MI “MOCHO” Y YO

En estos días de obligado confinamiento están sucediendo cosas asombrosas en mi vida.

Entre otras medidas para evitar los contagios en casa, hemos prescindido de la ayuda que recibíamos para realizar labores domésticas.

Eso me ha obligado a interactuar con artilugios que existían en mi casa, aunque yo no les prestaba atención. Es curioso, aunque estaban, yo no los veía, funcionaban, pero yo no era consciente; existían, pero yo los ignoraba.

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De repente he descubierto que tenemos en casa una lavadora. ¡¡qué maravilla!!, hay que ver la de vueltas que da ese bombo, adelante y hacia atrás.  Mi nieto y yo podemos estar horas sentados en el suelo maravillados con su ronroneo hipnótico.

Y esa plancha maravillosa, que capacidad de transformación tiene sobre la arruga. No llevo la cuenta de las prendas que se han quedado por el camino hasta que nos hemos entendido la plancha y yo, pero ahora funcionamos cual equipo de natación sincronizada.

No puedo olvidarme del hermoso lavavajillas, qué altruismo el suyo al acoger en su seno los enseres cuando, por su suciedad, son rechazado por los humanos.  Belleza escondida que pone a juego mi capacidad de imaginación acerca de lo que allí acontece. Esos ruidos que no presagian un siempre final feliz en que todo resulta reluciente.

Pero, dentro de esa orquesta sinfónica doméstica que he tenido la oportunidad de descubrir y, con permiso de D. Juan Ramón, lo que ha cautivado mi corazón y al que he tenido que rendir mis más sinceros sentimientos es al “mocho”, ese utensilio largo y delgado que termina en un conjunto de tiras de material absorbente y que me ha hecho revivir tiempos mozos cuando baldeábamos los barcos en la Armada Española.

Mi mocho es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos.

Mi mocho es tierno y mimoso igual que un niño, que una niña…; pero fuerte y seco por dentro, como de piedra

Tiene acero. Acero y plata de luna, al mismo tiempo.

Lo dejo suelto, y no se va, es pura sensación poética difícil de percibir para el ciudadano inexperto. Sin embargo, me gusta estar con él y ardo en deseos de pasar estaciones completas en el futuro (porque por mucho que diga el Sr. Sánchez esto va para largo).

Mi “mocho” y yo maduramos juntos con el quehacer de cada jornada y con esa naturaleza que se humaniza cuando le miro. Qué tardío descubrimiento he tenido.  ¡¡Dónde estabas, y porqué he tenido que pasar toda una infancia huérfana de tu presencia!!.

Cada día vivimos juntos un cúmulo de sentimientos, a veces contradictorios: amistad, complicidad, amabilidad, rechazo, felicidad, tristeza, soledad y esperanza.

Los “mochos” son, para la mayoría de los seres humanos, criaturas sin gracia, no tan hermosas como gacelas o caballos, pero porque no se sabe apreciar su hermosa melena (de distintas composiciones y texturas), y los distintos largos de asta, en un esfuerzo permanente y encomiable por parte del “mocho” de hacer feliz a cualquiera de sus usuarios.

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Mi “mocho” hace compañero, en íntima comunión con el cubo para realizar esa metamorfosis del cambio de estatus bacteriológico del suelo en esa frenética actividad diaria, en un sinfín de idas y venidas, aclarados y secados permanentes.

En la mirada mutua entre ese hombre y su “mocho” se establece un vínculo profundo entre ellos, de forma muy similar a como se produce entre madre e hijo en el momento en que sus miradas se cruzan por primera vez. Una y otra vez se refuerzan los lazos entre el hombre y el “mocho”.

Mi “mocho” es todo generosidad, responde con igual alegría tanto a hombres como a mujeres, a jóvenes y a mayores, como si supieran que finalmente somos todos hermanos en este mundo. Tampoco le importa cuán humildes sean los recintos donde ha de prestar, de forma desprendida, sus servicios.

Al final, muere mi “mocho” porque ha tragado demasiados productos de limpieza y, aunque sea consciente que la vida de un “mocho” no es tan larga como la de un hombre, lloro su muerte y ahora me encuentro, desconsolado en el pasillo de super, viendo otros “mochos”, más modernos y más dispuestos, pero que nunca le podrán sustituir sentimentalmente.

Mi “mocho” representará siempre para mi un símbolo de ternura, pureza e ingenuidad, y continuo motivo de reflexión sobre las alegrías simples de la vida, la amistad y la igualdad entre los seres para poder vivir en conjunto en un mundo mas feliz.

Lo siento mucho, Platero, la vida es así.

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Dios mío, qué largo se me va a hacer este confinamiento  

José García Cortés

Supervivencia y altruismo. El sentido de la vida

Ayer por la mañana, Carlos Herrera en su programa de la COPE, comentando la situación que está provocando el Coronavirus, decía:

  1. Esto es una prueba de supervivencia para el ser humano en todo el mundo.
  2. Es increíble el grado de altruismo que se está poniendo de manifiesto.

Esto me ha recordado y hecho reflexionar en las ideas de mi maestro y amigo Pepe Corral, sobre las que lleva trabajando desde hace más de veinte años.

La situación excepcional que estamos viviendo parece confirmar sus ideas ya que vemos cómo la humanidad en su conjunto reacciona para protegerse de la pandemia mundial que le amenaza.

Sus ideas, que de momento también son políticamente incorrectas, (están desarrolladas en dos libros y en abundantes artículos incluidos en su página bilingüe: www.supervivenciayaltruismo.com)

las hago mías ahora y, con su permiso, voy a intentar transmitir una visión muy comprimida de su mensaje para que pueda tener cabida en este artículo.

Parece haber unanimidad en la comunidad científica de que las diferentes especies de animales tienen el “mandato” esencial de sobrevivir. También que cada una de estas especies de animales ha elegido una estrategia determinada para conseguirlo, la mayoría agrupándose en colectivos, más o menos numerosos que le brindan mayor oportunidad de salir adelante.

Esto provoca, en general, que sus individuos sientan un vínculo más fuerte por aquellos parientes cercanos pertenecientes a la misma familia o al mismo grupo y menos fuerte por los de su misma especie en la medida en que se alejan de su entorno hasta llegar a la ignorancia más absoluta por aquellos que no conocen de su existencia. Así una cebra tendrá lazos estrechos con su familia directa, un vínculo algo menos fuerte por el resto de su manada e ignorará por completo aquellas otras familias que se encuentren en una pradera diferente.

De la misma forma, y teniendo en cuenta lo anterior, si pudiéramos preguntar a los animales sobre su objetivo vital, aparecerían en primer lugar el objetivo de sobrevivir como individuo, después, en su caso, el del grupo y, solo por extensión, el de la especie.

En el caso del ser humano, la esencia es exactamente la misma, si bien la inteligencia de la especie, su capacidad para reflexionar, su capacidad de aprendizaje (que origina diferentes valores culturales) y otros componentes que se ha ido incorporando a su cerebro, complica más la visión porque somos capaces de tener diferentes objetivos en la vida, de origen religioso, político, filosófico,…, y suelen estar más presentes los que están explicitados sobre los que no lo están.

En el caso del hombre, también parece claro que nuestra estrategia ha sido la de vivir en comunidad para sobrevivir y ello origina unos sentimientos más cercanos hacia la familia, clan, tribu, ciudad, país… y más diluidos en la medida en que el contacto es más lejano, de igual manera que se van diluyendo las ondas del agua cuando tiramos una piedra.

De la misma forma, las éticas y normas positivas que hemos ido generando en el tiempo para organizarnos podríamos decir que siguen el mismo patrón, es decir, individuales (ley natural), y grupales (locales, regionales, nacionales,….),  y aunque realmente tenemos un objetivo o fin común como humanidad, la de sobrevivir, todavía no se ha explicitado, motivo por el cual no existe todavía, claramente definida una ética global.

