LOS ATAQUES DE ISRAEL AL LÍBANO

Pra entender los ataques de Israel sobre Líbano (si es que hay algún ser humano que entienda todo este sinsentido de Oriente Medio), conviene separar tres planos que, a menudo, se mezclan en los medios, el Estado libanés, Hizbulá y el papel de Irán.

En los años 60-70 la comunidad chií libanesa era una de las más pobres y peor representadas del país. En paralelo, la OLP se fue instalando en el Líbano tras su expulsión de Jordania, y el sur del país se convirtió en una base de operaciones contra Israel, lo que dio lugar a algunas invasiones israelíes para intentar acabar con la OLP (no olvidemos que llegaron hasta las puertas de Beirut). Pero la expulsión de la OLP no hizo nacer directamente a Hizbulá (partido de Dios), pero sí el vacío que creo y, sobre todo, la radicalización de sectores chiíes libaneses frente a la ocupación israelí con respaldo de Irán, que con su revolución de 1979 ofreció un modelo ideológico (islamista Chií) y un gran patrocinador.

Con el tiempo Hizbulá fue creciendo hasta que en el Líbano han constituido “casi otro estado” (aunque formalmente haya uno solo), incrementando durante décadas una capacidad militar, política, social y territorial propia que en muchos ámbitos compite con la del Estado libanés.

Hizbulá no “se asienta” en el Líbano como un actor extranjero que llega desde fuera, nace dentro de sectores de la comunidad chií libanesa y fue impulsado, entrenado y armado por Irán (especialmente por la Guardia Revolucionaria iraní), con apoyo también sirio en distintas fases, y, con el tiempo, además de su ideología islamista chií, resistencia armada contra Israel y rechazo al orden político libanés tradicional se convirtió en partido político, red de asistencia social, aparato mediático y actor de poder dentro del sistema libanés.

Esa mezcla es la clave para entender por qué es tan difícil “separarlo” del país ya que, dentro de territorio libanés, no solo tiene armas, sino también servicios sociales, medios de comunicación, redes clientelares, influencia parlamentaria y capacidad para bloquear decisiones nacionales. No gobierna todo Líbano ni sustituye plenamente al Estado, pero en áreas clave actúa con una autonomía que ningún otro partido libanés tiene.

Con el transcurso del tiempo, Hizbulá no solo ha vivido del dinero iraní (dinero, armas, entrenamiento y apoyo logístico…) sino que ha ido creando redes propias de lo más variopintas, como donaciones (comunidades chiíes libanesas en África, América Latina, Europa… contribuciones religiosas islámicas como el zakat), ONG y organizaciones “caritativas” (como Islamic Resistance Support Organization), otras actividades legales (Empresas, inversiones, redes comerciales ) y también de actividades criminales a través de una auténtica red global de crimen organizado (tráfico de drogas, blanqueo de dinero, contrabando, comercio ilegal de diamantes, madera, armas, etc.) y también de “impuestos” informales en zonas bajo su influencia. También por estas razones económicas se dice que funcionan casi como un sistema paralelo al Estado.

Por eso, cuando en los medios se habla de “Israel ataca Líbano”, la frase es cierta pero incompleta. En la práctica, Israel dice golpear a Hizbulá; el problema es que Hizbulá está incrustado en territorio, sociedad e instituciones libanesas, así que el impacto recae sobre el conjunto del país. Y el Estado libanés no tiene capacidad plena para impedir ni las operaciones de Hizbulá ni la respuesta israelí. Ahí está el núcleo del drama libanés.

Pero la historia nos demuestra que intentar aplastar militarmente estas organizaciones terroristas (lo mismo que sucede con Hamás), no deja de ser una solución transitoria de debilitamiento, pero que, si no se completa con otro tipo de actuaciones, solo provocan su reaparición futura y mucho más radicalizada.

Irán es una primera clave de bóveda en este conflicto puesto que es un acelerador, y sin su apoyo varios grupos perderían capacidad y coordinación, pero no es el único motor. reducir su papel facilitaría la estabilidad, pero la paz duradera requiere cambios también en las dinámicas locales y en el conflicto político de fondo.

Y en este complejo tablero de sentimientos ideológicos, historia enconada y también intereses económicos, pienso que no se puede  perder de vista (para visualizar la pacificación de estos territorios) los intereses de otros actores, unos visibles y otros invisibles.

Parece claro, y lo entiendo (lo cual no necesariamente es justificable) el papel de Israel, porque ellos pelean por su supervivencia, y mucho más si Irán llegara a desarrollar la bomba atómica. En el pasado nunca ha mantenido una política clara expansionistas, aunque sí es verdad, que como consecuencia de pasados conflictos bélicos se ha anexionado algunos territorios. Esto genera un debate interminable porque para lo que unos son medidas de seguridad, para otros son expansión del territorio. “Seguridad y estrategia van juntas en este conflicto”

Pero también tenemos otros actores poderosos en el tablero como EE. UU con interés en tener un cierto control sobre esta parte tan estratégica del mundo, a Rusia, que trata de mantener su influencia en Oriente Medio y contrapesar a Occidente (no olvidemos que tiene bases militares en Siria), a China,  hoy potencia más económica que militar pero que depende mucho del tráfico de crudo en la zona. Y por último tenemos a la UE, que con esa cara de asquito que pone siempre, ni está ni se le espera en un conflicto que tiene impacto mundial.

