España 2022 (Odisea del Espacio)

El futuro no es predecible, no existen bolas de cristal ni se puede viajar en el tiempo, hacia adelante y hacia atrás, como el que se sube en una atracción de feria.

Lo que si puede hacer uno es planificar su futuro, definir una estrategia, con su táctica incluida, que le lleve hacia donde aspira llegar. Ahí es nada.

Pídale usted a un equipo de gobierno como el nuestro que defina una estrategia, la concrete, la ponga en marcha y sea capaz de ejecutarla con la colaboración y el apoyo del resto. Eso es lo normal que se le pide a cualquier profesional que es seleccionado para ser primer ejecutivo de una compañía pero para liderar nuestro país el proceso es diferente, la política es otra cosa.

Ya se sabe que hay responsabilidades penales, fiscales, laborales… y luego esta la responsabilidad política, que no se sabe muy bien en que consiste porque carece de rango de ley y de su régimen sancionador correspondiente de manera que va cambiando en función del grado de inmoralidad del político afectado.

Este país, España, carece de estrategia y la única táctica que nuestros políticos y gobernantes ponen en práctica es la del “sálvese quien pueda”, la del “que hay de lo mío” y la del cuatro añitos mas chupando del bote y que se las apañe el que venga detrás con la deuda, el desempleo, las pensiones y los prestamos ICO que, por si alguno se ha olvidado, habrá que pagarlos antes o después. Que una ministra de economía maneje las carencias, las moratorias, las quitas y las ampliaciones de vencimientos de esa manera no es de recibo. Lo de la ley concursal se lo dejo a los entendidos pero por lo escucho es otra bomba con temporizador que estallara en las manos del que venga después.

Viene todo esto a mi cabeza por el asunto de la reforma de la Constitución, de la reforma laboral y de tantas otras reformas tan necesarias como las que cada uno de nosotros hacemos a titulo particular en nuestras vidas y en nuestras casas. Siempre me ha gustado mas la macroeconomía, pero a la hora de poner ejemplos y de aterrizar las cosas soy partidario de la microeconomía, de la economía doméstica, de nuestro entorno profesional y personal para valorar el efecto que las grandes decisiones tienen en la economía real.

Pero volvamos al asunto de las reformas, pido disculpas pero es que últimamente me derivo mas que un polinomio. En cuestión de reformas, de estrategias, de futuro, debemos distinguir entre la Evolución y el Progreso. Las escribo con mayúsculas porque son dos de las claves de la condición humana. Evolucionar hemos evolucionado todos los seres vivos, unos mejor que otros, en mayor o menor grado, adaptándonos al entorno, al clima, al resto de especies, a las circunstancias… Eso lo vemos en cualquier documental de la 2 y nos asombramos de la capacidad que tenemos de salir adelante, de superar dificultades, de preservar nuestra especie… En este punto diré, porque me apetece decirlo, que la especie humana no proviene del mono sino que, como el resto de los seres vivos, provenimos todos de la misma bacteria u organismo unicelular que fue capaz de sobrevivir en la Tierra y evolucionar. Esa cadena de la evolución no se ha roto jamás, a pesar de las épocas de glaciaciones, si se hubiera roto no estaríamos aquí ninguno de nosotros. Cierro este paréntesis.

Hablaba de la Evolución y ahora paso a hablar del Progreso. Si la especie humana ha llegado hasta aquí ha sido por el Progreso, no por la Evolución. Gracias a que en determinados momentos de nuestra evolución fuimos capaces de aplicar nuevas técnicas a nuestros hábitos llegamos a progresar. Esto es algo que se conoce como Innovación y abro otro paréntesis para hablar de ello porque parece que la Innovación es algo nuevo, de nuestros tiempos, pero innovar es algo que siempre se ha hecho y que consiste en aplicar nuevos conocimientos a nuestra forma de trabajar. Es aprovechar las ideas, la imaginación, la creatividad, de manera que tengan aplicaciones prácticas.