Pero podemos ir más lejos, en el sentido de que el el hombre empieza a ser consciente de que al no tener un objetivo o fin común explicito como humanidad, hemos actuado y actuamos grupalmente y con objetivos parciales (y si no, veamos el mal ejemplo del Sr. Torra o Boris Johnson) y eso hace que en estos momentos exista el riesgo de autodestrucción (lenta o rápida) y de que haya desequilibrios y enormes problemas de todo tipo: contaminación, superpoblación, millones de personas marginadas, ansiedad y desconcierto ante el futuro, riesgo de armas terribles…

Todo esto provoca que cada vez seamos más conscientes y sintamos más nuestra pertenencia no solo a la especie del homo sapiens sino al conjunto de nuestro entorno (plantas, animales, medio ambiente,….) porque forman parte de nuestra propia supervivencia y es por ello que cada vez sea más necesario tener explícito un principio ético universal que fundamente las normas morales que deben regir nuestros comportamientos individuales y colectivos.

Con todo, la solución es obvia y ha estado actuando y actúa de forma implícita desde el principio de los tiempos. Solamente hace falta verla, asumirla y aplicarla por quienes tengan capacidad y autoridad para hacerlo.

En consecuencia, La idea básica o imperativo vital sería:

Como medio para mantener la vida todos los seres vivos, incluidos los hombres, tienen implícito en su información genética el imperativo vital de procurar la supervivencia de la entidad evolutiva de la que forman parte. Generalmente a través de la reproducción secuencial iterativa,

Todo ello sin perjuicio de que los hombres podamos tener otros fines trascendentes. Y otros parciales buenos como, la felicidad, el bienestar, la reproducción, el crecimiento, la evolución, la paz,…., aportados desde las religiones, los filósofos, etc., y que conforman el complejo mapa de objetivos del ser humano. Y que son medios para intentar conseguir el objetivo básico.

Como ahora, cada vez que hemos tenido una tragedia se ponen de manifiesto multitud de actos altruistas, que yo creo que existen de forma anónima cada día, pero es en estos momentos cuando éstos tienen un mayor altavoz. Y en ese sentido, no se puede hablar del imperativo vital sin hablar del altruismo en un concepto amplio.

Es altruista todo lo que procure el bien a otro u otros: el trabajo, pensar, producir bienes y servicios, el comercio, enseñar, cumplir las leyes, la caridad, el amor al prójimo… En general todo lo que procure el bien ajeno y mejore la convivencia y sin entrar en disquisiciones sobre si es retribuido o no, sencillamente cuando se procura un bien a otro porque alguna forma de altruismo es necesaria para convivir en todas las especies sociales.

También parece probado que los grupos más altruistas internamente dominan y sobreviven a los menos altruistas. El propio Darwin tuvo que salir al paso de algunos de sus seguidores, dedicando un tercio de El origen del hombre a estas cuestiones. Donde dice: “el hombre debe su inmensa superioridad …a sus hábitos sociales que le llevan a ayudar y a defender a sus semejantes”.

El altruismo/amor humano es el mejor vehículo ya que se “autoretribuye”, no se agota, y retroalimenta las normas éticas implícitas del entorno y de la especie. Y además hace felices a quienes lo practican.

Por supuesto que el odio/temor/violencia existen en los individuos y grupos y son utilizados por parte de dictadores y tiranos para conseguir sus propósitos. Pero con una visión histórica, está claro que, para el fin principal, la supervivencia, el amor es más eficiente y sobre todo es más eficaz en el largo plazo, por eso lo ha adoptado nuestra especie como el mejor medio para supervivir conviviendo.

Obviamente, como se ha comentado anteriormente, y como ocurre en otras especies sociales, parece que el altruismo/amor humano también opera según las reglas de la cercanía, la pertenencia a los grupos familiares, tribales, raciales, etc. y se amplía a toda la especie a medida que crecen los factores anteriores.

De estas dos ideas puede deducirse un principio ético universal que diga:

Es bueno/mejor lo que, hecho altruistamente, sea bueno/ mejor para

la supervivencia de la especie y su bienestar.

Este principio estáimplícito en todas las personas ya que la idea básica es un imperativo universal para todos los seres vivos y alguna forma de altruismo grupal amplio es un mandato, también universal, de la especie a todos los hombres. Y que se encuentra recogido en las llamadas al amor al prójimo de todos los profetas y santos que han existido en todas las religiones y sabidurías. Y puede aplicarse con todas las doctrinas políticas: liberales, conservadoras, socialistas, comunistas… Y en cualquiera de sus posibles formas de aplicación: democracias, dictaduras, tribalismo,… Todos los sistemas son válidos si en su aplicación cumplen el principio ético universal. Principio que facilita el desarrollo de todas las buenas políticas.

Estas ideas están operando implícitamente desde el principio de la vida de la especie. Y siguen y seguirán haciéndolo: igual que las cosas se caían al suelo antes de que Newton descubriera la ley de la gravedad. Pero parece que, una vez vistas estas leyes universales, sería conveniente pensar y explicitar soluciones globales. Muchas de ellas urgentes dada la situación y perspectivas de nuestra Humanidad. 

Sería deseable que, como consecuencia de esta gran crisis de salud y de la económica que llevará aparejada, hagamos todos una reflexión sobre los “excesos” en que estamos incurriendo los seres humanos y, considerando la lista de los grandes riesgos y de los factores positivos y negativos, naturales y humanos, revisemos entre otras:

  • Políticas globales: potenciar la idea de Humanidad, tender al establecimiento de  una Autoridad Mundial, revisar el modelo de sociedad y el tamaño de la población y su calidad de vida, la ecología humana, los delitos o faltas contra la humanidad, las virtudes universales…
  • Políticas sociales: la sexualidad y la familia, las ingenierías genéticas y ambientales, las ingenierías sociales, las políticas educativas, las políticas económicas y sociales, el trato a los marginados, las religiones, los nacionalismos… Y las éticas individuales.

La “nueva” ética, bien planteada de forma reactiva (respondiendo a las dudas que puedan existir sobre lo que ya se está haciendo en estas materias) o de forma proactiva (planteando acciones nuevas, parciales o globales, y potenciando las buenas actuales) deberíamos adoptarla y ejercerla por todos los hombres, pero muy especialmente quienes se dedican a pensar (humanistas, científicos) y a dirigir (líderes políticos y religiosos, comunicadores, dirigentes de empresas e instituciones,…).

Teníamos y tenemos implícito en nosotros el mandato y ahora ya está también explícito. Bravo por Carlos Herrera.

Madrid, 16 de marzo del 2020

José García Cortés

¿FEMINISMO?, ¿QUÉ FEMINISMO?

Tengo que confesar que cuando comenté en mi casa que iba a escribir un artículo sobre el feminismo con ocasión del día mundial de la mujer que se ha celebrado, una de mis hijas me advirtió: “ojo con lo que vas a escribir”.

Soy consciente que me puede caer la del pulpo pero confío bastante en el escudo protector del nombre del blog.

Miré en el diccionario de la Real Academia de la Lengua las definiciones:

feminismo

1. m. Principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre.

2. m. Movimiento que lucha por la realización efectiva en todos los órdenes del feminismo.

machismo

1. m. Actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres.

2. m. Forma de sexismo caracterizada por la prevalencia del varón. 

También busqué en Google si había un día internacional del hombre y vi que efectivamente, cada 19 de noviembre se conmemora el Día Internacional del Hombre, una fecha a la que se sumó la UNESCO  que sostuvo que la fecha es «una excelente idea que proporcionará un poco de equilibrio entre sexos”.

Y, por supuesto, el Día Internacional de la Mujer. Su conmemoración, es un buen momento para reflexionar acerca de los avances logrados, pedir más cambios y celebrar la valentía y la determinación de las mujeres de a pie que han jugado un papel clave en la historia de sus países y comunidades.

Pertenezco a una generación que ha visto bastante “machismo”, tanto en los de mi “quinta” como en mis mayores. De hecho, cuando me casé, tuve que autorizar a mi esposa en el banco para que pudiera compartir la cuenta corriente porque entonces las mujeres no podían tener una cuenta en el banco sin la autorización de su marido.

Desde entonces y hasta ahora, en el mundo en general, y en España en particular, creo que se han logrado avances sin precedentes.

Si ser feminista es considerar que los hombres y las mujeres tienen exactamente los mismos derechos, entonces me declaro abiertamente feminista.

