… SOLO CIRCO

CUANDO GOBERNAR SE CONFUNDE CON CONSERVAR EL PODER

Hace más de dos mil años, la República romana comenzó a deteriorarse cuando las rivalidades políticas, el clientelismo y la lucha por el poder fueron debilitando progresivamente sus instituciones.

En aquella Roma se compraban apoyos electorales, se utilizaban las magistraturas para favorecer intereses particulares y, en los momentos más graves de su crisis, se recurría incluso a la violencia física contra los adversarios…. Que se lo cuenten a la Juez Beatriz Biedma.

¿Qué sucede cuando la conservación del poder comienza a condicionar las decisiones que deberían adoptarse pensando en el interés general? Ésta pregunta me lleva a reflexionar sobre la gestión de Pedro Sánchez durante sus más de ocho años al frente del Gobierno de España.

Entiendo que en una democracia parlamentaria, pactar no sólo es legítimo, sino frecuentemente imprescindible, el problema aparece cuando resulta difícil distinguir entre los acuerdos necesarios para desarrollar un proyecto político y aquellos destinados fundamentalmente a asegurar la continuidad de una mayoría parlamentaria.

La memoria y la hemeroteca nos recuerda las posiciones iniciales contrarias respecto a pactar de Sánchez respecto a Bildu, Podemos, Independentista catalanes, etc… Hasta que sus votos fueron necesarios para mantenerse en La Moncloa.

Y ya he dicho que no cuestiono, por sí mismo, la conveniencia de un gobernante en alcanzar pactos sino porque ninguno de los que ha hecho Pedro Sánchez se hayan enfocado a solucionar los problemas estructurales (vivienda, educación, sanidad, la Justicia, las pensiones, la financiación territorial, modernización de las Administraciones Públicas…) que España tiene y que requieren planificación, estabilidad y continuidad.

Y me pregunto: ¿Por qué no se ha conseguido una cooperación comparable en otras materias estratégicas?, porque gobernar un país no debería consistir únicamente en reunir los votos necesarios para aprobar cada iniciativa, también debería significar dejar instituciones más eficaces y políticas públicas más estables.

La corrupción constituye otra prueba especialmente exigente para cualquier Gobierno. Hasta donde se conoce hoy (vete tú a saber lo que queda por salir), la lista de presuntos delincuentes no es pequeña, sin ser exhaustivo podemos decir que ya está condenado al Fiscal general del estado, José Luis Ábalos, Koldo, el hermano de Pedro Sánchez, procesado a Santos Cerdán, Begoña Gómez, Cristina Álvarez, Santos Cerdán, investigadas, Ana María Fuentes (Gerente del PSOE), Gaspar Zarrías (Exvicepresidente de la Junta de Andalucía), Leire Díez, Juan Manuel Serrano (expresidente de Correos), José Luis Rodríguez Zapatero, Mercedes González (Directora de la Guardia Civil), Manuel Llamas (Director operativo de la Guardia Civil)… Y un largo etc.

Y tampoco deja de ser un tipo de corrupción (al menos moral), el asalto a todas las empresas públicas y organismos de la Administración del Estado de este país, bien para conseguir su control, bien para enchufar a los afines y prostitutas.

Es cierto que desde el partido se esfuerzan en separar toda esta corruptela de la figura de Pedro Sánchez ya que, hasta ahora, no se le puede imputar actuación delictiva directa, pero a cualquiera se le ocurren una serie de preguntas:

Primera: los nombramientos. ¿Qué criterios se utilizaron para seleccionar a los principales colaboradores y qué mecanismos de supervisión existían?

Segunda: los controles. ¿Cómo se autorizaban los pagos y contratos investigados? ¿Existían auditorías, procedimientos de verificación y controles independientes?

Tercera: la responsabilidad política. ¿Qué explicaciones ofrecieron los responsables cuando aparecieron indicios de irregularidades y qué medidas adoptaron para corregir las deficiencias detectadas?

Estas preguntas permiten examinar la gestión sin atribuir culpabilidades que no han sido demostradas, porque no debería confundirse la ausencia de responsabilidad penal personal con la inexistencia de responsabilidad política. Un presidente nombra ministros, selecciona colaboradores y dispone de instrumentos para supervisar la actuación de su Gobierno.

Ésta es una exigencia que debería aplicarse con idéntico rigor a cualquier Gobierno, sea del partido que sea. La corrupción no se combate únicamente condenando a sus responsables. También se combate diseñando instituciones que dificulten su aparición y faciliten su detección.

La crisis de la República romana nos recuerda hasta qué punto puede deteriorarse un sistema político cuando sus instituciones se convierten en instrumentos de las facciones enfrentadas.

Los padres de nuestra constitución no pudieron prever (bastante tenían en esa época) que alguien pudiera “asaltar” las garantías constitucionales, tribunales independientes, el funcionamiento del parlamento, mecanismos de control y procedimientos legislativos extraordinarios.

Cuando estudiamos la historia romana, solemos recordar los nombres de quienes alcanzaron el poder. Sin embargo, para comprender su legado resulta más interesante examinar qué instituciones construyeron, cuáles debilitaron y qué problemas dejaron a sus sucesores.

Pedro Sánchez ha concluido una etapa de más de ocho años de gobierno y ha convocado nuevas elecciones generales. Es un momento apropiado para examinar su gestión con perspectiva. Y, sobre todo, de reflexionar sobre una cuestión que afecta al conjunto de nuestra clase política: ¿Estamos construyendo instituciones capaces de funcionar mejor con independencia de quién gobierne, o seguimos dependiendo excesivamente de las prioridades y necesidades parlamentarias de cada presidente?

Porque una democracia no alcanza su madurez únicamente celebrando elecciones y formando mayorías. La alcanza cuando sus gobernantes aceptan límites, sus instituciones conservan independencia, sus políticas producen resultados verificables y sus responsables responden por las decisiones que adoptan.

Al parecer, la formulación latina de “pan y circo” es panem et circenses, que aparece en la Sátira X del poeta romano Juvenal, quien criticaba que el pueblo romano, que antiguamente participaba activamente en la vida política, había acabado conformándose fundamentalmente con dos cosas: alimentos y entretenimiento.

Y, hoy, lo que nos venden como la joya de la corona, el crecimiento económico, es sencillamente una patraña, España crece en números macros porque está aumentando su población como consecuencia de la entrada de inmigrantes. Cualquier estudio, aunque sea superficial, demuestra que nuestro país es más pobre que cuando Sánchez comenzó a gobernar.

Por tanto, solo nos queda el circo, y miren ustedes, esto sí que lo tenemos garantizado a través de la maquinaria propagandística que han creado y los payasos de ministros que tiene esta Administración.

