La mejor manera de comenzar esta lectura, sería respondiendo internamente a esta pregunta “¿cómo eres de inteligente?”, tomando una escala del 1 al 10 (siendo el 10 el máximo). Donde crees que te sitúas…?? Con sinceridad…
Si has respondido con un 10, tal vez es mejor no seguir leyendo por lo poco que esto pudiera aportar ya… Pero si has respondido en una gama intermedia, es decir un poquito por arriba o por abajo, tal vez la siguiente pregunta sería: y qué es para ti la inteligencia…??? («El Elemento, Ken Robinson)
Dar por sabida la definición de inteligencia es una de las razones principales por las que muchas personas infravaloran sus verdaderas habilidades intelectuales.
Las definiciones de inteligencia provienen, no exentas de controversia y debate, desde finales del siglo XIX al amparo de diferentes escuelas de sicología. Hasta la primera mitad del XX el concepto inteligencia ha estado muy ligado a habilidades de razonamiento matemático y verbal, considerándola un atributo biológicamente innato y con un fuerte énfasis en su medición, a través de los famosos test de inteligencia o coeficiente intelectual
Subyace así la fascinación general y dependencia de los exámenes estandarizados. Exámenes que, lejos de considerar habilidades especiales, o necesidades particulares, tienen el grandioso poder de influir en el destino de los individuos, bien académico, profesional e incluso de respecto dentro de la sociedad.
Por tanto la clave estaría en cambiar la pregunta de “como eres de inteligente..?” por:
De qué modo eres inteligente..??
La crítica hacia definiciones de inteligencia solo basadas en el coeficiente intelectual, y por tanto desde el punto de vista cognitivo, está en aumento en los últimos años. La apuesta actual se sitúa en la pluralidad del intelecto, en la existencia de muchas capacidades humanas que pueden ser consideradas como inteligencias, siendo tan fundamentales como las tradicionalmente detectadas por los test.
La inteligenicia ha evolucionando de un concepto meramente cognitivo, a uno plural, y con gran componente emocional. Ya no se hablaría de “algo que se tiene o no se tiene” sino de algo que se va “haciendo o deshaciendo”.
Hay distintos autores como Robert Sternberg, que sostiene tres tipos de inteligencia: inteligencia análitica, siendo la habilidad para la resolución de problemas utilizando aptitudes académicas; la inteligencia creativa, siendo la habilidad para enfrentarse a nuevas situaciones y encontrar soluciones originales; la inteligencia práctica, siendo la habilidad para enfrentarse a los problemas y desafíos de la vida diaria.
Otros autores, como Howard Gardner (profesor de la Universidad de Harvard y premio Principe de Asturias 2011), incorporan hasta 7 tipos de inteligencia: lingüística, matemática, musical, espacial, cinestética, interpersonal e intrapersonal. Son precisamente estas dos últimas las que dieron paso a la llamada inteligencia emocional con su máximo desarrollo a través de Goleman (1996). A partir de ahí, capacidades como la motivación personal, la persistencia ante las dificultades, el control del impulso, la empatía, la capacidad de mantener la esperanza, etc., serían componentes con un gran peso en eso que llamamos “inteligencia”
En este concepto plural de la inteligencia, diversos autores concluyen en que no hay una más importante que otra. Puede que algunas sean “dominantes” y otras “latentes, pero en cualquier caso existiría una combinación única y singular para cada persona. De ahí que la educación debería tratarlas por igual, para que todos los niños tuviesen la misma oportunidad de desarrollar sus habilidades individuales y sin necesidad de etiquetas
Fuentes destacadas: «El elemento»-Ken Robinson, «Una aroximación a la inteligencia emocional»- Carmen Molero Moreno
Un querido amigo, hombre culto de verdad y preocupado por el bien social, me habló hace unos días sobre la posibilidad de organizar una serie de encuentros para hablar sobre el cambio de clima, a lo cual accedí de forma gustosa y me comprometí a aportar algo al respecto desde mi humilde posición.
La verdad es que con el cambio de clima me ocurre algo parecido a lo de la digitalización. Horas de charlas, ríos de tinta, pero todavía no me he encontrado a nadie que me defina “exactamente” qué es la digitalización y, sobre todo, en qué cosas se concreta.
No puedo decir que crea que mucha gente habla y no se hace nada, no. Creo que se están haciendo cosas, especialmente en lo que podríamos llamar “generación de un estado de opinión” aunque es como hablar en prosa sin saberlo, es decir, estamos haciendo y vamos caminando, pero sin un plan concreto.
