ESTAMOS VIVIENDO ÉPOCA HISTÓRICA

Riesgo de guerra mundial.

Vivimos una época con grandes cambios.  Muy rápidos y algunos de gran trascendencia.

Los gobernantes necesitan, como es lógico, tomar numerosas decisiones y no puede sorprendernos que algunas sean difíciles de entender. Como ejemplo, el acuerdo entre dos países poderosos sobre una guerra que está destrozando y sangrando un territorio europeo. 

La estabilidad y seguridad europeas están comprometidas. Las causas son varias, pero destaca la idea que tiene el Gobierno Ruso acerca de la integridad de su Nación, debido a la “occidentalización” de Ucrania, entendiendo que esa tendencia perjudica su futuro.

Es esta una suposición sorprendente, considerando la situación actual del equilibrio militar en el mundo. Por decirlo de otro modo, la crisis de los misiles de cuba de los años 60 tiene hoy una interpretación muy distinta. Los tiempos de respuesta frente a un ataque no garantizan ya la seguridad propia, sino que solo permiten garantizar la destrucción del atacante, que ocurrirá en el momento de ocurrir el daño debido al propio ataque. Dicho de otra manera, solo se logrará el daño o destrucción mutuos.

La evidencia sobre el estado del arte en la investigación militar es desconocida para muchos de nosotros. Lo poco que sabemos nos permite suponer que existen medios pada provocar un daño enorme a toda la humanidad si se rompen hostilidades.

Cambio climático.

Existen evidencias científicas abrumadoras de que se ha instaurado un proceso climático en nuestro planeta que transformará grandes extensiones habitables. Los datos disponibles confirman que ese proceso consiste en un cambio ya en curso, cuyo origen se desconoce. Aun así, también se conoce la contribución humana es muy importante a ese cambio, en el sentido de acelerarlo. Quienes nieguen esto están cerrando los ojos ante la evidencia. Otra cosa es afirmar que no tenemos los recursos para evitarlo.

El orden natural tiene su equilibrio. Todo el universo se rige por reglas que garantizan un equilibrio.

La especie humana es fruto de la naturaleza. Nuestro planeta tiene multitud de especies y tipos de materias vivas e inertes. La especie humana evoluciona a partir del orden natural y es uno de los elementos que ha destacado en su supervivencia en los últimos 20.000 años. Su protagonismo es de una relevancia exponencial en los últimos siglos. Sabemos que la actividad humana ha contribuido a romper el equilibrio natural de nuestro planeta, introduciendo factores perjudiciales para la supervivencia de especies, incluyendo la propia especie humana.

En este sentido, económicamente puede no ser rentable, ahora, detener esa contribución humana al desequilibrio. Miremos a nuestros hijos y nietos y pensemos eso: no es rentable tomar decisiones en favor del equilibrio de nuestro planeta.

Este asunto del cambio en el clima ¿Es una cuestión de evidencia o de opinión?

Convicciones y evidencia.

Galileo defendió la idea de que la Tierra no era el centro del universo, apoyando la teoría heliocéntrica propuesta por Copérnico. Esta teoría contradecía el modelo geocéntrico aceptado por la Iglesia y su dogma de que la Tierra ocupaba el centro de la creación. La Inquisición lo condenó en 1633 por «sospecha vehemente de herejía», lo que resultó en una abjuración forzada y arresto domiciliario de por vida. El 31 de octubre de 1992, el Papa Juan Pablo II rehabilitó formalmente a Galileo, reconociendo el error de la Iglesia en 1633.  

La Iglesia Católica dispone de una biblioteca de enorme relevancia con numerosas publicaciones de diversa índole.

Leo en Wikipedia:  El papa Nicolás V fundó la biblioteca en 1448 reuniendo unos 350 códices griegos, latinos y hebreos heredados de sus antecesores con sus propias adquisiciones, entre las que estaban varios manuscritos de la biblioteca imperial de Constantinopla.

En el Vaticano y en sus colectivos científicos existe un interés enorme por la ciencia desde hace siglos. La Iglesia Católica fue garante de la transmisión del conocimiento en la edad oscura de nuestro continente europeo.

Cuando La Iglesia Católica juzgo a Galileo, sabía perfectamente que Galileo tenía razón. Pero sus directrices y convicciones no permitían reconocerlo. Condeno a Galileo a lo que hoy se llama prisión domiciliaria. De por vida.

El factor humano en las decisiones judiciales.

Uno de los colectivos profesionales más preparados y competentes de nuestra administración es el colectivo de profesionales de la judicatura. Ellos tienen una alta cualificación y trabajan, según han reiterado, en condiciones mejorables, necesitando incremento notable de recursos y medios tecnológicos. La solución es difícil y tendrá que lograrse.

Según percibimos los ciudadanos, el colectivo de la judicatura tiene un alto porcentaje de profesionales con un gran descontento con este Gobierno y, en general, con decisiones que se han adoptado en el Poder Legislativo. Hay que reconocer que algunas de las normas aprobadas han sido desaciertos, pero en su mayoría han garantizado un progreso hacia la mejora de nuestra sociedad y de las libertades, garantizándose la estabilidad social. Es esta una garantía para el bienestar social, incluyendo el progreso económico.   

El origen del proceso que llevo a la Sala Segunda del Tribunal Supremo a juzgar y condenar al fiscal general ha sido la revelación de secretos sobre un proceso fiscal con resultado perjuicio grave de un ciudadano que tiene abierto un expediente con la Administración Tributaria.

Con la tecnología disponible hoy, estas mismas líneas serán filtradas por un sistema automático que las detecta si contienen términos, palabras o referencias a asuntos considerados clave por los servicios de inteligencia de los Estados.

las comunicaciones pueden ser grabadas y localizados los terminales correspondientes si su funcionamiento compromete la seguridad de los Estados.