Odio, y considero que es absolutamente reprobable y punible cualquier tipo de abuso contra la mujer. Hombres que vejan y maltratan psicológicamente a sus parejas, los que pegan, y por supuesto, los que asesinan y los que contribuyen a la existencia y desarrollo de la prostitución, esa forma de esclavitud.

No se si las penas de cárcel son lo suficientemente duras hoy, pero no me importaría lo más mínimo que se revisaran y fueran muy “ejemplarizantes” si es que ello fuera el medio de minimizar los casos de violencia de algún tipo.

Ahora bien, conozco también directamente casos en los que hay mujeres que hacen denuncias falsas con acosos y malos tratos por parte de los hombres y les arruinan sus vidas.

Igual de reprochable y punibles deberían ser las denuncias falsas y su falta de castigo porque me parecen un delito muy grave que, además de las desgracias personales que provocan, ayudan a generar la sensación de que los hombres son enemigos de las mujeres. Pero mucho me temo que no solo es bastante gratuito hoy en día sino que, además, esa gratuidad se irá incrementando.

No he mencionado todavía la discriminación laboral y la famosa brecha salarial. Entiendo esa discriminación como la falta de reconocimiento de unas capacidades y unos derechos que tradicionalmente han estado reservados para los hombres.

Debe ser que he tenido suerte porque en mis 45 años de vida laboral, no he conocido directamente dicha discriminación ni he tenido conocimiento de que, en la Banca, Seguros, Consultoras, Administraciones locales, territoriales o del Estado, Eléctricas, … ni de ningún otro sector, ni ningún convenio colectivo de otro sector que haya conocido, en el que, para el mismo puesto y responsabilidad, se pague menos a las mujeres que a los hombres.

Cuando se habla de brecha salarial, se utilizan las cifras brutas del Instituto Nacional de Estadística y se comparan sin mas, sin tener en cuenta las diferencias de puestos que se ocupan, ni tampoco que, muchas mujeres trabajan a jornada parcial.

Tampoco se explica que es normal todavía que exista un cierto decalaje como consecuencia de una incorporación de la mujer a las universidades y al mundo laboral más tardía y lo mismo que sucede cuando alguien analiza hoy las pensiones según el sexo de los cotizantes sin tener en cuenta lo anterior.

Con esto no quiero decir que no haya casos de abusos y discriminación, por supuesto que los habrá, pero los que lo realizan no se si hay que llamarlos machistas,  son sencillamente delincuentes como los hay en otros ámbitos y por ello, son perseguidos de la justicia.

Yo creo que uno de los problemas que tenemos hoy en día es que los partidos políticos y otras asociaciones interesadas, están utilizando la bandera del feminismo de forma sectaria para captar el máximo de adeptos aprovechando esta corriente reivindicativa, sin darse cuenta (o lo que sería peor, siendo conscientes) de que lo que están creando es una brecha entre hombres y mujeres.

Estoy a favor del feminismo como movimiento social que supone la eliminación de la opresión, dominación, y explotación de que han sido y son objeto muchas mujeres, pero lo estoy por mi convencimiento de hay que pelear contra la opresión, dominación y explotación de cualquier ser humano.

Un día leí en Muy Interesante, un artículo con las descripciones de las distintas ramas del feminismo: Radical, abolicionista, transfeminismo, de igualdad, de la diferencia, socialista, ecofeminismo, ciberfeminismo, filosófico, separatista, disidente, liberal o el científico.  Me da absolutamente igual la “facción” de la que se trate, lo que me molesta es el borreguismo que en muchos casos permite a estos espabilados obtener réditos con fines partidistas.

Así vemos a los diferentes partidos políticos organizando las manifestaciones por separado, con diferentes eslóganes, o no acudiendo y en todos los casos, sembrando semillas viciadas. Estoy cansado de las “cuotas” que lejos de equiparar, lo que hacen es llenar puestos directivos con “tarugos y tarugas”. Hay muchas mujeres profesionales como la copa de un pino y otras que son un auténtico petardo y lo mismo sucede entre los hombres.

Es obvio que el feminismo ha impulsado una auténtica revolución social que sigue mejorando hoy la vida de la gente, y hay que apoyar todavía mucho (porque está todo prácticamente por hacer) en Asia, África y Sudamérica, pero en los países que hemos avanzado tanto, debemos ir pensando más en clave de “humanistas” porque corremos el grave riesgo de equivocarnos y generar otro tipo de diferencias sociales en lugar de terminar de arreglar las actuales.

La sociedad española ha evolucionado mucho, al menos desde un punto de vista legislativo en cuyo plano no creo que haya ni una sola regulación discriminatoria. Ahora nos toca seguir avanzando en el plano de los comportamientos, pero con una visión más amplia y sancionar cualquier comportamiento injusto hombre-hombre / hombre-mujer /mujer-hombre.

Está claro que en estos momentos la mujer es el colectivo intergeneracional más dinámico, pero no hay que dejarse abducir por intereses partidistas evitando así mantener y consolidar los avances históricos sin que sean histéricos. Igual sería bueno ir pensando, por ser más igualitario, que en lugar de un día para el hombre y otro para la mujer tengamos uno para el ser humano.

José García Cortés

¿ALGUIEN SE HAN ENTERADO DE QUE HAY UNA ESPAÑA VACIADA?

Disfruté en su momento de la lectura del libro de Sergio del Molino, “La España Vacía” y…  ahora, estoy hasta el moño de la España vaciada desde que se ha puesto de moda.

Todos los políticos de repente están muy preocupados por la España vaciada, programas específicos de televisión que llenan horas y horas en pueblos fantasmas y entrevistando a la “señora Paca” que nos cuenta cuando en su pueblo había más de 500 personas y aquello era un jolgorio lleno de colorido, mientras que ahora le traen el pan tres veces en semana desde un pueblo cercano.

Hay programas de radio que hacen emisiones desde lugares remotos para reivindicar el “llenado de los pueblos”.

Hay periódicos en los que se leen titulares como:

  • La «España vaciada» clama por una gran alianza contra la despoblación
  • Del éxodo rural a la despoblación total
  • Al rescate de la España Vaciada “con olor a oveja y estiércol”

De repente, en esa España vaciada, que prácticamente vive de la agricultura, la ganadería y las subvenciones, se han dado cuenta de que los agricultores no perciben un precio justo por sus trabajos y son alentados a realizar tractoradas desde diversas organizaciones agrarias e, incluso, desde alguna de las vicepresidencias del gobierno.

Estamos apañados entre los del “apretad” y los del “apreteu”. ¡¡pero qué panda de tontos!!

La gente quiere quedarse en sus pueblos, y además, que se aporten ayudas para que puedan obtener un precio digno por sus nada competitivas producciones y, obviamente con un nivel de sanidad de primer orden, sin descuidar, por supuesto, una formación adecuada y unas vías de comunicación europeas. A ver si se nos va a olvidar que “tienen sus derechos”.

De repente existe una añoranza bucólica para repoblar aquellos pueblecitos (aldeas en muchos casos) que yo tuve la mala suerte de perderme. Y digo que tengo la mala suerte de habérmelos perdidos porque, a pesar de haber recorrido en mi niñez/juventud prácticamente todos los pueblos de Ciudad Real, no recuerdo de ellos sino humedades, gente mal alimentada, analfabetismo,… miseria, en definitiva.

Hoy en día, a pesar de que existen todavía diferencias entre las condiciones de esos pueblos y las ciudades, su nivel de vida ha mejorado tanto que se podría decir, de forma generalizada, que se vive en situaciones “razonables y no miserables”.

Cuando en economía se estudia la Geografía Humana, se aprecian modelos de comportamiento en el ser humano que podemos calificarlos como “normales” y que, en el fondo, no distan del comportamiento de los animales. Las personas nos vamos moviendo por la geografía para ir cubriendo nuestras necesidades, primero las esenciales y después, el resto, en función de las condiciones climáticas y económicas.

En este sentido, en la medida en que la población española, eminentemente agrícola, y con olor a estiércol como reza en algún titular, trataba de quitarse la hambruna a golpes de terrón (y en este punto, mal que le pese a muchos, las políticas de Franco contribuyeron a su mejora), fue moviéndose hacia poblaciones donde había más oportunidades para sus familias provocando un éxodo de las chozas en las fincas y las aldeas con menos recursos.