Soy consciente que no es lo mismo reflexionar sobre el cambio climático según si lo que te ha tocado en suerte es vivir en una de las zonas desarrolladas del mundo que si te ha tocado vivir de una forma miserable en una aldea perdida o en un suburbio de una gran ciudad. En este segundo caso, mi única preocupación sería la de sobrevivir y no la del cambio climático.
A pesar de ello, quien pueda pensar y hacer cosas debe hacerlo, en clave de supervivencia, como dice mi amigo y maestro, Pepe Corral (en su librito Supervivir amando) o (en su web http://www.supervivenciayaltruismo.com). Y como país desarrollado que somos, debemos hacerlo cada uno desde su nivel. Por tanto esta es una de las obligaciones que tenemos y que debemos asumir, siempre que lo hagamos con inteligencia y eficacia.
Personalmente encuentro estéril el debate entre los defensores del cambio climático y los negacionistas del mismo, que atribuyen a causas espontáneas el calentamiento y argumentando que ha sucedido varias veces a lo largo de la historia de la humanidad. Seguramente ninguno de los que defendemos una postura u otra tengamos razón del todo.
Lo que si alcanzo a ver con claridad es el “maltrato” generalizado que estamos dando a nuestros medios naturales, y esto es algo en lo que creo que podríamos estar de acuerdo casi todo el mundo:
Hay demasiados vertidos al mar, hay demasiados residuos, mucha contaminación en las ciudades, desertificación, tala indiscriminada de árboles, emisiones de gases a la atmósfera, consumos de agua irracionales……. Y, todo esto con una población que no deja de crecer, por un lado, y de envejecer por otro, lo cual hace que el problema se desarrolle de forma exponencial.
Insisto, no se si las causas obedecen a problemas naturales o industriales, pero lo que está claro es que algo está sucediendo a nivel más o menos planetario:
Temperaturas más cálidas, y eso afecta a multitud de cosas, la agricultura que tiene que dar de comer a la población y afecta al uso del agua, la reducción de los glaciares y el incremento del nivel del mar
Tormentas más intensas, que destruyen zonas agrícolas, otras de interés ecológico e inundan las ciudades matando a personas, no solo por el incremento de la población que propicia una propagación más rápida, sino como consecuencia de las anteriores.
Huracanes más peligrosos, en muchos casos (al menos en los últimos), más intensos y menos precedibles, a pesar de la mejora en los sistemas de predicción.
Cambio de los ecosistemas y desaparición de especies animales, o bien como consecuencia directa de cambios naturales en las temperaturas del agua, régimen de lluvias, sequías, etc., o bien sea por la actuación del hombre como consecuencia de sobreexplotaciones o contaminación.
Tanto fuera como dentro de España escucho las cada vez más ásperas discusiones sobre el medio ambiente, tanto que parece que estemos defendiendo causas diferentes, pero no nos damos cuenta de que la tierra, el agua, los animales y el medio ambiente en general, son elementos comunes que necesitamos para nuestra propia supervivencia y no tenemos el derecho a explotarlos con impunidad ni a utilizarlos de forma sectaria o ideológica.
Y todo esto, nos afecta a todos y a todos los niveles (como casi todo en la vida en un mundo cada vez más global por más que le pese a Trump y al Sr. Puigdemón):
A Nivel mundial, y para eso tenemos las famosas cumbres climáticas
A nivel Nacional, en la que se supone que hay gobernantes que diseñan y ponen en marcha programas de largo plazo
A Nivel personal, donde yo creo que aún, la mayoría, todavía tenemos que preguntarnos qué podemos/debemos hacer cada uno de nosotros.
Según la Agencia del Medio Ambiente de Europa, España es el país de la UE en el que más crecen las emisiones de efecto invernadero (en 27 años se han incrementado un 17,9% mientras que en el conjunto de Europa se reducían un 23,5%) y se suma a los otros 5 países de los 28 de la Unión Europa (Austria, Chipre, Irlanda, Malta, Portugal) que no han conseguido luchar efectivamente contra el efecto invernadero y reducirlos en estas casi tres décadas.
Teniendo en cuenta esta situación de retraso generalizado, y que somos un país semiárido, nuestro panorama es inicialmente desalentador, salvo que veamos en esto una oportunidad y volvamos a conectar con el mundo natural dejando nuestras visiones egocéntricas derivadas de nuestras explotaciones (agrícolas, ganaderas o industriales), de nuestras posiciones ideológicas o de nuestros hábitos de consumo.
