LA GESTIÓN DE NUESTRO PRESIDENTE NO PARECE SENTIR VERGÜENZA

Vergüenza

1. f. Turbación del ánimo ocasionada por la conciencia de alguna falta cometida, o por alguna acción deshonrosa y humillante.

2. f. Turbación del ánimo causada.

3. f. Estimación de la propia honra o dignidad.

4. …… 

Sinvergüenza

1. adj. Pícaro, bribón. U. t. c. s.

2. adj. Dicho de una persona: Que comete actos ilegales en provecho propio, o que incurre en inmoralidades. U. t. c. s.

3. f. Perú. Desfachatez, falta de vergüenza.

He vuelto a escuchar las nuevas declaraciones del presidente y la verdad es que oírlo no me puede generar más desagrado, porque es mucho ya lo que llueve sobre mojado.

No es que sea un hombre que nos ha mentido reiteradamente a todos antes de ser nombrado cuando anunció la ilegalización definitiva de cualquier referéndum, que no iba a pactar con Podemos o con el independentismo o el apoyo a las sentencias de los tribunales.

Es que desde que está en el poder no ha hecho nada más que zalagardas y ha ido tapando escándalo con nuevos escándalos.

Comienza con la formación del gobierno más voluminoso desde nuestra democracia sólo para dar cabida a tanto enredo como ha tenido que realizar para poder seguir en su sillón, y creando nuevos puestos en cada ministerio de complicado contenido, como el de la Dirección General de Diversidad Sexual y LGTBI (pero que, según la Ministra de Igualdad, responde “al clamor en las calles y al sentido común que la sociedad española ya ha asumido”).

Ha colocado al frente de la Fiscalía General del Estado a la hasta entonces ministra de Justicia, Dolores Delgado, en lo que parece una treta por controlar a unos fiscales que en los últimos meses se han mantenido firmes frente al desafío independentista.

El propio Sánchez sugirió que impulsará un cambio del Código Penal para rebajar las penas del delito de sedición. Nada de esto iba en el programa electoral con el que el PSOE se presentó a las elecciones del 10-N.

Nunca aclaró (tras innumerables versiones), la reunión clandestina del ministro de Transportes, José Luis Ábalos, con la vicepresidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, de madrugada y dentro de un avión.

Pero el problema, no es sólo lo que dice, sino también cuando guarda silencio sobre asuntos en los que, en un ejercicio normal de transparencia, debería intervenir. Con ello parece convertirse en cómplice silencioso.

Guarda el más absoluto silencio en el caso de corrupción más grande de la democracia española, los ERES. Y con ello no voy a justificar el “tu más” con lo de la Gurtel y otras corruptelas que son iguales de despreciables, los cometa quien los cometa.

Calla al ver que Bildu o la CUP atacan al Rey, cuando Rufián amenaza con que “si no hay mesa de Gobiernos, no habrá legislatura y cuando su Vicepresidente Pablo Iglesias celebra el día de la republica, avisa a los “togados reaccionarios” cuando no les dan la razón, o bien, manda abrazos y reconocimientos a los políticos presos por violar la ley.

Guarda silencio cuando el Tribunal de Cuentas encuentra un déficit de más de 9.000 millones en las cuentas públicas correspondientes a 2018.

Calla también antes las compras fallidas de material sanitario y las sospechas de corrupción con empresas “cercanas” al Ministerio de Sanidad.

El presidente tampoco sale a la palestra en el parlamento cuando se pidieron explicaciones al Ministro Grande-Marlaska por la crisis abierta en la Guardia Civil, y posteriormente, en lugar de aclarar las circunstancias, se limita a anunciar la subida de sueldo (último tramo) a la Guardia Civil, que por cierto, no había realizado en la anterior legislatura.

Ya en la comparecencia anterior, tuvimos que escuchar su declaración del luto nacional como “más grande de la historia española”, omitiendo, claro está, que es fruto de uno de los infames pactos para poder sacar una de las prórrogas del estado de alarma.

También me pareció lamentable el giro de timón sobre la vuelta a las vacaciones cuando, nuestro Gobierno, sin esperar a nuestros socios en la UE, había declarado unilateralmente la cuarentena para las visitas que recibamos.

Calla también antes los denigrantes pactos para la reforma laboral con Bildu para sacar adelante nuevas prórrogas, y con PNV o con ERC, profundizando en las desigualdades entre las Comunidades. Ya nadie cree que estos pactos tengan una finalidad sanitaria, sino la necesidad imperiosa de mantener la mayor cantidad de población controlada para que las calles no se les llenen de manifestantes.

Pese a todo lo actuado por este Ejecutivo de Sánchez e Iglesias, no son solo sus errores (que en algunos casos se podría achacar a falta de experiencia o situaciones excepcionales) sino su falta de pudor a la hora de afrontarlos o de incluso provocarlos.

Eso es, precisamente, lo más preocupante. No les da ninguna vergüenza. Van a lo suyo, dicen lo que quieren y no pasa absolutamente nada porque, al mismo tiempo, cuentan con un numeroso coro de palmeros que están dispuestos a tildar de peligroso facha a todo aquel que ose criticar a este bendito Gobierno.