En el mismo momento en que las familias podían, mandaban a estudiar a sus vástagos a la capital de la provincia o de España (según recursos,) los cuales, terminaban buscando trabajo y vaciando sus pueblos. Pero al parecer nuestros políticos no se han enterado de que la España rural ya se vació hace tiempo a través del éxodo rural, un fenómeno que, como en todos los sectores de la actividad económica, comenzó tras la revolución industrial.

 Esta migración “natural” de personas desde los pueblos hacia otros más grandes, o capitales de provincia, incluso, a pesar de los esfuerzos por poner universidades en la mayoría de ellas, no se ha podido evitar porque tanto los menos cultivados como los universitarios terminan buscando trabajo en las grandes ciudades o, incluso, como ahora, en el extranjero porque, sencillamente en los pueblos no hay oportunidades para sacar adelante a una familia.

Tampoco parecen haberse enterado de que en el campo hay una cosa que se llama “tractor” y otras máquinas diabólicas que ha ido transformando la producción agrícola y eliminando progresivamente mano de obra, que ha tenido que ser absorbida por otros sectores productivos.

Y al parecer, también ignoran que nuestro campo tradicional no es rentable. Ya van siendo muchas cosas de las que no se enteran.

Por ejemplo, en mi tierra castellano-manchega, una viña tradicional en vaso no puede competir en rentabilidad con una de espaldera, o un olivar de los del “abuelo”, con un intensivo en regadío. Además, en las sucesivas herencias, ha predominado el reparto de tierras frente al criterio de explotación, con lo que se ha provocado una atomización de parcelas que hacen imposible su rentabilidad, lo pongas de lo que lo pongas.

Y ahí está, todo esto sucediendo y ninguno de los políticos, ni de los gobiernos centrales, ni de los regionales y, mucho menos de los locales (caciquiles en los más de los casos), han conseguido generar los incentivos necesarios para retener a las poblaciones.

He asistido a algunas reuniones de agricultores con el Consejero de Castilla La Mancha y he tenido que soportar los mensajes panfletarios de lo cerca que se encontraba su Consejería de los problemas del campo. Todo mentira cochina, no he visto más interés que el suyo en salir en las noticias de la televisión local del medio día.

Y así se va escribiendo la historia, de un lado, una migración poblacional que podría considerarse como “natural” y que sucede en todos los países del mundo, una actitud anestesiada por parte de la clase política hacia estos colectivos que solo se despierta cuando hay alguna oportunidad mediática que aprovechar.

Teruel Existe y otra multitud de plataformas con “olor a oveja y estiércol” que han surgido al calor de la moda, exigen una serie de inversiones públicas que ellos mismos cifran en unos 10.000 millones de euros.  Y en este sentido, ya hay políticos (como el vicepresidente del Gobierno de Castilla-La Mancha, José Luis Martínez Guijarro) que se apresuran en avanzar posibles incentivos y ventajas fiscales para las empresas que se establezcan en el medio rural como una de las cuestiones que deberá recoger la futura Ley de Desarrollo Territorial y de Lucha contra la Despoblación, que ahora está en fase de participación.

Si tenemos en cuenta que según el INE, el 60% de las poblaciones solo aglutinan el 3,19% de la población, a ese coste, las medidas no son precisamente baratas. Ardo en deseos de saber cómo se van a financiar.

 No se muy bien en qué están pensando, pero desde luego desde las instituciones públicas, como máximo, solo se podrá llegar a poner las infraestructuras para mejorar los servicios públicos, porque lo que es la generación de empleo y riqueza, mientras sigamos con el modelo actual, está de la mano del sector privado y dudo mucho que se produzcan inversiones masivas en localidades alejadas de los centros industriales bien comunicados.

Y todo lo anteriormente dicho no es incompatible con el deseo de que se cubran la mayor parte de las necesidades que tengan/tengamos, ni con un reparto cada vez más justo que pueda brindar las mismas o similares oportunidades a los ciudadanos, pero todo ello con la exigencia a nuestros políticos de que gestionen desde la realidad y con la responsabilidad de un buen padre de familia.

Y lo que más rabia me da es que tenemos muchos “medios tontos” y otros “tontos del todo” que mientras se dedican a cuestiones solo mediáticas, dejan de atender los verdaderos problemas que nos aquejan.

Quizás ahora, que estamos viviendo un momento histórico de transformación digital, sería necesario comenzar ya, sin más demora, a prepararnos para la transformación digital del mundo rural. Sí, quizás sea un buen banco de prueba para esa “voluntad política” de reducir las desigualdades y reducir la fragmentación de la sociedad en nuestros territorios. Ahí los quiero ver.

José García Cortés

¿Cómo eres de inteligente?

La mejor manera de comenzar esta lectura, sería respondiendo internamente a esta pregunta “¿cómo eres de inteligente?”, tomando una escala del 1 al 10 (siendo el 10 el máximo). Donde crees que te sitúas…?? Con sinceridad…

Si has respondido con un 10, tal vez es mejor no seguir leyendo por lo poco que esto pudiera aportar ya… Pero si has respondido en una gama intermedia, es decir un poquito por arriba o por abajo, tal vez la siguiente pregunta sería: y qué es para ti la inteligencia…??? («El Elemento, Ken Robinson)

Dar por sabida la definición de inteligencia es una de las razones principales por las que muchas personas infravaloran sus verdaderas habilidades intelectuales.

Las definiciones de inteligencia provienen, no exentas de controversia y debate, desde finales del siglo XIX al amparo de diferentes escuelas de sicología. Hasta la primera mitad del XX el concepto inteligencia ha estado muy ligado a habilidades de razonamiento matemático y verbal, considerándola un atributo biológicamente innato y con un fuerte énfasis en su medición, a través de los famosos test de inteligencia o coeficiente intelectual

Subyace así la fascinación general y dependencia de los exámenes estandarizados. Exámenes que, lejos de considerar habilidades especiales, o necesidades particulares, tienen el grandioso poder de influir en el destino de los individuos, bien académico, profesional e incluso de respecto dentro de la sociedad.

Por tanto la clave estaría en cambiar la pregunta de “como eres de inteligente..?” por:

De qué modo eres inteligente..??

La crítica hacia definiciones de inteligencia solo basadas en el coeficiente intelectual, y por tanto desde el punto de vista cognitivo, está en aumento en los últimos años. La apuesta actual se sitúa en la pluralidad del intelecto, en la existencia de muchas capacidades humanas que pueden ser consideradas como inteligencias, siendo tan fundamentales como las tradicionalmente detectadas por los test.

La inteligenicia ha evolucionando de un concepto meramente cognitivo, a uno plural, y con gran componente emocional. Ya no se hablaría de “algo que se tiene o no se tiene” sino de algo que se va “haciendo o deshaciendo”.

Hay distintos autores como Robert Sternberg, que sostiene tres tipos de inteligencia: inteligencia análitica, siendo la habilidad para la resolución de problemas utilizando aptitudes académicas; la inteligencia creativa, siendo la habilidad para enfrentarse a nuevas situaciones y encontrar soluciones originales; la inteligencia práctica, siendo la habilidad para enfrentarse a los problemas y desafíos de la vida diaria.

Otros autores, como Howard Gardner (profesor de la Universidad de Harvard y premio Principe de Asturias 2011), incorporan hasta 7 tipos de inteligencia: lingüística, matemática, musical, espacial, cinestética, interpersonal e intrapersonal. Son precisamente estas dos últimas las que dieron paso a la llamada inteligencia emocional con su máximo desarrollo a través de Goleman (1996). A partir de ahí, capacidades como la motivación personal, la persistencia ante las dificultades, el control del impulso, la empatía, la capacidad de mantener la esperanza, etc., serían componentes con un gran peso en eso que llamamos “inteligencia”

En este concepto plural de la inteligencia, diversos autores concluyen en que no hay una más importante que otra. Puede que algunas sean “dominantes” y otras “latentes, pero en cualquier caso existiría una combinación única y singular para cada persona. De ahí que la educación debería tratarlas por igual, para que todos los niños tuviesen la misma oportunidad de desarrollar sus habilidades individuales y sin necesidad de etiquetas

Fuentes destacadas: «El elemento»-Ken Robinson, «Una aroximación a la inteligencia emocional»- Carmen Molero Moreno

Aurora Fernández Sánchez

Asesora transformaciones culturales. Mentor/coach ejecutivo

¿HAY UN VERDADERO COMPROMISO EN ESPAÑA SOBRE EL CAMBIO DE CLIMA O VAMOS A TENER MÁS DE LO MISMO ?

