LA FUERZA DE CADA UNO DE NOSOTROS

Está claro que la evolución de la tecnología ha aumentado la capacidad de los analistas para medir todo tipo de información, generando con ello un movimiento, que ya no solo es analítica web, sino que genera inteligencia y recomendaciones de negocio mezclando todos los datos disponibles. Le llaman el oro negro moderno.

Las cifras que se utilizan marean un poco y rompen los esquemas clásicos.

Así vimos como Facebook adquirió WhatsApp por un precio final de 21.800 millones de dólares, una empresa que ronda los 200 empleados. Pero su valor real es que tiene más de 600 millones de usuarios mensuales, según datos de Bruselas.

En la actualidad, la plataforma de la red social de Facebook cuenta con 1.300 millones de usuarios en todo el mundo, de los cuales 300 millones utilizan igualmente la aplicación Facebook Messenger.

Todos hemos comentados cómo las redes sociales han evolucionado hasta el punto de tener influencia en la actividad política, económica y social de los países del mundo y que, precisamente por eso, las empresas, los políticos, deportistas, artistas, periodistas y los grandes líderes han entendido que necesitan presencia en las mismas para llegar cada vez más a sus seguidores y logar acercarse a ellos. 

Cierto es que también son un medio de manipulación importante por parte de aquellas personas con poder suficiente, pero no me quiero centrar en ese tipo de riesgos aquí, sino en la fuerza, consciente o inconsciente que tenemos cada uno de nosotros, como integrantes de una sociedad civil, en España y en cualquier parte del mundo.

Seis años después de que WhatsApp fuese adquirida por Facebook, ésta decide aplicar uno de los objetivos iniciales de la adquisición (aunque lo negara inicialmente): compartir los datos de los usuarios de WhatsApp con Facebook, y anuncia una serie de cambios en los términos de uso y política de privacidad que obligará a los usuarios a compartir sus datos con Facebook para poder seguir usando la app.

Inmediatamente comienzan a circular por redes sociales mensajes, por supuesto también WhatsApp, de reacción contrarias al uso de las fotos y de la información por parte de Facebook y movimientos de fuga en dichas aplicaciones.

Ante dicha avalancha de quejas y la marcha de un número importante de usuario hacia otras plataformas, WhatsApp, recoge velas y anuncia que no se realizará ningún cambio hasta medidos de mayo.

Este hecho me ha traído a la memoria las grandes manifestaciones que hemos tenido en España, con asistentes de más de un millón de personas en todas elllas, bien sea al inicio de nuestra democracia (todavía en un estado franquista), como después de la primera amenaza de ruptura de nuestra democracia con el 23 F, cuando la muerte de Miguel ángel Blanco o como consecuencia de los atentados de Atocha.

Es cierto que en situaciones de pandemia como las actuales, las manifestaciones físicas resultan imposible, pero tenemos a nuestra disposición las redes sociales para plasmar, de la manera más espontánea, lo que pensamos y/o somos.

Es cierto que existen escritores, locutores de radio, conductores de programas, políticos,…. que emiten opiniones y son escuchados por sus seguidores, pero con las redes sociales, donde todos somos iguales y podemos expresar libremente lo que pensamos, podemos manifestar nuestros apoyos y nuestras oposiciones con la posibilidad de que, sumados cada uno de nosotros, nos convirtamos en una gran masa y podamos ser “virales”, por utilizar una terminología al uso.

Y aunque también la larga mano de los censores llega a los medios de comunicación y a las redes sociales, estoy de acuerdo con el artículo Carmen Álvarez (La Gaceta de la Iberosfera), no callemos y, si nos cierran las cuentas, abramos otras, pero ejerzamos nuestra libertad, no renunciemos ni a un milímetro de ella.

Seamos conscientes de la fuerza que puede llegar a tener una sociedad civil, incluso de forma espontánea, que ha obligado a uno de los gigantes de la información dar marcha atrás en sus pretensiones de doblegar a su mercado.

El único requisito es mantenernos vivos, que no seamos comodones y que estemos dispuestos a expresar nuestras opiniones como lo hizo Garcilaso, tomando ora la pluma ora la pancarta.

Según se pueda.

José García Cortés

         23-1-21

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