LA CULTURA DEL ENCUENTRO

Este primer sábado de junio, desde el Salón del Trono del Palacio Real, el Pontífice se ha referido a la cultura del encuentro como base de estabilidad y prosperidad. Habla de apostar por el diálogo y a abandonar la polarización social y política emergente en la civilización occidental.

Nos recordó episodios históricos de convivencia y diálogo entre culturas y religiones, como la labor desarrollada en la Escuela de Traductores de Toledo, iniciada bajo el Gobierno de Alfonso VII e impulsada por Alfonso X el Sabio, donde cristianos, judíos y musulmanes colaboraron en la transmisión de la cultura. Las obras de Averroes y Maimónides, dos grandes figuras ligadas a Córdoba vieron su difusión por la solidaridad y rigor de los profesionales que, a lo largo de la historia, han permitido transformar las diferencias en puntos de inicio para el diálogo y el encuentro.

Indudablemente las palabras de León XIV han sido ilustradas y conmovedoras, dignas de quien las pronuncia; integradoras, empáticas y elocuentes.

Lamentablemente la convivencia no era tan asertiva ni con tanta sensibilidad social durante la Edad Media. Me voy a referir solo a las palabras del Papa sobre el legado de convivencia, y los dos celebres filósofos y médicos cordobeses.

Existen numerosos chafarrinones que ensucian estas páginas de la historia. En Al – Ándalus, los judíos y cristianos que no se convertían al islam, les llamaban los Dhimmis: Hispano – godos de inferior categoría que pagaban más impuestos y se les aplicaban leyes más rigurosas.

Averroes y Maimónides fueron desterrados y perseguidos por sus ideas. Defendían la autonomía de la razón y la perfecta armonía entre la filosofía y la fe, en contraste con la teocracia. Lógicamente tuvieron que salir de Córdoba expulsados por los representantes de esa hipotética ¨ armonía social ¨.

En el siglo XVI desaparecieron las tres culturas convivientes, después de la guerra de las Alpujarras (1568 – 71). Las guerras eran despiadadas por unos y otros. No había forma de convivir en paz.

Estoy seguro de que los musulmanes, no han renunciado nunca a una nueva reconquista. Prueba de ello, son las palabras de varios lideres como: Hari Bumedian (1932 – 78), ¨ Un día millones de hombres abandonarán en hemisferio sur para irrumpir en el norte. Lo poblarán con sus propios hijos, y serán los vientres de nuestras mujeres, los que nos den la victoria ¨. Otros, han dicho algo similar. Son más alarmantes las palabras que describe el historiador francés, C. de Montalember (1820 – 70) sobre lo que piensa todo musulmán: ¨ Cuando soy débil os reclamo libertad en nombre de vuestros principios; cuando sea fuerte, os los negaré en nombre de los nuestros ¨.

Existen pruebas evidentes de intimidación del Reino de Marruecos con España: 11 M, aguas territoriales, acoso a Ceuta, Melilla y Canarias, inmigración ilegal, narcotráfico……El Gobierno nos tiene poco informados sobre política exterior, pero hay signos muy claros de animadversión.

Nuestro Gobierno, esa obra de ingeniería social tan compleja y dispar, que llaman ¨ progresista ¨, tiene dos metas comunes: destruir la unidad de España y que no gobierne la derecha. Como decía el periodista Luís Ventoso, son maestros de la polarización, levantando un gran muro y dinamitando los puentes del entendimiento. La decadencia moral y social que preconiza, la hipocresía, la corrupción, promesas incumplidas y el abuso de poder, contrastan con las palabras de Pontífice sobre autenticidad, objetividad, honestidad y unión nacional.

La cultura del encuentro, cuando existen inmigraciones masivas y sin control que converjan hacia un multiculturalismo como punto de partida para una convivencia, es algo más poético que real en una España polarizada donde existen partidos políticos que utilizan esta situación con fines partidistas y sin valorar sus consecuencias.

El otro día leía un artículo de nuestro amigo J. García, en el que hablaba de que la democracia tiene su propia vacuna inmunológica para defenderse de esta situación polarizante y de abusos, donde no se respetan totalmente la independencia de los Poderes del Estado. Añadiría como componente inmunológico principal, a la filosofía, ciencia cada día más olvidada y desprestigiada por nuestros políticos.

La filosofía proporciona herramientas intelectuales esenciales que transforman la obediencia ciega en participación ciudadana y en pensamiento crítico.

La inmigración debería ser estudiada y gestionada por diferentes colectivos: filósofos, economistas, profesionales del derecho, diplomáticos, epidemiólogos y responsables políticos que piensen más en una democracia representativa que partidista, y sean partidarios de un bien social común y civilizado que esté bien gestionado. La cultura del encuentro podría tener éxito, a pesar de que puedan surgir nuevos conflictos, tensiones y desigualdades.

Manuel Lozano Molina

         9-6-26

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