Un querido amigo, hombre culto de verdad y preocupado por el bien social, me habló hace unos días sobre la posibilidad de organizar una serie de encuentros para hablar sobre el cambio de clima, a lo cual accedí de forma gustosa y me comprometí a aportar algo al respecto desde mi humilde posición.

La verdad es que con el cambio de clima me ocurre algo parecido a lo de la digitalización. Horas de charlas, ríos de tinta, pero todavía no me he encontrado a nadie que me defina “exactamente” qué es la digitalización y, sobre todo, en qué cosas se concreta.

No puedo decir que crea que mucha gente habla y no se hace nada, no. Creo que se están haciendo cosas, especialmente en lo que podríamos llamar “generación de un estado de opinión” aunque es como hablar en prosa sin saberlo, es decir, estamos haciendo y vamos caminando, pero sin un plan concreto.

Soy consciente que no es lo mismo reflexionar sobre el cambio climático según si lo que te ha tocado en suerte es vivir en una de las zonas desarrolladas del mundo que si te ha tocado vivir de una forma miserable en una aldea perdida o en un suburbio de una gran ciudad. En este segundo caso, mi única preocupación sería la de sobrevivir y no la del cambio climático.

A pesar de ello, quien pueda pensar y hacer cosas debe hacerlo, en clave de supervivencia, como dice mi amigo y maestro, Pepe Corral (en su librito Supervivir amando) o (en su web http://www.supervivenciayaltruismo.com). Y como país desarrollado que somos, debemos hacerlo cada uno desde su nivel.  Por tanto esta es una de las obligaciones que tenemos y que debemos asumir, siempre que lo hagamos con inteligencia y eficacia.

Personalmente encuentro estéril el debate entre los defensores del cambio climático y los negacionistas del mismo, que atribuyen a causas espontáneas el calentamiento y argumentando que ha sucedido varias veces a lo largo de la historia de la humanidad. Seguramente ninguno de los que defendemos una postura u otra tengamos razón del todo.

Lo que si alcanzo a ver con claridad es el “maltrato” generalizado que estamos dando a nuestros medios naturales, y esto es algo en lo que creo que podríamos estar de acuerdo casi todo el mundo:

"tipos-de-problemas-medioambientales"

Hay demasiados vertidos al mar, hay demasiados residuos, mucha contaminación en las ciudades, desertificación, tala indiscriminada de árboles, emisiones de gases a la atmósfera, consumos de agua irracionales…….   Y, todo esto con una población que no deja de crecer, por un lado, y de envejecer por otro, lo cual hace que el problema se desarrolle de forma exponencial.

Insisto, no se si las causas obedecen a problemas naturales o industriales, pero lo que está claro es que algo está sucediendo a nivel más o menos planetario:

  • Temperaturas más cálidas, y eso afecta a multitud de cosas, la agricultura que tiene que dar de comer a la población y afecta al uso del agua, la reducción de los glaciares y el incremento del nivel del mar
    • Tormentas más intensas, que destruyen zonas agrícolas, otras de interés ecológico e inundan las ciudades matando a personas, no solo por el incremento de la población que propicia una propagación más rápida, sino como consecuencia de las anteriores.
    • Huracanes más peligrosos, en muchos casos (al menos en los últimos), más intensos y menos precedibles, a pesar de la mejora en los sistemas de predicción.
    • Cambio de los ecosistemas y desaparición de especies animales, o bien como consecuencia directa de cambios naturales en las temperaturas del agua, régimen de lluvias, sequías, etc., o bien sea por la actuación del hombre como consecuencia de sobreexplotaciones o contaminación.

Tanto fuera como dentro de España escucho las cada vez más ásperas discusiones sobre el medio ambiente, tanto que parece que estemos defendiendo causas diferentes, pero no nos damos cuenta de que la tierra, el agua, los animales y el medio ambiente en general, son elementos comunes que necesitamos para nuestra propia supervivencia y no tenemos el derecho a explotarlos con impunidad ni a utilizarlos de forma sectaria o ideológica.

Y todo esto, nos afecta a todos y a todos los niveles (como casi todo en la vida en un mundo cada vez más global por más que le pese a Trump y al Sr. Puigdemón):

  • A Nivel mundial, y para eso tenemos las famosas cumbres climáticas
  • A nivel Nacional, en la que se supone que hay gobernantes que diseñan y ponen en marcha programas de largo plazo
  • A Nivel personal, donde yo creo que aún, la mayoría, todavía tenemos que preguntarnos qué podemos/debemos hacer cada uno de nosotros.

Según la Agencia del Medio Ambiente de Europa, España es el país de la UE en el que más crecen las emisiones de efecto invernadero (en 27 años se han incrementado un 17,9% mientras que en el conjunto de Europa se reducían un 23,5%) y se suma a los otros 5 países de los 28 de la Unión Europa (Austria, Chipre, Irlanda, Malta, Portugal) que no han conseguido luchar efectivamente contra el efecto invernadero y reducirlos en estas casi tres décadas.

Teniendo en cuenta esta situación de retraso generalizado, y que somos un país semiárido, nuestro panorama es inicialmente desalentador, salvo que veamos en esto una oportunidad y volvamos a conectar con el mundo natural dejando nuestras visiones egocéntricas derivadas de nuestras explotaciones (agrícolas, ganaderas o industriales), de nuestras posiciones ideológicas o de nuestros hábitos de consumo.

Decía Einstein que es de ilusos pretender resultados diferentes haciendo las mismas cosas. En España necesitamos un cambio de actitud en todos los frentes:

  • Administraciones públicas, en todos sus niveles y órganos
  • Sectores productivos de nuestra sociedad
  • Particulares consumidores

Y, esto, como decíamos antes, es una cuestión de supervivencia de la especie a largo plazo, y así se ha de enfocar por lo que concierne a nuestra contribución a la humanidad, pero lo estaríamos haciendo mal si nuestras medidas solo quisieran cumplir con la normativa europea sobre contaminación y no tuvieran en cuenta el punto de partida de España y nuestras singularidades, especialmente con el agua, que no tienen otros países europeos. Y eso implica, seguramente, un plan más global, más coordinado y con otro coste que hay que estar dispuesto a asumir.

Tenemos una población en continuo crecimiento, especialmente por el incremento de turismo que estamos teniendo (y dando gracias a Dios porque si no, nuestro nivel de paro estaría en la estratosfera), lo cual hace que nuestras necesidades continúen siendo crecientes y la generación de residuos y contaminación también. En definitiva, el desafío al que nos enfrentamos es titánico.

En estos momentos se encuentra en la recta final de su tramitación administrativa la Ley de Cambio Climático y Transición Energética, y esto es bueno porque llega en un momento en que todos nuestros políticos se han vuelto “verdes” y declaran su compromiso sin fisuras con el medio ambiente, al tiempo que muchas de nuestras empresas se encuentran comprometidas con los “modelos sostenibles”, tanto que en algunas hay ya responsables de sostenibilidad. Que todavía no se muy bien qué sostienen pero seguro que algo sí.

También me ilusionaba la supuesta la rapidez con la que se pretenden abordar estos temas, puesto que ya, la anterior ministra de Sanidad, Consumo y Bienestar Social, María Luisa Carcedo insistió en la  necesidad de actuar “urgentemente” sobre todos los factores que afectan al aire que respiramos: emisiones industriales, calefacciones, “y, especialmente en las ciudades, sobre la ordenación del tráfico rodado. No podemos permitir ningún retroceso en este sentido porque nuestros hijos no nos lo perdonarán”.

