LA HISTORIA SE REPITE

Acceso turbio al poder, persecución política, purgas del mayor órgano de gobierno, corrupción administrativa, manipulación institucional y gobierno orientado al beneficio personal.

Su llegada al poder supuso para muchos el inicio de la decadencia política, porque no fue un hombre con una gran preparación ni un administrador competente, sino un gobernante rodeado de intrigas que dejó el gobierno real en manos de favoritos, cortesanos y personajes corruptos que compraban cargos y favores.

Purgó de forma descarada a todo aquel que fuera sospechoso de lealtad, acusó de conspiración para eliminar adversarios políticos y humilló y sometió el principal órgano de gobierno.

Los niveles de corrupción se pueden considerar extrema, con venta de cargos y el dinero público se utilizó para espectáculos, lujos personales y propaganda.

Se caracterizó por el culto personal y degradación institucional, exigiendo ser venerado casi como un dios viviente, con cambios en las instituciones en honor a sí mismo. Un desprecio absoluto al gobierno efectivo y una preferencia descarada al espectáculo y el gasto de enormes cantidades del tesoro. Muchos expertos consideran que con él terminó definitivamente la etapa de estabilidad y “buen gobierno”.

No, no me estoy refiriendo a Pedro Sánchez, ni a Rodríguez Zapatero, sino al emperador romano Cómodo (180-192 d.C.), personaje histórico que, junto a Domiciano, Calígula o Nerón, todos ellos de control autoritario, populismo, corrupción moral, humillación institucional, persecución a los opositores, manipulación judicial, eliminación política de opositores y centralización extrema del poder, contribuyeron poderosamente a la caída del Imperio cuando las instituciones dejaron de servir al bien común y comenzaron a servir al mantenimiento del poder personal.

Pero no hace falta que me remonte tanto tiempo en la historia, porque, aunque con los lógicos matices de una era más moderna, podemos identificar patrones políticos que se repiten: concentración de poder, polarización social, debilitamiento institucional, control (o intento de control) de jueces y medios, corrupción estructural, clientelismo o persecución de adversarios.

No, todavía no estoy hablando de Pedro Sánchez y su banda, hablo de Vladimir Putin, Nicolás Maduro, Recep Tayyip Erdoğan, Viktor Orbán… Y no incluyo a Xi Jinping, que, aunque se parece en aspectos como la concentración del poder, debilitamiento de contrapoderes independientes, control político institucional, vigilancia social y prioridad de la estabilidad sobre la libertad política, presenta importantes diferencias, ya que tienen una gran capacidad administrativa real, son capaces de planificar a largo plazo, obtienen grandes resultados económicos e industriales y no se ocultan tras una bandera demócrata. Hoy por hoy, no parece que se le pueda comparar con la Roma decadente sino a la de su momento de máxima organización imperial.

Y todo esto sucede poco a poco, por eso muchos historiadores recuerdan que las democracias no suelen desaparecer de golpe, sino que suelen erosionarse de forma lenta y, precisamente por eso, estudiar Roma sigue siendo tan útil ya que ayuda a entender cómo pueden deteriorarse las instituciones cuando el poder deja de aceptar límites. No olvidemos que ellos también tenían mecanismos de control y contrapesos, pero acabó ocurriendo algo clave: las normas dejaron de respetarse no porque desaparecieran formalmente, sino porque algunos líderes lograron situarse por encima de ellas con apoyo popular, militar o económico.

De hecho, el gran problema histórico no suele ser que aparezcan líderes ambiciosos (eso ha ocurrido siempre), sino que los contrapesos fallen, la sociedad se acostumbre o las instituciones pierdan independencia.

Afortunadamente, igual que cuando te clavas una espina, el cuerpo reacciona mediante inflamaciones hasta que consigue expulsarla del cuerpo, las democracias tienen mecanismos de “defensa inmunológica” frente a quienes utilizan las propias instituciones para vaciarlas desde dentro. Mal que pese a estos personajes, todavía tenemos valientes en la prensa, tribunales, y una opinión pública cada vez más global, mecanismos de control que Roma jamás tuvo.

Y ahora iba a repasar todas las cosas que Pedro Sánchez ha hecho desde que llego al poder (excepto gobernar bien), pero me he dado cuenta de que necesitaría unos 2.000 folios para recogerlo y no tengo espacio para ello.

Confío en que la Justicia siga expulsando las espinas de nuestro cuerpo y nos devuelva la salud democrática.

José García Cortés

      20-5-26

INVIGILANDO

Según la RAE, invigilar es un verbo poco usado que significa velar o cuidar solícitamente de algo. Proviene directamente del inglés y a su vez del latín: invigilāre.

La culpa in vigilando, en nuestro contexto legal, se fundamenta en los artículos 1902 y 1903 del Código Civil español, donde se establece la obligación de reparar el daño causado por acción u omisión, mediando culpa o negligencia.

En el mundo empresarial, las empresas tienen el deber de garantizar un entorno seguro, evaluando riesgos y vigilando que los trabajadores cumplan con sus obligaciones. Pero no se limita al ámbito laboral, es frecuente su uso en el derecho civil para tutores o padres y cuidadores respecto a menores de edad o personas incapacitadas bajo su custodia.

En resumen, implica que la falta de supervisión activa y continua de personas o actividades bajo control directo conlleva una responsabilidad legal por los perjuicios que estos puedan ocasionar. La responsabilidad no se agota en el nombramiento, sino que se extiende a la supervisión posterior, y esto conecta con dos ideas centrales:

1) Deber de diligencia, puesto que el directivo debe actuar con cuidado, información y seguimiento. Por tanto, no basta elegir “bien”; hay que verificar que funciona.

2) Responsabilidad por omisión. No intervenir a tiempo también es una forma de fallar, por tanto, la pasividad ante señales de mala praxis genera corresponsabilidad.

Por tanto, hay tres niveles de responsabilidad, la de elección (evaluar bien a la persona, analizar capacidades y valores), la responsabilidad de invigilancia (establecer indicadores, revisar desempeño y detectar desviaciones) y la responsabilidad de corrección (actuar ante errores, sustituir si es necesario y asumir consecuencias).

En la dirección, la negligencia no siempre está en lo que se hace mal, sino en lo que se deja de vigilar, por eso te juzgarían por si hiciste lo que razonablemente debía hacerse para evitar o detectar ese fraude(controles básicos, seguimiento periódico, ignorar señales, mantener al responsable pese a indicios claros o bien cultura permisiva).

Si puedes acreditar que, nombraste con criterios razonables, que existían procedimientos y controles adecuados, que su actividad estaba sujeta a auditoría, que se hacían revisiones y reportes o que no había señales claras antes del descubrimiento, entonces, y solo entonces, el hecho de que alguien cometa un fraude no te convierte automáticamente en responsable.

Pues bien, esto que, razonablemente funciona en el mundo de las empresas e incluso en el ámbito familiar, parece que no funciona en el mundo de la política, donde aquella famosa frase “el dinero público no es de nadie, es de todos» parece que rige en todas sus actuaciones, ya que en el mundo de la política no hay “propietario” (como en la empresa), parece que no existen fallos de control o de selección y no es exigible jurídicamente.

En este país, puedes tener en la cárcel a dos secretarios de organización, condenado a “tu fiscal”, encausado a tu esposa y tu hermano…, y puedes nombrar a cualquier ignorante, adepto a la causa, en puestos de muchísima responsabilidad sin que tiemblen los cimientos de la estructura democrática.

En el ámbito público, la cadena de responsabilidad se corta con demasiada frecuencia en el autor material. Sin embargo, nombrar es también asumir una obligación de invigilancia. Cuando los mecanismos de control fallan o no se activan a tiempo, la responsabilidad política no debería limitarse al ejecutor, sino extenderse a quien, pudiendo y debiendo supervisar, no lo hizo con la diligencia exigible.

No se trata de criminalizar al superior por todo lo que ocurre bajo su mando, sino de exigirle por aquello que razonablemente debía prever, controlar o corregir. La calidad de una democracia también se mide por la capacidad de sus dirigentes para asumir esa responsabilidad.

Esta lógica de seguir de cerca lo que uno mismo ha decidido, asegurarse de que las decisiones delegadas se ejecutan conforme a los intereses de la organización y corregir a tiempo cuando se desvían, se diluye casi siempre en el ámbito político. En la política, cuando se producen conductas ilícitas, la responsabilidad suele detenerse en el ejecutor directo. Sin embargo, la cadena de decisiones que hizo posible ese comportamiento rara vez se somete al mismo escrutinio. Quien nombró, quien mantuvo en el cargo, quien pudo detectar señales y no actuó, queda a menudo al margen de cualquier consecuencia relevante, ni siquiera moral.

