externos, como el de Palestina, utilizan un enemigo —real o imaginario— para crear un clima de “nosotros” contra “ellos”, o bien para desviar la atención de problemas internos como desempleo, inflación, corrupción, represión o falta de derechos, o para justificar medidas autoritarias como la censura o el control social.

Tenemos un buen aprendiz de los regímenes como la Alemana Nazi, como Rusia, Corea del Sur, Venezuela o Turquía. Nos ha salido listo el niño. Él sabe que la gente reacciona más con emoción que con lógica, trata de reforzar “su” identidad nacional o ideológica (“nos están atacando”), reduce el pensamiento crítico (ya que el foco está fuera, no dentro) y trata de movilizar a la población en torno al líder como “protector”, cuestión que sabe que está perdiendo día a día gracias a su pésima gestión.

No, sr. presidente, a ninguno nos gusta ver las miserias humanas que se padecen en el mundo, y sufrimos por ello. En Palestina tampoco, pero algunos no admitimos que haga un uso torticero de ello.

Por favor, lo mejor que puede hacer por el pueblo Palestino y por España es marcharte de una puñetera vez

José García Cortés

      20-9-2025

RESPUESTA PROPORCIONADA

Nuestro Código Penal dice que se está exento de responsabilidad a quien actúe en defensa propia o de otros siempre que la agresión sea ilegítima, que haya una necesidad racional del medio empleado para impedir o repeler la agresión y haya falta de provocación suficiente por parte del que se defiende.

Al parecer, proporcionalidad no se trata de una simetría exacta de armas (cuchillo contra cuchillo, pistola contra pistola), lo importante es la “necesidad racional” y que el medio que uses sea razonable y necesario para detener la agresión. Lo que no se admite es usar una fuerza claramente desproporcionada cuando ya no existe peligro real.

En este sentido, el de la proporcionalidad, llevamos tiempo escuchando a la opinión pública internacional sobre la respuesta “desproporcionada” de Israel para acabar con la banda terrorista de Hamás y en este sentido he consultado el principio de proporcionalidad en el derecho internacional. Y éste se recoge en el Derecho Internacional Humanitario (DIH), especialmente en los Convenios de Ginebra y sus Protocolos y que no significa que las partes en conflicto tengan que usar la misma fuerza (no es un duelo equilibrado), sino que el daño causado a civiles y bienes civiles no puede ser excesivo en relación con la ventaja militar concreta y directa que se espera obtener.

Pero, en ningún sitio he encontrado qué se considera “excesivo”. El Derecho Internacional Humanitario (DIH) nunca fija un número “aceptable” de muertos civiles ya que el criterio es cualitativo y contextual, no cuantitativo.

La ONU y ONG humanitarias (HRW, Amnistía, CICR) hablan de “excesivo” cuando se usan armas de gran alcance en zonas densamente pobladas o bien no hay pruebas de precauciones reales (avisos, horarios, rutas de evacuación) o que el patrón de ataques muestra destrucción indiscriminada más que neutralización de objetivos militares específicos.

Israel: argumenta que responde a ataques terroristas (como los de Hamás) y que tiene derecho a defender a su población, mientras que las críticas internacionales se centran en que la magnitud de los bombardeos, los miles de muertos civiles y la destrucción masiva exceden lo que sería “proporcional” a los objetivos militares perseguidos.

El debate es, por tanto, que, para Israel, proporcionalidad supone usar la fuerza necesaria para neutralizar a Hamás, aunque eso implique daños colaterales, mientras que para los críticos (ONU, ONG, juristas), proporcionalidad es evitar daños civiles excesivos; y consideran que Israel los sobrepasa.

En derecho internacional, “proporcionalidad” no significa simetría (piedras contra piedras, cohetes contra cohetes), significa que la fuerza empleada debe estar justificada por el objetivo militar inmediato y no causar daños desmesurados a la población civil.