Pero yo estoy de acuerdo con Juvenal, que no solo criticaba a los emperadores, sino también a los ciudadanos.  Lamentaba que el pueblo romano hubiera ido renunciando a su participación y exigencia política a cambio de seguridad material y entretenimiento.

Las paguitas, las subvenciones, los bonos transportes, y otros beneficios materiales están sirviendo como distracción para reducir el interés de la población por exigir responsabilidades políticas.

Dos mil años, y la pregunta sigue siendo pertinente: ¿debe juzgar el ciudadano a sus gobernantes por los beneficios inmediatos que recibe y por el relato político que consume, o por la calidad de las instituciones, la sostenibilidad de las decisiones y los resultados que deja la gestión?

Y todavía hay algo peor, porque en la Roma imperial, pan, espectáculos, clientelismo político y concentración del poder convivieron con períodos de excelente administración pública, grandes infraestructuras y prosperidad, cosa que ahora tampoco tenemos.

Solo nos queda el circo.

José García Cortés

       11-10-26

Gracias MARI CARMEN

Esto es una carta ficticia, que nace de mi mente calenturienta y que dirige Pedro Sánchez a la gran protagonista que se ha convertido la figura de Mari Carmen en el tema de la vivienda en España.

Buenos días, Mari Carmen, te dirijo este extenso escrito en mi nuevo periodo de reflexión para darte las gracias por la nueva oportunidad que me brindas de seguir mamoneando en mi puesto de primer responsable del País.

Me han dicho que te has aprovechado de las leyes franquistas durante muchos años y que no has tenido precisamente una vida ejemplar como inquilina ni como propietaria en el chalet que te compraste en la sierra. No importa, eso es lo que precisamente me gusta a mí, personas que sortean la legalidad, como hago yo cada día.

No me negarás que hemos aprovechado al máximo tu salto a la fama televisiva que, hasta incluso te hemos nombrado con nombre y apellidos en la exposición de motivos en un decreto Ley. Joder, muchas gracias porque me das la oportunidad, aprovechando una supuesta tragedia personal, de pasarme por el forro, de nuevo, normas éticas y una nueva oportunidad de movilización de mi maltrecha imagen a través de la movilización social, de la que tan necesitado estoy.

Obviamente, no tienes nada que ver con otras movilizaciones sociales, pongo por caso la de Miguel Ángel Blanco, causa justa por otra parte. La tuya, a pesar de que tu desahucio haya sido una causa justa, decretada por un juez en base a leyes que nosotros mismos aprobados, me permite convertirla en un símbolo político para justificar algo que no tiene justificación. Pero qué más da, nosotros somos así.

Ahora que estamos en confianza, tengo que decirte que yo también miento todo lo que puedo. Tú, que tienes cierta edad, podrás recordar (muchos del resto de los españoles no), que en el tema de la vivienda he anunciado construir 20.000 viviendas públicas el 17-18; 26.000 viviendas para alquiler asequible en febrero 2021; incrementar en 100.000 el parque público de vivienda asequible en enero 2022; Construir 20.000 viviendas con fondos europeos en octubre 2022; otras 12.000 en octubre 2022 con la operación Campamento; Otras 50.000 viviendas en abril 2023 con movilización de viviendas de Sareb; y otras 63.000, en la misma fecha, de nuevas actuaciones de vivienda asequible (construcción y rehabilitación) más terrenos de Defensa.

Pero ahí no termina la cosa Mari Carmen, también conté la bola de un gran objetivo agregado de vivienda pública/alquiler asequible de entre 183/184.000 viviendas a finales de 2023. Después descansé un poco, porque el tema se estaba quemando, pero lo retomé en enero 2025 anunciando “miles” de viviendas sobre 2 millones m² de suelo transferidos a la empresa pública y, recientemente, en febrero 2026 la construcción de 15.000 viviendas/año con financiación anuales mediante el fondo España Crece. Chica, no lo entiendo ni yo mismo, pero la gente se lo cree.

Increíblemente, en septiembre de 2026, pocas semanas antes de tu asunto, del asunto Maricarmen, afirmé que se habían “movilizado más de 120.000 viviendas de alquiler asequible”. Te cagas tía, porque la realidad, según fuentes del Ministerio de la vivienda, se han terminado unas 79.000 viviendas protegidas, pero no todas son mías, ya que estaban iniciadas cuando yo llegué. Realmente, han sido unas 17.000 viviendas las que pueden imputar a mi gestión. No está mal, ¿verdad? Todo ello a pesar de que el Tribunal de cuentas dice que solo hemos construido y terminado 191 viviendas estatales durante mi mandato. ¿pero a quién vas a creer al Tribunal de cuentas o a mí? …Pues eso.

Mari Carmen, también tengo que decirte que hay otro organismo asqueroso, el Banco de España (a pesar de que he puesto al frente a un hombre de mi cuerda), que dice que España está creando muchos más hogares que viviendas, que sólo en 2022-2023 el desfase acumulado alcanzó unas 375.000 viviendas; posteriormente elevó el déficit acumulado de 2022-2024 a 400.000-450.000. Para 2025 estimaba que podía añadirse un déficit superior a otras 100.000. Pero no les hagas caso, qué sabrán estos técnicos de mierda.

Ya sé, ya sé, te dirán también que la promoción pública no es suficiente para solucionar el problema de la vivienda en España, que hace falta fomentar la iniciativa privada, pero, cuidado, no te fíes de esos promotores capitalistas, poco progresistas cuando te digan que tenemos escasez de suelo finalista (a pesar de que lo recomiende el Fondo Monetario Internacional), que los plazos administrativos son extraordinariamente largos (también recomendados agilizar por el FMI, el consejo General de Economistas y por Fedea).

Po favor, Mari Camen, tampoco hagas caso a eso de que la fiscalidad supone el 25% del precio de una vivienda, de los costes de construcción, ni de la financiación y rentabilidad del promotor debido a los dilatados de tiempo de tramitación y, por último, de esa cosa absurda que llaman la seguridad jurídica y regulación (también recomendada por ese insolidario órgano que es el FMI). Todo son argumentos fascistas de ultraderecha y anti-progresistas.

Y te pido también que no hagas caso a ese organismo retrógrado que es el fondo Monetario Internacional cuando dice que la fuerte demanda (crecimiento de población, inmigración neta y tipos de interés más bajos) combinada con una oferta rígida estaba provocando fuertes aumentos de precios, y reclama aumentar la oferta mucho más rápidamente. Todo son ideologías internacionales nada progresistas.