¿Por qué ocurre esto?, pues sencillamente porque en este país no existe, de verdad, la responsabilidad política ni la responsabilidad moral decisiva para la calidad de la vida pública, que no es otra que la de reconocer fallos de selección o de control. El resultado es una asimetría entre el ámbito empresarial o familiar y el político, donde, casi siempre, se soslaya.

La calidad de una democracia no se mide únicamente por la sanción de las conductas ilícitas, sino por la capacidad de sus dirigentes para asumir la parte de responsabilidad que les corresponde. Nombrar es ejercer poder, invigilar es honrarlo.

Igual tendríamos que rememorar una fecha tan simbólica como la de hoy y montar otro dos de mayo y que el pueblo se levante ante las viles actuaciones de los políticos. Pero bueno, mejor lo dejamos para las urnas.

José García Cortés

       2-5-26

EL NOBLE ARTE DE NO OPINAR: ¿EPOCHÉ, SRES. DIPUTADOS?

La Constitución Española garantiza la igualdad de los derechos fundamentales para los españoles e inmigrantes que quieran vivir en nuestro País. Solo es necesario que sean regularizados para acceder plenamente a todos; incluido la posibilidad de votar.

El día 14 abril de 2026, tras el Consejo de Ministros, Pedro Sánchez, anuncia una regularización extraordinaria de 500.000 inmigrantes. Seguidamente, todos los medios afines al Gobierno intentan enmarcar este discurso como acrisolado y humanitario para reducir el impacto, y acusar de extremistas a los que no lo compartan.

La mayor parte de los políticos europeos, están en contra de esta decisión tan impulsiva, irreflexiva y acelerada sin considerar las consecuencias. No solo niegan el espacio Schengen para los nuevos regularizados españoles; los políticos catalanes y vascos también prohíben que acudan a sus territorios.

Entiendo que el Sr. presidente se encuentre desesperado por la cantidad de acontecimientos de todo tipo que le rodean, pero que intente esta regularización para polarizar aún más a los españoles y lograr algunos votos más para perpetuarse en el poder es bastante funesto.

También entiendo a la cantidad de aduladores venales que viven del aparato “sanchista”: periodistas, contertulios y políticos, incluidos en la nómina; pero que la mayoría de los afiliados, concejales y diputados no se pronuncien me sorprende enormemente. Utilizan “el arte de no opinar”.

Pirrón de Elis (filósofo griego nacido en el año 360 a de C.) llamaba Epoché al hecho de no tomar posición ante una situación determinada. Los lideres políticos que rodean a P. Sánchez, inventan un relato determinado, víctimas de la ¨ ilusión del conocimiento ¨, y aplican la ¨ cultura de cancelación ¨ al que dude o critique este hecho. Todos sus cobistas, prefieren no opinar y vivir un estado de felicidad, aunque estén en desacuerdo con sus líderes.

Señores progresistas de la política española: quiero recordaros unos hechos históricos con grandes consecuencias en la Península Ibérica causado por inmigraciones masivas y traiciones internas de los gobernantes de la época.

La presión y expansión de los Hunos en Europa Occidental en el año 370, hace que los Godos emigren masivamente a Italia. En principio colaboraron con las autoridades, incluso hubo una adaptación social. Sin embargo, no pierden la oportunidad de conquistar un Imperio Romano decadente. En el año 476 desaparece por completo el Imperio de Occidente y solo continua Bizancio diez siglos más.

En la península española ocurre lo mismo. En el año 414 invaden en principio una zona hispano – romana llamada Tarragonensis, para extenderse posteriormente al reino de los suevos y la zona bizantina. Los romanos e hispano – romanos vieron en un principio a un pueblo que necesitaba ayuda, que podrían colaborar con el ejército y con trabajos más precarios y vulnerables. Su invasión fue inevitable durante tres siglos.

La sucesión Goda no era hereditarias sino electiva. Pues bien, cuando muere Vitiza, sus hijos quisieron heredar la corona. Los nobles eligen a D. Rodrigo a pesar de ser Aguila, un hijo de Vitiza, Gobernador de Tarragonensis y Septimania. Los hermanos del Rey anterior, Orpas y Sisberto, así como el resto de los familiares, traicionaron a D. Rodrigo en la batalla de Guadalete ante la invasión musulmana, con las consecuencias que todos conocemos.

Existen tres hechos históricos que hicieron posible esta invasión:

  • La traición de los hermanos e hijos de Vitiza que colaboraron con los musulmanes.
  • La persecución de los judíos por parte de los Godos. La ruina económica de la población consecuente y la colaboración con judíos y musulmanes del norte de Africa.
  • La población desesperada por las hambrunas y guerras continuas gozarían de mayores libertades y privilegios tras la invasión.

Existe un hecho que quizás forme más parte de la leyenda que de la realidad, aunque fue tratado por numerosos escritores, Menéndez Pidal en 1928 escribía sobre leyendas de la historia de España: Se trata de la Cava Florinda. Una hija del Conde D. Julián, Gobernador de Ceuta que fue deshonrada por D. Rodrigo. Este, para vengarse, ofrece sus barcos a los musulmanes para derrocar al Rey Visigodo.

Sres. diputados, contertulios, periodistas y demás políticos, tengan en cuenta estos hechos: Rivalidades internas entre los gobernantes, el agotamiento progresivo y polarización de los ciudadanos, junto a la traición posterior de la inmigración masiva; ha cambiado la historia de nuestro País. Ya no vale el escepticismo filosófico de P. de Elis: Epoché. Hay que pronunciarse, y tomar decisiones correctas y con rapidez, aunque seas apartado del aparato gubernamental que sostiene al ¨ sanchismo ¨ y seas tocado por la ¨cultura de la cancelación ¨ de esta acémila política.

Manuel Lozano Molina

         1-5-26

La Prioridad Nacional

Tiene narices la que se ha liado con la retórica “Prioridad Nacional” que ha impuesto Vox en los acuerdos con el PP en las Comunidades Autónomas, pero tiene más narices todavía la miopía de nuestros políticos en este asunto al no abordar el problema desde el fondo, por cierto, igual que en el resto de los capítulos que nos atañe a los ciudadanos.

Todos me parecen discursos vacíos y sectaristas y se pasan horas en el Parlamento y en los medios de comunicación mandando mensajes que desorientan a la población y no veo a ninguno trabajando de verdad en la solución del problema…. si es que es un problema.

Los más radicales dicen, no queremos inmigrantes en España……

Hay una cuestión objetiva y es que España necesita inmigración porque tenemos un problema serio de envejecimiento. En la actualidad tenemos una demografía adversa, que supone una pérdida de población en edad activa, aumento fuerte de la tasa de dependencia y presión creciente sobre pensiones y sanidad. España no se reproduce demográficamente. Y esto no es una cuestión ideológica.

Otros dicen, vienen a quitarnos el trabajo…….

A estos les digo: ¿qué trabajo?  Cuando se quiere estudiar en serio el problema laboral de un país, sobre todo si ese país que va como un cohete, hay que tener en cuenta que las muy manipuladas cifras de paro oficial deja fuera a mucha gente que podría trabajar, pero que no aparece como “parada”, hablamos de las personas que trabajan menos de lo que querrían (subempleo), personas disponibles que han dejado de buscar, personas que buscan pero que no están disponibles (por ejemplo las que realizan cuidados familiares que el Estado no es capaz de cubrir) y, muchas, personas que trabajan en economía sumergida.

Esto es lo es lo que se denomina “holgura” del mercado laboral (toda la gente que podría trabajar más o mejor, pero no lo está haciendo por fallos del sistema-slack-) y está medido por Eurostat, y resulta que, en 2024, España es el país con más slack de la UE: 19,3%, casi el doble de la media europea. de la “fuerza laboral extendida”. En otras palabras, es el “desperdicio” de capacidad laboral de un país.

 

Por tanto, estamos diciendo que hay la friolera cifra de 4,8 millones de personas que ya quieren trabajar más, pero el sistema no se lo pone fácil. No es un invento, son personas reales que padecen una administración que no conecta empleo, ayudas y control. ¿Nadie se pregunta por qué la media europea, con los mismos medidores, está a la mitad que España?

Tenemos en la actualidad aproximadamente 1,8 millones de personas están cobrando alguna prestación por desempleo en España, sin que existan mecanismos serios, ni supervisión, para propiciar empleo a estas personas que cobran el paro, más allá de hacer una gestión cada tres meses que, además, puede ser telemática. No es que falte gente para trabajar, es que tenemos un absoluto desgobierno que no pone en marcha los mecanismos necesarios para propiciar, y por qué no decirlo, “forzar” a que la gente trabaje.

