O un problema estructural
La Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) en uno de sus últimos informes destaca que:
- El gasto en incapacidad temporal es una de las partidas más importantes de la Seguridad Social, sólo por detrás de las pensiones.
- Este gasto se ha duplicado desde 2017 y ha alcanzado alrededor de 16.500 millones de euros en 2024.
- España tiene una tasa de absentismo por enfermedad aproximadamente un 68 % superior a la media de la Unión Europea, siendo uno de los países con mayor incidencia después de Portugal.
Cualquiera puede, inicialmente, pensar algo parecido “manda hu…s con la picaresca española” (yo entre ellos), pero resulta que, estudiando el tema, detrás de este problema, lo que existe es una “deficiencia estructural” en la gestión de las bajas laborales y un crecimiento sostenido del gasto que esta genera. Vaya por Dios, una vez más aparece el problema de la incompetencia de gestión de nuestra administración.
El absentismo laboral total se sitúa en torno al 6,5/6,7% de las horas pactadas, con aproximadamente 1,4/1,5 millones de personas ausentes cada día. De ese total, la mayor parte corresponde a bajas médicas por incapacidad temporal.
Desde una perspectiva comparada, España destaca por una tasa de ocupados ausentes por IT cercana al 4,1%, frente a una media europea del 1,4% y con un coste de las prestaciones por incapacidad temporal cercano al 1,4% del PIB (con un crecimiento muy acelerado del gasto en IT desde 2017).
En cualquier país el absentismo es un gran problema (económico y social), pero en España es especialmente preocupante si tenemos en cuenta lo siguiente:
Primero: Una de las peculiaridades de nuestro tejido empresarial y es que más del 80% de las empresas españolas tienen dos o menos asalariados. Esta realidad introduce una asimetría fundamental ya que, en una gran empresa, el absentismo puede diluirse mediante rotaciones, sustituciones o redundancias organizativas, pero en una microempresa, la ausencia de un solo trabajador puede suponer una pérdida inmediata del 20/25 ó 50% de la capacidad productiva, con efectos directos sobre ingresos, calidad del servicio y continuidad del negocio.
Segundo: Desde el punto de vista de Prevención de Riesgos Laborales, tenemos la misma legislación que en el resto de los países europeos, la diferencia aparece en la ejecución práctica, especialmente en las microempresas, donde la prevención es solo formal, no integrada, donde hay escasa ergonomía real y poca adaptación de puestos, teniendo como resultado que las dolencias sean previsibles y acumulativas.
Tercero: En la gestión de la incapacidad temporal intervienen servicios públicos de salud, mutuas colaboradoras, el INSS, empresas y trabajadores, sin un responsable único del caso, lo cual provoca duplicidades, retrasos, prolongaciones administrativas de las bajas y ausencia de planes claros de reincorporación.
A lo que hay que añadir nuestra situación en sanidad, que genera retrasos en los diagnósticos, en la rehabilitación, evaluaciones de aptitud y las decisiones de alta o adaptación, que contribuyen a que muchas bajas se prolonguen más por ineficiencia administrativa que por necesidad clínica real.
Nada de esto ocurre en otros países europeos donde hay un principio de responsabilidad clara, seguimiento temprano y retorno progresivo al trabajo, convirtiendo la baja en un proyecto de vuelta al trabajo, no en un “tiempo muerto”.
Si, estoy totalmente de acuerdo con lo que dice la AIReF, que más que a una mala fe del trabajador (que los hay), apunta más a una gestión deficiente, aretrasos administrativosy afalta de coordinación.
Pero aquí no pasa nada, cada vez que tocamos un tema nos encontramos con los mismos problemas, una mala gestión de nuestra administración, tenemos un elevadísimo coste por bajas laborales (aunque se paga menos por ello que en el resto de los países europeos), pero nadie se ocupa de mejorarlo, seguimos trasladando parte del coste fuera del presupuesto que es lo único que les preocupa.
Aunque tengamos muchos “caras duras”, el problema general no es del trabajador, es gestión del sistema que no se da cuenta que el absentismo tiene en España un impacto relativo mayor que en economías con mayor peso de la empresa mediana y grande, amplificando sus efectos negativos sobre la productividad agregada.
Si a esto añadimos que España arrastra históricamente un problema de productividad por hora trabajada inferior a la media de la UE, el absentismo actúa como un multiplicador negativo, pues reduce el número de horas efectivas trabajadas, afecta especialmente a empresas con menor capacidad de reorganización, se concentra en sectores intensivos en trabajo físico y servicios presenciales y, por tanto, incrementa los costes indirectos (horas extras, reorganización, retrasos).
Pero claro…¿quién le pone el cascabel al gato?
José García Cortés
7-2-26