EL DÍA QUE VOTÉ SOCIALISMO o NECESITAMOS UNA LEY QUE NOS PROTEJA

Aunque pueda no parecerlo, uno fue joven alguna vez. Pelo largo, universitario, espíritu reivindicativo y muchas ganas de cambiar cosas de la época franquista, aunque no me hubiera tocado vivir la parte dura de la dictadura.

Era una época en la que el socialismo trataba construir cosas basados en la igualdad, la equidad económica, la iniciativa personal, la cooperación moral de los individuos y promoviendo estructuras políticas y económicas de distribución social.

Muchos, muchos años después, mis inquietudes y mi espíritu se han movido en el fondo muy poco de las posiciones iniciales. Digamos que las normales en los que la edad te hace evolucionar, pero nada significativo.

Desde que hay democracia en España, izquierdas y derechas han sido barcos con buena quilla y orzas que les han dado estabilidad y ayudado a contrarrestar las fuerzas ejercidas sobre las velas y la deriva de los procelosos mares de intereses.  Se han escorado más a un lado o a otro, según su ideología, pero siempre mantuvieron estable sus naves en los aspectos fundamentales (la unidad del país, la seguridad, la Jefatura del estado, los órganos de control,….).

Y todo funcionaba bien, hasta que llegó el idiota de Zapatero (y no digo esto como insulto personal, sino para definir su corto entendimiento y su engreimiento sin fundamento para ello), que hizo más profunda de lo necesario la crisis económica y abrió la aceleración para el independentismo catalán, y vasco al rebufo, con sus tontunas de la España plural, nación de naciones o la vergüenza de la Alianza de las Naciones.

Desde luego, la expresión ‘caerse de un guindo’ le viene como anillo al dedo a Zapatero para referirse a su credulidad e ignorancia en muchos asuntos. Y digo esto a pesar de que fue capaz de sorprendernos a todos aprendiendo economía en dos tardes.

El muy corto de miras del Sr. Zapatero quería identificarse con países nórdicos —Islandia, Noruega, Dinamarca, Suecia y Finlandia— como ejemplos exitosos de economías socialistas, cuyos modelos, además, deberían ser replicados en otras partes del mundo, particularmente en América Latina. Catalogaba a estas economías como socialistas simplemente porque cuentan con elevados niveles de gasto público y altas cargas tributarias, sin tener en cuenta las enormes distancias en nuestras rentas y en nuestras culturas.  Ya hemos terminando viendo lo que ha conseguido en Venezuela, en sus patéticas e inexplicadas “mediaciones”.

Zapatero, con sus continuos fracasos y el sometimiento a los dictados del nacionalismo radical y fundamentalista, comenzó a desdibujar el PSOE y a desequilibrar la embarcación en aspectos fundamentales de nuestra democracia, lo cual abrió, sin remedio, una espita hacia a balcanización de España.

Pero todo eso podría no haber pasado de ser una mera y reconducible deriva si no hubiera sido por el aterrizaje de Pedro Sánchez. La verdad es que no podemos negar que el muchachote, chulo él, ha sido persistente desde sus inicios. Ya en marzo de 2016 pierde las dos votaciones de investidura forzando la convocatoria de elecciones en las que obtiene todavía menos apoyos que en la anterior. A toda costa quiere evitar el gobierno del PP a pesar de que muchos, dentro del PSOE, abogan por abstenerse y dejar gobernar al PP, entre otros, el expresidente del Gobierno Felipe González quien llamó mentiroso a Pedro Sánchez porque le prometió que el PSOE se iba a abstener para dejar a Mariano Rajoy gobernar.

Es expulsado en un Comité Federal, aunque, desgraciadamente para todos, vuelve a liderar el partido ganando las primarias. Este perfecto desconocido hasta que optó a la Secretaría General del PSOE que dejaba vacante Alfredo Pérez Rubalcaba, vio la oportunidad de cumplir su vieja aspiración de encabezar el Ejecutivo gracias a una moción de censura que terminó con el Gobierno de Rajoy, para lo cual tuvo que pactar con lo más granado de nuestra sociedad: Podemos, ERC, CDC, PNV y EH Bildu.

Muchas similitudes encuentro en la forma de acceder al gobierno de sus países entre, nuestro lamentable Pedro Sánchez y las de Hitler y Stalin, actitud obsesiva por el poder y marrullerías continuas para poder conseguirlo, entre otras, atizar las llamas entre izquierdas y derechas hasta convertirlos en enemigos irreconciliables. Lo malo de esa vieja táctica es que hay mucho imbécil que entra al trapo y se deja arrastrar, lo cual dificulta ver dónde está el verdadero mal.