A ver cuándo, de una puñetera vez, nos damos cuenta de que tenemos un mercado laboral desequilibrado, presentando una paradoja persistente, con altas tasas de desempleo estructural y escasez de mano de obra en sectores clave de forma recurrente en agricultura, construcción, hostelería, cuidados y dependencia, sanidad y perfiles técnicos.

Además. la economía sumergida en España (algo que se achaca solo a la inmigración) no es un fenómeno marginal ni residual, sino un componente estructural del mercado laboral español, con una estimación del peso sobre el PIB: ≈20-22 % del PIB, cifras todas éstas muy superiores a la UE .

Antes de mirar las soluciones de empleo para la inmigración, hay que hacer una reflexión sobre nuestro paro, si, el paro nacional, porque tenemos un sistema que no penaliza suficientemente la inactividad prolongada, no incentiva adecuadamente el tránsito al empleo, tolera una economía sumergida funcional y no coordina ayudas, empleo y control. En definitiva, «El Estado no obliga a trabajar y, en algunos casos, incluso desincentiva hacerlo». Cuando respondamos a esto, hablamos del empleo para los inmigrantes.

Es que los inmigrantes saturan nuestro sistema sanitario…

Nuestro sistema sanitario ya está saturado sin los inmigrantes, con una atención primaria que lleva décadas mostrando signos claros de saturación estructural que ya afectan de forma cotidiana al ciudadano, con inversión desequilibrada durante décadas en la que la mayor parte del crecimiento presupuestario ha ido a hospitales y alta tecnología, quedando la primaria como “puerta de entrada barata”, pero no reforzada.

Con una planificación demográfica inexistente o tardía.El envejecimiento poblacional era previsible desde hace 30 años, pero no se han ajustado cupos de pacientes ni se reforzó la atención a crónicos ni se diseñaron equipos multidisciplinares reales.

Con unas listas de espera para pruebas diagnósticas y cirugía empeorando cada año y que son maquilladas permanentemente por cuestiones de imagen política y una fragmentación entre niveles (primaria–especializada–hospitalaria) que provoca retrasos por fallos de coordinación. No es un problema de médicos, ni siquiera de medios (el gasto español es similar al resto de Europa) sino de sistemas mal conectados y peores procedimientos.

Cuando seamos capaces de ver esto, hablamos de la inmigración, que, obviamente, viene a empeorar la situación.

Es que los inmigrantes saturan nuestro sistema educativo…

El sistema educativo español no es un sistema colapsado ni fallido, pero sí es un sistema crónicamente inestable, irregular en resultados y poco orientado al largo plazo, con cambios legislativos frecuentes según el gobierno de turno, con resultados mediocres en competencias básicas (lectura, matemáticas, razonamiento), con alto abandono escolar temprano (aunque ha mejorado un poco), con desprestigio social de la Formación Profesional, con una gran desconexión parcial entre educación y mercado laboral, sobrecarga burocrática del profesorado y pérdida de autoridad y respeto al profesorado.

Y todo esto son datos también objetivos y con posibilidad de compararlos con el resto de la U.E. Y esto también son datos objetivos. Cuando seamos capaces de darnos cuenta de nuestros problemas, hablamos de la educación de la inmigración.

Es que los inmigrantes generan un problema en la disponibilidad de viviendas…

España tiene, desde hace muchos años, un problema estructural de cómo produce, regula y distribuye vivienda, agravado por décadas de decisiones urbanísticas cortoplacistas y políticas públicas contradictorias.

Tenemos déficit estructural de oferta en zonas tensionadas, urbanismo lento, fragmentado y defensivo, un mercado del alquiler pequeño, rígido y poco profesionalizado y escasez histórica de vivienda social y asequible, aunque creo que esto último está en vías de solución con los miles de viviendas sociales que ha construido este gobierno…ja

Es cierto que la entrada de nueva población viene a agravar el problema, sobre todo en las zonas donde se concentran los emigrantes (que no es en toda España), pero, cuando solucionemos nuestros problemas estructurales de vivienda, hablamos de la inmigración.

Es que los inmigrantes traen más delincuencia a España…

Y este es un aspecto especialmente incómodo para todo el mundo y políticamente incorrecto para todo aquel que no quiera ser atacado de xenofobia en el minuto uno.

Y aquí hay dos aspectos:

  1. Cuando un inmigrante arriba a España y no tiene la posibilidad de obtener papeles para trabajar durante 2/3/4 5 ó 6 años, ¿qué puede hacer para sobrevivir salvo delinquir o trabajar en condiciones precarias en economía sumergida?
  2. Otro aspecto distinto es el de la integración. Está demostrado que los sudamericanos (seguramente por el idioma y religión) se incorporan muy bien a la sociedad española mientras que los musulmanes no.

Hay datos objetivos del Ministerio del Interior (aunque no se les quiera dar publicidad), que dicen que los sudamericanos no aportan más delincuencia que los nacionales y los marroquíes sí. Y Hay datos del INE que dicen que el paro entre los sudamericanos es menos de la mitad que la de los marroquíes que viven más de las ayudas públicas y ONG’s. 

En una adecuada política de inmigración ¿no se debería tener en cuenta la capacidad de adaptación de las personas que entran? Ahí lo dejo.

Y así podríamos seguir para seguir tapando con la inmigración nuestras miserias y la porquería de gobernanza que tenemos en todos los sectores de nuestra vida.

Dicho esto, y ya que estamos hablando específicamente de inmigración, voy terminando, diciendo que creo que, demográficamente, España necesita inmigración, pero el problema no es ésta como tal, sino cómo se gestiona, en qué condiciones y con qué grado de integración real.

El modelo actual combina improvisación, hipocresía normativa y tolerancia estructural a la economía sumergida y esto es un problema estructural del sistema bastante más profundo que una frase “trumpista” orientada a la búsqueda de votos.

La respuesta es incómoda, pero clara: porque el Estado español tiene un sistema de extranjería estructuralmente incapaz de absorber los flujos reales que tolera. España tiene funcionarios y procedimientos, pero los plazos legales que deberían ser meses se convierten en años, con oficinas saturadas y citas imposibles, los sistemas informáticos fragmentados, no interoperables y competencias también fragmentadas, extranjería, empleo, seguridad y servicios sociales no hablan entre sí.

En España intervienen simultáneamente: Estado (Ministerios, Seguridad Social, SEPE), Comunidades Autónomas (servicios sociales, vivienda, sanidad), Ayuntamientos (servicios sociales básicos), ONG y entidades concertadas, Cruz Roja y organizaciones internacionales. Entre todos estos actores, bienintencionados en la mayoría de los casos, y “políticamente correctos” en otros, hay una descoordinación absoluta que provoca efectos no deseados en muchos casos.

¿A ver si resulta que nuestra “política” (si se le puede llamar así) de inmigración es una mierda (con perdón) y nadie coge el toro por los cuernos? Este es un tema real, delicado y frecuentemente silenciado, pero clave para el entendimiento de la problemática de la inmigración porque conecta inmigración, empleo y cohesión social. Como en todo lo demás, se enfoca sin acusar. Y no es solo una opinión: es un problema estructural reconocido por informes del Tribunal de Cuentas, Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal y   defensores del pueblo autonómicos y técnicos municipales.

No, creo que no tenemos un verdadero problema de inmigración. Tenemos un problema de gobernanza.

José García Cortés

      25-4-26

LOS ATAQUES DE ISRAEL AL LÍBANO

Pra entender los ataques de Israel sobre Líbano (si es que hay algún ser humano que entienda todo este sinsentido de Oriente Medio), conviene separar tres planos que, a menudo, se mezclan en los medios, el Estado libanés, Hizbulá y el papel de Irán.

En los años 60-70 la comunidad chií libanesa era una de las más pobres y peor representadas del país. En paralelo, la OLP se fue instalando en el Líbano tras su expulsión de Jordania, y el sur del país se convirtió en una base de operaciones contra Israel, lo que dio lugar a algunas invasiones israelíes para intentar acabar con la OLP (no olvidemos que llegaron hasta las puertas de Beirut). Pero la expulsión de la OLP no hizo nacer directamente a Hizbulá (partido de Dios), pero sí el vacío que creo y, sobre todo, la radicalización de sectores chiíes libaneses frente a la ocupación israelí con respaldo de Irán, que con su revolución de 1979 ofreció un modelo ideológico (islamista Chií) y un gran patrocinador.