En la última comparecencia me ha tocado mucho el sentimiento cuando se ha referido al ingreso mínimo vital y lo ha hecho apelando a los millones de hogares que se encuentran en riesgo de pobreza o exclusión social. Sí, Sr. Sánchez, es exactamente el mismo número (o incluso algo más) de ciudadanos que estaban en esa situación cuando accedió al poder por primera vez hace dos años. Ya venía siendo avisado por la U.E. y el Banco de España, en uno de sus últimos artículos se lo ha recordado.

Y no por ello voy a estar en desacuerdo en que tenemos que ayudar a todas y cada una de las familias necesitadas. Hemos de hacerlo y hacerlo rápido, pero no nos lo venda como un logro social sin parangón.

También hemos escuchado el panegírico que hace del Ministro Illa o del Sr. Simón, de los que nadie discute sus capacidades de trabajo y buenos talantes demostrado, pero si de que, en sus respectivas responsabilidades, se haya reaccionado tarde, que se nos ha mentido con el suministro de los equipos sanitarios y, sobre todo, de tener el nivel de fallecidos más elevado del mundo si lo medimos por cada 100.000 habitantes.

Si la gestión de la crisis ha sido de “notable” (como se autoevalúa el Sr. Sánchez), no tiene sentido que el número de fallecidos se esté ocultado de forma interesada, en caso contrario, ha habido descontrol y descoordinación con las Comunidades Autónomas. No sé que es más lamentable.

Es cierto que ahora sólo llevamos cinco meses de legislatura (tres de ellos en estado de alerta por pandemia mundial), pero no es menos cierto que el Sr. Sánchez ya lleva dos años desde que accedió por primera vez al poder y en mi opinión, lejos de dar muestras de mayor madurez y sabiduría, sigue realizando actuaciones que más parecen favorecer a sus intereses que a cubrir las necesidades de todos los españoles.

Y una vez más quiero dejar constancia que no hago estas críticas porque no me guste el PSOE (si reconozco que el resto de compañeros de viaje no me caen muy bien), porque no lo son en absoluto contra el partido, sino contra las personas que no están ejerciendo bien la función que les ha sido encomendadas. Y lo mismo rezaría para las Comunidades Autónomas que están mal gobernadas y son de otra orientación política.

Cuando leía los acontecimientos de nuestros últimos siglos, en los que no han faltado guerras civiles, repúblicas fallidas, dictaduras, asonadas, golpes de estado y todo tipo de calamidades, donde las diferencias se saldaban con las pistolas y la liquidación del adversario, siempre lo achacaba a que teníamos una sociedad con unos elevados niveles de pobreza y de analfabetismo.

En los momentos actuales, en los que nuestros niveles de formación no tienen nada que ver con antaño, afortunadamente, y nuestras coberturas sociales (a pesar de todo) tampoco, seguimos atrapados por las rencillas del pasado y nuestro “pueblerinismo”, mientras el mundo cambia ante nuestros ojos sin que seamos capaces de avanzar.

Seguimos a las siglas de los partidos como si de una religión se tratara y sólo estamos de “acuerdo o en contra” a lo que nos dictan. Y de eso se aprovechan nuestros políticos, que hace tiempo que descubrieron que el enfrentamiento entre bandos es beneficioso para ellos y poco a poco nos han ido alejando del esfuerzo que todos realizamos para avanzar en la concordia.  

Y así, en este momento crucial de Europa y del mundo, España ofrece esta fragmentación desde posiciones que parecen irreconciliables en muchas ocasiones.

Un amigo mío me decía hace poco que hacer política hoy en día es fácil, porque sólo hay que ponerse la camiseta del partido y ya está. Estamos de acuerdo con todo lo que hagan y digan y estamos en contra del resto de siglas.

No puedo estar más de acuerdo. Yo pensaba que la universidad y toda la formación que hemos recibido en estos últimos 40 años nos habría hecho personas con criterio y más libres, pero veo que no, sólo nos han aportado conocimiento.

No me encuentro tan crítico porque haya una formación de gobierno de las siglas que no puedan ser las mías, entre otras cosas, porque no pertenezco a ninguna. Estoy crítico, como lo he estado durante toda mi vida, cuando me he encontrado con dirigentes (profesionales o políticos) que no han cumplido bien el mandato para el que han sido elegidos.

Esta acritud la hago extensiva no solo al Gobierno de la nación, sino a las Comunidades Autónomas y a los Municipios que tienen personas al frente que no están respondiendo adecuadamente a la confianza que les depositaron sus ciudadanos, sean del color que sean.

Si hoy estuviera gobernando los que llaman “de derechas” y estuviera viendo lo que estoy viendo, pueden asegurar que la crítica sería la misma porque todo sería igual de reprochable.  Ya lo hice en su momento.

Cualquier político, de izquierdas, derecha o centro debe venir a la política a servir a su pueblo, y cada persona, debe exigir que cumplan con sus promesas y demandar una gestión honesta y transparente.

José García Cortés

         31-5-20

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