Las malas lenguas dicen que este maravilloso gobierno central no controla todas las palancas sobre las viviendas, que no hemos podido reformar la Ley del Suelo porque Sumar, Podemos, ERC, Junts y EH Bildu se oponían y el PSOE no tenía asegurado el apoyo del PP., que no hemos puesto durante años el foco en la política de vivienda y que hacerlo bien implica mucho esfuerzo y varios años hasta obtener resultados. Comprenderás que esto es muy cansado y poco rentable en el corto plazo, es mucho mejor medidas cortoplacistas (zonas tensionadas, intento de control de precios, medidas antidesahucios, acuerdos ideológicos con nuestros socios…) que hacer lo que necesitan los españoles.

Ya sé, Mari Carmen, no seas pesada, conozco perfectamente que en el último gran censo del INE contabilizó 26.623.708 viviendas, de las cuales 3.837.328 estaban vacías, aproximadamente el 14,4 %. Además, había otros 2.514.511 inmuebles de uso esporádico. Y también que no todas estarían disponibles, pero, aunque supusieran un bálsamo para la situación actual, pero eso supondría, como dicen los señoritos del el Banco de España, reforzar la seguridad jurídica y la certidumbre regulatoria. Pero chica, qué quieres que te diga, eso va contra mi mensaje progresista de defender a los vulnerables en contra de los intereses de los rentistas.  Ya sé, ya sé también, que la protección social de una familia vulnerable es responsabilidad de la sociedad y, por tanto, del Estado; no necesariamente de un propietario particular, pero qué quieres, eso da mucho trabajo.

Mira, lo cómodo es decir que la culpa de todo la tienen los fondos buitres y los rentistas, ¡ah! Y, además, no hagas caso de eso que dicen que el mayor tenedor de metros cuadrados en este País es la Administración Pública española. Estado, CCAA, Diputaciones, empresas públicas y Ayuntamientos, son los mayores propietarios de suelo e inmuebles de España (Defensa: 8,25 millones m2 seleccionados para vivienda, 1.028 inmuebles vacíos de la Seguridad Social, Ayuntamientos, miles de patrimonios municipales, SAREB…) Seguro que el mayor fondo buitre somos nosotros, pero, claro, eso no lo vamos a decir.

Es mucho más rentable, políticamente, en lugar de decir que «la Administración es el mayor fondo buitre», exigir al propietario privado que no está consiguiendo aplicar con suficiente eficacia a su patrimonio inmobiliario y con esto, les endosamos la responsabilidad social que tenemos nosotros.

Además, comprenderás que lo de los “fondos buitres”, carroñeros y asquerosos, dan mucho juego. La verdad es que te tengo que confesar que no sé qué coño es un fondo buitre, pero seguro que no es bueno. A pesar de que estos estiraos del el Banco de España se empeñan en estimar que alrededor del 90 % del parque de alquiler residencial está en manos de particulares (el 76,1% solo tienen una vivienda y solo el 1,4% tienen 6 viviendas o más)) y concluir expresamente que la propiedad del alquiler habitual español no presenta una concentración significativa y que nuestro mercado destaca precisamente por el peso de los pequeños propietarios, la culpa la tienen los fondos buitres.

Ya me han dicho que mire lo que hacen Francia, Alemania, Países Bajos o Austria para encontrar modelos significativamente más eficientes que el nuestro, pero con lo mal que me llevo con ellos, la verdad es que me da mucha pereza.

Sí, Mari Camen, también me han comentado que movilizar vivienda privada existente puede costar al sector público varias veces menos que generar el mismo número de viviendas nuevas, además de poder hacerse mucho más deprisa, por ejemplo, movilizar 250.000 viviendas nos costaría aprox. unos 4.800 millones en siete años, alrededor de 687 millones anuales, y habríamos puesto 250.000 viviendas en alquiler asequible. Pero coño, quiero que entiendas que esto no es políticamente rentable para un gobierno progresista.

Bueno, igual piensas después de lo que te he contado que soy un inútil y que me importa un higo el bienestar de los españoles anteponiéndolo al de mis intereses… pero igual tienes razón.

José García Cortés

      4-10-26

PROMETEO

Prometeo fue, según la mitología griega, un titán astuto y previsor. Robó el fuego a los dioses y se lo entregó a los hombres para que pudieran abandonar la oscuridad, mejorar sus condiciones de vida y conquistar, con él, una cierta dignidad frente a la adversidad.

Zeus, irritado por semejante desafío, decidió castigar su osadía. Lo encadenó a una roca en las montañas del Cáucaso y condenó su cuerpo a un suplicio interminable: cada día, un águila devoraría su hígado y, cada noche, la naturaleza inmortal del titán lo regeneraría para que el tormento pudiera comenzar de nuevo.

Muchos años después, Heracles, hijo del propio Zeus, acabó con el águila y liberó a Prometeo. El gesto contó, además, con cierta aquiescencia divina: hasta los dioses terminaron reconociendo que la valentía, la generosidad y el sacrificio en favor de los hombres podían merecer el perdón.

La mitología, a veces, tiene la extraña virtud de parecer escrita para otros tiempos. Mientras nuestro país asistía a los acontecimientos de Ceuta y a los numerosos avisos sobre una posible llegada masiva de inmigrantes, el Gobierno que preside Pedro Sánchez no consideró necesario (según las explicaciones ofrecidas posteriormente) adoptar las medidas extraordinarias que una situación de semejante naturaleza parecía reclamar. Y cuando los acontecimientos se consumaron, llegó incluso el agradecimiento a Marruecos, antes de que el presidente emprendiera sus vacaciones.

Entretanto, en Madrid, un reducido grupo de manifestantes, amparados en el denominado efecto Mari Carmen, acampa y protagoniza actos de vandalismo en la Puerta del Sol. Y, ante la presión de la calle, el Consejo de ministros parece dispuesto a reaccionar con una celeridad que contrasta llamativamente con la parsimonia mostrada ante otros acontecimientos de mayor trascendencia.

Se inicia así una nueva reforma de la vivienda destinada a satisfacer las demandas de quienes, desde la calle, reclaman soluciones inmediatas; una iniciativa que llega al Congreso mediante un procedimiento extraordinario y a una velocidad difícil de conciliar con la serenidad y el rigor que deberían presidir cualquier reforma de semejante alcance.

Una vez más, asistimos a lo que Camilo José Cela, con su particular crudeza verbal, habría podido calificar de Gobierno «frenopático y emputecido»: un poder que parece fabricar relatos para alimentar a sus acólitos y convertir la emoción colectiva en argumento político. Una suerte de ilusión del conocimiento que lleva a algunos a confundir la vehemencia de la protesta con la solidez de las razones y la urgencia de la calle con la legitimidad de las instituciones.