Con el tiempo Hizbulá fue creciendo hasta que en el Líbano han constituido “casi otro estado” (aunque formalmente haya uno solo), incrementando durante décadas una capacidad militar, política, social y territorial propia que en muchos ámbitos compite con la del Estado libanés.

Hizbulá no “se asienta” en el Líbano como un actor extranjero que llega desde fuera, nace dentro de sectores de la comunidad chií libanesa y fue impulsado, entrenado y armado por Irán (especialmente por la Guardia Revolucionaria iraní), con apoyo también sirio en distintas fases, y, con el tiempo, además de su ideología islamista chií, resistencia armada contra Israel y rechazo al orden político libanés tradicional se convirtió en partido político, red de asistencia social, aparato mediático y actor de poder dentro del sistema libanés.

Esa mezcla es la clave para entender por qué es tan difícil “separarlo” del país ya que, dentro de territorio libanés, no solo tiene armas, sino también servicios sociales, medios de comunicación, redes clientelares, influencia parlamentaria y capacidad para bloquear decisiones nacionales. No gobierna todo Líbano ni sustituye plenamente al Estado, pero en áreas clave actúa con una autonomía que ningún otro partido libanés tiene.

Con el transcurso del tiempo, Hizbulá no solo ha vivido del dinero iraní (dinero, armas, entrenamiento y apoyo logístico…) sino que ha ido creando redes propias de lo más variopintas, como donaciones (comunidades chiíes libanesas en África, América Latina, Europa… contribuciones religiosas islámicas como el zakat), ONG y organizaciones “caritativas” (como Islamic Resistance Support Organization), otras actividades legales (Empresas, inversiones, redes comerciales ) y también de actividades criminales a través de una auténtica red global de crimen organizado (tráfico de drogas, blanqueo de dinero, contrabando, comercio ilegal de diamantes, madera, armas, etc.) y también de “impuestos” informales en zonas bajo su influencia. También por estas razones económicas se dice que funcionan casi como un sistema paralelo al Estado.

Por eso, cuando en los medios se habla de “Israel ataca Líbano”, la frase es cierta pero incompleta. En la práctica, Israel dice golpear a Hizbulá; el problema es que Hizbulá está incrustado en territorio, sociedad e instituciones libanesas, así que el impacto recae sobre el conjunto del país. Y el Estado libanés no tiene capacidad plena para impedir ni las operaciones de Hizbulá ni la respuesta israelí. Ahí está el núcleo del drama libanés.

Pero la historia nos demuestra que intentar aplastar militarmente estas organizaciones terroristas (lo mismo que sucede con Hamás), no deja de ser una solución transitoria de debilitamiento, pero que, si no se completa con otro tipo de actuaciones, solo provocan su reaparición futura y mucho más radicalizada.

Irán es una primera clave de bóveda en este conflicto puesto que es un acelerador, y sin su apoyo varios grupos perderían capacidad y coordinación, pero no es el único motor. reducir su papel facilitaría la estabilidad, pero la paz duradera requiere cambios también en las dinámicas locales y en el conflicto político de fondo.

Y en este complejo tablero de sentimientos ideológicos, historia enconada y también intereses económicos, pienso que no se puede  perder de vista (para visualizar la pacificación de estos territorios) los intereses de otros actores, unos visibles y otros invisibles.

Parece claro, y lo entiendo (lo cual no necesariamente es justificable) el papel de Israel, porque ellos pelean por su supervivencia, y mucho más si Irán llegara a desarrollar la bomba atómica. En el pasado nunca ha mantenido una política clara expansionistas, aunque sí es verdad, que como consecuencia de pasados conflictos bélicos se ha anexionado algunos territorios. Esto genera un debate interminable porque para lo que unos son medidas de seguridad, para otros son expansión del territorio. “Seguridad y estrategia van juntas en este conflicto”

Pero también tenemos otros actores poderosos en el tablero como EE. UU con interés en tener un cierto control sobre esta parte tan estratégica del mundo, a Rusia, que trata de mantener su influencia en Oriente Medio y contrapesar a Occidente (no olvidemos que tiene bases militares en Siria), a China,  hoy potencia más económica que militar pero que depende mucho del tráfico de crudo en la zona. Y por último tenemos a la UE, que con esa cara de asquito que pone siempre, ni está ni se le espera en un conflicto que tiene impacto mundial.

Desgraciadamente, nadie puede imponer una solución global, porque está claro que ese “orden internacional”, no es otra cosa que equilibrios entre potencias que bloquea permanentemente iniciativas en el Consejo de Seguridad de la ONU. Y el lío es terrorífico, con un Irán potente militarmente y talibán en sus planteamientos de gobierno, con fuerzas terroristas, Hizbulá, Hamás, Hutíes, con Cisjordania hecha un cristo y un Gobierno de Líbano, más cristo todavía.

Tal y como están las cosas, creo que no podemos esperar nada (al menos nada sustancial) de los actores en Naciones Unidas, pero quizás varios países si pueden pacerlo posible.

Si se consiguiera debilitar a Irán (creo que sin esta premisa no es posible), parece que se puede empezar la labor de pacificación en el territorio, tomando medidas en cada uno de los escenarios:

– Líbano: Fortaleciendo el verdadero gobierno libanés

– Gaza, reconstruyendo y aumentando su capacidad de gobierno

– Cisjordania, ayudando a reconstruir su capacidad de gobierno y solucionando los territorios ocupados

– Hutíes, Acabando con su capacidad de destrucción en el mar rojo

Para todo esto se necesita mucho dinero (que nos va a costar en cualquier caso si finalmente hay una gran crisis petrolera), con mucha verificación externa, y desarmes graduales (no mágicos) y dando algún tipo de salida política real a los grupos armados como se ha hecho en otros países. Y, por supuesto, mejorando la vida civil lo más rápidamente posible.

Eso no garantiza una “gran solución”, pero sí puede desbloquear mejoras parciales (protección de rutas, treguas más estables, verificación) que, acumuladas, cambian el terreno. Si Rusia y China no se subieran al carro ahora, antes de que todo estalle (más), lo harán cuando la inestabilidad les cueste más que cooperar.

Como quiera que la ONU está bloqueada por vetos, no sería imprescindible un gran acuerdo global del Consejo de Seguridad, podría tenerlo progresivamente como coordinador técnico, legitimador progresivo, actor humanitario y posible marco futuro.

En esta visión, la UE, si dejara de poner argollas en los tapones de plástico, podría participar de forma decisiva, porque, aunque no es una potencia militar, sí tiene palancas muy potentes si decide usarlas de forma coordinada.

La UE puede financiar reconstrucción (agua, electricidad, hospitales), pagar salarios de administración civil, sostener servicios básicos y puede desplegar misiones de supervisión (como ya hizo en pasos fronterizos en el pasado), equipos de inspección de materiales y sistemas de trazabilidad (quién recibe qué, dónde va)

Obviamente la UE, desde un punto de vista económico no puede hacerlo sola, pero sí puede cofinanciar con Arabia Saudí, Emiratos, Qatar, aportar capacidad técnica y dar marco institucional. La UE puede ayudar a crear equipos de gestión civil, estructuras administrativas y sistemas de pago y distribución, es decir, construir el esqueleto de gobierno funcional sin entrar en la guerra.

Lógicamente, esto no sería posible sin depender totalmente de actores armados y aquí los principales son:

·      EEUU, porque tiene influencia directa sobre Israel, capacidad de presión política y militar y liderazgo en coordinación internacional.

  • Israel, porque controla accesos, seguridad y tiene también mucha capacidad militar.
  • Otros mediadores regionales, como Egipto, que controla el paso de Rafah o Qatar que tiene canales con Hamas. Son los únicos que pueden negociar directamente y facilitar acuerdos operativos.
  • Actores armados, Hamás, Autoridad Palestina, Hizbulá
  • Países Árabes, que seguramente no deban participar en la seguridad, pero sí ser financiadores de este proceso.

En definitiva, este complejo conflicto no se desbloquea desde Nueva York (ONU), sino desde una red de actores que ya están sobre el terreno o tienen poder directo.

Curiosamente, de intentar algo como esto y, conseguir, aunque sean avances parciales, todo el mundo ganaría, ya que Occidente tendría menos violencia, rutas comerciales seguras y contención de actores armados, pero también China y Rusia podrían conseguir también mayor estabilidad energética y contratos de reconstrucción. Por supuesto, lo que está claro, es que en la región habría menos riesgo de guerra, mejoras económicas y margen para acuerdos futuros.

Y, por último, hay que indicar que también sería deseable que España continúe colaborando de forma decisiva en todo este complejo proceso enviando más flotillas de gilipuertas y vividores.