Todos los correos electrónicos, incluyendo los de todos los medios de comunicación que emplean mercantilmente como empresas los datos de que disponen, son controlados o grabados si comprometen la seguridad de los Estados.

El Tribunal Supremo sabe que la información relativa a los correos electrónicos, llamadas y comunicaciones de periodistas y del propio fiscal general pueden ser revisados. Pero no en un Juicio Publico en la Sala Segunda. Sus convicciones han sido prioridad sobre la evidencia.

Uno de los motivos en que parece que se ha basado la sentencia (aún no se conocen sus argumentos y fundamentación) es el borrado del teléfono del fiscal general.

Caben mucho debate sobre esta cuestión. Solo decir que están disponibles para el público cuáles son sus funciones, que incluyen la persecución delitos, coordinación en actuaciones del Estado en el control de Actos Terroristas, colaboración con el CESID (existe un Convenio de colaboración entre el Ministerio de Defensa y la Fiscalía General del Estado para la colaboración entre el Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional y la Fiscalía General del Estado), contrabando de armas, tráfico de drogas, tráfico de personas…

El Tribunal Supremo conoce perfectamente el motivo por el que no se pueden difundir el contenido de un teléfono que utiliza el fiscal general del Estado. La forma en que la Unidad Central Operativa de la guardia Civil recabo información en el despacho del fiscal general descartó seleccionar, sino que pretendió obtener información importante a juicio de la propia Unidad Operativa (el juez instructor no estuvo presente en el registro). Estas cuestiones son procedimentales y no de opinión.

El propio fiscal general sabe el origen primero de la filtración, pero no puede desvelarlo.

Los conocimientos de las figuras políticas de la Comunidad de Madrid que intervinieron sobre todas estas cuestiones son completos.  Pero optaron sobre las convicciones y no por la evidencia.

La información del teléfono del fiscal general del Estado no puede hacerse pública. Así lo establecen también las exigencias de seguridad de nuestro Estado. La Sala Segunda del Tribunal Supremo conocía esta información. Sus convicciones fueron prioridad ante los datos disponibles.

Cuando levantemos la mirada de estas líneas, no cuestionaremos las reglas de la física, no pondremos en duda las causas de la lluvia o del calor en verano, no dudaremos de que el corazón tiene sus ciclos y nuestra biología sus normas. Porque son evidencias. Es interesante saber dónde ponemos la frontera en la que nuestras convicciones e intereses nos originan dudas frente a la evidencia de otros asuntos.

Raúl Ramos de la Plaza

        25-11-25

TODOS SOMOS HIJOS DE FRANCO

Estoy hasta el gorro estos días, con el 50 aniversario de la muerte de Franco, que si ese dictador, que la persecución en la retirada de las estatuas ecuestres, de las calles, de los símbolos, de los aproximadamente 180.000 muertos en combate por el bando republicano y de los aproximadamente 60.000 civiles.

Por supuesto nada escucho de los 50.000 muertos en combate del bando nacional o de los 150.000 civiles (más del doble) en la zona controlada por los sublevados.

Franco fue un dictador, por supuesto, ¿tenemos que celebrar el 50 aniversario de su muerte?, pues no lo sé. ¿deberíamos celebrar que la izquierda no respetara en 1934 las elecciones ganadas por el CEDA? ¿y la muerte del dictador Primo de rivera? ¿o la dictablanda de Berenguer? ¿o la de Fernando VII? o quizás ¿la muerte de Napoleón, o la de los borbones, o la de los Austrias o quizás de los reyes católicos, o …

Porque todos somos hijos de ellos, y también de los árabes, y de los romanos, y de los visigodos, y de otros pueblos germánicos, y de los cartagineses, y de los fenicios y los griegos, y de los celtas y celtíberos, ….

La historia de un país no se puede reescribir y todos somos partícipes (mal que nos pese) de sus hechos y sus culturas. La nuestra, como la de todos los países, se ha forjado a sangre y fuego, pero somos lo que somos porque sucedió lo que sucedió, conquistas, saqueos, muertes, represión,…

Si no queremos tener una memoria tan histórica (que deberíamos, para no repetirla), por qué no nos centramos en la historia más reciente, de cómo conseguimos obtener una democracia plena después de la muerte de Franco, en un hecho histórico que fue la envidia del mundo, como fue la transición.

¿Por qué se empeña Pedro Sánchez (no quiero hablar de la izquierda, porque la cosa tiene nombre y apellidos) en dividir a la sociedad y enfrentar otra vez a “dos bandos”, reabriendo tensiones ya superadas.  La respuesta está clara: porque le interesa políticamente para atacar al otro.

¿No podríamos hacer lo que se ha hecho en muchos países democráticos (por ejemplo, Alemania, con todo lo que sucedió) que estudian y explican abiertamente las dictaduras anteriores sin que eso rompa la convivencia?

Franco fue un dictador, pues sí, y en su mandato podemos recordar cosas que se caracterizaron por:

  • Mandato sin controles
  • Censura y control de los medios de comunicación
  • Control de libertad de expresión
  • Control del poder judicial
  • Influencia sobre la educación y vida social
  • Control de los precios y de la producción
  • Culto al líder
  • Organización sindical controlada por el gobierno
  • Control de la vida privada
  • Aparato policial con espionaje interno

¡Coño!, ahora que me doy cuenta, todas estas cosas son la que hace Pedro Sánchez. ¡Oye, no será hijo de Franco!

Si un político usa el pasado para dividir, en lugar de gobernar, proponer soluciones o liderar, ese comportamiento suele encajar en varias categorías reconocidas en ciencia política, es un Populista, que busca dividir a la sociedad en “buenos” y “malos”, que utiliza la emoción por encima de los hechos, que agita temas sensibles para ganar apoyo y evita asumir responsabilidades actuales.