Pero quizá España necesite, precisamente ahora, un Prometeo. No un mesías, ni un caudillo, sino un titán cívico: alguien capaz de enfrentarse al poder sin servirse de él; alguien que no haga de la confrontación una forma de gobierno ni de la mentira una herramienta de poder. Un hombre (o una mujer) dispuesto a asumir el coste de defender aquello que considera justo, aunque ese compromiso pueda conducirle, al principio, al aislamiento, a la incomprensión o incluso al castigo. Porque Prometeo sabía que el suplicio podía ser largo.

Lo que Zeus ignoraba era que una roca concebida para el castigo puede acabar convirtiéndose en pedestal. Quizá solo falte encontrar a quien tenga el valor de subir a ella: alguien con carisma de líder, pero sin vocación de caudillo; valiente sin ser temerario, conciliador sin ser complaciente, afable sin ser débil, elocuente cuando sea necesario y lacónico cuando las circunstancias exijan silencio.

Alguien que devuelva a los españoles algo más valioso que una consigna: la esperanza de que la política vuelva a estar al servicio de la sociedad y no la sociedad al servicio de la política. Y quizá entonces comprendamos la verdadera lección de Prometeo: que desafiar al poder puede tener un precio, pero también que, a veces, quienes se atreven a pagarlo terminan convirtiendo su roca en pedestal.

Manuel Lozano Molina

     3-10-26

España: de la unidad de los Reyes Católicos a la línea de los tercios… y del césped al mundo

Hay gestas que se recuerdan por lo que ganan. Y hay gestas que se recuerdan por lo que enseñan sobre el carácter de un pueblo.

Anoche, España volvió a escribir una página en el libro de las grandes historias: alzando la Copa del Mundo de fútbol frente a Argentina. No importa solo el marcador; importa el pulso, importa la forma, importa ese instante, en el que uno entiende que la victoria no es un accidente, sino la suma de voluntades.

España, como idea, nunca ha sido una casualidad, ha sido un proyecto. Y si queremos entender por qué la épica se repite, por qué vuelve, por qué regresa, por qué se siente casi inevitable, quizá debamos mirar hacia atrás. No con nostalgia vacía, sino con la inteligencia con la que se lee la continuidad de un carácter.

Porque la grandeza española tiene muchas armaduras. Algunas llevan corona, otras llevan acero y otras, como las de hoy, llevan camiseta. Pero el espíritu que las sostiene, cuando España es España, se parece.

La grandeza de los Reyes Católicos no fue únicamente la suma de territorios. Fue, sobre todo, un método, un unificar para sostener. Unificar para que la voluntad deje de ser fragmento y se convierta en fuerza, para que el destino no dependa del capricho del momento, sino de una estructura capaz de resistirlo todo.

La historia suele contarse como una secuencia de hechos aislados: un tratado, una conquista, una firma, pero en el fondo hay algo más profundo: el orden y la visión de largo alcance. Esa manera de entender que una victoria grande se prepara antes de que parezca posible, cuando todavía nadie mira.

Anoche, la selección española hizo algo similar, aunque su instrumento no fuera la política ni la espada, sino el juego, porque una Copa del Mundo no la gana el equipo que “tiene rachas”. La gana el que construye, el que se organiza, el que se adapta sin desordenarse, el que corrige a tiempo y el que sabe que no se puede vivir de un solo gesto. Se vive de un plan.

España, cuando fue grande en la historia, fue grande por esa misma lógica, fabricando la grandeza a través del trabajo y la cohesión. Cuando el conjunto obedece a una idea, cuando el talento individual no se impone al colectivo, sino que se somete, con orgullo, a su misión.

Los Reyes Católicos unieron coronas y la selección unió momentos, y en ambos casos, el resultado fue el mismo: una energía compartida que convierte la dificultad en combustible.

Y si los Reyes Católicos representan el marco, los tercios de Flandes representan el carácter operativo de ese marco, el modo de disciplina, de resistir, el modo de avanzar, el modo de no romperse y la gloria.

Los tercios fueron una respuesta inteligente al caos en un mundo donde la guerra podía ser tumulto, y ellos ofrecieron línea, orden, cohesión y presencia. No se trataba de fuerza sin dirección sino de fuerza sostenida por disciplina. La grandeza no estaba en el golpe momentáneo, sino en la capacidad de mantener la forma cuando el golpe llega.

Es fácil romantizar el pasado. Pero hay realidades que no cambian: la épica verdadera no es la que nace del brillo fácil, sino la que nace del trabajo silencioso, del esfuerzo constante, del aguante.

Los tercios no caminaban por el mundo con arrogancia ciega sino que caminaban con una disciplina que convertía el miedo en método. Y cuando el combate se ponía difícil, la clave era la misma: no retroceder a la improvisación.

Anoche, la selección española ofreció una versión futbolera de ese espíritu. Hubo fases de tensión en las que muchos equipos se fragmentan, unos van, otros dudan, el centro queda abierto, la espalda se expone. España, en cambio, pareció recordar algo antiguo: que la gloria no se regala, sino que se defiende con orden cuando el rival buscó desbordar, atacando con sentido cuando el partido obligó a creer sin perder la cabeza.

Hay una tentación peligrosa: pensar que la grandeza se hereda como se heredan los apellidos. La verdadera grandeza, en cambio, se demuestra, y se demuestra siempre de la misma manera: en el momento exacto en el que la dificultad pretende imponer su ley. Por eso, la Copa del Mundo de anoche tiene una resonancia especial, porque fue una victoria que obligó a España a ser España con carácter completo, combinando control y riesgo, a sufrir cuando tocaba, a sostener el plan incluso cuando el corazón pedía otra cosa.

Esta es la idea que necesitamos en la política actual: Unidad, disciplina y orgullo.  Algo que nuestros políticos comprenden perfectamente…. ¿o no?

Hoy 20 de julio, cuando el país respira la victoria y el mundo observa, se puede caer en la celebración fácil. Pero la celebración más verdadera es la que entiende el significado, una manera de estar en el mundo. España es grande cuando construye. España es grande cuando sostiene la línea. España es grande cuando convierte la presión en propósito.

Porque la grandeza no es una pose, es una forma de cumplir y  si la historia enseña algo, es esto, que cuando España se alinea (unida, disciplinada y orgullosa) no solo levanta copas. Levanta memorias.

Con dos cojones.

José García Cortés

       20-7-26

EL GOBIERNO DE LA DANZA DE LAS CHIRIMOYAS

«Cuando el sabio señala la luna, el necio mira al dedo», es un proverbio oriental que nos enseña sobre la tendencia humana a enfocarse en lo superficial o en los detalles sin importancia, en lugar de prestar atención al mensaje profundo o al objetivo principal de una situación.