Madre mía, qué complicado es todo esto.

José García Cortés

      12-4-26

LA TRIANGULACIÓN POLITICA DE PEDRO SÁNCHEZ

Conocemos la Triangulación Política, como una estrategia, temporal, donde se adoptan posiciones cercanas a un extremo ideológico para captar y neutralizar ese espacio.

Dick Morris, asesor presidencial en EE.UU., fue su promotor, consiguiendo la Presidencia de B. Clinton en el año 1994 o el retorno de D. Trump el 20 de enero de 2025. En Europa fue utilizada por T. Blair o N. Sarkozy.

Una gran parte de la ciudadanía española muestra cierta apatía. Temerosos y conmovidos por opinar, formarse o cuestionar diferentes opiniones políticas; podrían ser criticados, desdeñados, con más o menos resentimiento, por no adoptar, sin pensar, la retórica impuesta por el Gobierno y sus medios afines.

La población queda atrapada entre un nihilismo pasivo (nada importa, cada uno tiene su verdad, todo es relativo…) y la ilusión del conocimiento ( sesgo cognitivo por el cual el ciudadano piensa conocer al completo una materia, cuando realmente, ésta, es mucho más compleja y completa de lo que realmente creen).

Pedro Sánchez no ha dudado en fagocitar a la extrema izquierda española escudriñando constantemente en sus filas. Ha aprovechado la indiferencia de la población y el efecto Dunning – Kruger (la ilusión del conocimiento), para realizar políticas extremas, que ni los más nostálgicos comunistas o nacionalistas hubieran imaginado. Una vez desarticulados los partidos como Sumar, Izquierda Unida o Podemos, ha girado al Centro para intentar recuperar los votos perdidos de la Socialdemocracia. Ha nombrado a Carlos Cuerpo, político educado, formado y moderado: Vicepresidente del Gobierno, en contra de los deseos de Yolanda Díaz, y se ha desentendido de una mujer ordinaria y delirante como M. J. Montero.

La Triangulación Política requiere cuatro pilares fundamentales:

  • Acciones: P. Sánchez abanderado de la paz en el mundo, defensor del pueblo palestino, …
  • Mensajes: ¨ No a la guerra ¨, ¨ fachosfera ¨, …
  • Contenidos: P. Sánchez se hizo a sí mismo, cambió el Partido para hacerlo más democrático…
  • Propuestas: A pesar del disenso en la Cámara de Diputados y no tener presupuestos, España progresa gracias a su política económica.

Hoy Sócrates con su humildad intelectual, se sorprendería de tanto ignorante inconsciente, de tanta población ideologizada agrupada en cáfila dispuesta a escuchar incansablemente a su líder.

La población formada, con espíritu crítico no cederá ante la adversidad. Incluso en las situaciones más extremas, pueden existir soluciones. Hay un libro de Viktor Frankl, víctima del Holocausto, llamado ¨ En busca de los sentidos ¨: trata de la búsqueda de un propósito vital como motor para la superación del sufrimiento y encontrar un significado, incluso en las peores circunstancias, para elegir una actitud en la vida. Algo realmente conmovedor. Esperemos no encontrarnos nunca en una situación tan radical.

Esta estrategia de Triangulación, su reminiscencia y su aspecto elegíaco por querer salvar al mundo del neoliberalismo, pudiera prolongar a P. Sánchez en la Presidencia del Gobierno. La Sra. Montero lo tiene algo más difícil; la extrema izquierda andaluza, rebelde con la de Sumar y Podemos, ha demostrado ser más sólida y disciplinada.  Es algo más difícil de abatir.

Manuel Lozano Molina

         31-3-26

ENERGÍA, GEOPOLÍTICA, MERCADOS, E INFRAESTRUCTURAS

Y la historia se repite, ya vivimos la crisis energética de la segunda Guerra mundial, otra en 1973 (primer shock petrolero), otra en 1979 (segundo shock petrolero), otra más con la invasión de Kuwait por Irak en 1990-1991, otra crisis energética en 2008 como consecuencia del enorme crecimiento económico de China e India y aumento de la demanda global, otra más en 2014-2016 por una guerra de precios entre productores, también en 2020 como consecuencia del Covid 19, la penúltima en 2021-2022 como consecuencia de la guerra de Ucrania y ahora tenemos (presuntamente) la nueva como consecuencia de la guerra en Irán.

Está claro el “patrón”, ya que casi todas las crisis energéticas están relacionadas con conflictos geopolíticos, decisiones de grandes productores o cambios bruscos en la demanda global. Es decir, la energía siempre ha estado profundamente ligada a la geopolítica.

Y como quiera que Europa depende siempre de la energía exterior, la reflexión de hoy (que también se hacen muchos analistas estratégicos europeos), es preguntarme qué hemos hecho o estamos haciendo para que, una vez tras otra, sigamos teniendo tantos vaivenes económicos sin conseguir una cierta estabilidad en los costes de producción de nuestra economía cada vez que hay una crisis de petróleo.

El tema del suministro de petróleo (y del gas), puede tener diferentes enfoques, y en este sentido, veamos lo que sucede en una parte enorme del planeta tanto en población (casi el 50%) como en consumo energético y peso económico.

  • Estados Unidos, a pesar de ser un enorme productor, decide crear su reserva estratégica después de la crisis petrolera de 1973 al comprender que dependía demasiado del petróleo extranjero y lo hace en enormes cavernas excavadas en depósitos de sal en la costa del Golfo de México. La utiliza no solo como seguridad física, sino también como herramienta de política energética. En todo caso, considera la seguridad energética como parte de la seguridad nacional.
  • China considera la energía un asunto de seguridad nacional. Lleva más de 20 años construyendo grandes reservas estratégicas de petróleo almacenadas en enormes depósitos subterráneos, terminales costeras e, incluso, en cavernas excavadas en roca, y aprovecha como nadie periodos de precios bajos para comprar petróleo y llenar sus reservas. Además de las reservas, China ha invertido masivamente en producción energética en África, Oriente Medio, América Latina o Asia Central, siempre con la idea de diversificar las fuentes de suministro y reducir riesgos geopolíticos.
  • Japón es uno de los casos más interesantes del mundo en política energética. Es un país extremadamente dependiente del exterior (90/95%) y, a partir de la crisis de 1973 adoptó una estrategia muy clara: no depender demasiado de ninguna fuente energética única, utilizando petróleo, gas natural, carbón y energía nuclear, con una apuesta fuerte en este tipo de energía. Esto reducía el riesgo de depender demasiado de un solo combustible.

Al igual que China, Japón también invierte en proyectos energéticos en todo el mundo, formando parte de una estrategia para asegurar suministros a largo plazo. Es probablemente uno de los países que más seriamente se toma la seguridad energética.

  • India tiene tres características que condicionan toda su política energética, con sus más de 1.400 millones de personas, un crecimiento económico acelerado y una gran demanda futura de energía. Actualmente importa aproximadamente el 85 % del petróleo que utiliza y su estrategia energética es de pragmatismo absoluto, ya que utiliza todas las fuentes disponibles, carbón, petróleo, gas, renovables y nuclear. No apuesta por una sola tecnología. También ha empezado a construir reservas estratégicas de petróleo y también invierten en proyectos en el extranjero para asegurar suministro.

Todas estas potencias llevan tiempo respondiéndose al mismo problema (dependencia energética) con objeto de blindarse dentro del sistema energético actual.

Mientras tanto, Europa ha apostado durante décadas por el mercado (liberalización de mercados y competencia), no por la seguridad energética. Esto ha supuesto mercados eléctricos liberalizados, mercados de gas abiertos y precios determinados por el mercado, con la idea era que un mercado competitivo garantizaría eficiencia y suministro.

Para Europa, durante varias décadas, con un petróleo relativamente abundante y barato el problema de los suministros de crudo y gas le pareció un problema del pasado, creándose una sensación de que el mercado global funcionaba y que los riesgos geopolíticos estaban contenidos., por lo que invertir enormes recursos en reservas o infraestructuras redundantes parecía innecesario o demasiado caro.

Por otro lado, Europa decidió convertirse en el líder mundial de la lucha contra el cambio climático, con políticas muy ambiciosas de reducción de emisiones, electrificación y desarrollo de renovables. Todo ello al tiempo que creyó que podía depender de ciertos proveedores relativamente estables (Rusia, Argelia, Oriente medio…).  Las situaciones actuales demuestran que esa suposición era demasiado optimista.