Cuando un dirigente evita afrontar problemas reales (economía, sanidad, vivienda…) recurriendo a polémicas históricas, debates identitarios, enfrentamientos culturales y acusaciones al adversario, solo tiene como objetivo desviar la atención de su falta de resultados.

Un político que compensa su falta de capacidad de gestión con discursos vacíos, enfrentamientos constantes, relato emocional, culpabilización del pasado o del adversario, lo que nos ofrece es mucho espectáculo y poca gestión real.

No hace falta remontarnos a la edad media para encontrar ejemplos como el de Pedro Sánchez (teniendo en cuenta el contexto histórico), Hitler es uno de los ejemplos más claros y extremos de la historia de un político que utilizó el pasado para dividir, polarizar y ocultar su incapacidad real para gobernar democráticamente.
De hecho, es uno de los casos más estudiados en politología, psicología social y sociología política.

Adolf, como Pedro, manipuló y exageró episodios del pasado alemán para culpar a otros de la derrota en la Primera Guerra Mundial (“puñalada por la espalda”), demonizar a judíos, comunistas, gitanos y otros grupos (Pedro lo hace con lo que llama la extrema derecha), presentar a Alemania como víctima histórica (Pedro lo hace con Franco), crear un relato de humillación que solo él podía reparar.

Adolf, como Pedro, utilizó el pasado reformulado como arma política, no como análisis histórico. “buenos alemanes” (los progresistas), “enemigos internos” → judíos, socialdemócratas, periodistas, intelectuales, homosexuales (la extrema derecha).

Cuando la economía alemana no despegaba, Adolf (como Pedro) desviaba la atención hacia conspiraciones, supuestos complots internos, agravios históricos, enemigos imaginarios. La culpa nunca recaía en su propio gobierno.

Adolf, (como Pedro), realizaba un exhaustivo control de medios para imponer un relato único, prensa estatal controlada, propaganda masiva, reescritura del pasado.

Goebbels (ministro de propaganda) desarrolló estrategias que todavía se estudian y se usan hoy, como “Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad.”

El resultado final es que este individuo, con el uso del pasado, provoca la división interna y una sociedad enfrentada.

Esperemos que, a diferencia de Adolf, Pedro no termine con el tesoro de democracia que tenemos, aunque camino lleva.

José García Cortés

    22-11-25

GOBERNADOS POR LAS EMOCIONES: LA RAZÓN, PERDIDA EN LAS DEMOCRACIAS DEL SIGLO XXI

Resulta inefable y trascendente, la cascada de acontecimientos vergonzosos, conexos a la

desafección de los que opinan lo contrario al relato panegírico de los miembros del Gobierno. Observamos una crisis progresiva de valores e inmoral, donde las emociones se imponen a la verdad.

El Gobierno español, debería representar a la mayoría de los ciudadanos con ideas similares y objetivos comunes. Pues bien, se ha convertidos en una suma de partidos minoritarios y periféricos con enfoques diferentes y antagónicos. Estos políticos, incapaces de gobernar por sí solos, satisfacen sus aspiraciones, eligiendo un líder común, frío, calculador y charlatán sin escrúpulos, capaz de satisfacerlos; aún en contra de una población mayoritaria indignada, apática y silenciosa, a la que imponen una posverdad, cada día más implantada, con el fin de manipular creencias y actitudes de la población con fines políticos.

Darío Villanueva, filólogo y catedrático de literatura, opina que se trata de una posdemocrática hobbesiana: propuesta por Thomas Hobbes (1588-1679), o por el sociólogo británico Colin Crouch en el año 2004. Las formas democráticas persistirían, pero vacías de contenido, dando lugar al autoritarismo.

Esta situación iniciada en España por J.L.R. Zapatero el 14 de Febrero del año 2008, cuando en una entrevista con el periodista I. Gabilondo dijo: ¨ nos conviene que haya tensión ¨. Su objetivo no era otro que activar al electorado, polarizando a los ciudadanos, manipulando y despertando hechos pasados.

Ya nos advertía Platón (427-347 a. de C) de los peligros de la democracia de las mayorías;

satisfacer a personas con escasa preparación continuamente o agradecidas, desviaría del

propósito fundamental que se pretende.

Hasta el año 1890, durante el Gobierno de P. M. Sagasta, no se puso fin al ¨ sufragio censitario ¨ en España. La mujer, tuvo que esperar hasta 1931 para poder votar, gracias a los esfuerzos de Clara de Campoamor, aunque tuvo en contra numerosos críticos, incluso progresistas como Victoria Kent (1898-1987). Sugerían que la mujer no estaba preparada para ello por ignorancia, influencia de sus maridos o la iglesia católica.

Actualmente existen filósofos celebres y documentados; podríamos citar a Jason Brennant, profesor en Georgetown, que sostienen la idea epistócrata para gobernar: ¨ La democracia de los sabios ¨. Solo los más instruidos, podrían votar. La meritocracia sería algo parecido, pero proclama que lo hagan todos; aunque este compromiso, debería ser más relevante en los eruditos y preparados.

Los profesores expertos en política de Harvard, S. Levistky y D. Ziblatt, nos describen en su libro: ¨ Como mueren las democracias ¨, como serían las situaciones que nos deben alertar:

– Rechazo a las normas democráticas.

– Negación a la legitimidad del oponente político.

– Tolerancia o fomento de la violencia.

– Disposición a restringir las libertades civiles ( prensa, políticos opositores, etc ).¨

Las democracias no suelen morir repentinamente, sino de forma lenta, cuando los líderes

elegidos van debilitando las normas democráticas, los pesos y contrapesos institucionales, y el respeto mutuo entre adversarios políticos.