Pero si hay similitudes en sus respectivas historias de acceso al poder del Sr. Sánchez, también lo hay en la forma de actuar, incluso en la responsabilidad de los muertos a sus espaldas (aunque sean diferentes las causas y el número). Sus ambiciones personales se anteponen a todo y por encima de todo. Es su pecado capital.

A pesar de que presume de haber sido elegido en las urnas, continúo pensando que lo fue de forma ilegítima, porque lo consiguió a base de mentir a todos. Ha incumplido todas y cada una de las promesas que hizo al electorado para poder acceder a su sueño dorado. Pedro Sánchez es un auténtico impostor que ha engañado a sus electores y ha traicionado a su propio partido, porque lo que ejerce este dictador no es socialismo, es SANCHISMO.

Intenta siempre saltarse la opinión de todas las instituciones que ejercen de contrapeso en nuestra democracia, elude todo lo que supone transparencia en el gobierno y trata de controlar los medios de comunicación, financieros y hasta la justicia. ¿no son éstas prácticas fascistas/leninistas?

Pedro Sánchez entró en el cuerpo del PSOE pero realmente no forma parte de él, es una Tenia, un parásito que utiliza el socialismo como escudo para ejercer el SANCHISMO. El socialista tradicional, de izquierdas y equilibrado, no entiende el trilerismo permanente al que juega, no entiende que sea el único gobernante de nuestro mundo civilizado que no ha establecido pactos de estados para afrontar la pandemia y sus consecuencias, no entiende las relaciones con los partidos separatistas en Cataluña y País Vasco ni tampoco con los francotiradores de Podemos. Al votante socialista le duelen los ojos de contemplar el prostíbulo que ha montado el Sr. Sánchez para comerciar con los votos a cambio de favores para conseguir sus aspiraciones personales, que no las del país o al menos, una gran mayoría del país.

Pedro Sánchez lamina todo lo que no sirve a sus intereses, todo lo que no sea SANCHISMO. Ha descabezado a todos los de su partido que no le rinden pleitesía, todos han sido apartados y solo acepta a los que le sirven con una fe casi religiosa. No tiene ningún interés por la democracia, por el progreso ni por defender la unidad y el orden en el país. Solo le interesa lo suyo.

Este SANCHISMO, que tiene trato preferente con Bildu en un país que ha sufrido durante muchos años la experiencia del terrorismo, que da cabida en el Gobierno a Podemos, un partido favorable al separatismo y a las tesis bolivarianas, que dice que a ETA hay que entenderla en el buen sentido de la lucha antifranquista, y que pacta con los golpistas catalanes, no es el partido de los socialistas de bien.  

Se ha ido saltando todas las líneas rojas y eso no solo lo ve la gente de izquierdas, sino la sociedad entera. Pedro Sánchez ha convertido las siglas del PSOE en un partido populista que acepta una cosa o la contraria según vayan las elecciones o sus intereses personales. Y yo no creo que el votante socialista que mantenga orientada su quilla y la orza en su barco, se identifique en absoluto con todo eso. Seguramente (ojalá) el reciente resultado electoral en Madrid tenga que ver con todo esto.

Es surrealista ver en el panorama político a ilustres socialistas como el Sr. Leguina o Nicolás Redondo manifestando su desencanto y diciendo abiertamente que el actual PSOE no es el partido en el que ellos han creído y por el que tanto han peleado. La respuesta SANCHIANA ha sido muy democrática, les han comunicado la apertura de un expediente sancionador.

El verdadero enemigo no es el PSOE, es Sánchez y la panda de gánsteres de la que se ha rodeado. La estrategia SANCHISTA –al más puro estilo goebbeliano – recurre a la propaganda, al ataque personal, a la infamia y al enfrentismo sin dudarlo. Estamos asistiendo al desgobierno por un lado y a la glorificación de la mentira y a la maquinación contra el adversario. Eso nunca ha sido el socialismo de nuestra democracia.

Tenemos leyes que nos protegen de aquellos administradores que mienten y son desleales en las sociedades, tenemos leyes que protegen a los niños cuando sus progenitores no cumplen con sus obligaciones, tenemos leyes que nos protegen de la delincuencia, … tenemos, en definitiva, un sistema proteccionista bastante bueno.

Pero no tenemos ninguna ley que nos protejan de estos señores que actúan como si fueran delincuentes. Necesitamos una.

José García Cortés

        14-5-21

2 comentarios sobre “EL DÍA QUE VOTÉ SOCIALISMO o NECESITAMOS UNA LEY QUE NOS PROTEJA

  1. Se nota que no estas feliz con este par que nombras. Pero no parece fácil mejorar las cosas a corto. Y a largo: ” no hay mal que cien años dure… ni cuerpo que lo resista”. ¡ Laus Deo!.

    __________________________________ José Corral Lope *www.supervivenciayaltruismo.org/es/ * *www.supervivenciayaltruismo.org/en/ *

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: