LA BANDERA DE ESPAÑA Y OTROS SÍMBOLOS NACIONALES

Si uno va por el extranjero y ve a una persona con la bandera de España dirá: mira por allí va un español.

Si uno está en España y ve a alguien con la camiseta de otro país, no dirá nada, y seguramente ni siquiera piense nada. Se ve como algo natural dentro de la libertad de expresión.

Pero si uno está en España y lleva alguna pulsera de España o algún símbolo nacional, las probabilidades de que le llamen facha son muy altas, excepción, claro está, que estemos jugando la Eurocopa o el Mundial.

El inicio de la historia de nuestra “rojigualda”, llegó durante el reinado de Carlos III. Exactamente el 28 de mayo de 1785 y fue en 1843 cuando la reina Isabel II la instauró como bandera nacional española hasta hoy, a excepción del corto periodo de la segunda república cuando la ultima franja fue modificada por el morado. En definitiva, muchos años con la misma bandera oficial.

Es de significar que en la primera república se mantuvo la bandera nacional, que Franco mantuvo también la bandera nacional y en nuestra reciente constitución, tanto el PC con Santiago Carrillo a la cabeza como el PSOE, especialmente tras el fallido 23 F de 1981, hicieron patente la definitiva conversión a la monarquía y a la bandera oficial del Estado. Ambas formaciones estaban convencidas de que la bandera se convertiría en un símbolo perfecto de esa cierta inclinación al centro que buscaban y que se necesitaba, por cierto.

Fue el PSOE quien, con mucho tino, propondría la modificación del escudo para despojarlo de las adherencias incorporadas por el franquismo, que tuvo una total aceptación, ya que, sin el águila imperial, la bandera se convertía en un símbolo mucho más presentable para todos.

De hecho, la campaña electoral del PSOE en octubre de 1982 se haría con el símbolo nacional en la mano y en medio de inflamadas demostraciones de patriotismo constitucional por parte de Felipe González que, en el cierre de campaña, invitaba a todos sus simpatizantes a levantar “esa bandera que ya hemos conquistado para todos y que ya es patrimonio de todos los españoles y no patrimonio de grupos sectarios”.

En la actualidad, y según un estudio del Instituto Elcano que compara el periodo 2004/2015, la identidad nacional española es relativamente débil, comparada con el resto de países europeos, cuyo origen ha sido muy debatidas por muchas disciplinas y quizás comienza con la desafección tras la crisis de 1898 y la pérdida de las últimas colonias americanas y rematada por el franquismo y su periodo autárquico, en la que se produce un abuso de los símbolos y la retórica nacionalista.

Tras una aceptación sin fisuras por parte de la izquierda en nuestra democracia, una titubeante utilización de la bandera y el himno por parte de los últimos representantes socialistas ha contribuido aún más a debilitar “lo español”, hasta el punto de que la exhibición de una bandera española pasó a ser indicador de una ideología conservadora cuando no de nostalgia por el franquismo. La misma palabra “España” resultó sospechosa y fue sustituida a menudo por “el Estado español”, una expresión de menor eco emotivo.

El gesto de Pedro Sánchez en la campaña del 2015, que inició un discurso como candidato socialista a la Presidencia del Gobierno con una enorme bandera de España en el fondo, parecía toda una declaración de intenciones para corregir esa fragilidad de la izquierda, pero no solo se ha ido diluyendo como un azucarillo sino que parece haber quedado en el extremo opuesto en su coalición con Podemos.

Estoy de acuerdo en el comentario de Iñigo Errejón en 2018 (ya derrotado en Vistalegre 2, pero aún en Podemos), “cometeríamos una enorme torpeza histórica si regalamos el orgullo de pertenencia al país a quienes tiene una idea muy estrecha de España en el que les sobran los progresistas, los que hablan otra lengua, los que vienen de fuera, los que tienen otro apellido, las feministas…”, y animaba a asumir “un patriotismo español desacomplejado”, aunque, a la vista de lo que ha sucedido, tampoco fue más lejos de unas meras declaraciones.

Creo que nuestros políticos no son conscientes de que en el momento que te apropias de un símbolo de todos para defender tus ideas, estas dividiendo a la gente y señalando enemigos usando la demagogia de la bandera, algo en lo que cae con mucho gusto el PP. VOX y los nacionalistas. El PSOE pienso que no sabe muy bien dónde está en este aspecto pero lo cierto es que no fomenta el uso de banderas españolas para manifestaciones de carácter diverso, pero tampoco fomenta otros gestos que tengan que ver con el orgullo español. Seguramente, aunque lo sintiera, no se lo permite sus alianzas con independentistas.

Es muy posible que de forma intencionada, la izquierda española trabaja en dos líneas diferentes para mantener su electorado. De un lado, trata esforzadamente en adueñarse de cosas que no son suyas exclusivamente, feminismo, el estado del bienestar, derechos civiles,… como valores que contrapone a los símbolos nacionales, aunque sean perfectamente compatibles.