La gran pregunta —y durísima— es que en la guerra urbana no existe una forma “mágica” de eliminar a Hamás con cero víctimas civiles. El Derecho Internacional Humanitario (DIH) exige minimizar el daño a civiles, no garantiza que sea nulo. Aun así, hay vías concretas para reducir al mínimo ese daño mientras se degrada a una organización que se oculta entre población:

Pero ¿Qué se puede hacer (y qué suele funcionar mejor)?

  1. Utilizar drones, satélite, SIGINT/HUMINT) para localizar mandos y arsenales cuando están separados de civiles.
  2. Realizar operaciones quirúrgicas en lugar de bombardeo masivo (túneles, centros de mando) frente a ataques aéreos amplios.
  3. Utilizar munición de bajo rendimiento y ángulos de tiro muy restrictivos; preferir armas guiadas y cargas “a medida”.
  4. Realizar avisos específicos con tiempo suficiente y rutas seguras verificadas.
  5. Cercar barrios por sectores, registrar casa por casa con reglas de enfrentamiento estrictas, y abrir zonas seguras con servicios básicos para evitar retornos prematuros.
  6. Desconexión selectiva (finanzas, combustible, cadenas de suministro de cohetes) sin cortar indiscriminadamente recursos vitales a toda la población.

Y, al parecer, eso sí lo está haciendo Israel, quien afirma que sus operaciones se basan en inteligencia detallada (drones, satélites, escuchas), que avisa a la población con panfletos, SMS o llamadas antes de bombardear y que su objetivo militar es Hamás, no la población civil.

En términos de Derecho Internacional Humanitario (DIH), la duda (y el punto de crítica) es si está optimizando su uso para reducir al máximo el daño civil o si, por razones estratégicas y de presión militar, está aceptando niveles de daño colateral que el DIH considera excesivos.

Hamás comete acto ilícito al usar escudos humanos y emplazar medios en áreas civiles, aunque, como es lógico. eso no libera al atacante de sus obligaciones: debe seguir distinguiendo y “proporcionalizando” y, muy importante, la fuerza atacante debe demostrar que cada ataque busca ventaja militar concreta y directa, y que las precauciones factibles se adoptaron (elección de arma, momento, ángulo, avisos, evacuación).

Y este punto, que es un aspecto crucial del conflicto: la guerra de narrativas. Hamás busca presentarse como “resistencia legítima” frente a un Estado opresor y está demostrando ser muy hábil en exhibir con gran eficacia el sufrimiento civil palestino (imágenes de niños heridos, destrucción de barrios, funerales). En definitiva, usa este relato para obtener apoyo regional e internacional, aunque explota de forma cínica el hecho de ocultarse entre civiles.

Por su parte, Israel: centra su discurso oficial en la seguridad nacional y la “guerra contra el terrorismo”. Muchas veces comunica en términos militares o técnicos, poco comprensibles para la opinión pública internacional. Su política de control estricto de información militar limita la visibilidad de sus esfuerzos en minimizar víctimas (cuando los hay).

Esto deja espacio para que el relato de Hamás tenga mayor impacto emocional sabiendo que la opinión pública internacional suele reaccionar más a las imágenes de víctimas que a las explicaciones estratégicas. En un mundo hiperconectado, las fotos y vídeos de destrucción en Gaza circulan mucho más que las justificaciones militares de Israel, resultando que, aunque Israel pueda tener argumentos jurídicos o de seguridad, pierde en el terreno de la percepción.

La batalla del relato es casi tan decisiva como la militar y hoy resulta que Hamás maximiza el impacto emocional para reforzar su legitimidad política mientras que Israel, aunque tecnológicamente superior, pierde en comunicación al no conectar con la empatía global y al restringir mucho la información.

Sinceramente, sigo sin ver claro a qué llama todo el mundo “respuesta proporcionada” o que el número de víctimas sea “excesivo”. Igual tendría que preguntar al pueblo ucraniano al respecto.

No sé cuándo acabará esto, y ojalá sea muy pronto, porque es terrorífico lo que está sucediendo, pero de momento se me ocurre que Israel contrate los servicios de nuestro querido Pedro Sánchez, que es en lo único en lo que ha demostrado ser un maestro: en el manejo del relato.

José García Cortés

         7-9-25