Y el problema es que esto que estamos comentando ahora sobre la energía, sucede en otros ámbitos tecnológicos e industriales como la IA, la producción de microchips y tantos otros en los que nos hemos quedado atrás. No sé, pero me viene a la imagen la época de los hippies de los años 60/70 con una flor en el pelo, diciendo paz y amor, mientras trabajamos en la fábrica para que los tapones de plástico no se desprendan de la botella.

Pero volviendo al tema específico de la energía, creo que en el fondo que no está mal la estrategia de reducir su dependencia de los combustibles fósiles mediante energías renovables, electrificación o eficiencia energética, ya que, por lógica, si se reduce el consumo de petróleo y gas, también se reduce la vulnerabilidad geopolítica.

¿Dónde está el problema? En que (seguramente influidos en parte por cuestiones ideológicas), se pretende una transición demasiado rápida, con infraestructuras de respaldo insuficientes y una dependencia de tecnologías aún inmaduras.

Las políticas climáticas que pretendemos llevar a cabo coinciden con el cierre de centrales nucleares en algunos países, reducción de inversiones en combustibles fósiles y dependencia creciente de importaciones. Ahí tenemos el caso de Alemania.

Europa intenta equilibrar tres objetivos que a veces chocan entre sí: energía asequible, seguridad de suministro y reducción de emisiones. Esto se llama en política energética el trilema energético, que está muy bien, pero que ningún país ha conseguido resolverlo todavía, pero parece que queremos ser los más listos de la clase.

Históricamente, el buenismo europeo ha tendido a confiar mucho en la regulación, los mercados y la cooperación internacional, mientras que otras potencias, que deben estar un poco locas, utilizan más política industrial, intervención estatal y planificación estratégica a largo plazo.

Mientras tanto, tendremos que seguir sufriendo las subidas inevitables del carburante, porque, contrariamente a lo que nos imaginamos, el precio no se fija por el coste histórico del petróleo a pesar de que las refinerías compran petróleo en distintos momentos del año.

El precio al que se venden gasolina y gasóleo no se calcula normalmente con el coste medio de ese petróleo ya comprado, se utiliza algo más parecido a un precio de reposición referenciados sobre todo al mercado internacional de productos refinados, especialmente el mercado de Rotterdam (ARA: Ámsterdam-Rotterdam-Amberes). Además, las refinerías y operadores no suelen mantener reservas comerciales enormes, muchos inventarios cubren solo unas semanas.

Es evidente que hoy por hoy, el problema real de las renovables es el almacenamiento, la intermitencia y la variabilidad. El viento no sopla siempre, el sol no brilla por la noche, por eso el sistema eléctrico necesita energías gestionables o de respaldo como los ciclos combinados de gas, la hidráulica o la nuclear. Se nos intenta vender el futuro del hidrógeno, que, aunque prometedor, todavía es caro, ineficiente y está todavía muy lejos.

En definitiva, aún no existe una solución barata y masiva para almacenar electricidad durante largos periodos. Y, encima, como es el caso de España, estamos empeñados en cerrar centrales nucleares que están perfectamente operativas y aportan estabilidad al sistema hasta que las renovables aporten lo que se supone que en el futuro pueden hacer, lo cual llevará todavía décadas, me temo.

No deja de ser curioso que, en Europa, y concretamente en España tengamos una potente red eléctrica, una alta capacidad de gasificación, mucha energía renovable, importantes y modernas refinerías y no seamos capaces de armonizar con Europa los mecanismos necesarios para garantizar nuestra seguridad energética. Claro que, para eso serían necesaria importantes inversiones y decisión política clara. Obviamente, no se tiene en cuenta que los daños económicos que sufrimos en cada una de estas crisis pueden ser mayores que el coste de mantener infraestructuras de seguridad.

Pues nada, seguiremos padeciendo la miopía y burocracia europea y, en casa, la de nuestro querido y nunca bien ponderado presidente, que cierra centrales nucleares, sigue aumentando las arcas (para dilapidarlo después) con los ricos impuestos en el carburante (45-55 % del precio son impuestos) y le toca los “witows” a Argelia (nuestro estratégico suministrador de gas) en contra de lo que muchos expertos consideran que para España lo ideal es mantener una política exterior lo más equilibrada posible en el norte de África, precisamente por su importancia energética y geopolítica.

Esta es una de las grandes paradojas de la política energética europea. Muchos analistas llevan años diciendo que España tiene condiciones excepcionales para ser la “puerta energética de Europa”, pero esa posición nunca se ha desarrollado plenamente. Las razones son principalmente geográficas, políticas, económicas y regulatorias.

Ahora mismo me pondría una flor en el pelo, pero me acabo de dar cuenta de que no lo tengo. Tendré que conformarme con unos pantalones y camisas floreadas y fumarme un porro mientras canto la canción “San Francisco” de Scott McKenzie y preparo una pancarta en contra de la guerra de Vietnam. Anda leches, igual que con mi pelo, me acabo de dar cuenta que tampoco existe ya.

Haz el amor y no la guerra.

José García Cortés

         14-3-26

IRÁN Y, OTRA VEZ, EL NUEVO ORDEN INTERNACIONAL

Segunda parte

Las sospechas se han confirmado y EE.UU. e Israel han comenzado los ataques sobre Irán, y, además, como aperitivo, Paquistán y Afganistán han iniciado una guerra abierta.

Ya en el anterior artículo apuntaba las dudas que me generaba el término “orden mundial” y, especialmente, cuando escucho lo de la “violación del orden mundial y del derecho internacional”. ¿Existe realmente el orden mundial?

Porque al oírlo me da la sensación de que vivimos en un mundo perfecto en el que no hay hambre, en el que se respetan los derechos humanos, en el que están claras todas las fronteras, en el que no hay gobernantes sátrapas que tiranizan a sus pueblos, en el que no hay guerras y en el que no se está poniendo en riesgo permanentemente la supervivencia de la especie humana, o, mejor dicho, las especies.

Lo cierto es que en este “orden mundial” en el que estamos instalados, se convive con estados dictatoriales como lo era hasta ahora Venezuela, o Corea del Norte, Afganistán, Sudán, Cuba, Rusia, Siria, Guinea Ecuatorial,….. Con países y organizaciones terroristas que se dedican a sembrar o financiar el terror como Irán, ISIS, Hamás, Hezbollah, Boko Haram, Islamic State, Al-Qaeda,… o potentes cárteles de la droga (a la que habrá que dedicar un buen estudio) que aterrorizan a millones de personas bien por ideología o sencillamente por crimen organizado.

Todo esto me lleva a preguntarme realmente qué es el “orden mundial”, especialmente cuando mi amigo y maestro Pepe Corral defiende (y yo comparto) la necesidad de avanzar urgentemente en la creación de un Gobierno Mundial que evite o minimice que nos vayamos todos a la porra como consecuencia de los riesgos sistémicos en los que estamos incurriendo.

Y sí, creo que el “orden mundial” existe, pero no es otro que el que imponen (y han impuesto históricamente) los más fuertes, a pesar de la creación de organismos internacionales como la ONU desde el momento en el que se puso la capacidad de veto en su creación.

Por consiguiente, lo que hoy estamos viendo entre sistemas políticos incompatibles (EE. UU., China, Rusia, democracias liberales, autoritarismos…), no lo considero una violación del orden o el derecho internacional, sino un movimiento, dentro de ese “orden”, en el que el más fuerte sigue utilizando sus poderes.

¿En qué fase estamos ahora? Sinceramente no lo sé, pero señales como la rivalidad EE. UU.–China, reaparición de guerras convencionales (Ucrania), fragmentación institucional, aumento de discursos nacionalistas y tecnología disruptiva (IA, drones, ciber), sugiere que estamos en una fase de reequilibrio del sistema internacional, y las fases de transición suelen ser ruidosas, aunque, espero, no necesariamente catastróficas.

Ahora bien, “ese orden mundial” se creó o se ha ido generando, pensando solo en la guerra entre estados, y yo me pregunto ¿existe un equilibrio para regular otros riesgos sistémicos en el mundo (clima, pandemias globales, biotecnología, tecnologías digitales disruptivas…) ?, porque eso son desafíos de otra naturaleza que no respetan fronteras y no dependen solo de Estados.

Yo creo que no, o, más bien, no del todo. Pero sí veo que, aunque lejos de un “orden mundial” más complejo y completo, hay avances en la humanidad, ya que a pesar de todo lo que ocurre y los “ajustes” de poder que estamos viendo, las guerras de conquista territorial son menos frecuentes, el colonialismo formal prácticamente desapareció y la cooperación internacional en salud, comercio y tecnología es cada día más grande.