El dedo representa el medio, la herramienta o la explicación, mientras que la luna representa el fondo, la verdad o el propósito final.

En estos días hemos visto la satisfacción del Gobierno, y de la clá (o claque) de los ministros socialistas (que más que para gobernar son un grupo personas contratadas a un espectáculo con el único propósito de aplaudir organizados estratégicamente para provocar ovaciones a la obra de Pedr).  Su satisfacción estriba en que le han descartado del delito de tráfico de influencias, pero solo porque no se ha podido acreditar indubitadamente, no porque no existan todos los indicios. Curiosamente ninguno ha mirado la luna ni se ha avergonzado por un caso de enchufismo en que todos hemos visto cómo el hermanísimo no sabía ni donde estaba su puesto de trabajo y en qué consistía el mismo ni, tampoco que ni la Diputación de Badajoz ni el Ministerio Fiscal hayan reclamado recuperar el dinero percibido en salarios por los condenados

La misma satisfacción encontramos en la reciente resolución del TJUE, donde el dedo señala que la Ley de Amnistía no va en contra a los intereses europeos. Pero nadie mira la luna porque estamos hablando de una Ley que indulta a unos delincuentes, juzgados y condenados que, además, se redacta como precio por el pago de un puñado de votos. No sé por qué me viene a la cabeza a Judas o el indulto concedido en el caso de los ERES.

Uno, en su profunda ignorancia, pensaba que el indulto es una medida de gracia excepcional que extingue o reduce la pena impuesta por sentencia firme. Pero que tiene (o debería tener) fundamentos morales y sociales que se basan en los principios de equidad, de justicia o de utilidad pública o conveniencia social. Pero no, resulta que se aplica para beneficiar a los que injustamente representan las siglas del PSOE.

Y también, qué satisfacción tan enorme cuando el dedo señala la devolución del pasaporte a nuestra querida Begoña Gómez (sí esa que gritan su nombre millones de personas), sin que nadie mire a la luna por estar juzgada por presuntos delitos de tráfico de influencias, corrupción en los negocios, apropiación indebida y malversación de caudales públicos.

Y así podríamos seguir en un larguísimo texto en que tendríamos que citar a las personas vinculadas al PSOE que en la actualidad están investigados, imputados o condenados y que suman ya más que los diputados que tiene en el Congreso.

Seguramente Pedro Sánchez sepa que la chirimoya es una fruta muy nutritiva y rica en azúcares, fibra, vitamina C y potasio, con indudables beneficios, entre otras cosas para la digestión y el estreñimiento (que falta hace para hacernos tragar todo esto) pero supongo que también conoce que sus semillas y piel son tóxicas.

Menos mal que hoy juega la final del mundo nuestra selección nacional, ejemplo de convivencia de jugadores de todos los territorios y ejemplo de juego de equipo, con la que, además, se crea un marco emocional que permite el lucimiento de la bandera española de forma “normalizada” y sin “censuras” como símbolo de pertenencia, orgullo y unidad. Habrá pantallas gigantes en todas las capitales españolas de todos las “sensibilidades” de gobierno, excepto en Bilbao porque consideran que no es una necesidad social

Disfrutemos el momento y confiemos en la victoria. El lunes, desgraciadamente, será otro día y seguiremos comiendo chirimoyas.

José García Cortés

       19-7-26

LA VIRTUD DE LA VALENTIA Y LA MODERACIÓN FRENTE AL PODER

Si Agripina la Menor nombró a Séneca tutor de Nerón, un joven que, según diversas fuentes, era maniático, temeroso y vacilante, pero también, al menos en un principio, culto, generoso y lleno de buenos principios, y todo terminó como la historia nos ha mostrado, incluso con la muerte del propio maestro. ¿qué cabría esperar, salvando todas las distancias históricas, de un Gobierno presidido por Pedro Sánchez, con Jefes de Gabinete como Oscar López o Diego Rubio, cuando su número dos fue José Luís Abalos?

Creo que, desde un principio, se emprendió un camino que ha ido erosionando todos los

principios democráticos fundamentales con el objetivo de consolidar el poder. A ello se suma un discurso político que considero marcado por la desinformación y el cinismo, recordando la máxima atribuida a Joseph Goebbels, sobre la eficacia de la mentira repetida, así como una creciente tendencia al control social y fiscal, próxima al panóptico descrito por Michel Foucaault o al  “Gran Hermano” imaginado por George Orwell en 1984.

El resultado, a mi juicio, es una sociedad cada vez más polarizada, una creciente desafección hacia las instituciones y el predominio de las emociones menos nobles, especialmente el resentimiento.

Cuando observo mi entorno, percibo una excesiva complacencia de los afines al Gobierno, mientras la mayoría de los ciudadanos sufren las consecuencias de una economía más difícil, un endeudamiento creciente del País y una pérdida de prestigio en el ámbito occidental.

Siempre he creído que las democracias poseen un cierto poder inmunológico. Existen jueces, periodistas y analistas valientes que, actúan con independencia y rigor como contrapeso frente a cualquier tentación de concentrar el poder.

La retórica difundida desde Moncloa asumida por ministros y repetida por determinados comunicadores, junto con las constantes perífrasis y muletillas de sus socios parlamentarios en cada entrevista, termina por aburrir desconcertar y, en ocasiones, bloquear emocionalmente al ciudadano.

Con el paso del tiempo tengo menos certezas y más incertidumbres. Me siento cada más

próximo al silencio que al alboroto; más inclinado a la reflexión que al ruido; más partidario de la concentración que de la dispersión. En ello me reconozco en las palabras de Arturo Pérez Reverte y Antonio Gala, cuya defensa del pensamiento libre sigo admirando.

Y, para terminar, me permito recordar al presidente del Gobierno una máxima que, probablemente, Séneca habría suscrito sin vacilar: “Lo que las Leyes no prohíban, puede prohibirlo la honestidad”.

Manuel Lozano Molina

       28-6-26

LA CULTURA DEL ENCUENTRO

Este primer sábado de junio, desde el Salón del Trono del Palacio Real, el Pontífice se ha referido a la cultura del encuentro como base de estabilidad y prosperidad. Habla de apostar por el diálogo y a abandonar la polarización social y política emergente en la civilización occidental.

Nos recordó episodios históricos de convivencia y diálogo entre culturas y religiones, como la labor desarrollada en la Escuela de Traductores de Toledo, iniciada bajo el Gobierno de Alfonso VII e impulsada por Alfonso X el Sabio, donde cristianos, judíos y musulmanes colaboraron en la transmisión de la cultura. Las obras de Averroes y Maimónides, dos grandes figuras ligadas a Córdoba vieron su difusión por la solidaridad y rigor de los profesionales que, a lo largo de la historia, han permitido transformar las diferencias en puntos de inicio para el diálogo y el encuentro.