Siempre pongo como ejemplo la famosa revolución industrial que supuso la introducción de la máquina de vapor en los procesos productivos de aquella época. La máquina de vapor había sido inventada mucho tiempo atrás, en el siglo I por Herón en Antioquía, pero no se le dio mas aplicación que la decorativa y recreativa. Años después, a principios del siglo XVII,  el  español Jerónimo de Ayanz la perfeccionó y registró la primera patente y posteriormente, a finales del siglo XVIII, James Watt mejoró su rendimiento y eficiencia y le dio aplicación practica en los procesos industriales. Fue entonces cuando la máquina de vapor supuso una gran innovación que permitió dar un salto cuantitativo en lo económico, por el incremento de la capacidad de producción, y cualitativo en lo social por la mejora en las condiciones laborales de los trabajadores de la industria y la minería. Cierro este paréntesis otra vez sin saber si lo abriré mas adelante.

Llegados a este punto uno ve nuestra situación actual como país y piensa si lo que estamos haciendo es progresar o evolucionar, si los que planifican el futuro están mas preocupados por su evolución o por el progreso de todos. La respuesta es clara, blanco y en botella. Un querido amigo me recordaba siempre eso de vender movimiento como si fuera progreso refiriéndose a la manera de trabajar de un jefe que teníamos y eso es exactamente lo que hace nuestra clase política y nuestro gobierno.

Reconozco que no es fácil planificar, pensar en el largo plazo es un ejercicio que requiere de cierta capacidad. No todos somos capaces de ello, la miopía nos induce a no mirar más allá de nosotros mismos y de nuestro horizonte temporal. Tener amplitud de miras es tener la capacidad de ver lo que tienes a tu alrededor y ver incluso más allá del bosque. Dicho esto, alguien conoce a algún dirigente con esta amplitud de miras?. Estoy seguro que alguno la tiene pero carece de la oportunidad y las ganas de ponerla en práctica porque el entorno le arrastra y su partido le eclipsa. En política lo que cuenta es el voto no el votante.

Vuelvo a las reformas, tan necesarias para progresar. La mas reciente la laboral, esa de reforma ha tenido muy poco o nada y creo que ha supuesto un paso atrás con el blindaje de mas de 1 millón de funcionarios públicos. Pero, ¿cuántos votos ha supuesto a unos y a otros?. Han salido todos fortalecidos con sus votantes. Lo único bueno que ha tenido es la cara de tonto que se le ha quedado a alguno al no haber salido en la foto. La misma cara de pasmarote que le vimos hace unos domingos en una comparecencia urgente para convocar una reunión de presidentes por cuenta de la pandemia. Mi querido amigo Pepe, que siempre me menciona en sus entradillas al hablar de asuntos laborales, ya nos ha ilustrado detalladamente sobre la situación laboral que tenemos en este país y, dada la complejidad del asunto, creo que es mejor dejar que vendan movimiento como si fuera progreso a pretender que aborden una reforma, se pasen de frenada y nos la líen parda.

Y ahora paso a hablar de otra reforma, la de la Constitución. En este caso creo que son los conservadores los que están más preocupados por su supervivencia que por el progreso y la transformación del marco legal. Un marco que deberían ir muy por delante de los demás, marcando el paso, la pauta y la estrategia del Gobierno. No voy a entrar en que artículos habría que cambiar y mucho menos en el cómo habría que cambiarlos, pero lo que si creo es que es muy sano y necesario cuestionarse permanentemente el marco constitucional de manera que no se limite a evolucionar lenta e interesadamente a favor de los que ocupan las instituciones convirtiéndose en un freno para el progreso y el interés general.

Cada organismo publico, cada institución, debería estar cuestionada permanentemente, sujeta a la consecución de unos objetivos, y todas y cada una de ellas deberían formar parte y participar activamente de la estrategia general de país, esa de la que carecemos. Cuando se aprobó la Constitución se hizo con un objetivo, dentro de una estrategia. Han pasado ya muchos años y las cosas han ido evolucionado llegando incluso a alcanzarse algunos de los objetivos marcados en aquel texto por lo que es el momento de plantearse nuevos objetivos, nuevos horizontes. En este país, en el que la miopía de la clase política y su mediocridad han hecho que evolucionemos sin progresar, la innovación en política es mas necesaria que nunca. Recomiendo la lectura del libro de Michael Porter “The Politics Industry” en el que a través de su famosa teoría de las fuerzas nos descubre de qué manera la innovación política puede salvar nuestra democracia.

Rafael Valls

    4-1-22

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