Decía Einstein que es de ilusos pretender resultados diferentes haciendo las mismas cosas. En España necesitamos un cambio de actitud en todos los frentes:
Administraciones públicas, en todos sus niveles y órganos
Sectores productivos de nuestra sociedad
Particulares consumidores
Y, esto, como decíamos antes, es una cuestión de supervivencia de la especie a largo plazo, y así se ha de enfocar por lo que concierne a nuestra contribución a la humanidad, pero lo estaríamos haciendo mal si nuestras medidas solo quisieran cumplir con la normativa europea sobre contaminación y no tuvieran en cuenta el punto de partida de España y nuestras singularidades, especialmente con el agua, que no tienen otros países europeos. Y eso implica, seguramente, un plan más global, más coordinado y con otro coste que hay que estar dispuesto a asumir.
Tenemos una población en continuo crecimiento, especialmente por el incremento de turismo que estamos teniendo (y dando gracias a Dios porque si no, nuestro nivel de paro estaría en la estratosfera), lo cual hace que nuestras necesidades continúen siendo crecientes y la generación de residuos y contaminación también. En definitiva, el desafío al que nos enfrentamos es titánico.
En estos momentos se encuentra en la recta final de su tramitación administrativa la Ley de Cambio Climático y Transición Energética, y esto es bueno porque llega en un momento en que todos nuestros políticos se han vuelto “verdes” y declaran su compromiso sin fisuras con el medio ambiente, al tiempo que muchas de nuestras empresas se encuentran comprometidas con los “modelos sostenibles”, tanto que en algunas hay ya responsables de sostenibilidad. Que todavía no se muy bien qué sostienen pero seguro que algo sí.
También me ilusionaba la supuesta la rapidez con la que se pretenden abordar estos temas, puesto que ya, la anterior ministra de Sanidad, Consumo y Bienestar Social, María Luisa Carcedo insistió en la necesidad de actuar “urgentemente” sobre todos los factores que afectan al aire que respiramos: emisiones industriales, calefacciones, “y, especialmente en las ciudades, sobre la ordenación del tráfico rodado. No podemos permitir ningún retroceso en este sentido porque nuestros hijos no nos lo perdonarán”.
Tengo que reconocer que en los títulos y artículos de este anteproyecto tocan los palos esenciales de los problemas el medio ambiente:
Agua y Aire, podría ser el resumen de los aspectos esenciales que se necesitan desarrollar muy a fondo en nuestro País y que serían las locomotoras del resto:
El agua (tanto superficiales, como subterráneas y residuales) porque ya es un bien escaso (y previsiblemente lo será más en un plazo de muy pocos años) y necesita de aspectos tan contundentes como de una política de agua mucho más potente que la actual (bueno, sería más propio hablar de una verdadera política), tanto en lo relativo a su disponibilidad (trasvases, almacenamientos, desaladoras,….) como en su utilización, en la que habría que plantearse desde una nueva política de precios para el consumo humano, hasta si continúa siendo lícito que se socaven los recursos subterráneos en tierras poco fértiles como las manchegas (por ejemplo) para regar cebada con un rendimiento ridículo o, incluso, el funcionamiento de las Confederaciones Hidrográficas, en particular la del Guadiana que es la que más conozco y que tiene un funcionamiento propio del sigo XVIII.
El aire, o más concretamente la contaminación de éste, que lleva implícito una descarbonización completa de nuestra sociedad y, por ende, la evolución de nuestro sistema energético actual y de los medios de transporte y producción actuales, y donde pueden/deben tener cabida en la producción eléctrica otras fuentes además de la eólica y solar, por ejemplo la nuclear, que ya se que es como mentar a la bicha con determinados partidos políticos (una vez más, la ideología de por medio).
Pero, además, el tema es tan transversal a toda nuestra actividad cotidiana, que para ello, o además de ello, sería necesaria la intervención del Ministerio de Agricultura, el de Consumo, Industria, Hacienda, Justicia, Transportes, Igualdad, Política Territorial, Educación, Trabajo,…, es decir, “todo quisque” y a un nivel de implicación que no basta, como indica el borrador, con anunciar que desde el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico se establecerán los mecanismos de colaboración con otros organismos públicos.
Todo lo relacionado con el medio ambiente, igual que cualquier actividad de largo plazo, requiere de la conjugación de:
Acuerdos y compromisos (internacionales, nacionales, locales y personales).