Tengo que reconocer que en los títulos y artículos de este anteproyecto tocan los palos esenciales de los problemas el medio ambiente:

Agua y Aire, podría ser el resumen de los aspectos esenciales que se necesitan desarrollar muy a fondo en nuestro País y que serían las locomotoras del resto:

  • El agua (tanto superficiales, como subterráneas y residuales) porque ya es un bien escaso (y previsiblemente lo será más en un plazo de muy pocos años) y necesita de aspectos tan contundentes como de una política de agua mucho más potente que la actual (bueno, sería más propio hablar de una verdadera política), tanto en lo relativo a su disponibilidad (trasvases, almacenamientos, desaladoras,….) como en su utilización, en la que habría que plantearse desde una nueva política de precios para el consumo humano, hasta si continúa siendo lícito que se socaven los recursos subterráneos en tierras poco fértiles como las manchegas (por ejemplo) para regar cebada con un rendimiento ridículo o, incluso, el funcionamiento de las Confederaciones Hidrográficas, en particular la del Guadiana que es la que más conozco y que tiene un funcionamiento propio del sigo XVIII.
  • El aire, o más concretamente la contaminación de éste, que lleva implícito una descarbonización completa de nuestra sociedad y, por ende, la evolución de nuestro sistema energético actual y de los medios de transporte y producción actuales, y donde pueden/deben tener cabida en la producción eléctrica otras fuentes además de la eólica y solar, por ejemplo la nuclear, que ya se que es como mentar a la bicha con determinados partidos políticos (una vez más, la ideología de por medio).

Pero, además, el tema es tan transversal a toda nuestra actividad cotidiana, que para ello, o además de ello, sería necesaria la intervención del Ministerio de Agricultura, el de Consumo, Industria, Hacienda, Justicia, Transportes, Igualdad, Política Territorial, Educación, Trabajo,…, es decir, “todo quisque” y a un nivel de implicación que no basta, como indica el borrador, con anunciar que desde el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico se establecerán los mecanismos de colaboración con otros organismos públicos.

Todo lo relacionado con el medio ambiente, igual que cualquier actividad de largo plazo, requiere de la conjugación de:

  1. Acuerdos y compromisos (internacionales, nacionales, locales y personales).
    1. Presupuestos. Y eso supone concretar importantes recursos que por supuesto habrá que drenar de otros capítulos presupuestarios para proyectos que en la mayoría de los casos no son glamurosos ni brillantes para los que viven hoy de la política en nuestra piel de toro.
    1. Plazo. Sabiendo que esto no es “un huevo que se echa a freir”, son, en todos los casos, medidas que requieren de largos plazos, muy largo plazo. Aspecto este poco compatible con la visión cortoplacista, casi de telediario, de nuestros gobernantes actuales.

Y no discuto que yo me pueda encontrar en estos momentos condicionado por lo que está ocurriendo ya hace años en nuestro País, pero cuando me leo con cierto detalle el anteproyecto, se despiertan mis temores de que, una vez más, estamos pariendo una Ley que tropieza con tres de los males que ya son endémicos en nuestro país:

  1. En aspectos estructurales de largo plazo (y este es claramente uno de ellos), ya que no solo habrá que dedicar importantes recursos económicos, y de una forma muy transversal, sino que habría que asumir que casi ninguno de los que adopten las medidas hoy, estará en su poltrona cuando comiencen a verse los resultados. Y ello debería hacerse desde la responsabilidad de saber que las medidas que se adopten hoy van a afectar a posteriores generaciones. ¿puede haber algún motivo más importante para buscar el consenso de la mayoría de las fuerzas políticas -que es el equivalente a buscar la representación de la mayoría de los ciudadanos-?. Creo que se continúan generando leyes con mucha carga ideológica y con unos plazos de ejecución que, por si solo, las condena al más estrepitoso de los fracasos.
  2. No es verdad que sean leyes nacionales, cuando no solo el diseño de los planes, sino que mucha ejecución queda en manos de las CCAA, o quizás provincias e incluso Municipios. Por ejemplo, cuando habla de que el sistema educativo español promoverá la implicación de la sociedad en las respuestas frente al cambio climático, para reforzar su conocimiento e implicaciones…, ¿a cual de los 17 sistemas educativos se refiere?. ¿con cuántos criterios autonómicos se han de realizar las obras de infraestructura que mitiguen los debordamientos de ríos? ¿apoyará Castilla La Mancha realizar esfuerzos para mitigar los problemas de contaminación del Mar Menor?, ¿seguiremos pensando en cada autonomía que los ríos son míos y desde aquí no se trasvasa ni un hectómetro cúbico?
  3. No hay ningún sentido de urgencia, cuando ya se ha utilizado más de un año para tener el borrador que se está tramitando, pero, además, en el que se contempla, por ejemplo:
  • Para la protección de la biodiversidad, un plazo de tres años para definir una estrategia específica de conservación y restauración de ecosistemas y especies especialmente sensibles.
  • Otros tres años para tener una evaluación de la representatividad a medio y largo plazo de las redes de espacios naturales protegidos y espacios de la Red Natura 2000.

Creo que nos encontramos atrapados en un sistema tal de descentralización que provoca mucha “desresponsabilización” (perdón por el palabroto) y que hacen inviable el diseño y la gestión de un plan que sea verdaderamente nacional, por lo que nos vemos, una vez más, condenados a tener, en el mejor de los casos, acciones a corto plazo que no solucionan nuestros problemas de fondo, sino es que los agravan más.

Y esto me recuerda a José Lostao, uno de los grandes conocedores del problema del agua en España, cuando hablando del problema del elemento líquido, decía que “con acciones a corto plazo, de coyuntura o de oportunidad solo iremos hacia donde nos lleve por su inercia la acumulación en el tiempo de ese tipo de acciones, pero no donde deberíamos querer ir ni, por supuesto, al ritmo deseable.”

Por tanto, y, para terminar, en la reflexión sobre la gestión del medio ambiente hago mía una de las manifestaciones de mi amigo Gonzalo Terreros cuando indica en su libro “El reto del Agua” que …. De continuar ignorando el problema con medidas cosméticas y cortoplacistas conducirá a las generaciones venideras a padecer cambios en su entorno vital de tal magnitud que puedan poner en peligro su seguridad y hasta su viabilidad. Todos los aspectos de la vida pueden resultar afectados, siendo el agua uno de los elementos que mayor impacto puede registrar

Grave irresponsabilidad por parte de nuestros gobernantes. Deberían hacérselo mirar.

Disrupción tecnológica = a la personal

¿Qué similitud podría existir entre la disrupción tecnológica y la personal?. Tras escuchar al visionario de Silicon Valley, Salim Ismail en la conferencia sobre las “Ciudades, el futuro de la civilización”, me atrevo a decir que total. 

Utilizando su gráfico The hype cycle of Civilization para explicar la actitud de nuestra sociedad ante la disrupción de las tecnologías exponenciales actuales, éste podría asemejarse perfectamente a las fases por las que atravesaría cualquier persona en un período de reinvención profesional o personal. Lo podríamos llamar The hype cycle of Personal Disruption…

Una primera fase ascendente de generación de altas expectativas, con la obtención de un gran número de éxitos puntuales, como las startups en la tecnología, puede ser asimilable a la fase inicial de la persecución de un sueño o un importante cambio personal o profesional, asociado a veces con decisiones rupturistas.

Una segunda fase posterior de descenso, marcada por la falta de aceptación y resistencia al cambio en el mundo de las nuevas tecnologías, acompañada seguramente con fallos de implementación y ejecución (según el propio Ismail, esta sería la situación actual del BitcoinBlockchain y otros). De manera similar, puede aparecer una fase de desilusión o desánimo ante las primeras dificultades en el proceso de reinvención personal, dudando de nuestras capacidades y pudiendo llegar a abandonar.

Sin embargo, para Ismail el poder de estas tecnologías se presenta imparable,  y entrarán en una nueva fase, ya exponencial, con entendimiento y aceptación social masiva. La clave para él estaría en aplanar la caída de la segunda fase, para lograr de forma más fácil la meta final. Y sus recetas: concentrar los esfuerzos en los núcleos más pequeños, tipo ciudades, donde existe una mayor flexibilidad y capacidad de adaptación; concienciar a los líderes e instituciones para acometer los cambios de los modelos y paradigmas actuales; y sobre todo comenzar a pensar de otra manera. Esto es fácilmente asimilable en el terreno personal: concentrarse en objetivos más pequeños, realistas y flexibles, que faciliten iniciar una curva ascendente, con el objetivo de que pueda llegar a ser exponencial. Y por supuesto ocuparse de cambiar la forma de pensar. Empezar por cambiar la forma de hablarse a uno mismo, sería sin duda un buen comienzo.