Desgraciadamente, nadie puede imponer una solución global, porque está claro que ese “orden internacional”, no es otra cosa que equilibrios entre potencias que bloquea permanentemente iniciativas en el Consejo de Seguridad de la ONU. Y el lío es terrorífico, con un Irán potente militarmente y talibán en sus planteamientos de gobierno, con fuerzas terroristas, Hizbulá, Hamás, Hutíes, con Cisjordania hecha un cristo y un Gobierno de Líbano, más cristo todavía.

Tal y como están las cosas, creo que no podemos esperar nada (al menos nada sustancial) de los actores en Naciones Unidas, pero quizás varios países si pueden pacerlo posible.

Si se consiguiera debilitar a Irán (creo que sin esta premisa no es posible), parece que se puede empezar la labor de pacificación en el territorio, tomando medidas en cada uno de los escenarios:

– Líbano: Fortaleciendo el verdadero gobierno libanés

– Gaza, reconstruyendo y aumentando su capacidad de gobierno

– Cisjordania, ayudando a reconstruir su capacidad de gobierno y solucionando los territorios ocupados

– Hutíes, Acabando con su capacidad de destrucción en el mar rojo

Para todo esto se necesita mucho dinero (que nos va a costar en cualquier caso si finalmente hay una gran crisis petrolera), con mucha verificación externa, y desarmes graduales (no mágicos) y dando algún tipo de salida política real a los grupos armados como se ha hecho en otros países. Y, por supuesto, mejorando la vida civil lo más rápidamente posible.

Eso no garantiza una “gran solución”, pero sí puede desbloquear mejoras parciales (protección de rutas, treguas más estables, verificación) que, acumuladas, cambian el terreno. Si Rusia y China no se subieran al carro ahora, antes de que todo estalle (más), lo harán cuando la inestabilidad les cueste más que cooperar.

Como quiera que la ONU está bloqueada por vetos, no sería imprescindible un gran acuerdo global del Consejo de Seguridad, podría tenerlo progresivamente como coordinador técnico, legitimador progresivo, actor humanitario y posible marco futuro.

En esta visión, la UE, si dejara de poner argollas en los tapones de plástico, podría participar de forma decisiva, porque, aunque no es una potencia militar, sí tiene palancas muy potentes si decide usarlas de forma coordinada.

La UE puede financiar reconstrucción (agua, electricidad, hospitales), pagar salarios de administración civil, sostener servicios básicos y puede desplegar misiones de supervisión (como ya hizo en pasos fronterizos en el pasado), equipos de inspección de materiales y sistemas de trazabilidad (quién recibe qué, dónde va)

Obviamente la UE, desde un punto de vista económico no puede hacerlo sola, pero sí puede cofinanciar con Arabia Saudí, Emiratos, Qatar, aportar capacidad técnica y dar marco institucional. La UE puede ayudar a crear equipos de gestión civil, estructuras administrativas y sistemas de pago y distribución, es decir, construir el esqueleto de gobierno funcional sin entrar en la guerra.

Lógicamente, esto no sería posible sin depender totalmente de actores armados y aquí los principales son:

·      EEUU, porque tiene influencia directa sobre Israel, capacidad de presión política y militar y liderazgo en coordinación internacional.

  • Israel, porque controla accesos, seguridad y tiene también mucha capacidad militar.
  • Otros mediadores regionales, como Egipto, que controla el paso de Rafah o Qatar que tiene canales con Hamas. Son los únicos que pueden negociar directamente y facilitar acuerdos operativos.
  • Actores armados, Hamás, Autoridad Palestina, Hizbulá
  • Países Árabes, que seguramente no deban participar en la seguridad, pero sí ser financiadores de este proceso.

En definitiva, este complejo conflicto no se desbloquea desde Nueva York (ONU), sino desde una red de actores que ya están sobre el terreno o tienen poder directo.

Curiosamente, de intentar algo como esto y, conseguir, aunque sean avances parciales, todo el mundo ganaría, ya que Occidente tendría menos violencia, rutas comerciales seguras y contención de actores armados, pero también China y Rusia podrían conseguir también mayor estabilidad energética y contratos de reconstrucción. Por supuesto, lo que está claro, es que en la región habría menos riesgo de guerra, mejoras económicas y margen para acuerdos futuros.

Y, por último, hay que indicar que también sería deseable que España continúe colaborando de forma decisiva en todo este complejo proceso enviando más flotillas de gilipuertas y vividores.

Madre mía, qué complicado es todo esto.

José García Cortés

      12-4-26

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