Distopía

Distopía, me gusta el sonido de esta palabra, aunque no su significado.

Esto es en lo que se está convirtiendo España, en una sociedad ficticia indeseable en sí misma, muy alejada de la utopía acuñada por santo Tomás Moro en la que describió un modelo de sociedad ideal con niveles mínimos de crimen, violencia y pobreza.

En un gobierno de cualquier tipo (político, empresarial, social,..) se cometen errores, quien no, pero cuando éstos se suceden unos tras otros, se comienza a cultivar el estado policial, y se persiste en un modelo de clientelismo y de miseria, el sufrimiento de la población llama permanentemente a la puerta.

Nuestros dirigentes se están empeñando (como nos describía Aldous Huxley en “Un mundo feliz”),  en enseñarnos un modelo de sociedad en el que sus habitantes parecen vivir “un mundo feliz”, todo ello se consigue a base de manipular los medios de comunicación, de endeudar perpetuamente al país y a negarse a afrontar los problemas endémicos que tenemos en educación, gasto público, justicia, industria,…… Solo nos falta el avance en la eutanasia y el desarrollo en la técnica reproductiva. Todo llegará.

Podría llegar a entender en un dirigente que su deriva ideológica pudieran llevar progresivamente a consecuencias extremas a la sociedad que gobierna, pero cuando alguien pacta al tiempo con gente tan alejadas en sus pensamientos como exterroristas, separatistas y antisistemas, ¿dónde está la ideología?.

Un beneficio que podríamos obtener del gran mal que nos ha traído el Covid 19, y su pésima gestión, es la posibilidad de acceder a ingentes cantidades de dinero para paliar daños si hacemos las reformas que, por cierto, tanto necesitamos, pero ¿dónde está la gobernanza si nuestros dirigentes se dedican a mendigar los fondos que no suponen justificación posterior y a racanear o eludir aquellos que suponen la asunción de compromisos y reformas?.

Creo que a estas alturas ya no teníamos ninguna duda sobre quien es cada uno y solo cabe pensar que, a través de las fisuras que se han ido produciendo en nuestro sistema democrático y utilizando la indolencia de una sociedad anestesiada por la comodidad de las subvenciones y la ley del mínimo esfuerzo, alguien/es, se están aprovechando para sacar beneficio personal.

Y además, lo consiguen utilizando todo aquello que divide a la sociedad española porque saben que mientras mantengan esa división, ellos tienen posibilidades de mantenerse.

Acabado el jugo que tenían que sacar a los restos de Franco, ahora están con la Casa Real. Mientras, los principales problemas del país siguen sin gestión. Entre otros, las acuciantes reformas legislativas que habían prometido en mayo para hacer frente a futuros brotes sin necesidad de decretar de nuevo el estado de alarma.

Nuestra distopía no es un peligro futuro, es ya una situación de presente que, con medios de conducción de la sociedad, están derivando en situaciones abusivas, injustas y perjudiciales a la larga en el estado del bienestar, tanto para nosotros como para nuestros descendientes.

Y no con ello quiero transmitir una visión apocalíptica de nuestra situación, sino el convencimiento de que cuando las cosas se hacen mal, se terminan pagando en el tiempo con una magnitud aceleradamente creciente.

Es muy importante percatarse de que la distopía ya no narra un futuro imaginario, sino que desvela el presente cierto, y que nuestra “Sociedad Distópica” ya no es una ficción, ni algo por venir. Es muy real y está aquí, avanzando entre nosotros, aunque las consecuencias no sean todavía muy evidentes.

Ya escribí en su momento un extenso artículo “nos salen los políticos por las orejas” dividido en cinco partes en el que me reafirmo y en el comparto opinión con muchos españoles en el sentido de que para arreglar los muchos problemas que tenemos, tendríamos que solucionar primero el de los malos políticos de los que “disfrutamos” y la pésima gestión que obtenemos de ellos.

Está claro que no haber hecho bien los deberes durante muchos años, y haber vivido más al estilo cigarra que al de hormiga, nos obliga a apretarnos el cinturón y pasar unos duros ajustes, pero al menos nos quedaría el consuelo de que puedan servir para corregir situaciones endémicas que no deberían repetirse en el futuro.

Parece mentira, pero solo nos queda pensar que nos obliguen desde Europa.

José García Cortés

      20-7-20

2 comentarios sobre “Distopía

  1. La verdad es que pararse a pensar un minuto, da mucho miedito. Como puede ser posible que estemos en estas, en el siglo XXI en España?? Era de la impresión desde que en los 80 empecé a pensar por mi mismo, que habíamos aprendido de nuestros errores históricos, y que sería imposible que los volviéramos a cometer otra vez en mi generación( como ha venido pasando a lo largo de nuestra historia). Y aquí me encuentro. Siendo partícipe de la actualidad por omisión principalmente, e intentando no tener ese minuto de reflexión llenando mi cabeza de todo lo que pueda, sea importante o no. El SOMA de Huxley . La filosofía del avestruz que siempre odié y que soy consciente que estoy llevando a cabo. Espero que al menos tenga reaños para no quejarme de lo que venga. Tengo lo que me merezco, vaya ¡¡
    Gracias Pepe, por hacerme pensar. Aunque el resultado sea de revuelto de estómago, pero gracias.

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