Entiendo que los avances democráticos conseguidos, no deberían regresar; pero me hace

pensar, como a tantos politólogos, filósofos y sociólogos a lo largo de la historia, que discrepan de las democracias de las mayorías, ya consolidadas. Estas, se convierten en aburridas y desilusionantes, de difícil comprensión, absorbentes y divisivas, con bajo nivel, incluso irrespetuosas y circenses; con una deriva en desafección entre ciudadanos y ruina del País.

Necesitamos conocer los peligros de las democracias actuales, llamadas del siglo XXI, donde las emociones se imponen a la razón y a la verdad, donde se señala y criminaliza al adversario político, y donde se utilizan las instituciones del Estado para conseguir fines políticos.

Los políticos deberían ser personas integras, preparadas e inflexibles con la cultura democrática; donde la seriedad, creatividad, convicción, responsabilidad y coherencia, prevalezcan como pilares fundamentales. La historia de la democracia nos ha advertido de sus peligros; no olvidemos a los líderes autocráticos salidos de las urnas. No creo que todo valga ni sea progresista. La auténtica democracia, la menos contaminada, debería ser siempre la de las mayorías, donde confluyan objetivos comunes como País, y que el esfuerzo, igualdad y solidaridad prevalezcan de forma civilizada e instruida.

Manuel Lozano Molina

        17-11-25

Del impulso fundacional al cortoplacismo

He vivido la última etapa del franquismo, el alumbramiento de la democracia y sus décadas de recorrido. Aquellos primeros años dejaron una impresión difícil de olvidar: dirigentes muy formados, con sentido de Estado y una vocación pública capaz de sacrificar vida privada y réditos partidistas.

Dicen que las comparaciones son odiosas, pero cuando uno recuerda a nuestros principales políticos de la primera democracia, de cualquier color, como Adolfo Suárez González, Felipe González, Alfonso Guerra, Enrique Fuentes Quintana, Fernando Abril Martorell, Marcelino Oreja Aguirre, Landelino Lavilla Alsina, José Luis Albiñana, Marcelino Camacho, Manuel Fraga, Gregorio López Bravo, Francisco Fernández Ordóñez, Rodolfo Martín Villa, Joaquín Garrigues Walker, Íñigo Cavero…

Y mira ahora el panorama actual con, Pedro Sánchez, María Jesús Montero, Yolanda Díaz, José Manuel Albares, Félix Bolaños, Fernando Grande-Marlaska, Miriam Nogueras Camero, Mertxe Aizpurua,Mónica García, Oscar Puente, Oriol Junqueras, Ernest Urtasun, Gabriel Rufián, …  y hasta el fugado Carlos Puigdemón, no puede dejar de preguntarse en qué parte del camino nos hemos perdido.

Hoy, sin negar las excepciones, la sensación sobre la evolución de nuestra política es terrible: partidos más encerrados en sí mismos, carreras políticas que empiezan y acaban dentro del aparato, menos escucha de la sociedad real, más pelea por el poder que proyecto de país. ¿Qué nos ha traído hasta aquí? Yo creo que las causas son múltiples y no me siento muy capaz de desgranarlas.

Partidos que miran más al Estado que a la sociedad. Con el tiempo, los partidos se han hecho más “estatales”: dependen de recursos públicos (como los Sindicatos y las supuestas ONG’s), compiten por escaños y cargos, y seleccionan a sus cuadros puertas adentro. El sistema de listas cerradas y la disciplina parlamentaria premian la lealtad interna por encima de la rendición de cuentas personal. Prospera el político que domina los pasillos del partido; escasea el que trae experiencia larga de empresa, escuela o administración “de trinchera”, de la vida, en definitiva.

La política bajo el foco permanente. La política vive dentro de los medios y, sobre todo, de las redes. Importa tanto, o más, ocupar la conversación que resolver problemas. Se premia el corte breve; se castiga la negociación silenciosa. En esa lógica, ceder se interpreta como claudicar y acordar como “traición”. ¿Quién arriesga capital político por reformas que maduran en ocho o diez años?

Desafección ciudadana y “vaciamiento”. La sociedad se ha hecho cómoda, se ha anestesiado y la militancia mengua. Menos bases, menos vida interna, menos tejido social. Cuando la sociedad se aleja, los partidos miran más a la administración y menos al barrio.

Reglas del juego que empujan a la táctica. Minorías, coaliciones frágiles y vetos territoriales fuerzan transacciones cortoplacistas. Lo importante es asegurar la votación de la semana. Las reformas de 8-10 ó 15 años (educación, seguridad, vivienda, demografía, agua, ciencia…) quedan a medio hacer, si es que se empiezan.

Más estudios, pero menos criterio. En mis años jóvenes abundaba gente con menos títulos, pero, a mi juicio, con más criterio y más involucración social. Hoy vemos más educación formal y, sin embargo, menos criterio cívico y menor implicación. ¿Cómo puede ser?:

  • Tener estudios no garantiza juicio prudente. El sistema ha medido más títulos que pensamiento crítico, deliberación y ética pública. Sabemos “aprobar”, no siempre deliberar.
  • Pasamos de la enciclopedia a la IA. Sobreabundancia de titulares, estímulos y cámaras. Con tanto ruido, es más difícil jerarquizar lo importante y mantener conversaciones.
  • Hay más movilidad, más soledad, más trabajos intermitentes: menos tiempo cívico. La vida asociativa —vecinal, cultural, sindical, deportiva— ha perdido centralidad; y ahí se aprendía criterio.
  • Parte de la energía cívica se ha desplazado a la señalización (aplaudir, compartir, indignarse) sin organización sostenida detrás. Parecemos más activos; somos menos efectivos.
  • Escándalos, polarización y promesas incumplidas erosionan la confianza social; sin confianza, cuesta cooperar y sostener proyectos largos.