Presupuestos. Y eso supone concretar importantes recursos que por supuesto habrá que drenar de otros capítulos presupuestarios para proyectos que en la mayoría de los casos no son glamurosos ni brillantes para los que viven hoy de la política en nuestra piel de toro.
Plazo. Sabiendo que esto no es “un huevo que se echa a freir”, son, en todos los casos, medidas que requieren de largos plazos, muy largo plazo. Aspecto este poco compatible con la visión cortoplacista, casi de telediario, de nuestros gobernantes actuales.
Y no discuto que yo me pueda encontrar en estos momentos condicionado por lo que está ocurriendo ya hace años en nuestro País, pero cuando me leo con cierto detalle el anteproyecto, se despiertan mis temores de que, una vez más, estamos pariendo una Ley que tropieza con tres de los males que ya son endémicos en nuestro país:
En aspectos estructurales de largo plazo (y este es claramente uno de ellos), ya que no solo habrá que dedicar importantes recursos económicos, y de una forma muy transversal, sino que habría que asumir que casi ninguno de los que adopten las medidas hoy, estará en su poltrona cuando comiencen a verse los resultados. Y ello debería hacerse desde la responsabilidad de saber que las medidas que se adopten hoy van a afectar a posteriores generaciones. ¿puede haber algún motivo más importante para buscar el consenso de la mayoría de las fuerzas políticas -que es el equivalente a buscar la representación de la mayoría de los ciudadanos-?. Creo que se continúan generando leyes con mucha carga ideológica y con unos plazos de ejecución que, por si solo, las condena al más estrepitoso de los fracasos.
No es verdad que sean leyes nacionales, cuando no solo el diseño de los planes, sino que mucha ejecución queda en manos de las CCAA, o quizás provincias e incluso Municipios. Por ejemplo, cuando habla de que el sistema educativo español promoverá la implicación de la sociedad en las respuestas frente al cambio climático, para reforzar su conocimiento e implicaciones…, ¿a cual de los 17 sistemas educativos se refiere?. ¿con cuántos criterios autonómicos se han de realizar las obras de infraestructura que mitiguen los debordamientos de ríos? ¿apoyará Castilla La Mancha realizar esfuerzos para mitigar los problemas de contaminación del Mar Menor?, ¿seguiremos pensando en cada autonomía que los ríos son míos y desde aquí no se trasvasa ni un hectómetro cúbico?
No hay ningún sentido de urgencia, cuando ya se ha utilizado más de un año para tener el borrador que se está tramitando, pero, además, en el que se contempla, por ejemplo:
Para la protección de la biodiversidad, un plazo de tres años para definir una estrategia específica de conservación y restauración de ecosistemas y especies especialmente sensibles.
Otros tres años para tener una evaluación de la representatividad a medio y largo plazo de las redes de espacios naturales protegidos y espacios de la Red Natura 2000.
Creo que nos encontramos atrapados en un sistema tal de descentralización que provoca mucha “desresponsabilización” (perdón por el palabroto) y que hacen inviable el diseño y la gestión de un plan que sea verdaderamente nacional, por lo que nos vemos, una vez más, condenados a tener, en el mejor de los casos, acciones a corto plazo que no solucionan nuestros problemas de fondo, sino es que los agravan más.
Y esto me recuerda a José Lostao, uno de los grandes conocedores del problema del agua en España, cuando hablando del problema del elemento líquido, decía que “con acciones a corto plazo, de coyuntura o de oportunidad solo iremos hacia donde nos lleve por su inercia la acumulación en el tiempo de ese tipo de acciones, pero no donde deberíamos querer ir ni, por supuesto, al ritmo deseable.”
Por tanto, y, para terminar, en la reflexión sobre la gestión del medio ambiente hago mía una de las manifestaciones de mi amigo Gonzalo Terreros cuando indica en su libro “El reto del Agua” que …. De continuar ignorando el problema con medidas cosméticas y cortoplacistas conducirá a las generaciones venideras a padecer cambios en su entorno vital de tal magnitud que puedan poner en peligro su seguridad y hasta su viabilidad. Todos los aspectos de la vida pueden resultar afectados, siendo el agua uno de los elementos que mayor impacto puede registrar
Grave irresponsabilidad por parte de nuestros gobernantes. Deberían hacérselo mirar.
¿Qué similitud podría existir entre la disrupción tecnológica y la personal?. Tras escuchar al visionario de Silicon Valley, Salim Ismail en la conferencia sobre las “Ciudades, el futuro de la civilización”, me atrevo a decir que total.
Utilizando su gráfico The hype cycle of Civilization para explicar la actitud de nuestra sociedad ante la disrupción de las tecnologías exponenciales actuales, éste podría asemejarse perfectamente a las fases por las que atravesaría cualquier persona en un período de reinvención profesional o personal. Lo podríamos llamar The hype cycle of Personal Disruption…
Una primera fase ascendente de generación de altas expectativas, con la obtención de un gran número de éxitos puntuales, como las startupsen la tecnología, puede ser asimilable a la fase inicial de la persecución de un sueño o un importante cambio personal o profesional, asociado a veces con decisiones rupturistas.
Una segunda fase posterior de descenso, marcada por la falta de aceptación y resistencia al cambio en el mundo de las nuevas tecnologías, acompañada seguramente con fallos de implementación y ejecución (según el propio Ismail, esta sería la situación actual del Bitcoin, Blockchain y otros). De manera similar, puede aparecer una fase de desilusión o desánimo ante las primeras dificultades en el proceso de reinvención personal, dudando de nuestras capacidades y pudiendo llegar a abandonar.
Sin embargo, para Ismail el poder de estas tecnologías se presenta imparable, y entrarán en una nueva fase, ya exponencial, con entendimiento y aceptación social masiva. La clave para él estaría en aplanar la caída de la segunda fase, para lograr de forma más fácil la meta final. Y sus recetas: concentrar los esfuerzos en los núcleos más pequeños, tipo ciudades, donde existe una mayor flexibilidad y capacidad de adaptación; concienciar a los líderes e instituciones para acometer los cambios de los modelos y paradigmas actuales; y sobre todo comenzar a pensar de otra manera. Esto es fácilmente asimilable en el terreno personal: concentrarse en objetivos más pequeños, realistas y flexibles, que faciliten iniciar una curva ascendente, con el objetivo de que pueda llegar a ser exponencial. Y por supuesto ocuparse de cambiar la forma de pensar. Empezar por cambiar la forma de hablarse a uno mismo, sería sin duda un buen comienzo.
Al parecer no está claro cual es el origen de la frase, parece ser que tiene que tiene relación con los viajes de Marco Polo, que al volver a Italia desde China contaba historia de animales mitológicos y fábulas increíbles. Por tanto, cuando se habla de un embuste, de algo exagerado o de una mentira disfrazada, se comenzó a hablar de “cuentos chinos”.
Nieto: Abu, cuéntame otra vez el cuento de ese señor que se fue al aeropuerto a practicar la sillita de la reina.
Abuelo: Pero niño, ¿es que no te cansas?, deja en paz a ese pobre señor, que bastante tiene.
Nieto: Pero, a ver, que yo me entere, ¿a qué se dedica el Sr. Lábalos ese del cuento?
Abuelo: Bueno, ese señor es maestro, pero creo que no ejerció mucho y lleva más de treinta y cinco años dedicado a la política. Ahora es Ministro de Transporte Movilidad y Agenda Urbana.
Nieto: Ah!, entonces contará estupendamente los cuentos, ¿no?, pero bueno, Abu, no te distraigas y empieza con el cuento.
Abuelo: Vale, érase un señor, Lábalos, que una noche, muy de noche muy de noche, se fue en su coche privado al aeropuerto a ver a un ministro de turismo que venía de Venezuela en un vuelo privado y que al parecer, era amigo suyo
Nieto: Jo, Abu, qué buena persona, para no hacer trabajar al chofer del coche oficial, se fue en el suyo propio, eso no se ve todos los días. ¿Oye, y porqué fue el Sr. Lábalos y no la ministra correspondiente a esas cosas del turismo?.
Abuelo: Si, mi niño. Este señor pertenece a un grupo que mira mucho lo de los gastos para que los ciudadanos no tengamos que pagar muchos impuestos. En cuanto a lo segundo no te puedo responder, supongo que como vinieron desde tan lejos en avión, pensaron que el de Transportes y Movilidad era el más adecuado.
Nieto: ¿Y esperó a su amigo en la terminal con un cartelito, Abu?
Abuelo: Ni mucho menos, ni siquiera a pie de escalerilla, subió al avión, para que el sr. ministro venezolano pudiera ver cuánto es el cariño que le profesa. Lo malo fue que estando dentro de avión, descubrió que había una mujer mala allí dentro, una tal Dulce.
