Estado de excepción

Muchos españoles vimos como se debatía en el Parlamento una cuestión critica: la moción de censura a Sánchez.

Ese mismo día, en el recuento de bajas y afectados por el Covid 19: 158 exitus y más de un millón de personas contagiadas. 

Nuestros representantes, nuestro Parlamento, analiza y debate….quién debe gobernar. 

Es legitimo, es asumible, que existan dudas y se cuestione prácticamente todo lo que hace el Gobierno. Los ciudadanos que vivimos en países democráticos tenemos un sistema ya muy contrastado para designar a quienes nos representan y a su vez quienes finalmente forman el Gobierno.

Me interesa recordar unas palabras que una de las diputadas decía recientemente: en política, nunca nada es seguro.

Me da que pensar la expresión que califica a nuestros representantes y gobernantes: son políticos. 

Mirando la definición de política, veo lo siguiente:

política:

nombre femenino

  1. 1.
    Ciencia que trata del gobierno y la organización de las sociedades humanas, especialmente de los estados. “estudió política en la universidad”
    2.
    Actividad de los que gobiernan o aspiran a gobernar los asuntos que afectan a la sociedad o a un país.

El siglo IV antes de Cristo Aristóteles pensaba en esto, en su obra La Política. Para Aristóteles quienes gobiernan tienen “virtud”, son los mejores. Aunque es un asunto controvertido, Aristóteles, no se decantó por un tipo de estado ni una “constitución”: Monarquía, aristocracia o politeia. Pero, en todos los casos, quien o quienes son los “guardianes”, quienes gobiernan lo hacen por el bien común. 

Para Aristóteles, las abejas y las hormigas son seres políticos. Viven y trabajan organizados para el bien del colectivo. En Ciencia de la vida, el hormiguero y la colmena son sistemas inteligentes

ME pregunto aquí, ¿son los mejores quienes nos gobiernan? ¿Son nuestros sistemas sociales, nuestros países, “sistemas inteligentes”?

La verdad es que, si se trata de retórica, podríamos debatir acerca de todo esto de modo muy sesudo y profundo. Pero no es solo cuestión de palabras. Estamos hablando de como funcionamos como sociedad. Estamos hablando de nuestra idea de colectivo, de nuestra educación como ciudadanos, de nuestro horizonte común. 

Mientras se debatía ese asunto crucial que citaba al principio de esta nota, la evidencia científica mostraba el estado de España y, reconozcámoslo, del mundo. La situación de esta pandemia esta empeorando clínicamente o sanitariamente hablando. Desde hace mas de dos semanas, había razones para un nuevo Estado de Alarma. 

La gestión de la información, el modo adecuado de transmitir a los ciudadanos las razones para tomar decisiones que nos afectan a todos, son aspectos ahora cruciales.  

Aunque no se hará, pienso que, dentro de un mes, quizá se trate de un Estado de Excepción. Quiero detenerme en este aspecto legal solo un momento.

Como todos sabemos, en los grados de calificación de una sitaciion de crisis nacional, previstos en la Constitución, y en la Ley Orgánica 4/1981 de 1 de junio – BOE 134 de 5 de junio- , se contemplan los estados de Alarma, Excepción y De Sitio.

Art cuarto. El estado de alarma 

El Gobierno, en uso de las facultades que le otorga el artículo ciento dieciséis, dos, de la Constitución podrá declarar el estado de alarma, en todo o parte del territorio nacional, cuando se produzca alguna de las siguientes alteraciones graves de la normalidad 

 a) Catástrofes, calamidades o desgracias públicas, tales como terremotos, inundaciones, incendios urbanos y forestales o accidentes de gran magnitud. 

b) Crisis sanitarias, tales como epidemias y situaciones de contaminación graves. 

c) Paralización de servicios públicos esenciales para la comunidad, cuando no se garantice lo dispuesto en los artículos veintiocho, dos, y treinta y siete, dos, de la Constitución, concurra alguna de las demás circunstancia o situaciones contenidas en este artículo. 

d) Situaciones de desabastecimiento de productos de primera necesidad. 

Articulo trece. El estado de excepción 

Uno. Cuando el libre ejercicio de los derechos y libertades de los ciudadanos, el normal funcionamiento de las  instituciones democráticas, el de los servicios públicos esenciales para la comunidad, o cualquier otro aspecto del orden público, resulten tan gravemente alterados que el ejercicio de las potestades ordinarias fuera insuficiente para restablecerlo y mantenerlo, el Gobierno, de acuerdo con el apartado tres del artículo ciento dieciséis de la Constitución, podrá solicitar del Congreso de los Diputados autorización para declarar el estado de excepción. 

La evolución epidemiológica de esta pandemia nos llevara, en el invierno, a una cifra aproximada de 10 millones de contagiados en nuestro país. Prácticamente, el 25% de la población. O quizá una cifra mas alta.

Aunque no es políticamente correcto decirlo, pienso que además e tratar de evitar y prevenir el contagio, también hay que prepararse para el hecho, ya probable, de contagio de muchos de nosotros. Organizarse y planificar esta situación…excepcional. 

Nuestra legislación y estructura como Estado, tiene atomizadas las competencias sanitarias. Mientras el problema se agrava, existen controversias entre gobiernos de las comunidades autónomas y con el Gobierno de la nación. Leo hoy mismo en la Vanguardia:  “Catalunya y País Vasco han pataleado por mantener su discurso identitario por encima del interés sanitario”. 

Es difícil de asumir e integrar como puede ser que no exista una autoridad técnica de ámbito nacional, participada de los grupos políticos de España, que la apoyen, para organizar y prever que debe hacerse. 

Si no tenemos esa cabeza pensante, se viene encima un desastre.  Leo definida este concepto:

desastre

Del occit. desastre.

1. m. Desgracia grande, suceso infeliz y lamentable.

Por cierto, la moción de censura, no tuvo buen resultado para el partido que la propuso, que termino con un gran disgusto para ellos.

Y mientras tanto, la evidencia y la verdad del impacto social de esta crisis sanitaria siguen su curso. Implacablemente. Será necesario que la economía se olvide del concepto clásico de beneficio, que la especulación e inversión ajenas a las cadenas de producción desaparezcan y que prevalezca un concepto que solo algunos predican hace algun tiempo: debe imperar en todo lo que hacemos que nuestros objetivos deben incluir la necesidad de contemplar el bien común. 

Deben contemplar la supervivencia de esta especie. 

Raúl Ramos de la Plaza

           25-10-20

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