Como resultado, nos encontramos con más alfabetización técnica y, a la vez, déficit de criterio público (capacidad de escuchar, ponderar, ceder y decidir con otros) y déficit de implicación sostenida.

¿Se puede revertir? Sinceramente, me parece casi imposible, porque los cambios que tendríamos que introducir me parecen tan grandes que no veo hoy a nadie capaz de abordarlos:

  1. Abrir la selección de candidatos. Primarias exigentes, concursos de méritos, trayectorias verificables. Más competencia interna = más talento social.
  2. Pactos de Estado con cláusulas de estabilidad para educación, ciencia, pensiones, agua y vivienda (metas a 10–15 años, evaluación periódica).
  3. Transparencia y controles: financiación clara, auditoría independiente, sanción efectiva. Menos rentable medrar, más valioso servir.
  4. Capacidad técnica y evaluación: medir resultados y costos de políticas; rectificar cuando no funcione.
  5. Reconectar partidos y sociedad: foros deliberativos, presupuestos evaluados, comparecencias con datos; escuchar mejor sin plebiscitarlo todo.
  6. Recompensar el consenso en el sistema mediático: prestigiar acuerdos útiles y desenmascarar teatro.
  7. Cívica para adultos, no solo para alumnos. Tenemos que re-formarnos en lo social.

No se trata de volver a 1977: aquel país ya no existe. Pero sí de recuperar la ambición de pactar lo importante sin dejar de competir por lo opinable. La política se “empequeñece” cuando se rompe el equilibrio entre servicio y carrera, entre evidencia y relato. Se agranda cuando los partidos abren ventanas, cuando los medios dejan espacio al acuerdo y cuando la ciudadanía exige menos espectáculo y más propósito.

La Transición probó que somos capaces de acordar lo esencial. Hoy, y siempre, la madurez democrática ha consistido en sostener proyectos de país que sobrevivan a varias legislaturas y en seleccionar dirigentes que sepan algo más que ganar una guerra de titulares. Menos ruido, más horizonte. Menos trinchera, más España.

Pero… ¿quién le pone el cascabel al gato? Yo, personalmente, sigo confiando en Pedro Sánchez.

José García Cortés

        2-11-25

Un recuerdo que no se apaga

Hoy, Día de Todos los Santos, me siento a escribir con un punto de añoranza. Voy cumpliendo años y he visto cómo el tiempo se lleva a muchas de las personas que he querido mucho: padres, hermano, esposa, suegros y un puñado de mis más granados amigos.

Sin embargo, ese mismo tiempo también me los trae de vuelta, porque su huella forma parte de cada gesto de mi vida. Este artículo es para ellos: un recuerdo sentido y un gracias sereno por todo lo que vivimos juntos.

Aprendí de mis padres mucho más que normas o consejos. Me enseñaron la dignidad de los días sencillos: el valor de madrugar sin ruido, de cumplir la palabra dada, de compartir la mesa, aunque el pan fuera poco. Cuando pienso en ellos, me detengo en la herencia invisible que me dejaron y siguen estando aquí cada vez que extiendo la mano a alguien o cada vez que río con ganas.

De mi hermano, aunque se marchó demasiado pronto, recuerdo esa lealtad que solo existe entre hermanos, entre niños.

Mi esposa fue mi hogar. Con ella aprendí que amar es un trabajo artesanal: escuchar, ceder, celebrar, reconciliar, volver a elegirnos cada mañana. Su ausencia fue muy pesada, pero también ella me enseño que se debe seguir amando y aprendiendo a compartir la vida con otros seres queridos, porque el amor se reproduce.

Y están los amigos, compañeros de ruta. Con ellos aprendí a multiplicar la alegría. La amistad, cuando es verdadera, no entiende de distancias ni de calendarios.

No escribo estas líneas desde la tristeza, sí desde la añoranza y desde luego, desde la gratitud. Las cicatrices que me han ido dejando también me han enseñado que el recuerdo no debe ser una jaula, sino una brújula.

Sé que hay un ciclo vital para todos, que el tiempo seguirá su curso y que vendrán más inviernos. Pero también sé que hay un lugar donde nadie se va del todo: la memoria agradecida. Hay un jardín invisible, y cada nombre tiene su sitio y cada historia, su aroma.

A quienes me dieron la vida, a quienes la compartieron conmigo y a quienes me hicieron un poco mejor con sus enseñanzas, les digo hoy: GRACIAS. Gracias por lo que me enseñaron, gracias por enseñarme a reír, a pedir perdón y a empezar de nuevo. Gracias por habitar en mí de una manera que no entiende de despedidas.

En este Día de Todos los Santos, enciendo una luz para recordar todo lo que me dejaron. Su recuerdo no me ata al pasado: me impulsa a vivir con más verdad el presente y a ser cada día un poco mejor. Mientras tenga memoria seguirán conmigo. Porque hay ausencias que no vacían: llenan. Y la suya, la vuestra, es de esas que siguen dando calor.

José García Cortés

        1-11-25

Carta – septiembre 2025

Quiero compartir algo sobre pensamientos, emociones y cómo vivimos lo que nos pasa. Hay días en los que vamos con fuerza, y otros en los que sentimos que se nos acaba la energía, como si el depósito estuviera en reserva.

Cuando tocas fondo.

A veces me he visto sin fuerzas y con la sensación de haber tocado fondo. En esos momentos, lo único que me ha ayudado es parar y observar: mirar lo que siento y lo que pienso, sin juzgar, para entender qué está pasando.

El “observador” y la “fábrica de pensamientos”

Me di cuenta de algo importante: no soy mis pensamientos.