Nieto: ¿Abu, y la mujer de Lábalos sabía que su marido estaba en un avión con una mujer mala venezolana?, porque se supone que las autoridades tienen conocimiento de las personas que vienen en los aviones, ¿no?, especialmente si son vuelos privados.
Abuelo: A ver, niño, que no te estamos dando una estupenda formación pública y progresista para que tengas ese tipo de pensamientos. Resulta que por lo que sea, esta autoridad no sabía que la bruja Dulce se había introducido en ese avión y el pobre hombre se llevó un susto de muerte porque esa bruja, además de ser muy, muy mala, tenía prohibido tocar nuestro suelo y, por si fuera poco, el compi del Sr. Lábalos, ese que se dedica a las cosas de dentro, el del Interior, le dijo que se asegurara de que nuestro suelo permaneciera impoluto.
Nieto: ¿Y porqué, porque nos podía romper el suelo?
Abuelo: Pues porque a las personas malas no las quieren en suelo europeo. Bueno, algunos que no se dedican a sus zapatos y otros que no rezan en las iglesias sí que los quieren, pero eso es de otro cuento, yo continúo. Te decía que el sr. Lábalos solo le dijo hola, le dió un par de besos y si te he visto, no me acuerdo. Ah, también le dijo que no se le ocurriera pisar nuestro suelo que estaba recién fregado y que eso le llevó muy poco tiempo, unos 25 minutos sin un contenido concreto. Ya sabes, en ese tiempo tan corto no da para tratar nada.
Nieto: Jolín Abu, pue ese señor tiene un rollo que se lo pisa, porque para decirlo eso no se tarda tanto.
Abuelo: Bueno hermoso, supongo que con esas cosas del protocolo, lo de vuecencia, a sus pies, lo de que si ha tenido un vuelo agradable, qué noche tan fresquita…, se alargaría un poco, pero lo cierto es que en un par de horas, despachó a su amigo y se deshizo hábilmente de la bruja mala.
Nieto: Claro Abu, ahora lo entiendo, como la bruja mala no podía pisar nuestro suelo, salió volando con su escoba.
Abuelo: No fue así exactamente, porque la pista del aeropuerto para la salida de brujas malas estaba en otro sitio, entonces, para que no pisara nuestro suelo, la llevaron en la sillita de la reina en brazos de unos policías muy amables que había allí.
Nieto: Pero Abu, yo he oído en la radio que la bruja mala mantuvo un segundo encuentro con el Sr. Lábalos.
Abuelo: Bueno, es que estas cosas de la diplomacia no son fáciles, igual hubo alguna otra cosilla, algún cafetito, algún secretito, pero vamos, todo perfectamente explicado a los ciudadanos y con la seguridad de haber prestado un gran servicio a nuestro país evitando que la bruja mala le hiciera ningún daño a nuestro suelo. Además, parece ser que su jefe está muy contento.
Nieto: Abu, hoy no me está gustando nada el cuento, todo esto que me dices parece un saco de mentiras y cada vez que me lo cuentas, te despachas con una versión distinta.
Abuelo: Mira niño, por muy listo que te creas, solo tienes diez meses y todavía no sabes ni hablar. La culpa la tienes tú por pedirme que te cuente “cuentos chinos”, mañana te suelto el de caperucita roja, como todos los niños y a correr.
Si uno es bienintencionado, la medida de incentivar que la gente que no falte al trabajo puede parecer hasta plausible si lo que se pretende es “luchar” contra el absentismo, en caso contrario, puede parecer una “compra de votos”, sobre todo si las medidas se plantean en un entorno de preparación electoral.
Hace unos días tuve conocimiento del fallo del juzgado de lo Contencioso y Administrativo número 2, quien ha desestimado el recurso de la Confederación General del Trabajo (CGT) contra la medida de premiar con 500 euros anuales a todos los funcionarios del Ayuntamiento de Algeciras que falten menos de diez días al trabajo y que afectará a casi 700 trabajadores, con un tope de absentismo que queda fijado en el 4,5% y un coste de unos 350.000 el correspondiente al año 2018.
La verdad es que la noticia me actualiza una histórica preocupación, la del coste de nuestro sector público y de lo que recibimos a cambio los administrados.
Sinceramente me deja perplejo la decisión del Consistorio cuando además leo que no están incluidos dentro de ese concepto de absentismo:
Faltas justificadas como los permisos por intervención quirúrgica, enfermedad o accidente grave o fallecimiento de familiares de primer grado y hermanos.