Es decir, el “orden mundial” parece que existe, aunque no sea perfecto, y tampoco vivimos en un caos absoluto. Con una cierta visión retrospectiva, vemos avances como la prohibición de armas químicas, reducción de arsenales nucleares, tribunales internacionales, cooperación antiterrorista global, sistemas financieros más monitorizados. Estos progresos no son lineales, pero parece que existen y, lentamente, van creciendo, aunque a veces haya retrocesos parciales.

La humanidad hoy tiene algo malo que nunca tuvo antes, y es su capacidad de autodestrucción total, pero también tiene algo bueno, que es la capacidad de comunicación global instantánea y un nivel de interdependencia sin precedentes. Eso me gustaría verlo como positivo.

Quizá el problema no sea que los líderes no “lo vean”. Puede que lo vean… pero priorizan estabilidad política inmediata, crecimiento y poder, porque el sistema político interno se lo exige. La política democrática (y también la autoritaria) tiende al corto plazo, y los riesgos existenciales son de largo plazo. Ahí hay un desajuste estructural.

Si, creo que el orden internacional actual no está bien preparado para las amenazas globales que tenemos, pero también creo que la conciencia del riesgo está más extendida que nunca.  La diferencia clave hoy, distinta respecto al pasado, es que, por primera vez, la humanidad tiene ciencia para anticipar límites, modelos para prever impactos, datos globales en tiempo real y comunicación planetaria. Las civilizaciones anteriores no sabían que estaban cruzando umbrales, nosotros sí lo sabemos.

El problema es el ritmo. La adaptación institucional va más lenta que la presión sistémica y la cuestión no es si reaccionarán, sino cuándo y en qué condiciones.

Ortega y Gasset hablaba de las generaciones que ocupan el poder en momentos determinados y marcan el tono histórico. Estamos en una etapa donde la política recompensa el espectáculo, el ciclo mediático es inmediato, la confrontación genera más atención que la prudencia y el largo plazo no da votos.

La esperanza que nos queda es que, a lo largo de la historia, los grandes cambios no vinieron solo de líderes iluminados, sino también de cambios tecnológicos, económicos y de nuevas generaciones con otras prioridades.

Si el problema es liderazgo reactivo, puede que la variable decisiva no sea convencer a los líderes actuales…sino que el contexto cambie lo suficiente como para que liderar de otra manera sea racional, y, quizás eso puede estar ocurriendo más silenciosamente de lo que parece. Lo que falta seguro es una narrativa unificadora que conecte todos los riesgos sistémicos en un marco común.

Confío sinceramente en que los cambios en la humanidad no vengan solo por sus líderes, sino, también, cuando cierto tipo de mirada se vuelve mayoritaria. Y parece que esa mirada existe.

Hoy me he levantado optimista.

José García Cortés

       1-3-26

IRÁN Y, OTRA VEZ, EL NUEVO ORDEN INTERNACIONAL

Primera parte

Irán es un país rico, con unos recursos energéticos enormes, una población educada y una ubicación geoestratégica privilegiada en el que podrían vivir estupendamente si no fuera por un régimen revolucionario que antepone el control político interno y su legitimidad ideológica al bienestar económico y social de su población.

Para un régimen así, la prosperidad económica es útil, pero siempre que no ponga en riesgo su control sobre la población y sus aspiraciones ideológicas. Su racionalidad es la supervivencia del régimen, y para ello necesita el conflicto externo.

Mantiene, durante años, una red de aliados/“eje” y apoyo a actores armados regionales (Hizbulá, Hamás, milicias en Irak/Siria, Hutíes, etc.). Y, además, hay abundante evidencia de que el diseño y/o suministro iraní ha sido un componente clave en los ataques rusos con drones a Ucrania, más, la mayor amenaza de todas, su programa nuclear, que es, a mi juicio, el eje central en la escalada actual y en las líneas rojas declaradas hace mucho tiempo por la comunidad internacional.

Ahora mismo existe un clima de preparación y escenarios en los que se barajan opciones de ataque que podrían incluir objetivos muy concretos (incluso liderazgo), y sobre el que Trump ha hablado de plazos de decisión cercanos.

Seguramente que, si sucede, volveremos a escuchar aquello de que se está violando impunemente el orden internacional, incluso si solo son ataques “limitados”, porque conllevarán riesgo de víctimas civiles y volverán a plantearse debates serios de legalidad internacional. Incluso puede que alguien se plantee montar una flotilla de protesta por los “derechos del régimen revolucionario” que mata a las mujeres por llevar inadecuadamente el velo.

Es posible que, si se produce, en un escenario optimista, se podría producir una disminución real de capacidades iraníes (misiles, drones, logística hacia proxis) y también reducir la intensidad de ataques por parte de sus proxis durante un tiempo, pero si el golpe fuese muy “quirúrgico” y acompañado de una vía diplomática creíble, es posible que se pueda forzar un acuerdo sobre límites verificables. Ojalá.

Pero, lo más que probable es que Irán responda directa o indirectamente (milicias, ataques en el Golfo/Mar Rojo, ciberataques, etc.) y que ello debilite aún más a la oposición civil reflejando esa ambivalencia social de miedo, trauma, y a la vez deseos de cambio, pero sin control sobre la dinámica bélica. Y, además, es posible que se produzca una escalada en el crudo del Golfo puede disparar precios y afectar a Europa (inflación, crecimiento) y más dependencia de actores como Rusia y China.

Es cierto que no hay guerras limpias y, en la mayoría de los casos, suelen dejar más resentimiento, más milicias, más trauma y, a veces, un régimen más duro, pero es innegable que Irán está contribuyendo a generar permanentemente violencia real, tanto en su propio país como con el patrocinio a milicias armadas y, además, choques directos con aliados occidentales. La pregunta que me hago es ¿cómo negocias con alguien así?, con un país que solo actúa solo por ideología y cálculo estratégico.

No sé hasta qué punto se puede distinguir, cuando hablamos de Irán, entre narrativa y estrategia, porque el régimen iraní usa la hostilidad como pegamento ideológico interno, pero sabe que una guerra total contra EE. UU. sería suicida. El antiamericanismo funciona como herramienta de legitimación interna, pero dudo que eso signifique que quieran una guerra existencial.

Realmente esto me produce un conflicto moral, porque por un lado rechazo la guerra, pero también la impunidad de un régimen represivo y desestabilizador. La pregunta devastadora es ¿Qué reduce más el sufrimiento total a medio y largo plazo?, porque no veo garantías en ninguna dirección. A veces, la diplomacia no cambia el corazón del régimen, solo reduce el número de muertos, pero no el sufrimiento de muchos miles de personas a largo plazo.

Además, los ejemplos que nos proporciona la historia demuestran que en muchas ocasiones un mal acuerdo, o intentos prolongados de acuerdo, permiten que la otra parte gane tiempo para fortalecerse militarmente y este régimen ha demostrado ya que es capaz de mantener tensión suficiente para sostener legitimidad ideológica, aunque hasta ahora esté evitando cruzar el umbral que provoque una guerra existencial.

¿Es posible un acuerdo duradero con un régimen cuya identidad solo incluye el conflicto?, y parece que la respuesta honesta es que un acuerdo transformador profundo es improbable mientras la estructura del régimen no cambie.

Aunque hay diferencias históricas importantes, esta situación me recuerda la época de Hitler, y aunque entonces Alemania era una potencia industrial y tenía un claro proyecto expansionista, (Irán es una potencia regional, no global), con el que la diplomacia fracasó y el tiempo que perdieron los aliados en intentarlo no hizo otra cosa que darle más tiempo al dictador para el rearme.

Y el problema que yo veo, a pesar de las diferencias históricas, es que los “tiempos han cambiado” y hoy no hace falta ser una superpotencia industrial para causar daños estratégicos. Con drones baratos, misiles, ciberataques y una red de proxis, un actor regional puede imponer costes enormes a una parte importante del mundo. En eso, Irán encaja muy bien en lo que se llama guerra en zona gris (daño sostenido sin cruzar del todo el umbral de guerra total).

Este país lleva años con presión internacional, con sanciones y amenazas, y, aun así, Irán sigue teniendo capacidad de desestabilización, con un expediente nuclear que ha vuelto a empeorar.

Es cierto que antaño hubo un pequeño parón y una aparente mejoría, pero el freno se debilitó y la visibilidad internacional empeoró. Pero hasta ahora nada ha sido suficiente para producir un cambio estable de conducta porque el régimen parece anteponer la confrontación a la prosperidad.

También es verdad que, basados en el comportamiento pasado, esta gente no son suicidas, no buscan guerra total, pero sí están dispuestos a asumir riesgos elevados para mantener influencia y disuasión. Eso los hace peligrosos, pero no irracionales, y esa es la única esperanza.