  • Por un lado, está la “fábrica de pensamientos”, que no para: ideas, recuerdos, preocupaciones que van y vienen.
  • Por otro, estoy yo, el observador que se da cuenta de todo eso.
    Igual que no somos nuestros sentidos (oído, vista, olfato), tampoco somos la mente: la mente es una herramienta que usamos para entender y relacionarnos con el mundo.

Para qué sirve la mente… y dónde se complica

La mente es muy útil para trabajar, estudiar, resolver problemas. Pero si no la entrenamos, puede enredarnos: encadena pensamientos y emociones y acabamos dentro de una tormenta mental. De ahí vienen la inquietud, la ansiedad y la sensación de que no hay paz.

Salir del piloto automático

Hoy se habla mucho de mindfulness: básicamente, prestar atención al presente para salir del bucle de pensamientos que aparecen solos. No se trata de “dejar la mente en blanco”, sino de mirar con claridad lo que sentimos y pensamos sin dejarnos arrastrar.

Un truco sencillo

  • Para – Observa – Vuelve:
    1. Para un momento.
    2. Observa tu respiración, tu cuerpo, lo que piensas.
    3. Vuelve a lo que estabas haciendo, con esa atención más limpia.
      Este gesto evita que el “tren de pensamientos” nos lleve por delante.

No confundirnos: mente ≠ persona

Una confusión común es creer que somos lo que la mente dice. Pero quien somos de verdad es esa conciencia que observa: la que ve lo de fuera (lo que ocurre) y lo de dentro (sensaciones, ideas). Cuando lo entiendes, te sientes más libre: ya no estás encerrado en lo que la mente cuenta a cada minuto.

Entrenar la herramienta

Como cualquier herramienta, la mente necesita entrenamiento:

  • Diferenciar pensamiento y emoción.
  • Poner límites al bucle mental.
  • Usarla cuando toca (estudio, trabajo) y descansarla cuando no.
    Ese entrenamiento da estabilidad y nos ayuda a vivir con más calma.

Una conclusión simple

Somos más que los pensamientos, sensaciones o emociones que pasan por nosotros. Somos quien lo observa todo. Cuando recordamos eso, ganamos libertad y menos peso de lo que nos remueve por dentro. Ahí aparece el espacio para la paz

Raúl Ramos de la Plaza

   Inspirado por Raquel

       22 – 9 – 2025

ME SIENTO ESPAÑOL

Hoy, Día de la Hispanidad, miro alrededor —a las plazas que se llenan, a las banderas que se agitan y, sobre todo, a la gente que se reconoce— y me pregunto por qué me siento español. Y la respuesta no viene solo de los libros de historia; viene del pulso cotidiano, de una manera de estar en el mundo. Viene de una memoria vieja y de un presente que no deja de rehacerse.

Me siento español porque comparto una lengua inmensa que abre puertas en dos hemisferios, una lengua que sirve para reír, para cantar, para discutir, para abrazar. El español es puente antes que frontera (aunque algunos no quieran): en él cabe la poesía y el pregón del mercado, la nana y la novela, la conversación al sol y la conferencia en cualquier universidad del planeta. No estamos solos; formamos parte de una comunidad hispánica plural, mestiza, contradictoria, sí, pero interminablemente fértil.

Me siento español porque venimos de una historia larga —con luces que nos enorgullecen y sombras que nos obligan a pensar— y porque hemos aprendido a mirarla de frente. Fuimos nave y astrolabio, pergamino e imprenta, catedral y aljibe. Hubo grandezas y errores, encuentros y heridas; negar cualquiera de esas orillas sería mutilarnos. Precisamente por eso, por saber que somos la suma de lo que acertamos y lo que rectificamos, caminamos con más verdad. España ha sido muchas cosas y, en el balance, ha pesado en el mundo: en la cartografía de los océanos, en la circulación de ideas, en el mestizaje cultural que ensanchó los mapas del espíritu.

Me siento español porque aquí se cruzan montaña y mar, huerta y desierto, lo atlántico y lo mediterráneo. En pocas horas pasas del Cantábrico bravo a la calma dorada de un olivar; subes al Pirineo o sueñas en las dehesas. Ese capricho de la geografía se vuelve carácter: diversidad de acentos, músicas, ritmos, fiestas, maneras de cocinar y de celebrar. Somos una nación de naciones, un país de países, y justo ahí —en esa variedad que a veces nos impacienta— habita nuestra fuerza.

Me siento español porque hemos creado belleza que habla por nosotros cuando callamos: cuadros que detienen el tiempo, guitarras que lo encienden, versos que nombran lo que parecía innombrable. De la picaresca al Siglo de Oro, de la copla al flamenco, de la guitarra en la calle a la voz de nuestros teatros: el arte nos ha enseñado a sentir juntos. Y también porque hemos aportado ciencia y pensamiento: hubo quienes miraron al microscopio y al cielo, quienes abrieron senda en la medicina, en la ingeniería, en la filosofía, y lo hicieron con esa mezcla tan nuestra de paciencia y terquedad.

Me siento español por un gesto que se repite en cada barrio: la mano tendida. Cuando arde un monte, cuando un río se desborda, cuando alguien se queda sin nada, aparecen cuadrillas espontáneas: bomberos y voluntarios, vecinos con furgonetas, manos anónimas que cocinan, acogen, arreglan, reconstruyen. Esa solidaridad discreta —que no busca foto— es una patria.

Me siento español porque nuestra forma de vivir defiende la sobremesa como espacio sagrado, porque el tiempo de la conversación vale tanto como el del trabajo; porque sabemos que una plaza con niños jugando es un indicador de salud pública; porque en el bar de la esquina caben los jubilados que arreglan el país, el estudiante que sueña su futuro y el camarero que conoce nuestras manías. Esa vida compartida es, quizá, el invento más perfecto de nuestra cultura.