Vacaciones
Permisos de paternidad o maternidad
Accidentes laborables
Permisos por matrimonio
Faltas de asistencia de víctimas de violencia de género
Realización de estudio de perfeccionamiento profesional
Licencias sindicales
Tiempo indispensable para el cumplimiento de un deber inexcusable, de carácter público o personal.
Permisos por matrimonio
¿Pero esto qué es? ¿además de todas las ausencias anteriores se premia económicamente que el resto de ausencias no justificada no pasen de 10 días al año?. Esto no hay cuerpo que lo aguante ni mucho menos, moral que lo soporte.
Uno de los argumentos que esgrime el Ayuntamiento de Algeciras (compuesto por 13 PP. 8 PSOE, 2 Adelante Algeciras, 2 Ciudadanos, 2 Vox) es que este incentivo ya se está pagando en otras empresas participadas con “buen resultado” y que, por tanto, es el momento de generalizarlo a toda la plantilla.
El absentismo y la productividad
Yo comprendo que no es fácil luchar contra el absentismo, pero me parece que los responsables de administrar la cosa pública, y no me refiero ahora solo al Ayuntamiento de Algeciras, siempre tiran por el camino más fácil. Sigo poniendo dinero sobre la mesa (generalmente dinero que no tenemos) en lugar de hacer mi trabajo y complicarme la vida con una gestión más eficiente, que se supone que para eso están.
Seguro que es injusto meter a todos en el mismo saco a la hora de enjuiciar el trabajo de la gestión pública y, estoy convencido que, en la mayoría de los casos, muchos problemas están generados por los responsables políticos de esos funcionarios, nombrados a dedo en cada legislatura como “pago” de los servicios prestados en sus respectivos partidos.
Lo cierto es que cuando hablamos de absentismo laboral en España, con datos actualizados el 18 de septiembre de 2019, según recoge Randstad, más de 1 millón de personas no acuden a su puesto de trabajo de media cada día, y entre ellas, el 73,6% se ausentaron por incapacidad temporal, mientras que el 26,4% restante (276.968 personas) lo hicieron pese a no estar de baja.
Cifras igual de contundentes aporta Adecco Group Institute en el “VIII Informe Adecco” sobre Absentismo, según el cual estamos en un máximo histórico en España: 753.000 asalariados no trabajaron en todo el año (y aumentando). El coste total del absentismo por incapacidad temporal por contingencias comunes lo cifran el año pasado en 85.140,4 millones de euros (lo que supone un incremento del 10,02% interanual), con un coste directo para las empresas que rozó los 7.000 millones de euros, mientras que el coste de oportunidad supuso 70.741,40 millones de euros.
Directivos de Addeco han calificado de «preocupante» la situación señalando que «más de 100 millones de horas al mes, unos 1.350 millones de horas al año se pierden por ausencias al puesto de trabajo», lo que supone un incremento de prácticamente 100 millones de horas respecto al periodo anterior.
¿Cuánto de realidad y cuánto de picaresca?
Pues si esto es así de duro, todavía lo podemos sazonar un poco más si añadimos que estas cifras parecen estar asociadas a una cierta picaresca (en 2018 se llegó a la cifra más alta desde 2009), puesto que se ha comprobado la existencia de patrón estrechamente ligado al nivel de actividad económica, es decir, en épocas de crisis como estamos “acongojados” faltamos menos al trabajo que cuando volvemos a levantar la cabeza, comenzamos a apreciar de nuevo lo ancha que es Castilla.
Lo que tiene guasa es que se esté considerando que estamos en una “fase de alegría” cuando todavía tenemos más de 3 millones de parados.
En el mencionado informe, el sector servicios, es el que mayor tasa registró el pasado año, el absentismo se sitúa ahora en el 5,4% (+0,3 p.p.), logrando así su máximo histórico, y registra una pérdida de poco más de 85 horas anuales. De hecho, son las actividades vinculadas al cuidado de la Salud, Administraciones Públicas y Defensa e Industrias extractivas donde se pierden más de 100 horas anuales por absentismo; mientras que Hostelería, Actividades inmobiliarias, Educación y Actividades profesionales, científicas y técnicas, a penas llegan a las 65 horas anuales.
Pobrecitos, siempre que sale el sector publico a la palestra se aprecia cómo los virus y bacterias se ceban especialmente con ellos, qué mala pata. Igual hay que ir pensando en incluir en las oposiciones ciertas revisiones médicas.