Indudablemente las palabras de León XIV han sido ilustradas y conmovedoras, dignas de quien las pronuncia; integradoras, empáticas y elocuentes.

Lamentablemente la convivencia no era tan asertiva ni con tanta sensibilidad social durante la Edad Media. Me voy a referir solo a las palabras del Papa sobre el legado de convivencia, y los dos celebres filósofos y médicos cordobeses.

Existen numerosos chafarrinones que ensucian estas páginas de la historia. En Al – Ándalus, los judíos y cristianos que no se convertían al islam, les llamaban los Dhimmis: Hispano – godos de inferior categoría que pagaban más impuestos y se les aplicaban leyes más rigurosas.

Averroes y Maimónides fueron desterrados y perseguidos por sus ideas. Defendían la autonomía de la razón y la perfecta armonía entre la filosofía y la fe, en contraste con la teocracia. Lógicamente tuvieron que salir de Córdoba expulsados por los representantes de esa hipotética ¨ armonía social ¨.

En el siglo XVI desaparecieron las tres culturas convivientes, después de la guerra de las Alpujarras (1568 – 71). Las guerras eran despiadadas por unos y otros. No había forma de convivir en paz.

Estoy seguro de que los musulmanes, no han renunciado nunca a una nueva reconquista. Prueba de ello, son las palabras de varios lideres como: Hari Bumedian (1932 – 78), ¨ Un día millones de hombres abandonarán en hemisferio sur para irrumpir en el norte. Lo poblarán con sus propios hijos, y serán los vientres de nuestras mujeres, los que nos den la victoria ¨. Otros, han dicho algo similar. Son más alarmantes las palabras que describe el historiador francés, C. de Montalember (1820 – 70) sobre lo que piensa todo musulmán: ¨ Cuando soy débil os reclamo libertad en nombre de vuestros principios; cuando sea fuerte, os los negaré en nombre de los nuestros ¨.

Existen pruebas evidentes de intimidación del Reino de Marruecos con España: 11 M, aguas territoriales, acoso a Ceuta, Melilla y Canarias, inmigración ilegal, narcotráfico……El Gobierno nos tiene poco informados sobre política exterior, pero hay signos muy claros de animadversión.

Nuestro Gobierno, esa obra de ingeniería social tan compleja y dispar, que llaman ¨ progresista ¨, tiene dos metas comunes: destruir la unidad de España y que no gobierne la derecha. Como decía el periodista Luís Ventoso, son maestros de la polarización, levantando un gran muro y dinamitando los puentes del entendimiento. La decadencia moral y social que preconiza, la hipocresía, la corrupción, promesas incumplidas y el abuso de poder, contrastan con las palabras de Pontífice sobre autenticidad, objetividad, honestidad y unión nacional.

La cultura del encuentro, cuando existen inmigraciones masivas y sin control que converjan hacia un multiculturalismo como punto de partida para una convivencia, es algo más poético que real en una España polarizada donde existen partidos políticos que utilizan esta situación con fines partidistas y sin valorar sus consecuencias.

El otro día leía un artículo de nuestro amigo J. García, en el que hablaba de que la democracia tiene su propia vacuna inmunológica para defenderse de esta situación polarizante y de abusos, donde no se respetan totalmente la independencia de los Poderes del Estado. Añadiría como componente inmunológico principal, a la filosofía, ciencia cada día más olvidada y desprestigiada por nuestros políticos.

La filosofía proporciona herramientas intelectuales esenciales que transforman la obediencia ciega en participación ciudadana y en pensamiento crítico.

La inmigración debería ser estudiada y gestionada por diferentes colectivos: filósofos, economistas, profesionales del derecho, diplomáticos, epidemiólogos y responsables políticos que piensen más en una democracia representativa que partidista, y sean partidarios de un bien social común y civilizado que esté bien gestionado. La cultura del encuentro podría tener éxito, a pesar de que puedan surgir nuevos conflictos, tensiones y desigualdades.

Manuel Lozano Molina

         9-6-26

POR ALUSIONES

Nunca he contestado a ningún comentario sobre los artículos de mi blog, entre otras cosas porque soy muy respetuoso con la opinión de los demás, pero hoy voy a hacer una excepción.

El domingo tuve el enorme placer de leer el artículo de El País, firmado por Doña Carmen Domingo en el que dice que basta con leer “Politicamenteincorrecto” o “Antisistema” (que confieso que no lo conozco) para tender a pensar en alguien alineado con la ultraderecha.

A la escritora doña Carmen, que se supone que, por su gran formación y magnífica trayectoria profesional, debe documentarse bastante, me gustaría decirle que, en mi blog, publico artículos míos y otros de mis amigos, sobre todo tipo de temas y a los que lo único que les pido es que sean respetuosos en sus expresiones, por lo demás, absoluta libertad.

Este ultraderechista, responsable del blog, ya tiene edad para haber vivido los últimos años del dictador Franco con lo que ello conllevaba en todo lo relacionado con la libertad de expresión y otro tipo de libertades.

Cuando todavía la autora tomaba el biberón, este ultraderechista estaba en Madrid implicado con las libertades, participando con miedo en imprentas clandestinas imprimiendo panfletos, participando en manifestaciones, corriendo de los “grises” para que no lo molieran a palos y participando activamente en acciones sindicales cuando entonces no había “comegambas”. Cómo añoramos a Marcelino Camacho o Nicolás Redondo, por ejemplo.

Este ultraderechista supo lo que se hacía con los “rojos” en la puerta del sol y conoció el frío del cañón de una metralleta de la Guardia Civil en la tripa con las manos en alto, y, también, comprar el periódico El País con mucha cautela, porque, aunque ya había muerto Franco, las libertades de verdad tardaron en llegar. Todo esto antes de que la autora hiciera su primera comunión (si la hizo). Ahora, desgraciadamente El País no es lo que fue.

¿Extrema derecha, Doña Carmen? Por su edad, que se ha criado prácticamente en democracia, usted no conoció ni sufrió la verdadera extrema derecha política ni los grupos parapoliciales y violentos. Blas Piñar, fundador y líder de Fuerza Nueva, o los Guerrilleros de Cristo Rey, con agresiones a estudiantes y sindicalistas, ataques a librerías y sedes políticas, violencia callejera, intimidaciones y atentados contra sectores considerados “antiespañoles” o “marxistas”.