De otra parte, al no hacer uso de la bandera, trata de distanciarse de la corriente que asocia el uso de los símbolos nacionales a la “derecha más rancia” .

Creo que uno de los problemas con el uso de la bandera de España, tanto por parte de los que intentan apropiársela como aquellos que la rechaza, no es que sean muchos, sino que tienen un gran altavoz en los medios de comunicación y consiguen que esto parezca un hecho generalizado.

Esto es algo comprensible en una parte de los independentistas que queman, pisotean y escupen la bandera española. Ellos dicen que tienen un motivo, pero los que dicen no ser separatistas lo tienen más difícil de explicar.

Yo pienso que progresivamente el político de izquierda (que no el ciudadano) se ha ido quedando sin un régimen al que identificarse y sin símbolos que sientan como suyos y por eso se aferran a lo poco representativo de la II República dentro de la historia de España.

Otro aspecto importante que considero que está grupo de los “símbolos” de nuestro país y nuestra democracia es la Corona. Tenemos una monarquía parlamentaria con un rey al frente que tiene por parte de la población una valoración que duplica a cualquiera de los líderes políticos.

A pesar de ello, y de que es indiscutible que tenemos a un Jefe del Estado con una excepcional preparación para representarnos, los partidos independentistas y los más situados a la izquierda, se esfuerzan en socavar su imagen proponiendo incluso la despenalización de las injurias a la Corona. Obviamente, estos mismos, que viven de nuestra democracia y que han jurado o prometido la constitución, sostienen la penalización del enaltecimiento del franquismo.

Otro de lo que considero que forma parte de nuestros símbolos, el día de la fiesta nacional, que rememora la efeméride histórica en la que España, culmina un proceso de construcción de un Estado plural (cultural y político) con la integración de los reinos de España, es objeto de polémica en la que participan activamente políticos electos que también han prometido o jurado la constitución y el cumplimiento de sus leyes.

Y no quiero olvidarme del ejército, que en todos los países (civilizados) es motivo de orgullo, junto a su bandera. Policía, Guardia Civil y Ejército, obtienen valoraciones por parte de la ciudadanía que triplican prácticamente las del Gobierno, incluso por aquellos que son votantes de Podemos.

Pues erre que erre, alguna alcaldesa, vicepresidente, presidentes de algunas comunidades autónomas, parecen que le tienen alergia y manifiestan su repudio al supuesto carácter militarista de estos cuerpos, como si estuvieran pegando tiros todos los días, cuando es justo lo contrario. Todos los días realizan más labores humanitarias que otra cosa. Creo que en nuestro estado de emergencia hemos tenido uno de los mejores y más gloriosos ejemplos, excepto para la profunda estupidez de Torra, que retrasó la construcción de hospital de campaña por suavizar la imagen militar del mismo. Los muertos que haya podido originar ese retraso, recaigan sobre su conciencia.

Y por último quiero referirme a nuestro idioma. Puedo entender que los que propugnan el separatismo quieran defender su idioma, pero lo que resulta difícil de entender es la posición de aquellos que no son independentistas pero que apoyan la inmersión lingüística en Cataluña solo por situarse en el bando contrario de los que defienden la unidad de España y el cumplimiento de la Constitución.

Con este “ganao” que tenemos metidos en la política llega un momento en que es difícil decir que soy un patriota, que siento orgullo por mi país, por mi historia, por mi gente y por mi cultura. Si, también la de Cataluña y País Vasco.

Porque eso es lo que siento con independencia de que por parte de quien gobierne se adopte un modelo de servicios públicos o privados, de que puedan llegar borrachas o serenas a casa, de que se apruebe una ley de aborto más estricta o abierta, …..

Los gobiernos van y vienen, son de diferentes colores y orientaciones y podemos estar más o menos de acuerdo con su gestión, pero nuestro país, y sus señas de identidad son más permanentes y ayudan a que tengamos un espíritu de pertenencia que todos necesitamos.

Solo hay que mirar hacia EEUU, Canadá, Francia, Alemania, Italia,…… para ver que sus líderes políticos tienen mil diferencias entre ellos, pero siempre están unidos bajo la bandera y el himno de su país, respetan a su Jefe del Estado, celebran su día nacional y honran a sus fuerzas armadas, porque representan la nación por la que sienten un profundo orgullo.

Solo encuentro justificado que nuestra mayor desafección a lo español sea como consecuencia de haber cedido parte del sentimiento a nuestra Unión Europea (porque en España somos bastante europeístas), pero me resisto a admitir que ese menor cariño sea porque cuatro indocumentados, de un lado o de otro, nos manipulen.

Que VIVA LA SELECCIÓN ESPAÑOLA y que VIVA INIESTA.

José García Cortés

       22-6-20

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