LA NUEVA NORMALIDAD

Bill Gates en 2015 advertía que la próxima gran amenaza de la humanidad no sería una guerra sino una pandemia y también que si eso llegara a suceder los países del mundo no estarían preparados.

En estos mismos términos se han manifestado multitud de científicos, pese a lo cual, las actuales doctrinas de seguridad nacional de EE UU y Europa no priorizan (al contrario de algunos países asiáticos) el desafío de nuevas enfermedades infecciosas.

Desde que los seres humanos empezamos a organizarnos en sociedades y a crear núcleos de personas en un mismo espacio territorial, las enfermedades contagiosas tomaron un especial protagonismo (Peste de Justiniano, La peste negra, La viruela, Gripe Española, Gripe Asiática, Gripe de Hong Kong, Virus de Inmunodeficiencia Adquirida (VIH), Ébola,..), pero antes no había los medios tecnológicos que hay ahora para investigar el origen y tratamiento de los virus.

Aunque confieso que cuando escuché por primera vez el término de “nueva normalidad” a Pedro Sánchez no me gustó nada, poco a poco he ido pensando que el término es bastante adecuado para lo que nos espera en el futuro.

De la misma forma que cuando nuestros abuelos vieron volar el primer avión no se imaginaban que esos artilugios iban a formar parte de la “nueva normalidad”, ahora nos toca a nosotros acostumbrarnos a implementar una “nueva normalidad” ante este desafío al que estamos siendo expuestos. La “normalidad” ha muerto, al menos transitoriamente si queremos evitar una nueva catástrofe, y tendremos que introducir en nuestras vidas, hasta que haya vacuna, las mascarillas, geles y las distancias sociales.

El coronavirus llegó para quedarse…y para cambiarlo todo. Más vale que nos mentalicemos de que la vida, tal y como la teníamos no va a regresar hasta que tengamos un tratamiento altamente eficaz o una vacuna que brinde una protección adecuada a toda la sociedad. Además, nos sirve de entrenamiento para avanzar en el tratamiento de futuras pandemias, en las que, como estamos viendo, los aspectos médicos son esenciales, pero no menos los comportamentales por parte de los ciudadanos.

Me preocupa bastante que ahora, con el levantamiento del estado de alarma, se pueda generalizar un comportamiento que ignore la amenaza del virus, y no sólo por el “natural afecto” de los españoles, sino porque, además, algunos psicólogos entienden que, en contextos amenazantes, nuestras tendencias asociativas y nuestro deseo de buscar contacto físico se vuelven más fuertes.

El hecho de que sea una enfermedad “invisible” que permanece asintomática en una gran parte de la población no ayuda a que sea reconocida como una amenaza colectiva a pesar del quebranto que nos ha causado y lo cercano que lo tenemos.

Yo creo que conocer la amenaza es perfectamente compatible con buscar la compañía de amigos y seres queridos, pero es preciso introducir cambios en nuestros hábitos. No se nos puede olvidar que la enfermedad está presente.

El uso masivo de las mascarillas, algo que hasta hace poco nos parecía rarísimo y curioso en China y Japón, debería pasar a ser parte de la nueva vida que nos espera.

El comportamiento que estoy observando en esta primera apertura de bares y restaurantes, me hace albergar serias dudas de que seamos capaces de asumir el distanciamiento, porque en realidad nos afecta de muchas formas: en la fila de la caja del supermercado, en la entrada del banco, en consultorios médicos, en los trenes, metros, autobuses, en las aulas de las escuelas y universidades, en los restaurantes, los bares, los teatros y cines, los recitales, las iglesias, los estadios deportivos, las manifestaciones populares y sociales, los actos electorales, viajes en avión,….

Los gobiernos se enfrentan a retos enormes para crear los medios que nos preparen para el futuro, tanto en transportes, como reordenación de nuestros entornos urbanos, calidad de las conexiones de Internet, fortalecimiento de sectores estratégicos y un mejor trato a nuestro medio ambiente….. pero todo esto no será suficiente si el comportamiento de los ciudadanos no está a la altura.

Todos tenemos muchas ganas de salir de nuestros cubículos (especialmente los que estamos confinados en grandes ciudades), estar con familiares y amigos y tener la oportunidad de respirar monte o disfrutar de playas, pero sería de esperar que el entrenamiento que tenemos tras el confinamiento sobre el lavado de manos, el uso de la mascarilla y el distanciamiento social, haya sido suficiente para empezar esta “nueva normalidad” hasta que lleguen los refuerzos de vacunas y adecuados tratamientos.

Nuestro gobierno ignoró las señales de alerta y no fue diligente en la gestión de la pandemia, lo que nos ha costado más de 43.000 fallecidos y el mayor cerrojazo económico de todo nuestro entorno. Caro precio a su irresponsabilidad.

Me gustaría confiar en que ahora los ciudadanos vamos a dar una lección de responsabilidad para cuidarnos a nosotros mismos y de altruismo hacia los demás.

José García Cortés

      19-6-20

Un comentario en “LA NUEVA NORMALIDAD

  1. Esta vez, querido cazador, no criticas al Gobierno. Me parece bien. Me parece bien que lo critiques si hace falta y que no lo critiques y hables de otras cosas cuando te parezca. Lo de la “nueva normalidad” me pasó a mi también. Y tienes razón en lo que dices de la necesidad de adaptarnos hasta que haya vacuna y tratamiento. Como en las otras pandemias.

    Yo añadiría que deberíamos pensar en cambios a medio y largo: menos actos multitudinarios, menos viajes en avión, más paternidad responsable en los países superpoblados, más austeridad individual, …. En general más altruismo grupal, que como sabes siempre es interesado. Cuidemos a los demás, y a nuestro entorno, por la cuenta que nos tiene., Y además, normalmente, seremos más felices si somos altruistamente buenos.

    Creo que puedo publicar este comentario por mi cualidad previa de “publicador”. Me acabo de dar cuenta, Procuraré no abusar. Saludos al cazador y a sus lectores.
    J. Corral .Madrid, 20.6.20

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