Me siento español porque, sin renunciar a lo que fuimos, hemos aprendido a ser modernos: a tender trenes veloces sobre tierras antiguas, a hacer medicina puntera en hospitales públicos, a levantar energías renovables en campos de viento y de sol. Y porque creemos —con todas las dudas del mundo— en una democracia que se cuida con participación, con discrepancia y con reglas; en unos servicios que nos igualan cuando la vida se tuerce; en una idea de Europa que nos hace más grandes sin hacernos menos nosotros.

Me siento español por el hilo invisible del deporte que nos ha enseñado a ganar sin humillar y a perder sin rendirnos; por las celebraciones en las fuentes, por el gol que une a desconocidos, por la maratón que corta la ciudad y nos recuerda que la voluntad se entrena. Y me siento español por los pequeños héroes cotidianos: el agricultor que madruga, la sanitaria que atiende, el maestro que enciende luces, la ingeniera que prueba, el autónomo que resiste. Ellos sostienen el orgullo que hoy pronunciamos.

Me siento español porque sé decir “lo siento” y “gracias” en el mismo idioma con el que digo “te quiero”. Porque reconozco que nos faltan cosas —siempre faltan— y, aun así, miro alrededor y veo un país que siempre vuelve: que se levanta después de la tormenta, que discute y se reconcilia, que se ríe de sí mismo para no olvidar que la alegría también es un deber cívico.

Y, sobre todo, me siento español porque no estamos solos. Somos un capítulo de un libro más grande que viaja de Cádiz a Cartagena de Indias, de Salamanca a Oaxaca, de Sevilla a Lima, de Barcelona a Montevideo. Hoy celebramos esa hermandad de la palabra y de la memoria, sabiendo que el respeto al otro es la condición de todo orgullo verdadero.

Que ondee, pues, la emoción sin estridencias: orgullo sereno, consciente de la ruta y del equipaje. Brindo por una España que no teme a su pasado porque cada día se gana el presente; por una España que sueña en grande y cuida lo pequeño; por una España que se reconoce plural y, por eso mismo, entera.

Feliz Día de la Hispanidad.

José García Cortés

    12-10-25

Absentismo laboral en España

Una mala salud de hierro

La verdad es que hay que reconocer que cuando uno está malito no tiene ganas de trabajar.

Y pensando en eso de las ganas de trabajar, he sentido la curiosidad de bucear en el proceloso mar de cifras, que desde luego no las suele proporcionar el gobierno, que, como sabemos todos, navega en el mar de la opacidad.

El absentismo laboral (las ausencias al puesto de trabajo por enfermedad, incapacidades temporales u otras causas) es un fenómeno que trasciende el ámbito privado: también golpea al sector público con especial intensidad y genera un coste económico real que llega a cifras astronómicas. Y me empiezo a preguntar ¿habrá un virus que ataque especialmente a los funcionarios?

En cuanto a los sectores con mayor incidencia tenemos, Industria: 7,4 %  ; Servicios: 7,0 %  ;  Construcción: 5,3 % ; Administración Pública, en torno al 8,6%, por encima de la media y claramente por encima de la construcción

Solo a la vista de estos primeros datos, debo pensar que el fuerte calor en verano y los gélidos fríos en invierno que se disfrutan sobre un andamio son mucho más saludables que las oficinas acondicionadas de los funcionarios. Bendita salud la de los albañiles.

En las cifras no he sido capaz de que me desagreguen a los agricultores, pero por experiencia propia en los últimos años, puedo asegurar que el estar de sol a sol, bajo las inclemencias del tiempo y manejando todo tipo de maquinaria, también les dota que una salud de hierro.

Resulta que también los funcionarios, según el coste para las mutuas, las bajas del sector público resultan un 24 % más caras que las del sector privado, con una indemnización diaria de cerca de 50 €/día frente a 41 €/día del resto de la media y, además tienen una duración media mayor que en el ámbito privado.

Claro, ahora entiendo con qué desganan te atienden (cuando te atienden) en la mayoría de los organismos públicos (no todos). Es que tienen muy mala salud los pobrecitos.

Haciendo unas gestiones hace poco, me encontré con una funcionaria conocida y al preguntarle qué hacía por allí me respondió: Es que hemos bajado a desayudar y ahora “toca el paseíto”. No profundicé más en la cuestión, pero seguro que su médico de cabecera le obliga a caminar todos los días, en horas de trabajo, para reducir la factura de las bajas y los medicamentos que pagamos con cargo al erario. Todo sea por su salud.

También conozco a funcionarios (más de uno) que llevan por encima de un año de baja y que acuden “todos los días” a los mejores pubs nocturnos, en busca de la medicina que les libere del mal administrativo. No quisiera estar en su piel.

El Banco de España estimó que el gasto por IT ya supera los 15.000 millones de euros (para enfermedades comunes) y puede llegar a 16.480 millones si se incluyen contingencias profesionales. observándose un aumento del gasto del 78,5 % desde 2019.

Aunque fuentes de Bankinter, indican que el absentismo implicó la pérdida de 2.032 millones de horas de trabajo, con un coste bruto estimado de unos 47.494 millones de euros, equivalente al 3,2 % del PIB. Estos datos hacen evidente que el absentismo laboral tiene un peso económico significativo, tanto en prestaciones directas como en pérdida de actividad productiva.

Menuda milonga la que nos cuelan con la dieta mediterránea. Que si somos de los más longevos del mundo, que si comemos sanos y todas estas cosas. Pues no, resulta que nos ponemos más malitos que nuevos vecinos europeos. Lideramos las tasas de absentismo por IT en Europa, estando entre los primeros países con una proporción de ausencias más alta que la media comunitaria.

Tanto sol y tanta pamplina, frío es lo que necesitamos, como en Europa.