Aurora Fernández Sánchez. Asesora transformaciones culturales. Mentor/coach ejecutivo

UN CUENTO PARA MI NIETO

Al parecer no está claro cual es el origen de la frase, parece ser que tiene que tiene relación con los viajes de Marco Polo, que al volver a Italia desde China contaba historia de animales mitológicos y fábulas increíbles. Por tanto, cuando se habla de un embuste, de algo exagerado o de una mentira disfrazada, se comenzó a hablar de “cuentos chinos”.

Nieto:         Abu, cuéntame otra vez el cuento de ese señor que se fue al aeropuerto a practicar la sillita de la reina.

Abuelo:     Pero niño, ¿es que no te cansas?, deja en paz a ese pobre señor, que bastante tiene.

Nieto:         Pero, a ver, que yo me entere, ¿a qué se dedica el Sr. Lábalos ese del cuento?

Abuelo:     Bueno, ese señor es maestro, pero creo que no ejerció mucho y lleva más de treinta y cinco años dedicado a la política. Ahora es Ministro de Transporte Movilidad y Agenda Urbana.

Nieto:         Ah!, entonces contará estupendamente los cuentos, ¿no?, pero bueno, Abu, no te distraigas y empieza con el cuento.

Abuelo:     Vale, érase un señor, Lábalos, que una noche, muy de noche muy de noche, se fue en su coche privado al aeropuerto a ver a un ministro de turismo que venía de Venezuela en un vuelo privado y que al parecer, era amigo suyo

Nieto:        Jo, Abu, qué buena persona, para no hacer trabajar al chofer del coche oficial, se fue en el suyo propio, eso no se ve todos los días. ¿Oye, y porqué fue el Sr. Lábalos y no la ministra correspondiente a esas cosas del turismo?.

Abuelo:     Si, mi niño. Este señor pertenece a un grupo que mira mucho lo de los gastos para que los ciudadanos no tengamos que pagar muchos impuestos. En cuanto a lo segundo no te puedo responder, supongo que como vinieron desde tan lejos en avión, pensaron que el de Transportes y Movilidad era el más adecuado.

Nieto:       ¿Y esperó a su amigo en la terminal con un cartelito, Abu?

Abuelo:     Ni mucho menos, ni siquiera a pie de escalerilla, subió al avión, para que el sr. ministro venezolano pudiera ver cuánto es el cariño que le profesa. Lo malo fue que estando dentro de avión, descubrió que había una mujer mala allí dentro, una tal Dulce.

Nieto:       ¿Abu, y la mujer de Lábalos sabía que su marido estaba en un avión con una mujer mala venezolana?, porque se supone que las autoridades tienen conocimiento de las personas que vienen en los aviones, ¿no?, especialmente si son vuelos privados.

Abuelo:     A ver, niño, que no te estamos dando una estupenda formación pública y progresista para que tengas ese tipo de pensamientos. Resulta que por lo que sea, esta autoridad no sabía que la bruja Dulce se había introducido en ese avión y el pobre hombre se llevó un susto de muerte porque esa bruja, además de ser muy, muy mala, tenía prohibido tocar nuestro suelo y, por si fuera poco, el compi del Sr. Lábalos, ese que se dedica a las cosas de dentro, el del Interior, le dijo que se asegurara de que nuestro suelo permaneciera impoluto.

Nieto:       ¿Y porqué, porque nos podía romper el suelo?

Abuelo:     Pues porque a las personas malas no las quieren en suelo europeo. Bueno, algunos que no se dedican a sus zapatos y otros que no rezan en las iglesias sí que los quieren, pero eso es de otro cuento, yo continúo. Te decía que el sr. Lábalos solo le dijo hola, le dió un par de besos y si te he visto, no me acuerdo. Ah, también le dijo que no se le ocurriera pisar nuestro suelo que estaba recién fregado y que eso le llevó muy poco tiempo, unos 25 minutos sin un contenido concreto. Ya sabes, en ese tiempo tan corto no da para tratar nada.

Nieto:       Jolín Abu, pue ese señor tiene un rollo que se lo pisa, porque para decirlo eso no se tarda tanto.

Abuelo:     Bueno hermoso, supongo que con esas cosas del protocolo, lo de vuecencia, a sus pies, lo de que si ha tenido un vuelo agradable, qué noche tan fresquita…, se alargaría un poco, pero lo cierto es que en un par de horas, despachó a su amigo y se deshizo hábilmente de la bruja mala.

Nieto:       Claro Abu, ahora lo entiendo, como la bruja mala no podía pisar nuestro suelo, salió volando con su escoba.

Abuelo:     No fue así exactamente, porque la pista del aeropuerto para la salida de brujas malas estaba en otro sitio, entonces,  para que no pisara nuestro suelo, la llevaron en la sillita de la reina en brazos de unos policías muy amables que había allí.

Nieto:       Pero Abu, yo he oído en la radio que la bruja mala mantuvo un segundo encuentro con el Sr. Lábalos.

Abuelo:     Bueno, es que estas cosas de la diplomacia no son fáciles, igual hubo alguna otra cosilla, algún cafetito, algún secretito, pero vamos, todo perfectamente explicado a los ciudadanos y con la seguridad de haber prestado un gran servicio a nuestro país evitando que la bruja mala le hiciera ningún daño a nuestro suelo. Además, parece ser que su jefe está muy contento.

Nieto:        Abu, hoy no me está gustando nada el cuento, todo esto que me dices parece un saco de mentiras y cada vez que me lo cuentas, te despachas con una versión distinta.

Abuelo:     Mira niño, por muy listo que te creas, solo tienes diez meses y todavía no sabes ni hablar. La culpa la tienes tú por pedirme que te cuente “cuentos chinos”, mañana te suelto el de caperucita roja, como todos los niños y a correr.

QUIEN LE PONE EL CASCABEL AL GATO

INCENTIVOS PÚBLICOS PARA REDUCIR EL ABSENTISMO

Si uno es bienintencionado, la medida de incentivar que la gente que no falte al trabajo puede parecer hasta plausible si lo que se pretende es “luchar” contra el absentismo, en caso contrario, puede parecer una “compra de votos”, sobre todo si las medidas se plantean en un entorno de preparación electoral.

Hace unos días tuve conocimiento del fallo del juzgado de lo Contencioso y Administrativo número 2, quien ha desestimado el recurso de la Confederación General del Trabajo (CGT) contra la medida de premiar con 500 euros anuales a todos los funcionarios del Ayuntamiento de Algeciras que falten menos de diez días al trabajo y que afectará a casi 700 trabajadores, con un tope de absentismo que queda fijado en el 4,5% y un coste de unos 350.000 el correspondiente al año 2018.

La verdad es que la noticia me actualiza una histórica preocupación, la del coste de nuestro sector público y de lo que recibimos a cambio los administrados.

Sinceramente me deja perplejo la decisión del Consistorio cuando además leo que no están incluidos dentro de ese concepto de absentismo:

  • Faltas justificadas como los permisos por intervención quirúrgica, enfermedad o accidente grave o fallecimiento de familiares de primer grado y hermanos.
  • Vacaciones
  • Permisos de paternidad o maternidad
  • Accidentes laborables
  • Permisos por matrimonio
  • Faltas de asistencia de víctimas de violencia de género
  • Realización de estudio de perfeccionamiento profesional
  • Licencias sindicales
  • Tiempo indispensable para el cumplimiento de un deber inexcusable, de carácter público o personal.
  • Permisos por matrimonio

¿Pero esto qué es? ¿además de todas las ausencias anteriores se premia económicamente que el resto de ausencias no justificada no pasen de 10 días al año?. Esto no hay cuerpo que lo aguante ni mucho menos, moral que lo soporte.