Atacar el fondo del problema: ¿nos podemos permitir este coste?
Y es que este es un poco el fondo de la cuestión, reformar y mejorar el coste y el servicio de la administración pública, lo cual comprendo que es compleja y su solución requiere de “tiento y tino”, sin entrar como un elefante en una cacharrería, pero que, en todo caso, comienza por reconocer los problemas y no por ocultarlos, ni, mucho menos, por incrementarlos, que personalmente creo que es lo que se está haciendo.
En muchos casos, y especialmente en las Comunidades Autónomas y Ayuntamientos, se está utilizando el empleo público para cubrir parte de los problemas estructurales que tiene este País con el desempleo y con una especie de “clientelismo” financiado con fondos públicos.
Y, además, deberíamos tener presente que cuando hablamos del coste de la función pública, hay otra serie de problemas que no se abordan nunca:
El colectivo tiene un trato discriminatorio positivo respecto al resto de los trabajadores.
La percepción de la ciudadanía es que recibimos poco en relación al coste que tienen los servicios.
Tienen niveles de productividad (cuando se mide) más bajos que en sectores productivos
Es cierto que el debate (si existiera) sobre la idoneidad de que un país tenga muchos o pocos empleados públicos nunca tendría solución ya que cada país debe adaptar el número a su situación en función de sus capacidades económicas o técnicas.
Pero como “Spain is diferent”, aquí no lo a nuestras necesidades, capacidades económicas o técnicas sino a las voluntades políticas del/los gobiernos de turno. Si se tiene en cuenta el número de ocupados en toda España en el segundo trimestre del año, que fue de más de 19,34 millones según la Encuesta de Población Activa (EPA) del Instituto Nacional de Estadística (INE) de dicho periodo, los empleados públicos representan el 13,4% del total de personas trabajando en España.
Y todavía escuchamos de algunos políticos la cantinela de que hoy estamos por debajo de la media en número de empleados públicos respecto de Europa, lo cual me lleva a pensar que, o bien están poco informados, lo cual no tiene perdón, o bien están ocultando información a sus ciudadanos, que todavía es peor.
Es cierto que un vistazo simplista al número de servidores públicos de España con respecto a la UE arroja un número relativamente bajo respecto al conjunto, pero nunca se comenta este dato con una cierta visión de conjunto, del tipo:
Se trata de información que compara los empleados públicos del Gobierno Central y que, por tanto, omite que actualmente, además de los gubernamentales, un 51,9% trabaja en la administración de las Comunidades Autónomas, seguido de la Administración Local, 22,17%, y las universidades (6%). Todo ello con el consiguiente despiporre de diferencias salariales por CCAA en un País en el que a la clase política se le llena la boca permanentemente hablando de igualdad:
Por otro lado, si vemos en los cuadros siguientes que he elaborado, en los que comparo nuestro PIB Per Cápita con el resto de estados miembros, nuestra foto ya no sale tan bonita, porque resulta que España no solo está bastante por debajo de la media, sino que solo estamos 8.827 euros por encima de la media de los países que tienen menos que nosotros, y nos encontramos prácticamente a la mitad de la media de los que están por encima.
Y si nos comparamos viendo el porcentaje de deuda respecto al PIB comprobamos que tenemos el poco honroso honor de estar en el grupo de cabeza de los que tienen un mayor endeudamiento.
¿Realmente le interesa este tema a nuestros políticos?
Como resumen, yo creo que a estas alturas de curso la pregunta no es si debemos utilizar como método de “incentivar” a nuestros servidores públicos el pagar más, sino sencillamente si nos lo podemos permitir.
La respuesta casi con seguridad será como en tantas otras cosas, que el pastel está muy mal repartido, que seguramente tengamos algunos servicios públicos insuficientemente dotados y mal pagados (por ejemplo, con las Fuerzas de Seguridad del Estado, o la atención a los dependientes) y tenemos muchos, excesivos, en “puestos de confianza” y burocráticos, muy bien remunerados que no tienen ningún valor añadido o, incluso restan.
Pero me temo que a este gato no le van a poner ningún cascabel, porque recuerdo un almuerzo con un político de bastante “rango” de una Comunidad Autónoma, en el que comentaba que el problema de los funcionarios no tenía solución en España. Poco menos se escandalizó cuando yo le esbocé las directrices para hacer más eficiente su administración pública y de repente, todo su argumento fue: No, no, déjalo Pepe que son muchos votos los que nos jugamos.