Me acuerdo mucho del último libro de mi amigo Gonzalo Terreros sobre África y su tablero de ajedrez. No sé si en esta ocasión juegan blancas, pero mucho me temo que la cerrazón iraní y los intereses de Israel/EE.UU. respecto al tema nuclear (cosa que entiendo porque querrán desmantelar, o acercarse mucho a “cero”) sean el disparador definitivo para intentar que desparezca ese especial riesgo, y para ello estén dispuestos a aceptar, como parte del problema, las reacciones de los proxis y sus misiles y, en su caso, romper coaliciones con los países árabes y europeos que temen la escalada.

Es frustrante pensar que, si pueden ser prósperos y en paz, ¿por qué eligen otra cosa?

Y, en todo caso, toda esta situación me lleva a preguntarme de nuevo sobre qué demonios es el puñetero “orden Internacional”. No sé, esa reflexión queda para otro día.

José García Cortés

       23-2-26

CARTA A UNO DE MIS TRABAJADORES

Salario Mínimo Interprofesional (SMI)

Alejandro (nombre ficticio) es uno de mis trabajadores, con poca formación académica, pero listo como el hambre y con un espíritu trabajador y ansias de superación que da gusto verlo. Me ha preguntado muchas cosas sobre la subida del SMI y me ha permitido hacer un resumen de nuestra conversación.

Sí Alejandro, tuve la oportunidad de ver a nuestro presidente del Gobierno presentando la nueva subida del SMI junto a Yolanda Díaz, sí, esa que hace un par de meses le dijo que hasta aquí habíamos llegado si no remodelaba el gobierno y ahora aparecen en la tele dándose el piquito. Por supuesto, también estaban esos representantes sindicales que, en toda su vida, han trabajado la mitad de lo que tú en un mes.

Si, efectivamente, lo que dicen es cierto, y se encuentran muy contentos porque han conseguido que el SMI crezca un 67% desde que él gobierna, pero… mecachis, se le olvidó comentarnos algunas pequeñas cositas que yo si te quiero comentar:

  1. Que, si tenemos en cuenta la inflación, el incremento real que has tenido en tantos años se ha quedado en la mitad, la otra mitad es compensación de inflación. Si, hijo, sí, una mierda si la repartes entre tantos años. De hecho, me cuentas que cada vez cuesta más llegar a fin de mes.
  2. La segunda cosa que te digo es que el salario más frecuente en España cuando él empezó a gobernar era 7.500 euros al año superior al SMI y, sin embargo, ahora, con los últimos datos disponibles, es de 454 € al año. Claro, claro, te preguntas si es que entonces se ha empobrecido la mayoría de los asalariados. Pues sí.
  3. Que cada vez que sube el SMI suben las bases mínimas de cotización, las cotizaciones empresariales y también la tuya, la del trabajador.

Muy buena pregunta, Alejandro, y eso que no eres doctor en economía como nuestro presidente. Si, el gran beneficiario todo este tiempo ha sido el Estado. Por un lado, la Seguridad Social, por tus cotizaciones y por las mías (que son muy superiores). Por otro, al subirte el salario, pagas más de IRPF, y por otro, nuestra querida Hacienda ingresa más con la inflación al aumentar recaudación nominal de IVA y otros impuestos ligados a precios. Y ya de paso, suben el PIB nominal, lo que reduce ratios como deuda/PIB. Pero claro, esas magnitudes macros me dirás que te importan poco. Bien, lo entiendo, aunque no deberían darnos igual.

Pues sí, querido Alejandro, y todo esto lo hacen siendo conscientes (supongo) de que el 95% de las empresas de nuestro país tienen menos de 50 trabajadores, por lo que estas subidas (por sí solas) afecta especialmente a sectores como agricultura, hostelería, comercio, servicios personales…Es decir, impacta más donde el margen es reducido y también impacta más donde no se puede trasladar precio fácilmente.

Por supuesto Alejandro, tu pregunta es muy inteligente pero compleja. Te explico: para que el salario mínimo siga subiendo y sea sostenible para las pequeñas empresas
debe subir la productividad y, además, parte del coste se debería gestionar vía sistema fiscal/cotizaciones, no todo vía empresa. Pero no, no te preocupes, para subir tu productividad no tienes que trabajar más horas, eso tiene más que ver con la formación y el uso de la tecnología, como nosotros estamos haciendo.

Mira, esto es la pescadilla que se muerde la cola, en España las pequeñas empresas tienen muy poco capital y por tanto no se pueden tecnificar, tienen unas tremendas cargas burocráticas (que incrementa sus costes) y no hay mecanismos institucionales que fomenten la fusión de empresas o el incremento de su rentabilidad. Eso provoca que nuestra productividad no aumente, de hecho, la brecha entre el SMI y la productividad se va incrementando (a peor) desde que tenemos este maravilloso gobierno progresista. Tenemos la productividad estructuralmente más baja de la UE-27.

Si hijo, sí, desde que gobierna Sánchez, nuestro modelo productivo no ha cambiado nada, ni han creado ningún mecanismo que lo propicie, y eso limita la inversión en productividad, la negociación en la cadena de valor y nuestra capacidad, como empresarios, para absorber más costes. Pero no te pido que me creas, esto es un problema estructural reconocido por casi todos los estudios internacionales que se pueden mirar.

Y no, no es que en España no se creen empresas ni se generen más autónomos (porque apenas crecemos en números netos), en este país la gente tiene arrestos y cada año se lanzan a la aventura de montar nuevos negocios, el problema es que, por falta de apoyo, presión fiscal, y exceso de burocracia, se destruyen prácticamente los mismos que se generan. Te estoy hablando de unas 250.000 pymes y de unos 470.000 autónomos, ni más, ni menos.

Bueno, eso que has escuchado del presidente del gobierno de que las empresas tienen que pagar más impuestos es…sencillamente una idiotez (por ser elegante), porque no creo que sea desconocimiento (que no sé qué es peor), porque los datos son públicos, mira, te voy a contar cosas de una forma sencilla:

  1. Si hablamos de las empresas del IBEX 35 (como él decía), te digo que es verdad que las empresas cotizadas españolas batieron récords de beneficios con 73.112 millones € de beneficio neto conjunto, de los cuales el IBEX 35 aportó unos 62.932 millones €. Estamos hablando de un crecimiento de cerca del 23–24 % respecto al ejercicio anterior. Si, en eso tienen razón.
  2. Pero, lo que no dicen, es que estas empresas reparten aproximadamente, casi 38.000 millones de dividendos en efectivo, más otras formas de retribución de las acciones, que harían que pudieran superar los 50.000 millones, es decir, el 79% de esos beneficios vuelven a los millones de ahorradores particulares que invierten en sus acciones. De los que, por cierto, el Estado vuelve a cobrar impuestos a esos accionistas por lo que reciben, después de que las empresas hayan pagado el Impuesto sobre sociedades.
  3. Tampoco cuentan que esas empresas pagaron Impuesto sobre sociedades del entorno a 40/50.000 millones al año y que, además, son recaudadores para el Estado de impuestos indirectos recaudados: IVA, retenciones, Seguridad Social y otros. Todo ello sin mencionar su aportación a la sociedad vía puestos de trabajo y proveedores de todo tipo. En definitiva, son una máquina inmensa de generar riqueza en la sociedad. 
  4. No Alejandro, tampoco es verdad eso que te cuentan de que nuestras empresas son las que menos impuestos pagan en Europa, resulta que, en España, de las sociedades cotizadas, alrededor del 7,9 % de los ingresos fiscales totales proviene del impuesto de sociedades, en Italia, alrededor del 6,5 %, Alemania el 6,1 %, Franciacerca de 5,3 %.

Pues sí, ya ves, resulta que se meten con los beneficios de las empresas y, según datos de la propia Agencia tributaria, la recaudación del impuesto de sociedades (aprox. 44,2%) está por encima del total de IRPF (43,9%) de todos los particulares. Si, yo tampoco entiendo cómo pueden tener tanta cara dura.

No Alejandro, yo tampoco quiero ser grosero, pero sí, tienes razón, y yo también creo que hay que ser bastante gilipollas para decir estas cosas, pero, desgraciadamente, su argumento populista: Si las grandes empresas ganan mucho, ¿por qué no aportan más en impuestos? Resulta que vende.

Lo siento mucho Alejandro, pero mientras el argumento de esta gente sea que si las empresas o el presidente de la CEOE ganan mucho dinero, y no se dediquen a cumplir con su obligación, esto no tiene solución.

José García Cortés

       19-2-26