Ya no le hablo del Batallón Vasco Español, la Triple A o el Antiterrorismo ETA, que participaron en atentados, asesinatos políticos y acciones de intimidación.

También era usted muy pequeña cuando vivimos el fallido golpe de estado (aunque me consta por sus obras que lo ha estudiado mucho), en cuyos tiempos vivíamos el terrorismo de ETA, crisis económica, conflictividad social, presión militar y fuerte polarización ideológica. No fue hasta a partir de 1982 cuando se produce una amplia victoria del PSOE, una consolidación democrática, y empieza la modernización del país y pérdida del apoyo social al franquismo político organizado. Y eso fue probablemente una de las claves del éxito de la Transición.


Lo que ustedes llaman ahora “extrema derecha” son angelitos que tienen los dientes de leche comparados con la “ultraderecha” que nosotros sufrimos. Aunque supongo, que no le descubro nada porque algo habrá leído como buena escritora y ensayista que es.

Y, aunque el voto es secreto, no me importa desvelarle que yo siempre voté socialista hasta el segundo mandato de Zapatero, porque con el primero ya tuvimos oportunidad de ver lo que hizo con esa izquierda noble.  En estos momentos, creo que ya no le hace falta que le cuente nada sobre Zapatero, presunción de inocencia de por medio.

Lo que no termino de entender de su artículo es que diga que la libertad, rebeldía, pueblo, soberanía popular, defensa de los trabajadores… remitían automáticamente a la izquierda. Yo creo que no nacieron como patrimonio exclusivo de una sola ideología, sino que son aspiraciones humanas y políticas mucho más amplias.

Muchas personas, liberales, conservadoras, democristianas, republicanas o simplemente humanistas, las han defendido igualmente. Le recuerdo que la democracia cristiana europea fue clave en el estado del bienestar, que muchos liberales lucharon contra dictaduras y numerosos conservadores defendieron avances sociales desde posiciones éticas o patrióticas.

Aunque yo creo que sus expresiones no lo son, cualquiera diría que son manifestaciones sectarias que tratan de apropiarse moralmente de conceptos universales, porque entonces parece que “si hablas de trabajadores eres de izquierdas” o “si hablas de patria eres de derechas” y la realidad humana y política es muchísimo más compleja.

Porque lo importante en una democracia madura no debería ser tanto quién usa las palabras, sino cómo actúa (y me estoy acordando ahora mismo de Julio Anguita, al que admiré), porque puede haber discursos muy sociales sin verdadera preocupación por la gente y personas ideológicamente distintas actuando con enorme honestidad y sentido del bien común.

Todas esas palabras pueden ser usadas por cualquiera, pero su valor real depende de la honestidad, el respeto a los demás, la coherencia y la voluntad de mejorar la vida de las personas. Y eso, efectivamente, no pertenece en exclusiva a ninguna ideología.

Si, efectivamente, en muchos de mis artículos critico la gestión de Pedro Sánchez (normal por otro lado porque es el que gobierna y, por tanto, el que está más expuesto), pero no porque diga (que no lo es) que es un verdadero socialista ni progresista, sino porque no está haciendo lo mejor para los ciudadanos. La mayoría de sus actuaciones se cuentan por fracasos y por actuaciones que no persiguen otra cosa que el poder y su bienestar personal. Así lo pienso.

Espero el momento en el que los verdaderos socialistas, si, esos del centro izquierda (desaparecidos de momento), lo que siempre fue el PSOE hasta Zapatero y Pedro Sánchez, den un golpe en la mesa y empiecen de verdad a ayudar a gobernar a este desnortado País.

En todo caso, le ofrezco la posibilidad de que su buena pluma, esté presente en algún momento en este blog ultraderechista. Será un honor.

José García Cortés

       26-5-26

LA HISTORIA SE REPITE

Acceso turbio al poder, persecución política, purgas del mayor órgano de gobierno, corrupción administrativa, manipulación institucional y gobierno orientado al beneficio personal.

Su llegada al poder supuso para muchos el inicio de la decadencia política, porque no fue un hombre con una gran preparación ni un administrador competente, sino un gobernante rodeado de intrigas que dejó el gobierno real en manos de favoritos, cortesanos y personajes corruptos que compraban cargos y favores.

Purgó de forma descarada a todo aquel que fuera sospechoso de lealtad, acusó de conspiración para eliminar adversarios políticos y humilló y sometió el principal órgano de gobierno.

Los niveles de corrupción se pueden considerar extrema, con venta de cargos y el dinero público se utilizó para espectáculos, lujos personales y propaganda.

Se caracterizó por el culto personal y degradación institucional, exigiendo ser venerado casi como un dios viviente, con cambios en las instituciones en honor a sí mismo. Un desprecio absoluto al gobierno efectivo y una preferencia descarada al espectáculo y el gasto de enormes cantidades del tesoro. Muchos expertos consideran que con él terminó definitivamente la etapa de estabilidad y “buen gobierno”.

No, no me estoy refiriendo a Pedro Sánchez, ni a Rodríguez Zapatero, sino al emperador romano Cómodo (180-192 d.C.), personaje histórico que, junto a Domiciano, Calígula o Nerón, todos ellos de control autoritario, populismo, corrupción moral, humillación institucional, persecución a los opositores, manipulación judicial, eliminación política de opositores y centralización extrema del poder, contribuyeron poderosamente a la caída del Imperio cuando las instituciones dejaron de servir al bien común y comenzaron a servir al mantenimiento del poder personal.

Pero no hace falta que me remonte tanto tiempo en la historia, porque, aunque con los lógicos matices de una era más moderna, podemos identificar patrones políticos que se repiten: concentración de poder, polarización social, debilitamiento institucional, control (o intento de control) de jueces y medios, corrupción estructural, clientelismo o persecución de adversarios.

No, todavía no estoy hablando de Pedro Sánchez y su banda, hablo de Vladimir Putin, Nicolás Maduro, Recep Tayyip Erdoğan, Viktor Orbán… Y no incluyo a Xi Jinping, que, aunque se parece en aspectos como la concentración del poder, debilitamiento de contrapoderes independientes, control político institucional, vigilancia social y prioridad de la estabilidad sobre la libertad política, presenta importantes diferencias, ya que tienen una gran capacidad administrativa real, son capaces de planificar a largo plazo, obtienen grandes resultados económicos e industriales y no se ocultan tras una bandera demócrata. Hoy por hoy, no parece que se le pueda comparar con la Roma decadente sino a la de su momento de máxima organización imperial.