Uno de los argumentos que esgrime el Ayuntamiento de Algeciras (compuesto por 13 PP. 8 PSOE, 2 Adelante Algeciras, 2 Ciudadanos, 2 Vox) es que este incentivo ya se está pagando en otras empresas participadas con “buen resultado” y que, por tanto, es el momento de generalizarlo a toda la plantilla.

El absentismo y la productividad

Yo comprendo que no es fácil luchar contra el absentismo, pero me parece que los responsables de administrar la cosa pública, y no me refiero ahora solo al Ayuntamiento de Algeciras, siempre tiran por el camino más fácil. Sigo poniendo dinero sobre la mesa (generalmente dinero que no tenemos) en lugar de hacer mi trabajo y complicarme la vida con una gestión más eficiente, que se supone que para eso están.

Seguro que es injusto meter a todos en el mismo saco a la hora de enjuiciar el trabajo de la gestión pública y, estoy convencido que, en la mayoría de los casos, muchos problemas están generados por los responsables políticos de esos funcionarios, nombrados a dedo en cada legislatura como “pago” de los servicios prestados en sus respectivos partidos.

Lo cierto es que cuando hablamos de absentismo laboral en España, con datos actualizados el 18 de septiembre de 2019, según recoge Randstad, más de 1 millón de personas no acuden a su puesto de trabajo de media cada día, y entre ellas, el 73,6% se ausentaron por incapacidad temporal, mientras que el 26,4% restante (276.968 personas) lo hicieron pese a no estar de baja.

Cifras igual de contundentes aporta Adecco Group Institute en el “VIII Informe Adecco” sobre Absentismo, según el cual estamos en un máximo histórico en España: 753.000 asalariados no trabajaron en todo el año (y aumentando). El coste total del absentismo por incapacidad temporal por contingencias comunes lo cifran el año pasado en 85.140,4 millones de euros (lo que supone un incremento del 10,02% interanual), con un coste directo para las empresas que rozó los 7.000 millones de euros, mientras que el coste de oportunidad supuso 70.741,40 millones de euros.

Directivos de Addeco han calificado de «preocupante» la situación señalando que «más de 100 millones de horas al mes, unos 1.350 millones de horas al año se pierden por ausencias al puesto de trabajo», lo que supone un incremento de prácticamente 100 millones de horas respecto al periodo anterior.

¿Cuánto de realidad y cuánto de picaresca?

Pues si esto es así de duro, todavía lo podemos sazonar un poco más si añadimos que estas cifras parecen estar asociadas a una cierta picaresca (en 2018 se llegó a la cifra más alta desde 2009), puesto que se ha comprobado la existencia de patrón estrechamente ligado al nivel de actividad económica, es decir, en épocas de crisis como estamos “acongojados” faltamos menos al trabajo que cuando volvemos a levantar la cabeza, comenzamos a apreciar de nuevo lo ancha que es Castilla.

Lo que tiene guasa es que se esté considerando que estamos en una “fase de alegría” cuando todavía tenemos más de 3 millones de parados.

En el mencionado informe, el sector servicios, es el que mayor tasa registró el pasado año, el absentismo se sitúa ahora en el 5,4% (+0,3 p.p.), logrando así su máximo histórico, y registra una pérdida de poco más de 85 horas anuales. De hecho, son las actividades vinculadas al cuidado de la Salud, Administraciones Públicas y Defensa e Industrias extractivas donde se pierden más de 100 horas anuales por absentismo; mientras que Hostelería, Actividades inmobiliarias, Educación y Actividades profesionales, científicas y técnicas, a penas llegan a las 65 horas anuales.

Pobrecitos, siempre que sale el sector publico a la palestra se aprecia cómo los virus y bacterias se ceban especialmente con ellos, qué mala pata. Igual hay que ir pensando en incluir en las oposiciones ciertas revisiones médicas.

Atacar el fondo del problema: ¿nos podemos permitir este coste?

Y es que este es un poco el fondo de la cuestión, reformar y mejorar el coste y el servicio de la administración pública, lo cual comprendo que es compleja y su solución requiere de “tiento y tino”, sin entrar como un elefante en una cacharrería, pero que, en todo caso, comienza por reconocer los problemas y no por ocultarlos, ni, mucho menos, por incrementarlos, que personalmente creo que es lo que se está haciendo.

En muchos casos, y especialmente en las Comunidades Autónomas y Ayuntamientos, se está utilizando el empleo público para cubrir parte de los problemas estructurales que tiene este País con el desempleo y con una especie de “clientelismo” financiado con fondos públicos.

Y, además, deberíamos tener presente que cuando hablamos del coste de la función pública, hay otra serie de problemas que no se abordan nunca:

  1. El colectivo tiene un trato discriminatorio positivo respecto al resto de los trabajadores.
  2. La percepción de la ciudadanía es que recibimos poco en relación al coste que tienen los servicios.
  3. Tienen niveles de productividad (cuando se mide) más bajos que en sectores productivos

Es cierto que el debate (si existiera) sobre la idoneidad de que un país tenga muchos o pocos empleados públicos nunca tendría solución ya que cada país debe adaptar el número a su situación en función de sus capacidades económicas o técnicas.

Pero como “Spain is diferent”, aquí no lo a nuestras necesidades, capacidades económicas o técnicas sino a las voluntades políticas del/los gobiernos de turno. Si se tiene en cuenta el número de ocupados en toda España en el segundo trimestre del año, que fue de más de 19,34 millones según la Encuesta de Población Activa (EPA) del Instituto Nacional de Estadística (INE) de dicho periodo, los empleados públicos representan el 13,4% del total de personas trabajando en España.

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Y todavía escuchamos de algunos políticos la cantinela de que hoy estamos por debajo de la media en número de empleados públicos respecto de Europa, lo cual me lleva a pensar que, o bien están poco informados, lo cual no tiene perdón, o bien están ocultando información a sus ciudadanos, que todavía es peor.

Es cierto que un vistazo simplista al número de servidores públicos de España con respecto a la UE arroja un número relativamente bajo respecto al conjunto, pero nunca se comenta este dato con una cierta visión de conjunto, del tipo:

  • Se trata de información que compara los empleados públicos del Gobierno Central y que, por tanto, omite que actualmente, además de los gubernamentales, un 51,9% trabaja en la administración de las Comunidades Autónomas, seguido de la Administración Local, 22,17%, y las universidades (6%). Todo ello con el consiguiente despiporre de diferencias salariales por CCAA en un País en el que a la clase política se le llena la boca permanentemente hablando de igualdad:
  • Por otro lado, si vemos en los cuadros siguientes que he elaborado, en los que comparo nuestro PIB Per Cápita con el resto de estados miembros, nuestra foto ya no sale tan bonita, porque resulta que España no solo está bastante por debajo de la media, sino que solo estamos 8.827 euros por encima de la media de los países que tienen menos que nosotros, y nos encontramos prácticamente a la mitad de la media de los que están por encima.

Y si nos comparamos viendo el porcentaje de deuda respecto al PIB comprobamos que tenemos el poco honroso honor de estar en el grupo de cabeza de los que tienen un mayor endeudamiento.

¿Realmente le interesa este tema a nuestros políticos?

Como resumen, yo creo que a estas alturas de curso la pregunta no es si debemos utilizar como método de “incentivar” a nuestros servidores públicos el pagar más, sino sencillamente si nos lo podemos permitir.

La respuesta casi con seguridad será como en tantas otras cosas, que el pastel está muy mal repartido, que seguramente tengamos algunos servicios públicos insuficientemente dotados y mal pagados (por ejemplo, con las Fuerzas de Seguridad del Estado, o la atención a los dependientes) y tenemos muchos, excesivos, en “puestos de confianza” y burocráticos, muy bien remunerados que no tienen ningún valor añadido o, incluso restan.

Pero me temo que a este gato no le van a poner ningún cascabel, porque recuerdo un almuerzo con un político de bastante “rango” de una Comunidad Autónoma, en el que comentaba que el problema de los funcionarios no tenía solución en España. Poco menos se escandalizó cuando yo le esbocé las directrices para hacer más eficiente su administración pública y de repente, todo su argumento fue: No, no, déjalo Pepe que son muchos votos los que nos jugamos.

Madrid, 30 de enero 2020

José García Cortés