Segunda parte
Las sospechas se han confirmado y EE.UU. e Israel han comenzado los ataques sobre Irán, y, además, como aperitivo, Paquistán y Afganistán han iniciado una guerra abierta.
Ya en el anterior artículo apuntaba las dudas que me generaba el término “orden mundial” y, especialmente, cuando escucho lo de la “violación del orden mundial y del derecho internacional”. ¿Existe realmente el orden mundial?
Porque al oírlo me da la sensación de que vivimos en un mundo perfecto en el que no hay hambre, en el que se respetan los derechos humanos, en el que están claras todas las fronteras, en el que no hay gobernantes sátrapas que tiranizan a sus pueblos, en el que no hay guerras y en el que no se está poniendo en riesgo permanentemente la supervivencia de la especie humana, o, mejor dicho, las especies.
Lo cierto es que en este “orden mundial” en el que estamos instalados, se convive con estados dictatoriales como lo era hasta ahora Venezuela, o Corea del Norte, Afganistán, Sudán, Cuba, Rusia, Siria, Guinea Ecuatorial,….. Con países y organizaciones terroristas que se dedican a sembrar o financiar el terror como Irán, ISIS, Hamás, Hezbollah, Boko Haram, Islamic State, Al-Qaeda,… o potentes cárteles de la droga (a la que habrá que dedicar un buen estudio) que aterrorizan a millones de personas bien por ideología o sencillamente por crimen organizado.
Todo esto me lleva a preguntarme realmente qué es el “orden mundial”, especialmente cuando mi amigo y maestro Pepe Corral defiende (y yo comparto) la necesidad de avanzar urgentemente en la creación de un Gobierno Mundial que evite o minimice que nos vayamos todos a la porra como consecuencia de los riesgos sistémicos en los que estamos incurriendo.
Y sí, creo que el “orden mundial” existe, pero no es otro que el que imponen (y han impuesto históricamente) los más fuertes, a pesar de la creación de organismos internacionales como la ONU desde el momento en el que se puso la capacidad de veto en su creación.
Por consiguiente, lo que hoy estamos viendo entre sistemas políticos incompatibles (EE. UU., China, Rusia, democracias liberales, autoritarismos…), no lo considero una violación del orden o el derecho internacional, sino un movimiento, dentro de ese “orden”, en el que el más fuerte sigue utilizando sus poderes.
¿En qué fase estamos ahora? Sinceramente no lo sé, pero señales como la rivalidad EE. UU.–China, reaparición de guerras convencionales (Ucrania), fragmentación institucional, aumento de discursos nacionalistas y tecnología disruptiva (IA, drones, ciber), sugiere que estamos en una fase de reequilibrio del sistema internacional, y las fases de transición suelen ser ruidosas, aunque, espero, no necesariamente catastróficas.
Ahora bien, “ese orden mundial” se creó o se ha ido generando, pensando solo en la guerra entre estados, y yo me pregunto ¿existe un equilibrio para regular otros riesgos sistémicos en el mundo (clima, pandemias globales, biotecnología, tecnologías digitales disruptivas…) ?, porque eso son desafíos de otra naturaleza que no respetan fronteras y no dependen solo de Estados.
Yo creo que no, o, más bien, no del todo. Pero sí veo que, aunque lejos de un “orden mundial” más complejo y completo, hay avances en la humanidad, ya que a pesar de todo lo que ocurre y los “ajustes” de poder que estamos viendo, las guerras de conquista territorial son menos frecuentes, el colonialismo formal prácticamente desapareció y la cooperación internacional en salud, comercio y tecnología es cada día más grande.
Es decir, el “orden mundial” parece que existe, aunque no sea perfecto, y tampoco vivimos en un caos absoluto. Con una cierta visión retrospectiva, vemos avances como la prohibición de armas químicas, reducción de arsenales nucleares, tribunales internacionales, cooperación antiterrorista global, sistemas financieros más monitorizados. Estos progresos no son lineales, pero parece que existen y, lentamente, van creciendo, aunque a veces haya retrocesos parciales.
La humanidad hoy tiene algo malo que nunca tuvo antes, y es su capacidad de autodestrucción total, pero también tiene algo bueno, que es la capacidad de comunicación global instantánea y un nivel de interdependencia sin precedentes. Eso me gustaría verlo como positivo.
Quizá el problema no sea que los líderes no “lo vean”. Puede que lo vean… pero priorizan estabilidad política inmediata, crecimiento y poder, porque el sistema político interno se lo exige. La política democrática (y también la autoritaria) tiende al corto plazo, y los riesgos existenciales son de largo plazo. Ahí hay un desajuste estructural.
Si, creo que el orden internacional actual no está bien preparado para las amenazas globales que tenemos, pero también creo que la conciencia del riesgo está más extendida que nunca. La diferencia clave hoy, distinta respecto al pasado, es que, por primera vez, la humanidad tiene ciencia para anticipar límites, modelos para prever impactos, datos globales en tiempo real y comunicación planetaria. Las civilizaciones anteriores no sabían que estaban cruzando umbrales, nosotros sí lo sabemos.
El problema es el ritmo. La adaptación institucional va más lenta que la presión sistémica y la cuestión no es si reaccionarán, sino cuándo y en qué condiciones.
Ortega y Gasset hablaba de las generaciones que ocupan el poder en momentos determinados y marcan el tono histórico. Estamos en una etapa donde la política recompensa el espectáculo, el ciclo mediático es inmediato, la confrontación genera más atención que la prudencia y el largo plazo no da votos.
La esperanza que nos queda es que, a lo largo de la historia, los grandes cambios no vinieron solo de líderes iluminados, sino también de cambios tecnológicos, económicos y de nuevas generaciones con otras prioridades.
Si el problema es liderazgo reactivo, puede que la variable decisiva no sea convencer a los líderes actuales…sino que el contexto cambie lo suficiente como para que liderar de otra manera sea racional, y, quizás eso puede estar ocurriendo más silenciosamente de lo que parece. Lo que falta seguro es una narrativa unificadora que conecte todos los riesgos sistémicos en un marco común.
Confío sinceramente en que los cambios en la humanidad no vengan solo por sus líderes, sino, también, cuando cierto tipo de mirada se vuelve mayoritaria. Y parece que esa mirada existe.
Hoy me he levantado optimista.
José García Cortés
1-3-26