Y todo esto sucede poco a poco, por eso muchos historiadores recuerdan que las democracias no suelen desaparecer de golpe, sino que suelen erosionarse de forma lenta y, precisamente por eso, estudiar Roma sigue siendo tan útil ya que ayuda a entender cómo pueden deteriorarse las instituciones cuando el poder deja de aceptar límites. No olvidemos que ellos también tenían mecanismos de control y contrapesos, pero acabó ocurriendo algo clave: las normas dejaron de respetarse no porque desaparecieran formalmente, sino porque algunos líderes lograron situarse por encima de ellas con apoyo popular, militar o económico.

De hecho, el gran problema histórico no suele ser que aparezcan líderes ambiciosos (eso ha ocurrido siempre), sino que los contrapesos fallen, la sociedad se acostumbre o las instituciones pierdan independencia.

Afortunadamente, igual que cuando te clavas una espina, el cuerpo reacciona mediante inflamaciones hasta que consigue expulsarla del cuerpo, las democracias tienen mecanismos de “defensa inmunológica” frente a quienes utilizan las propias instituciones para vaciarlas desde dentro. Mal que pese a estos personajes, todavía tenemos valientes en la prensa, tribunales, y una opinión pública cada vez más global, mecanismos de control que Roma jamás tuvo.

Y ahora iba a repasar todas las cosas que Pedro Sánchez ha hecho desde que llego al poder (excepto gobernar bien), pero me he dado cuenta de que necesitaría unos 2.000 folios para recogerlo y no tengo espacio para ello.

Confío en que la Justicia siga expulsando las espinas de nuestro cuerpo y nos devuelva la salud democrática.

José García Cortés

      20-5-26

INVIGILANDO

Según la RAE, invigilar es un verbo poco usado que significa velar o cuidar solícitamente de algo. Proviene directamente del inglés y a su vez del latín: invigilāre.

La culpa in vigilando, en nuestro contexto legal, se fundamenta en los artículos 1902 y 1903 del Código Civil español, donde se establece la obligación de reparar el daño causado por acción u omisión, mediando culpa o negligencia.

En el mundo empresarial, las empresas tienen el deber de garantizar un entorno seguro, evaluando riesgos y vigilando que los trabajadores cumplan con sus obligaciones. Pero no se limita al ámbito laboral, es frecuente su uso en el derecho civil para tutores o padres y cuidadores respecto a menores de edad o personas incapacitadas bajo su custodia.

En resumen, implica que la falta de supervisión activa y continua de personas o actividades bajo control directo conlleva una responsabilidad legal por los perjuicios que estos puedan ocasionar. La responsabilidad no se agota en el nombramiento, sino que se extiende a la supervisión posterior, y esto conecta con dos ideas centrales:

1) Deber de diligencia, puesto que el directivo debe actuar con cuidado, información y seguimiento. Por tanto, no basta elegir “bien”; hay que verificar que funciona.

2) Responsabilidad por omisión. No intervenir a tiempo también es una forma de fallar, por tanto, la pasividad ante señales de mala praxis genera corresponsabilidad.

Por tanto, hay tres niveles de responsabilidad, la de elección (evaluar bien a la persona, analizar capacidades y valores), la responsabilidad de invigilancia (establecer indicadores, revisar desempeño y detectar desviaciones) y la responsabilidad de corrección (actuar ante errores, sustituir si es necesario y asumir consecuencias).

En la dirección, la negligencia no siempre está en lo que se hace mal, sino en lo que se deja de vigilar, por eso te juzgarían por si hiciste lo que razonablemente debía hacerse para evitar o detectar ese fraude(controles básicos, seguimiento periódico, ignorar señales, mantener al responsable pese a indicios claros o bien cultura permisiva).

Si puedes acreditar que, nombraste con criterios razonables, que existían procedimientos y controles adecuados, que su actividad estaba sujeta a auditoría, que se hacían revisiones y reportes o que no había señales claras antes del descubrimiento, entonces, y solo entonces, el hecho de que alguien cometa un fraude no te convierte automáticamente en responsable.

Pues bien, esto que, razonablemente funciona en el mundo de las empresas e incluso en el ámbito familiar, parece que no funciona en el mundo de la política, donde aquella famosa frase “el dinero público no es de nadie, es de todos» parece que rige en todas sus actuaciones, ya que en el mundo de la política no hay “propietario” (como en la empresa), parece que no existen fallos de control o de selección y no es exigible jurídicamente.

En este país, puedes tener en la cárcel a dos secretarios de organización, condenado a “tu fiscal”, encausado a tu esposa y tu hermano…, y puedes nombrar a cualquier ignorante, adepto a la causa, en puestos de muchísima responsabilidad sin que tiemblen los cimientos de la estructura democrática.

En el ámbito público, la cadena de responsabilidad se corta con demasiada frecuencia en el autor material. Sin embargo, nombrar es también asumir una obligación de invigilancia. Cuando los mecanismos de control fallan o no se activan a tiempo, la responsabilidad política no debería limitarse al ejecutor, sino extenderse a quien, pudiendo y debiendo supervisar, no lo hizo con la diligencia exigible.

No se trata de criminalizar al superior por todo lo que ocurre bajo su mando, sino de exigirle por aquello que razonablemente debía prever, controlar o corregir. La calidad de una democracia también se mide por la capacidad de sus dirigentes para asumir esa responsabilidad.

Esta lógica de seguir de cerca lo que uno mismo ha decidido, asegurarse de que las decisiones delegadas se ejecutan conforme a los intereses de la organización y corregir a tiempo cuando se desvían, se diluye casi siempre en el ámbito político. En la política, cuando se producen conductas ilícitas, la responsabilidad suele detenerse en el ejecutor directo. Sin embargo, la cadena de decisiones que hizo posible ese comportamiento rara vez se somete al mismo escrutinio. Quien nombró, quien mantuvo en el cargo, quien pudo detectar señales y no actuó, queda a menudo al margen de cualquier consecuencia relevante, ni siquiera moral.

¿Por qué ocurre esto?, pues sencillamente porque en este país no existe, de verdad, la responsabilidad política ni la responsabilidad moral decisiva para la calidad de la vida pública, que no es otra que la de reconocer fallos de selección o de control. El resultado es una asimetría entre el ámbito empresarial o familiar y el político, donde, casi siempre, se soslaya.

La calidad de una democracia no se mide únicamente por la sanción de las conductas ilícitas, sino por la capacidad de sus dirigentes para asumir la parte de responsabilidad que les corresponde. Nombrar es ejercer poder, invigilar es honrarlo.

Igual tendríamos que rememorar una fecha tan simbólica como la de hoy y montar otro dos de mayo y que el pueblo se levante ante las viles actuaciones de los políticos. Pero bueno, mejor lo dejamos para las urnas.

José García Cortés

       2-5-26