Pero resulta que nuestro sol y nuestra dieta mediterránea no son todos nuestros problemas, ya que un estudio revela que los lunes (28%) son el día con más bajas médicas por enfermedad común, seguido por los martes (20%), y luego decrece hacia el final de la semana.

Como todos sabemos, la palabra lunes proviene del latín “Lunae diez”, que significa «día de la Luna». Leches, también la luna nos afecta negativamente para el trabajo. Fuentes malinformadas apuntan a que Yolanda Díaz ya está trabajando para poner fin a esta pandemia.

Aunque en las cifras oficiales un “puente” no computa a la hora de valorar el absentismo, lo que está claro es que aumenta las horas no trabajadas. Y, de la misma forma que en nuestro país todos somos entrenadores de fútbol, nuestra vocación por la arquitectura está más que demostrada.

Pues resulta que, además de ser uno de los países europeos que más fiestas tenemos al cabo del año, somos los que más absentismo tenemos y los que menos productividad. Coño, ¿cómo no vamos a ser los más longevos?

José García Cortés

      12-10-25

Fuentes principales: Randstad Research, Adecco Institute, Eurostat, Encuesta Trimestral de Coste Laboral (INE), etc. Barómetro de Absentismo de Mutua Navarra / Mutua Navarra, El Economista+3El Debate+3Libre Mercado+3, The Objective, Bankinter

LA MALA MEMORIA

Esta mañana estaba escuchando el programa de Onda Cero que se emitía desde Alcázar de San Juan, localidad en la que se está terminando la vendimia.

Una de las entrevistas que han realizado ha sido a José Luis Martínez guijarro, vicepresidente primero del Gobierno de Castilla La Mancha. Hombre con un buen currículo formativo y que ha estado prácticamente toda su vida laboral vinculado a la administración.

Ha comentado reiteradamente la necesidad de que vengan más inmigrantes porque tienen escasez de mano de obra, al tiempo que ha criticado vehementemente las declaraciones del P.P. sobre el carné por puntos y, por supuesto a BOX, por su política antiinmigración.

El Sr. Martínez, seguramente no realizaba esas declaraciones de forma sesgada ni tendenciosa, pero ha tenido un lapsus de memoria al no mencionar que concretamente en Alcázar de San Juan hay una tasa de paro del 13%, según datos SEPE.

Seguramente, también por descuido, a pesar de ser vicepresidente primero, ha olvidado mencionar que Castilla La Mancha tiene una tasa de paro del 13,23%, según fuentes oficiales, bastante superior a la media nacional.

No estoy en contra de la inmigración en general, sí del despelote de política que tiene este puñetero gobierno, como así lo puse de manifiesto en mi estudio sobre la inmigración.

Si han de venir inmigrantes, traigámoslos, pero no es de recibo que las políticas clientelistas de este “gobierno progresista” continúe dando de comer, con cargo a nuestros impuestos, a un ejército de holgazanes y demás patulea que pueblan nuestros territorios.

No es de recibo que no encuentre trabajadores cuando necesito mano de obra para mis tierras, y no es de recibo que cuando consigo a alguien, no quiera que les de alta en la Seguridad Social porque están cobrando las ayudas de un estado que ni controla a los vagos y ni siquiera tiene el más mínimo interés.

Hay un debate serio pendiente sobre inmigración, SI, pero hay un debate previo sobre el problema que hemos generado en una generación de vagos que ni quieren trabajar ni se les espera.

Así nos va.

José García Cortés

     5-10-25

EL ¨ NUDO GORDIANO ¨ DE LA POLITICA ESPAÑOLA

Es triste que el debate de la política española se haya convertido en disputas retóricas con numerosas escaramuzas dialécticas e invectivas continuas ante el adversario.

Creo que los medios de comunicación deben limitar a contertulios y políticos que no tengan un mínimo de educación y respeto. Pongo varios ejemplos:

El representante de Podemos del Parlamento de Castilla y León, Pablo Fernández, no ha tardado en contestar a A. Núñez Feijóo sobre sus recientes declaraciones de la inmigración indiscriminada. Lo ha llamado: deleznable, miserable y abominable. Que su discurso actual está cerca del ¨delito de odio ¨, por criminalizar a los emigrantes: ¨ Debería ser juzgado y condenado ¨. Solo ha dicho que la inmigración debería ser legal y que tendrían que ser deportados los que tengan causas criminales.

Ana Alcalde, con el apelativo de la ¨ Barbie de Gaza ¨, cree que es un ¨ bulo ¨ las violaciones y asesinatos despiadados a las jóvenes israelíes cuando fueron aterrorizadas por Hamás el 7 O. Cuando distintos programas y medios le han llamado la atención; los ha hecho responsables de su integridad física y amenazas, insultándoles llamándoles fascistas y genocidas.

El exministro J.L. Ábalos, concupiscente e iracundo, se subleva y se vuelve draconiano cuando se le pregunta por sus fechorías económicas, sus meretrices y su presencia con colipoterras (como le llamó C. J. Cela ) en casas de lenocinio.

Cuando a los portavoces gubernamentales se les pregunta por las imputaciones de los familiares del presidente del Gobierno o el Fiscal General, responden siempre de forma extemporánea y anacrónica, refiriéndose a Ministros del Gobierno de M. Rajoy. Antes de que terminen su intervención, no se olvidan de demonizar al medio que le ha preguntado.

No es intrascendente lo que está ocurriendo. Continuamos sin un líder político capaz de deshacer este ¨nudo gordiano¨ de los entresijos de la democracia española como en su día hizo el Rey de Macedonia: Alejandro Magno. Cortó con su espada de solo un estoque este nudo, sin detenerse a su desenredo. Es obvio que este líder español lo haría de forma metafórica.

Manuel Lozano Molina

          30-9-25